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MAURO BETANCOURT CHÁVEZ
… si mata por una idea, puede igualmente hacerse matar por ella; en los dos casos, tirano o mártir es un monstruo. No hay seres más peligrosos que los que han sufrido por una creencia: los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a los que no se ha cortado la cabeza. Lejos de disminuir su apetito de poder, el sufrimiento lo exaspera.
Emil M. Ciorán
Antecedentes
Al preguntarnos sobre esta guerra, más que respuestas encontramos demasiadas dudas; por ello, me parece conveniente que al menos intentemos darle un cierto orden a algunas de nuestras apreciaciones.
El 11 de septiembre de 2001, a las 8:45 hrs. del este de Estados Unidos, un Boeing 767 de American Airlines se estrella en una de las torres del World Trade Center de la ciudad de Nueva York. Aproxi-madamente 18 minutos más tarde, otro Boeing 767 con 65 personas a bordo se incrustó en la otra torre gemela. Posteriormente, un avión se arroja en picada a las instalaciones del Pentágono, un co-che-bomba explota cerca del Departamento de Estado en el corazón político estadounidense y, finalmente, un avión cae en Pittsburgh. El sorpresivo ataque cobró miles de vidas humanas y los daños materiales ascienden a varios millones de dólares. Los casos más cercanos fueron el ataque japonés a Pearl Harbor, en el que falle-cieron 2 mil 403 personas, y la explosión en Oklahoma que cobró 168 vidas. El siglo XXI quedará marcado para siempre por esa imagen del impacto del avión y la bola de fuego que traspasó la estructu-ra del rascacielos. Es una imagen imborrable en la mente colectiva de la aldea global. El mundo ya dejó de ser el mismo; ha cambia-do, pero no sabemos en qué sentido y con qué valores, entre la globalización y el nacionalismo.
No existen aún respuestas a las principales interrogantes: ¿quié-nes son los responsables de este atentado terrorista?, ¿la guerra contra Irak es una medida del gobierno estadounidense para encon-trarlos y castigarlos?, ¿cómo fue posible que fallaran sofisticados aparatos de inteligencia? Sin embargo, sí podemos afirmar que ésta es una guerra pro-ducto de la globalización. Una globalización económica impuesta por los países más fuertes, arroja como saldo la generación de mi-llones de pobres y la concentración de la riqueza en pocas manos. La caída del Muro de Berlín fortaleció el predominio mundial de Estados Unidos, pero el desplome de las torres de Manhattan mos-tró una gran falla de seguridad nacional y una grave crisis en la confianza de dicho país en sí mismo. Cuando ocurrió el ataque de Oklahoma en 1995, las primeras conjeturas apuntaron hacia atacantes musulmanes, pero resultó que los culpables eran ex combatientes estadounidenses. Hoy está claro que ningún escudo protegerá a Estados Unidos de ataques alta-mente destructivos. Por tanto, Bush encontró razones mucho más poderosas y urgentes para incrementar gasto y despliegue militares. El tamaño de este desafío y la recesión económica en marcha in-centivaron una militarización de la economía como salida a la crisis.
Los atentados de septiembre 11 escalaron el problema de la identidad fanatizada como una de las etapas negras de la globaliza-ción. El punto clave de los atentados en Estados Unidos fue su papel desestabilizador. La antigua lucha por la tierra y por las posiciones políticas ha llegado ahora a los ataques a posiciones civiles, gene-rando ya un gran dolor y la calificación generalizada de que se está perpetrando un horrendo crimen. El peso del conflicto en el Medio Oriente en sus diversas rami-ficaciones está latente en Estados Unidos. El presidente George W. Bush es hijo del ex presidente Bush que atacó al Irak de Hussein con la Tormenta del Desierto. El secretario norteamericano de Esta-do, Colin Powell, fue el jefe militar de ese operativo y su designación envió el mensaje de un militar en el diseño de la política exterior de Estados Unidos.
Sin dejar de condenar enérgicamente estos atentados, que son, a su vez, también una vergüenza para la humanidad, la racionalidad imponía que Estados Unidos evitara reacciones desproporcionadas y fuera del marco del derecho internacional. Acciones unilaterales militares de Estados Unidos o de sus aliados, no han venido a lo-grar otra cosa que no sea el entierro de la ONU. Ésta es la oportunidad de revisar a fondo el funcionamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el único órgano inter-nacional con autoridad para aprobar una acción en legítima defen-sa. Es necesario continuar con los esfuerzos para impedir un agravamiento, extensión y profundidad de la violencia, que sólo ati-zaría el fuego del odio y de la discriminación. Un Estado totalmen-te seguro, libre de atentados, nunca podrá subsistir en medio de la xenofobia y la intolerancia. Estados Unidos, al castigar a los criminales terroristas fuera del marco de sus leyes internas y de las leyes internacionales, entró al juego de hacerse justicia por propia mano.
El papel de la ONU en los preámbulos de esta guerra
Después de la Primera Guerra Mundial se formó la Sociedad o Li-ga de Naciones “para impedir la Segunda Guerra Mundial”. No se evitó. Entonces el presidente Wilson, inventor de la Liga, no pudo convencer a los aislacionistas de su país de que fueran aprobadas las instituciones del Tratado de Versalles. Wilson murió sufriendo esa derrota y viendo cómo el Japón y la Italia fascistas destruían este ti-po de proyectos. El totalitarismo incendió el mundo. De la Liga no quedaron nada más que cenizas.
Ahora bien, eran grupos de presión estadounidense los que fue-ron aislacionistas contra Wilson, son ahora los intervencionistas con Bush. Por otra parte, la mayoría de los países del mundo han ido dejando morir a la ONU y al Consejo de Seguridad al desposeer, a la ONU, de todo valor ético-democrático. Ahora, después de la guerra fría, la razón de Estado es la razón del poder, eso es lo que está demostrando Bush en el 2003, como Chirac lo hizo en 1975 y Rumsfeld en 1983. Chirac firmó con Saddam Hussein el pacto nuclear, en 1975, para convertir a Irak en el primer país atómico del Oriente Medio. Fueron mil 500 millones de francos de inversión y permaneció completamente en silencio cuando la central fue destruida por la aviación israelí en 1981. Rumsfeld, Secretario de Defensa de Bush junior, guarda un total silencio sobre su viaje a Bagdad para entre-vistarse con Saddam Hussein, en diciembre de 1983, con exaltante carta de Reagan señalándole al presidente de Irak que “se le respeta-ba mucho” y que deseaba ayudarle en todos los terrenos. Rumsfeld sabe bien por qué razones se armó, ilegalmente, a Saddam Hussein. Existen dos documentos que causan estupor: Death Lobby, How The West Armed Iraq, de Kenneth R. Timerman, y The Secret History of How the White House Illegally Armed Iraq, de Alan Friedman.
En los dos libros se cita a Rumsfeld. En el primero se dice —pá-gina 140—: “Cuando Rumsfeld, embajador para el Oriente Medio del presidente Reagan, llegó a Bagdad en diciembre de 1983, lleva-ba una carta manuscrita, de Reagan, para Saddam diciéndole que Estados Unidos necesitaba expandir las relaciones diplomáticas, mi-litares, técnicas y comerciales con Irak”. En el segundo libro se am-plían las referencias a Rumsfeld como el entusiasta embajador que “armaría, por la Casa Blanca, ‘ilegalmente’, a Saddam Hussein”. La aventura de esta agresión, así como la aventura nuclear y la del armamento de Irak se explica, solamente, por la razón de Estado, antítesis ética del Estado de derecho. Cuando Jomeini, quien desde Francia planeó, con toda libertad, el regreso a Irán para derrocar al emperador Pahlevi, reveló que la revolución chiíta convertía a Occidente en el enemigo y a Estados Unidos “en Satán”, Saddam Hussein, encontrándose en guerra con-tra Irán, pasó a ser el héroe a armar y convertir en el peón de una gran batalla.
La ONU, que junto con otras organizaciones multilaterales han dirigido la reconstrucción en Afganistán y Kosovo, serán dejadas de lado, de acuerdo con un documento confidencial de más de 100 páginas de la administración Bush que obtuvo The Journal. Las or-ganizaciones no gubernamentales, por supuesto, también serán eliminadas. La bolsa en Irak es importante, y el gobierno estadou-nidense ya le ofreció a sus empresas obras por más de mil 500 millo-nes de dólares. El general George Marshall, cuyo plan fue utilizado para la reconstrucción de Europa y Japón, siempre se opuso a que las empresas de Estados Unidos operaran como aves de rapiña y abusaran del desastre. Ese principio no parece estar siendo observado para Irak.
Terribles efectos de la superpotencia en la globalización
Hegemonía “es el consentimiento ‘espontáneo’ que le dan las masas a la dirección impuesta por el grupo dominante”. Antonio Gramsci, al preguntarse sobre quién inició esta guerra y por qué, plantea una gran cantidad de dudas.
1. ¿Qué porcentaje de la población mundial es estadounidense? 6%. 2. ¿Qué porcentaje de la riqueza mundial tiene Estados Unidos? 50%. 3. ¿Qué país tiene las mayores reservas petrolíferas? Irak. 4. ¿Cuál es el gasto mundial en presupuestos militares de los gobier-nos? Más de un billón de euros. 5. ¿Qué porcentaje de esta cantidad corresponde a Estados Unidos? 50%. 6. ¿Qué porcentaje del gasto militar de Estados Unidos daría para cubrir las necesidades básicas del tercer mundo, según la ONU? 10%. 7. ¿Cuánta gente ha muerto en guerras desde la Segunda Guerra Mundial? 86 millones. 8. ¿Des-de cuándo se supone que Irak tiene armas químicas y biológicas? Desde comienzos de los años 80. 9. ¿Desarrolló Irak esas armas por su cuenta? No, contó con material y tecnología proporcionada por los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido, el Instituto Pasteur y multinacionales privadas. 10. ¿Condenó el gobierno de Estados Unidos el uso iraquí de gas contra Irán? No. 11. ¿Cuánta gente gaseó Saddam Hussein en el pueblo kurdo de Halabja en 1988? 5 mil personas. 12. ¿Cuántos gobiernos occidentales conde-naron ese acto entonces? Ninguno. 13. ¿Cuántos litros de “agente naranja” usó Estados Unidos en Vietnam? Más de 35 millones de li-tros. 14. ¿Cuál es la estimación de muertos civiles en la Guerra del Golfo? 35 mil. 15. ¿Cuántos años lleva Estados Unidos incursio-nando en ataques aéreos contra Irak? 11 años. 16. ¿Cuántas resolu-ciones de la ONU ha incumplido Israel hasta 1992? Más de 65. 17. ¿Cuántas resoluciones de la ONU ha vetado Estados Unidos entre 1972 y 1990? Más de 30; 18. ¿Cuántos países tienen armas nuclea-res? Ocho. 19. ¿Cuántas cabezas nucleares tiene Irak? Ninguna. 20. ¿Y cuántas tiene Estados Unidos? Más de 10 mil. 21. ¿Cuál ha sido el único país que ha utilizado armas nucleares? Estados Unidos.
No es ésta la primera vez que el mundo tiene una superpotencia. Y la superpotencia siempre ejerce el poder en beneficio de sus intereses, aun cuando afirme representar un principio superior. Así sucedió en los tiempos del Imperio Romano y en los del Imperio Británico. Ahora bien, la decisión de Francia de bloquear la nueva resolución de guerra en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas parece más un deseo de equilibrar la influencia de la superpotencia que una defensa de Irak. La población del resto del mundo está apabullantemente en contra de la guerra. La reacción sensata, la que se fundamenta en los principios del derecho internacional, es que el camino que se debe seguir es el del multilateralismo. Pero la experiencia histórica nos dice otra cosa: cuando existe una superpotencia, es ésta siempre la que termina imponiendo su ley. Y esto no cambia sino hasta que la superpotencia pierde su hegemonía. El presidente Jacques Chirac ha sostenido que el meollo del asunto es decidir si los asuntos del mundo se van a definir de manera multilateral, esto es, en las Na-ciones Unidas u otros organismos multilaterales, o de manera uni-lateral, o sea, por la decisión del presidente estadounidense. Bush cree que las relaciones internacionales son relaciones de poder. El aspecto que subraya es el poderío militar. Pero ningún imperio se mantuvo jamás por el poderío militar exclusivamente.
Irak es la primera instancia en la que se está aplicando la doctri-na Bush, que se basa en dos pilares. Primero, Estados Unidos hará todo lo que esté en su poder para conservar su incuestionable su-premacía militar. Segundo, Estados Unidos se arroga el derecho de la acción preventiva. La legalidad y la legitimidad son simplemente decorativas. Sin embargo, la idea de que la fuerza es válida no se puede conciliar con la de una sociedad abierta. Bush no tolera ningún desacuerdo. Si no estás con nosotros, estás con los terroristas, afirma. Los prin-cipios de la sociedad abierta están plasmados en la Declaración de Independencia, y las instituciones de la democracia estadounidense están protegidas por la Constitución. Sin embargo, la doctrina Bush podría provocar enormes daños antes de que sea abandonada. La administración Bush llegó al poder con una ideología basada en el fundamentalismo de mercado y la supremacía militar; sin em-bargo, sus políticas ya han causado una serie de consecuencias no buscadas y están provocando una reacción alérgica de la mayoría de la población mundial. La implementación de esa ideología hasta antes del 11 de septiembre carecía de un claro enemigo definido. El terrorismo les dio el enemigo ideal porque es invisible y no desapa-rece nunca. Al declarar la guerra contra el terrorismo, el presidente Bush obtuvo el motivo político interno que le hacía falta.
Por la defensa y protección del pueblo de Irak
Amnistía Internacional presentó un informe contra Saddam Hussein, donde asegura que durante 2002 se detuvo a más de 700 personas, “presuntos partidarios de la oposición política”, algunos de los cuales eran sospechosos de mantener contactos con grupos de opo-sición en el exilio. En el momento de cerrar el informe —el 4 de marzo de 2003— se ignora la suerte y el paradero de la mayoría de ellos, así como de muchos otros detenidos en años anteriores. Además, se imponen largas penas de prisión a varias personas en juicios manifiestamente injustos ante tribunales especiales.
Los detenidos y los presos políticos están sometidos sistemáti-camente a torturas y malos tratos. Los dos partidos políticos kur-dos que controlan el Kurdistán iraquí detuvieron a personas a las que Amnistía Internacional consideró presos de conciencia y, se-gún distintos informes, en esta región hubo secuestros y homici-dios perpetrados por grupos políticos sin bandera y armados hasta los dientes.
Pena de muerte. La conclusión a la que han llegado las distintas investigaciones de Amnistía Internacional sustentadas en la observa-ción sobre el terreno y en testimonios directos, es que “en Irak con-tinuó aplicándose ampliamente en 2002 la pena de muerte”. En noviembre, el Consejo de Mando de la Revolución, órgano ejecuti-vo supremo del país, dictó un decreto por el que castigaba con la muerte la prostitución, la homosexualidad, el incesto y la violación. También establecía que quienes fueran declarados culpables de ofre-cer alojamiento para ejercer la prostitución, serían decapitados con un tajo de espada. Según diversas fuentes, en los últimos dos años se ha decapitado a varios hombres y mujeres por prostitución y trata de blancas, normalmente sin juicio formal y, a veces, por motivos políticos. Se ejecutó a decenas de personas, algunas de las cuales eran po-sibles presos de conciencia, como afirma Amnistía Internacional. Entre las víctimas había militares acusados de conspirar contra el gobierno, o más exactamente, para derrocar a Saddam Hussein. “Se les acusó también de mantener contactos con grupos de la oposición, así como presuntos partidarios de la oposición política, en particular musulmanes chiítas sospechosos de participar en actividades en contra del gobierno”. En marzo, tres miembros de las fuerzas aéreas, Saeed al-Majid Abd Al-llah, Fawzi Hamed al-Ubaidi y Fares Ahmad al-Alwan, fueron pasados por las armas. También en el mismo mes, “fue ejecutado por criticar al gobierno el general de división Tariq Saadun.
Asimismo, en mayo, tres religiosos musulmanes, Abd al-Satarr, Abd al-Ibrahim al-Musawi y Ahmad al-Hasemi, fueron ejecutados en Bagdad por acusar públicamente al gobierno de estar implicado en el asesinato del ayatolá Sadeq al-Sadr en 1999. Al parecer, ambos religiosos habían sido detenidos a finales de 2000.
En julio, los abogados Mohamed Abd al-Razzaq y Karim al-Shamari, acusados de participar en actividades subversivas, fueron condenados a muerte por un tribunal especial, según indican los in-formes de Amnistía Internacional. Ambos formaban parte de un grupo político que en junio había sido interrogado sobre la distri-bución de folletos en los que se denunciaba la falta de independen-cia del poder judicial. Al concluir el año se ignoraba si las sentencias habían sido ejecutadas.
En octubre ejecutaron en la prisión de Abu Ghraib a 23 presos políticos, en su mayoría musulmanes chiítas. Al parecer, tres de ellos fueron acusados del asesinato de un agente de seguridad cometido en junio en la zona de Bagdad conocida como “Ciudad de Saddam”.
Detenciones y reclusión. A lo largo del año se detuvo a decenas de personas por sus “actividades subversivas” o, simplemente, por sus lazos familiares con individuos buscados por las autoridades. Mu-chos fueron recluidos e incomunicados durante meses sin cargos ni juicio. En abril, las autoridades detuvieron a Hussan Mohammad Jawad, médico jubilado de 67 años, y a su cuñado, Iyyad Shams al-Din, de 63, para —según las fuentes de Amnistía— ejercer presión sobre la doctora Suad Shams al-Din, esposa de Hussan, con el fin de hacerla regresar al país, pues había huido al extranjero después de haber sido detenida y torturada en junio de 1999. De acuerdo con los informes de Amnistía Internacional, los dos quedaron en libertad en mayo.
En agosto, 221 personas fueron detenidas en Ramadi y Kut por actividades “subversivas”. Al terminar el año se desconocía aún la suerte que habían corrido y su paradero.
Juicios injustos. Los juicios ante tribunales especiales, celebrados siempre a puerta cerrada, continuaron incumpliendo las normas in-ternacionalmente reconocidas de justicia procesal. Los jueces eran militares o funcionarios públicos recién estrenados, sin formación adecuada ni independencia. El acceso a un abogado de oficio era muy limitado, y a veces sólo estaba permitido el mismo día del juicio.
En abril, un tribunal especial de Mosul condenó a cadena per-petua a cuatro hombres —Issam Mahmoud, militar retirado; Basil Sadi al Hadithi, profesor universitario; Kahiri Mohammed Hassan e Imad Mohammed Hassan— acusados de constituir una asocia-ción política. Amnistía Internacional no disponía de información sobre el lugar donde éstos fueron encarcelados. También en abril de 2002, otro tribunal especial condenó al científico nuclear iraquí Hussein Ismail al-Bahadi a 31 años de prisión, por cargos que no se hicieron públicos.
Tortura y malos tratos. Los detenidos y presos políticos —de acuerdo al informe de Amnistía Internacional— padecen siempre de torturas. Los cadáveres de muchas personas ejecutadas presen-tan señales evidentes de haber sido maltratados. “Entre los métodos de tortura física más comunes —añade Amnistía— figuran prácticas como aplicar a la víctima descargas eléctricas o quemarla con cigarrillos en diversas partes del cuerpo, arrancarle las uñas, violarla, colgarla sujeta por las extremidades de un ventilador en el techo o de una barra horizontal durante largos periodos, golpearla con cables, mangueras o barras de metal y golpearla en las plantas de los pies. A esa técnica se le llama ‘falaga’”.
En marzo de 2002, Abd al-Wahad al-Rafai, maestro jubilado de 59 años de edad, fue ejecutado en la horca después de haber estado encarcelado sin cargos ni juicio durante más de cuatro años. Lo ha-bían detenido por mantener presuntos vínculos con la oposición a través de su hermano, que vivía en el extranjero. Según el informe de Amnistía Internacional, el cadáver, que fue recogido por su fa-milia en la Comandancia de Seguridad de Bagdad, presentaba cla-ras marcas de una larga tortura. Miembros de los combatientes de Saddam —Fedayeen Sad-dam—, milicia creada en 1994 por Uday Saddam Hussein, primo-génito del presidente, le cortaron en julio la lengua a dos hombres por difamar al presidente Saddam Hussein. La amputación tuvo lu-gar en una plaza pública de la zona sur de Bagdad conocida como “Ciudad Diwaniya”.
Amnistía Internacional recuerda que en el mes de abril de 2002, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU aprobó una resolu-ción en la que se condenaban “las gravísimas violaciones sistemáticas y generalizadas de los derechos humanos y del derecho internacio-nal humanitario cometidas por el gobierno de Irak, que dan como resultado una represión y una opresión omnipresentes, sostenidas mediante una amplia discriminación y un terror generalizado”. Ahora bien, es un hecho contundente y se apoya en la concentración del poder militar en Estados Unidos. A partir de ello, se ha prefigurado el escenario que consiste en ofrecer la violencia organizada como un proceso de liberación y de exportación de la democracia.
Ahora en Irak se expresa en la abierta disposición a remover a un régimen que incomoda mucho, aunque antes fue útil, pese a que cometía las barbaridades que hoy parecen inaceptables. Ya pasó la invasión de Afganistán, también sostenida por estas razones; hay aún diez mil soldados estadounidenses en ese país y se está muy lejos de crear un entorno político distinto al que existió bajo el régimen talibán ya que el gobierno de Karzai está muy marginado. El despliegue de la política exterior de guerra se basa en la supremacía militar y tecnológica; después de esta guerra, lo más probable es que las condiciones sean peores, de mayor inseguridad física y económica para más gente, y muy probablemente para aquella que se quiere proteger con la política de fuerza y dominio a escala global. Nada se parece a la simple dicotomía entre buenos y malos que aún se plantea desde muchas posiciones maniqueas; es difícil mati-zar, pero es necesario hacerlo para que haya cuando menos la posi-bilidad de alcanzar una sociedad que sea decente. Los humanos tenemos hoy poco que mostrarnos a nosotros mismos en el terreno de la superación de nuestro estado animal. Ese sigue siendo pri-mordial y ensombrece las manifestaciones del espíritu y los logros materiales de los que también somos capaces.
La responsabilidad y el liderazgo de la diplomacia mexicana
Ninguna relación externa puede suplir la reordenación interna en todos los ámbitos de nuestra vida nacional. Ese es el principal reto y parece ser que no estamos a la altura de las circunstancias. El go-bierno mexicano ratificó y asumió en este caso valores y tradiciones diplomáticas. Lo cierto es que la mayor parte de los mexicanos y sus organizaciones civiles y religiosas, universidades e iglesias, parti-dos y grupos políticos, expresaron su negación a la guerra. Ya se de-be actuar y pensar en la constitución y rescate de la Organización de las Naciones Unidas o en la promoción de otros foros y luchas para que el mundo no se quede sin posibilidades de frenar ésta y otras barbaries.
En México este acuerdo nacional debe dar pábulo para encarar las mil y una consecuencias del desastre devastador. El acuerdo an-te la guerra podría ser anticipo de otros convenios, sobre todo para encarar las pérdidas y ruinas que padece la República. Por la paz, se hacen guerras. Por la democracia, se violan los principios de la democracia de las Naciones Unidas. Podría tener razón Fernando Escalante Gonzalbo, en su dramático y profundo escrito o escritos La mirada de Dios, estudios sobre la cultura del sufri-miento:1 “Precisamente porque sabemos que toda esta tierna compa-sión gregaria no evitó un minuto de horror en Auschwitz: sabemos que la moral del rebaño, consoladora doliente y redentora, organizó el Gulag y decidió la destrucción de Hiroshima. Estamos comen-zando a acostumbrarnos, incluso, a los bombardeos compasivos, a las guerras por motivos humanitarios”.
El Secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Luis Ernesto Derbez, declaró que si se aprende la lección de lo ocurrido en el Consejo de Seguridad, en el marco de la crisis iraquí, se podrá me-jorar el funcionamiento de Naciones Unidas y emprender reformas necesarias para que el multilateralismo vuelva a dominar en la dis-cusión y, sobre esta base, lograr la reconstitución del organismo in-ternacional; con otra estructura, en la que América Latina esté representada de otra forma, descartó que se busque convertir a la ONU en la Cruz Roja. “Ejercer la presidencia del Consejo nos da una gran oportuni-dad para que regrese el multilateralismo al seno de la ONU, que de-bemos aprovechar para discutir la reconstrucción del organismo tras el conflicto de Irak”, indicó. “Esta crisis permitirá fortalecer a la ONU si sabemos aprovechar la ocasión”. España ejercerá la presi-dencia del Consejo en junio próximo. Con rezago, pero afortunada y francamente, se ha cabildeado con el Senado de la República. Ante las maquinaciones para imponer gobierno, para controlar el oro de los hidrocarburos, para fincar un enclave de poder en Medio Oriente, la restauración de las Naciones Unidas es necesidad no sólo de los países antibelicistas sino de los mismos invasores.
La invasión armada emprendida por las fuerzas aliadas contra Irak sí debilitó a la Organización de las Naciones Unidas y en espe-cial a su Consejo de Seguridad, que debería ser más representativo y democrático. La decisión tomada unilateralmente sí dañó severa-mente la viabilidad del organismo internacional, por lo que es ur-gente una reforma que lo vuelva más representativo. Sin embargo, reformar a este órgano de la ONU corresponde a los países miem-bros que, hasta el momento, no se han puesto de acuerdo para hacerlo, a pesar de que el propio Secretario General Kofi Annan ha insistido en ello.
Conclusiones
La bestia de la guerra engendra criaturas imprevistas. Cuando Bush se lanzó a la guerra desató las frágiles cuerdas de la certidumbre in-ternacional: lo que venga, será sorpresa. Las primeras bombas sobre Irak lanzaron el rompecabezas de la política mundial por los aires. Quienes decidieron el ataque tendrán poco que ver para definir el lugar en el que caerán. La población civil, azotada durante décadas por las desdichas de la dictadura, es ahora vapuleada por las salvajadas de los invasores; el régimen aparece todavía como una estructura cohesionada y, lejos de ser bienvenidas, las tropas ocupantes encuentran señales de repudio. En realidad no está en duda el desenlace del conflicto, lo que no sabemos son sus costos y sus efectos.
El polo más delicado de la incertidumbre es, sin duda, el que originó todo este embrollo: el terrorismo. Si la guerra en Irak tiene como justificación el combate al terrorismo internacional y como objetivo la destrucción de los Estados que lo patrocinan, su efecto puede ser exactamente el contrario al propuesto. Recientemente lo expresaba el presidente egipcio: tal vez, cuando termine la guerra, el terrorismo será más poderoso y estará más extendido. No debemos caer en la ilusión de que los mexicanos nos hemos convertido en protagonistas de la política mundial. En esa ilusión nos ha hecho caer alguna expresión oficial: el país será factor de paz, contribuiremos al restablecimiento de la concordia en Irak. Es muy dudoso que sea así. Lo que cuenta para nosotros es, más bien, el modo en que el país sea capaz de enfrentar el desafío de un mundo envuelto en la confrontación. Somos muchos ciudadanos de todo el mundo los que queremos frenar la agresión ilegal e inmoral. ¡No la permitiremos! Podrán ingeniarse motivos de todo tipo: que por la paz justiciera; que por la preservación de ecologías; que por la defensa humanitaria. Y has-ta pueden venir y decirnos: “yo no quería pero tú me obligaste”. Qué gran desvergüenza.
Bibliografía
Alponte, Juan María, “La guerra sin la ONU”, El Universal, marzo 19 de 2003. Alponte, Juan María, “El Destino Manifiesto y la dramática muerte de las Naciones Unidas”, El Universal, marzo 24 de 2003. Amnistía Internacional, “El informe de Amnistía Internacional sobre Irak durante 2002”, marzo 4 de 2003. Bendesky, León, “Tablero”, La Jornada. López Narváez, Froylán M., México preside ONU. López Narváez, Froylán M., “Tragedia”, Reforma. Riva Palacio, Raymundo, “Llegó Alí Baba”, El Universal, marzo 19 de 2003. Sarmiento, Sergio, “Jaque Mate, Superpotencia”. Reforma. Soros, George, “La supremacía de EU”, El Universal, marzo 19 de 2003.
1 Paidós, Biblioteca interamericana de ensayo, México, 2000.
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