Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - Sobre este libro
1 - Sobre este libro
La publicación es posible gracias al apoyo de la Secretaría de Educación de Guerrero (SEG), a la Unidad Académica de Filosofía y Letras de la UAG, al esfuerzo de todos los au-tores y al compromiso social de Jorale Editores. Los materiales aquí reunidos, además de una consistencia crítico-científica, evidencian una clara posición ética y una inequí-voca vocación humanista de los autores. Es éste el hilo conductor que hace de este li-bro no sólo una valiosa lectura contemporánea de la guerra imperialista contra Irak, si-no también una poderosa herramienta desmitificadora de la supuesta intención del im-perio norteamericano de liderar al mundo hacia la paz, la justicia y el progreso.
Los autores analizan y discuten acerca de la filosofía, la economía política, la geopolítica, la recolonización, la cultura, la crisis, las contradicciones y la descomposición del imperialismo, particularmente de Estados Unidos. El contexto es la guerra de exter-minio contra el pueblo iraquí, en el que las trasnacionales optimizan su tasa de ganan-cia imponiéndose a millones de seres humanos. Queda al desnudo el envilecimiento de quienes usan la ciencia y la tecnología para consolidar ese dominio de corte neocolo-nial, valiéndose del falso argumento de la neutralidad de la academia. Hoy abundan la complicidad, el cinismo y la prostitución de ideólogos, académicos, intelectuales, polí-ticos, científicos, sindicatos, iglesias, medios masivos de comunicación y no pocos sectores de la sociedad estadounidense.
La Universidad Autónoma de Guerrero, por medio de las unidades académicas de Ciencias Económicas, Filosofía y Letras, Derecho yCiencias Sociales, Instituto de Investigación Científica Área Hu-manístico-social, Coordinación de Postgrado e Investigación de la UACE, Maestría en Derecho Público, Centro de Investigación y Posgrado en Estudios Socioterritoriales, Maestría en Administra-ción, así como la Dirección de Investigación Científica; El Instituto de Estudios Parlamentarios “Eduardo Neri”, el Centro de Estudios “Francisco Gomezjara”, el Frente por la Paz y contra la Guerra en Irak, el Partido Revolucionario de l@s Trabajador@s, el Partido Popular Socialista y el Partido de los Comunistas Mexicanos, man-comunando esfuerzos convocaron y realizaron el Seminario In-ternacional “Irak: Causas e Impactos de una Guerra Imperialista”, conscientes del carácter genocida de la actuación de las potencias agresoras y de los propósitos neocoloniales de la invasión estadouni-dense contra el pueblo iraquí.
Se trató de un evento académico-científico y político plural, crí-tico y multidisciplinario, cuyos objetivos fueron: participar en la formación de una conciencia crítica y alternativa en torno a las gue-rras imperialistas del siglo XXI, debatir acerca de las causas y reper-cusiones mundiales del conflicto iraquí y desmitificar la retórica estadounidense en torno a su supuesta lucha contra “fuerzas del mal” en todo el planeta. Los trabajos presentados provienen de uni-versidades, centros de investigación y organizaciones sociales y po-líticas de México, Cuba, Brasil, Perú y Alemania, cuyos autores son: Manuel Aguilar Mora, María Xóchitl Astudillo Miller, Pável Blanco Contreras, Mauro Betancourt Chávez, Juan Cervantes Gó-mez, Rodolfo Chávez Galindo, Ramón Espinosa Contreras, Heinz Dieterich Steffan, José Gilberto Garza Grimaldo, José Enri-que González Ruiz, Zoila Fajardo Estrada, Carlos Fazio, Herminia, C. Foo Kong Dejo, Dina Lida Kinoshita, Sergio Morales Carmona, Marta M. Pérez Gómez, Medardo Reyes Salinas, Adela Román Ocampo, Camilo Valqui Cachi y Dolores Vilá Blanco.
Esta publicación es posible gracias a los apoyos que ha proporcio-nado la Secretaría de Educación de Guerrero (SEG), a través del C.P. Jorge Salgado Leyva, subsecretario de Planeación Educativa y del M.C. Federico López Miranda, director de Evaluación; y de la Unidad Académica de Filosofía y Letras de la UAG a través de su di-rector, Dr. Jesús Samper Ahumada; así como, al esfuerzo de todos los autores y al compromiso social de Jorale Editores. Los materia-les aquí reunidos, además de una consistencia crítico-científica, evidencian una clara posición ética y una inequívoca vocación hu-manista de los autores. Es éste el hilo conductor que hace de este libro no sólo una valiosa lectura contemporánea de la guerra impe-rialista contra Irak, sino también una poderosa herramienta des-mistificadora de la supuesta intención del imperio estadounidense de liderar al mundo hacia la paz, la justicia y el progreso.
Los autores analizan y discuten acerca de la filosofía, la economía política, la geopolítica, la recolonización, la cultura, la crisis, las con-tradicciones y la descomposición del imperialismo, particularmente de Estados Unidos. El contexto es la guerra de exterminio contra el pueblo iraquí, en el que las trasnacionales optimizan su tasa de ga-nancia imponiéndose a millones de seres humanos. Queda al desnudo el envilecimiento de quienes usan la ciencia y la tecnología para consolidar ese dominio de corte neocolonial, valiéndose del falso argumento de la neutralidad de la academia. Hoy abundan la com-plicidad, el cinismo y/o la prostitución de ideólogos, académicos, in-telectuales, políticos, científicos, sindicatos, iglesias, medios masivos de comunicación y no pocos sectores de la sociedad estadounidense.
Con el argumento de que la globalización es ineludible, los estadounidenses están imponiendo una nueva forma de dominación planetaria. En una conferencia pronunciada en el Trinity College de Dublín, Irlanda, el que fuera secretario de estado de Richard Nixon y sigue siendo miembro de la casta que gobierna Estados Unidos, Henry Kissinger, se sinceró diciendo: “lo que se llama globalización es en verdad otro nombre empleado para definir la posición dominante de Estados Unidos… por ser la única nación explícitamente creada con la idea de libertad, Estados Unidos siempre creyó que sus valores eran relevantes para el resto de la humanidad. [Por eso nos mueve] el impulso de una obligación misionaria para transformar el mundo a nuestra imagen”.1
Como es sabido, los genocidios anglosajones que se perpetran contra los pueblos de Palestina (por medio del sionismo israelí, gendarme de Estados Unidos), de Afganistán y especialmente de Irak, confirman plenamente no sólo el carácter rapaz y depredador del imperialismo actual, que se apropia del petróleo iraquí, sino también la intención de establecer una hegemonía de largo plazo, cambiando para ello el mapa del Medio Oriente y expoliando toda la región del Golfo, donde se encuentra 60 por ciento de la reserva mundial de crudo. Lo anterior trata de sustentar el fundamentalis-mo del grupo gobernante de Estados Unidos, que se dice elegido por la providencia para conquistar e instaurar en el planeta el reino sin fin del capital. Para su desdicha, la respuesta del pueblo irakí le impide consolidar su dominación en el área, de modo que el impe-rio es ahora prisionero de una intrincada trama de seculares y com-plejas contradicciones clasistas, étnicas, nacionalistas, colonialistas, culturales, fundamentalistas y religiosas que es incapaz de descifrar y menos de resolver.
Esto explica la rápida transformación de Irak en una trampa infernal y letal para las tropas invasoras y mercenarias de la coalición imperialista dirigida por Estados Unidos.
La potencia recolonizadora de Estados Unidos pierde de vista que el pueblo iraquí no es ignorante ni fanático. Olvida que la UNESCO distinguió a Irak en 1981 por haber sido el primer país en desarrollo en eliminar el analfabetismo. Tampoco toma en cuenta que el común de los ciudadanos de ese país ocupado lo identifica suficientemente como el culpable de diez años de criminal bloqueo y de ser el mayor destructor de la cultura árabe y de la religión mu-sulmana. Asimismo, deja de tomar en cuenta que la inmensa mayo-ría de la nación iraquí tiene arraigados sentimientos patrióticos que pueden trascender las divisiones sectarias, porque odia profunda-mente a los colonialistas e imperialistas extranjeros y es capaz de vencerlos como derrotó en su momento al colonialismo británico.
Por eso, esta guerra preventiva sólo ha dejado al descubierto que las “razones” invocadas por Estados Unidos y Gran Bretaña para desencadenarla, consistentes en llevar a Irak “libertad” y “de-mocracia”, no han pasado de ser burdas estulticias signadas por el cinismo imperial, porque en vez de “libertad” y “democracia” los nuevos cruzados han instaurado en Irak un gobierno carcelario y totalitario, cipayo y mercenario. La divulgación por la red electró-nica de las torturas y vejaciones infligidas a presos en la cárcel de Abu Graib estremeció a la humanidad.2 Los que se pregonan como adalides de los derechos humanos, e incluso se otorgan el privilegio de “certificar” a los demás países en este rubro, son tan bestiales como cualquier otro conquistador. Están ávidos de riqueza y de poder y lo único que los mueve son sus intereses.
Tales “razones” occidentales también han patentizado la patraña anglosajona al haber atribuido al régimen iraquí posesión de armas de destrucción masiva, únicamente para mimetizar sus verdaderas ra-zones e intereses neocoloniales. Lamentablemente, Anthony Blair no ha pagado por el delito de haber malinformado a su pueblo y a su parlamento acerca de las “armas de destrucción masiva en pose-sión de Saddam Hussein”. Queda al mundo el consuelo de que José María Aznar, auténtico mozo de estoques de Bush, sí mordió el polvo en España.
El curso de esta agresión imperialista ha desentrañado la ver-dadera naturaleza de la guerra sucia contra el pueblo iraquí, so-metido desembozadamente al exterminio y a las sádicas torturas físicas y morales, perpetradas por las soldadescas coloniales y los altos mandos militares de la ocupación anglosajona, torturas que han asqueado incluso a las conciencias más conservadoras del mundo occidental. Si en el pasado reciente, Estados Unidos tuvo el cuidado de arroparse en la ONU para agredir a los irakíes, en es-ta ocasión hizo gala de soberbia y llevó a cabo el ataque y la inva-sión pasando por encima del Consejo de Seguridad y rompiendo el principio de multilateralismo que rige al organismo mundial.
El genocidio de Irak es consumado por 135,000 marines y cerca de 20,000 mercenarios eufemísticamente llamados “contratistas”, procedentes de empresas militares privadas de Estados Unidos, In-glaterra y África del Sur. Muchos de ellos están vinculados a la vio-lación de los derechos humanos en Chile, Sudáfrica, Vietnam e Irlanda del Norte. En territorio irakí se dio cita lo peor de la espe-cie humana; cual zopitoles, los “soldados de fortuna”, los espías de toda laya y los negociantes sobrevuelan esperando la carroña que dejen los estadounidenses y los ingleses.
Irak se ha convertido en una zona de conflicto de las Corpora-ciones Militares Privadas (CMP), donde un ejército paralelo nutrido de “soldados a sueldo”, entrenados en contraterrorismo, combates urbanos, asesinatos, inteligencia y entrenamiento militar, realiza una tercera parte de las funciones del ejército estadounidense y ab-sorbe el 25 por ciento de los 18 mil millones de dólares asignados a la reconstrucción de Irak por el Congreso gringo. Estos mercena-rios van desde sudafricanos y filipinos a iraquíes, gurkhas de Nepal, indios y chilenos, a ex miembros de los equipos policiales SWAT, de la Armada y de las Fuerzas Especiales estadounidenses. Estados Unidos es quien paga, directa o indirectamente, a la mayoría de mercenarios, pero no a todos, porque Japón tiene su propio contin-gente de “seguridad privada”.3
Este ejército trasnacional de mercenarios, invisible y paralelo,está diseminado por 50 países principalmente en África Central, Oriente Medio, Sureste Asiático, Sudamérica y los Balcanes. Hoy, las CMP yanquis, inglesas e israelitas están empotradas en las multinacio-nales petroleras y armamentistas y son uno de los sectores indus-triales más boyantes en Estados Unidos. Este negocio mercenario genera en todo el mundo ingresos que ascienden a 100000 millones de dólares y tiene previsto doblar sus ingresos en el año 2010.
Armados hasta los dientes, con helicópteros Apache, tanques, aviones 10 Thunderbolt, F-16, acorazados del aire C-130, artillería, misiles crucero, cohetería teledirigida, bombas bobas, bombas inteligentes y bombas de 250 y de 1000 kilos saturadas de uranio, tropas de asalto terrestre, marines y mercenarios optimizan sus dia-rias carnicerías de tierra arrasada, que incluyen bombardeos a la población civil.
Mediante esta colosal maquinaria de guerra los imperialistas anglosajones no únicamente han creado una especie de oeste de los tiempos de la expansión territorial norteamericana y un autén-tico reino del terror en Ramadi, Bagdad, Basora, Amara, Mosul, Sardr, Adamiya, Kufa, Kut, Kerbala, Amarah, Kirkuk, Mosul, Na-siriyak, Najaf y Sula, sino también han hecho de Irak un polígono de pruebas bélicas donde han arrojado, solamente durante 2003, una radiación equivalente a 250 000 bombas atómicas de Nagasa-ki. Pues, cuando las balas, los misiles o las bombas de uranio dan en algo o estallan, la mayor parte del uranio radioactivo se trans-forma ipso facto en partículas de polvo muy pequeñas, que causan y causarán estragos teratogénicos y patologías cancerígenas en las propias tropas de ocupación y en todo el pueblo irakí.
Aclamados y sacramentados por la democracia occidental y cristiana, los ejércitos anglosajones matan masivamente con abso-luta impunidad y sus gobiernos pisotean y envilecen leyes, trata-dos y principios de la ética y el derecho internacional, incluida la propia Convención de Ginebra. Han contado con el padrinazgo taimado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo Secretario General, Kofi Annan, de amplia hoja al servicio de los genocidas, se comporta como un verdadero sirviente del imperia-lismo norteamericano.
Ayudan a los ejércitos imperiales las trasnacionales de la comu-nicación, que mienten sin recato cuando se trata de los crímenes de aquéllos. También se sirven de la ignorancia de buena parte de la población estadounidense embotada por los medios de informa-ción, por las prédicas de apocados intelectuales, académicos, sindi-calistas, organizaciones no gubernamentales y defensoras de los derechos humanos, que contemplan impasibles la barbarie de su oligarquía y la miseria de sus propios gobernantes.
En Fallujah, en sólo dos días de bombardeo el terrorismo occidental asesinó a seiscientos ciudadanos (243 de ellos fueron niños) y otros dos mil pobladores resultaron heridos gravemente. Bajo las balas de la democracia pacificadora quedaron niños descuartizados, jóvenes con su cuerpo hecho jirones por las esquirlas de los explosivos “inteligentes” y la brutalidad de la metralla, decenas de fieles musulmanes achicharrados por las llamas provocadas por el na-palm. ¿Cuál era su culpa?: rezar en una mezquita, que a la vista de los hombres de la nueva cruzada se convirtió en un “objetivo mili-tar”. Fallujah ha sido el blanco del genocidio cotidiano y será regis-trada por la historia como otra obra siniestra del imperialismo estadounidense que reedita, entre otros, los genocidios de Gernika, Hiroshima, Nagasaki y Vietnam.
Dieciocho meses después de la invasión imperialista que dejó más de 15 mil muertos, la economía de Irak está sumida en la deba-cle más grande de su historia. Los bombardeos han devastado gran parte de la infraestructura; la producción petrolera, situada en unos 2, 2 millones de barriles diarios antes de la invasión, no ha podido ser restablecida a causa de los constantes sabotajes de la insurgen-cia; la mayoría de ciudades carecen de electricidad; son deficita-rios los servicios de agua potable, la atención médica virtualmente ha desaparecido, la deuda externa alcanza ahora la descomunal su-ma de 120 000 millones de dólares; los productos de primera nece-sidad escasean y cuestan ahora 15 o 20 veces más, la gasolina se elevado de 12 dinares a 250 el litro. La instauración del neolibera-lismo colonial está al servicio de las transnacionales anglosajonas, mientras la población del rico país petrolero sufre las penurias pro-pias de toda recolonización imperialista. Irak está devorado por el caos, la carnicería y el totalitarismo colonial.4
Por otro lado, prosigue el genocidio social y humano, acumulando miles de cadáveres, heridos, crímenes de guerra y de lesa humanidad, así como un sinfin de atrocidades militares, como la violación tumultuaria de mujeres y hombres iraquíes, las degra-dantes torturas físicas, sexuales y morales de prisioneros, como las registradas en la cárcel militar de Abu Gharib, debidamente docu-mentadas por el Comité Internacional de la Cruz Roja, Amnistía Internacional y Human Rigths Watch, y que ha probado ante la co-munidad internacional el carácter neofascista, racista y genocida tanto de las tropas de ocupación como de los gobiernos anglosajo-nes de Bush y Blair, para quienes los musulmanes son “sucios”, “lascivos”, “anticristianos”, “bárbaros”, “terroristas”, “cabezas de trapo”, “camelleros”, “hadjis” e “indignos” de humanidad, por lo tanto blancos centrales de la mafiosa civilización occidental.
Todo esto, si bien evidencia la perversidad pragmática de las tropas anglosajonas dotadas de maestría homicida, muestra también la sórdida ferocidad y la obtusa estrategia de los altos mandos mili-tares de la recolonización anglosajona. A la vez, pone de relieve la fragilidad de la omnipotencia militar imperialista, reducida ahora a una metafísica militar, inepta para someter la generalizada insur-gencia iraquí de chiítas, panárabes, kurdos y sunitas en todo el terri-torio iraquí e incapaz de conjurar el síndrome brutal y perdurable de Vietnam que comienza a atrapar a las tropas y mandos anglosa-jones de ocupación, cuyas primeras espirales de empantanamiento militar y político tienden a una imparable vietnamización, manifes-tadas en lo siguiente:
1) En Estados Unidos cunden las contradicciones, el desencanto y el desconcierto en la élite gubernamental y castrense, así como en las altas esferas de la oligarquía imperialista. Como dice Immanuel Wallerstein, de Dick Cheney a Donald Rumsfield, de Paul Bremer al general Abizaid, todos parecen jefes enloquecidos vagando en la niebla. Pero esta locura colonialista también ciega al secretario nor-teamericano de estado Colin Powell, a la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice y por supuesto al propio George W. Bush, cuestionados públicamente por grupos de altos oficiales del Pentágono que por boca del coronel del ejército Paul Hughes, uno de los planificadores de la ocupación, expresaron que Irak luce co-mo la guerra de Vietnam “porque no comprendemos la guerra en la que estamos metidos” y que a través del general del ejército Charles Swannack, comandante de la 82 División Aerotransportada, senten-ciaron que Estados Unidos está ganando la guerra desde el punto de vista táctico, pero estratégicamente está perdiendo la guerra.
![]()
2) En Irak, se incrementan al mismo tiempo las matanzas de iraquíes y los suicidios, rebeliones y deserciones en las filas de las tropas invasoras, todo esto a pesar de la parafernalia militar y el de-sembolso anual de casi 48000 millones de dólares.
Pero, al parecer, los imperialistas anglosajones asumen plenamente el adagio latino “oderint dum metuan” (que nos odien mientras nos teman).
Bajo este pragmatismo metafísico el imperialismo estadouniden-se, la mafia de la Casa Blanca y sus socios, han impuesto un gobierno local marioneta que no tiene potestades en economía, ejército, segu-ridad, relaciones exteriores ni policía, pues está bajo control directo de Estados Unidos. Un almirante jubilado se encargará de adminis-trar los 18900 millones que proporcionará Estados Unidos. Ningún ministro podrá cancelar o modificar las concesiones otorgadas por el procónsul Paul Bremer y la seguridad quedará a cargo de un ofi-cial norteamericano. Aunque está en proceso la creación de un ejército iraquí, que se hallará bajo mando de un comandante nortea-mericano, siguiendo la fórmula inglesa de ejércitos cipayos, de ropa nativa y oficialidad británica que sostuvo al imperio inglés por 250 años. Bush ha intentado torpemente resucitar en Irak las formas más retrógradas de colonialismo. Impuso un gobierno títere sin respetar ningún formalismo de la autonomía y le otorgó poderes virreinales a un administrador carente de intermediarios con la población. Estados Unidos pretendió manejarse con sus propias tropas y por eso disolvió el ejército local antes de reconstruir una milicia afín.
Por eso, el castillo de arena colonial se derrumba ante la impo-tente obcecación estadounidense. La resistencia doblega y descon-cierta a los marines de la coalición imperial, de este modo van cayendo una a una las fantasías de las mafias de Washington y el Pentágono en el sentido de que esta guerra sucia sería ganada rápi-damente, con mucha tecnología y pocas tropas (150 000).
Por fortuna para la humanidad, este nuevo ensayo colonial se está viniendo abajo ante el acoso y las emboscadas de los guerrille-ros. Como se puede observar, el proyecto imperialista de reducir a Irak a un protectorado es inviable y antihistórico. Intentarlo es sui-cida en Irak y en las propias entrañas de los grupos reaccionarios y ultra conservadores que manejan Estados Unidos.
La coalición norteamericano-inglesa ostenta reveses acumulados, diariamente sufre altas y sorprendentes bajas. Estados Unidos reporta oficialmente en octubre de 2004 más de 1073 muertos es-tadounidenses y más de 5400 heridos entre mayo de 2003 y sep-tiembre de 2004, pero oculta las cuantiosas víctimas que registran las filas del ejército de mercenarios y de las demás tropas invasoras. Sin embargo, todo el mundo sabe que estos reportes oficiales mienten y ocultan con desparpajo el descalabro militar y político anglosajón en Irak y en toda la región.
En este contexto, el sentimiento antiestadounidense se ha gene-ralizado en todo el mundo árabe, y aunque el canal de reacción an-tiimperialista por ahora es el integrismo islámico y por ende la presencia del liderazgo clerical (radical y reaccionario), es significa-tiva, en perjuicio del nacionalismo laico y de la revolución en toda la región, sin embargo las tendencias revolucionarias son relevan-tes. Los trabajadores y pueblos de esta región están asumiendo estas perspectivas revolucionarias y radicalizando este complejo proceso antiimperialista, como condición sine qua non para alcanzar la ver-dadera emancipación liberación social y nacional del mundo árabe, empalmándolo con las luchas de los oprimidos del mundo, inclu-yendo la diversidad de etnias, creencias, religiones y otros sujetos históricos de la revolución en el siglo XXI.
Patentizando esta perspectiva regional, la guerra de guerrillas iraquí está escribiendo las páginas antiimperialistas más heroicas de la humanidad. El Consejo Nacional Unificado de la resistencia Ira-quí ha declarado solemnemente: “la continuidad de la resistencia en todas sus formas armadas y la movilización popular a través de manifestaciones y protestas, a través del boicot a la ocupación y a todas sus estructuras, a través de todos los medios posibles hasta que el último soldado haya salido de Irak y reconstruirlo; no acep-taremos nunca nada menos que esa meta. Que todo el mundo sepa que aquel que se resiste asumiendo su deber contra los invasores y persiguiéndolos para liberar a Irak es asimismo capaz de dirigir Irak y reconstruirlo; no habrá lugar dentro de Irak para los traidores, los ladrones o los mercenarios”
Sufren de amnesia y una vez más evidencian su estulticia histórica los imperialistas, al imaginar que el derrocamiento del viejo régimen de Saddam Hussein viabilizaría la conquista de Washington, olvidan que el pueblo de Irak jamás pensó reemplazar a un dictador por otro. Esta es la causa medular por qué, el gobierno pelele impuesto por los imperialistas se encuentra completamente aislado y atado de pies y manos. Los norteamericanos y sus socios han cavado su propia sepultura al derrocar a Saddam Hussein sin contar con algún reemplazo. Aún más, después de las “elecciones libres” sus lacayos locales serán barridos violentamente.
La resistencia iraquí incluye a todos los grupos étnicos de chiítas, sunitas y kurdos y a todos los partidos iraquíes y ha probado suficientemente su alta capaz de organización y acción.
Todo el pueblo iraquí, combate con firmeza a los ejércitos de ocupación anglosajones, a los mercenarios y colaboracionistas, mien-tras éstos, enajenados por el pavor que les causa la insurgencia an-ticolonial, disparan sin ton ni son a las masas inermes, sitian ciudades completas y lanzan misiles contra barrios sobre poblados de traba-jadores y masas populares. Sus tanques y pájaros blindados escu-pen fuego y uranio sobre casas, hospitales, mezquitas y centros escolares.
En suma, las soldadescas invasoras prosiguen sus carniceras en todo Irak, bajo los señuelos de “democracia”, “libertad” y “econo-mía de libre mercado”, subyace la barbarie imperialista. La estulta oligarquía transnacional anglosajona, sueña conjurar la emancipa-ción y la aurora revolucionaria en Irak con barbarie y más barbarie. Como decía Lenin: “la estupidez es lo más difícil de combatir”.
Sin embargo, amos, mercenarios y lacayos ignoran que su propio capitalismo transnacional pone, cada día, las armas necesarias con las que los trabajadores y pueblos revolucionarios del mundo los enterrarán.
CAMILO VALQUI CACHI JOSÉ ENRIQUE GONZÁLEZ RUIZ
México, noviembre de 2004
1 Citado por Antonio J. Torres, en “Sobre Globalización e Imperialismo”, Rebelión, revista en internet, 7 de febrero de 2003. Quien nos proporciona el dato acerca del lugar donde se hizo esta reveladora declaración es Miguel Urbano Ro-dríguez, en “Otra América es Posible”, en Rebelión, 22 de diciembre de 2002.
2 Comodinamente, las violaciones a las leyes universales de la guerra que co-metieron (y cometen a diario) los invasores estadounidenses e ingleses en Irak, se “limpiaron” cuando el gobierno norteamericano juzgó a unos cuantos soldados (hombre y mujeres de comportamiento degenerado) y les impuso ridículas san-ciones. No pasó de una burda intentona de exonerar de culpa a los responsables de la guerra y sus estragos, que no son otros que George Bush y sus secuaces.
3 Si bien es cierto que en lo formal aparece que Estados Unidos es el más importante de los contribuyentes a la guerra de agresión, sobre este particular hay que establecer algunas prevenciones. Conociendo el espíritu capitalista de los estadounidenses, es altamente probable que esté cargando los gastos en el propio pueblo iraquí. No hay que olvidar que tienen el control del petróleo, con todo lo que esto implica.
4 La agresividad imperial pretende ser justificada por algunos teóricos, como Samuel Huntington, hablando de un “choque de civilizaciones”. Esta visión ab-surda, que concibe a los migrantes mexicanos a Estados Unidos, e incluso a los méxico.americanos, como problema de seguridad nacional, se basa en la teoría de que la cultura norteamericana ya no tiene en su centro a la raza blanca, sino a dos elementos: lo anglo y lo protestante. Éstos, según Huntington, se desglosa así: “La lengua inglesa; la convicción religiosa; los conceptos del imperio de la ley, la responsabilidad de los gobernantes y los derechos de los individuos, y los valores de los protestantes disidentes (el individualismo, la ética del trabajo y la creencia de que los seres humanos tienen la capacidad y la obligación de crear un paraíso en la tierra, una ‘Ciudad sobre la Colina’)”. Citado por Claudio Lomnitz, en “Por Amor a la Patria (Estadounidense)”, Masiosare, número 356, 17 de octu-bre de 2004, pp. 6-8.
|
Opiniona sobre 'Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - Sobre este libro' (11)
Opina sobre este monografía |

