José Zahonero en el contexto del naturalismo español - Notas
7 - Notas
(1) La Enciclopedia Hispano-Americana de Montaner y Simón (1898: XXIII, 209), obra contemporánea de Zahonero, señalaba: “Goza de gran estimación entre los literatos y periodistas.” En el apéndice de La buscona, novela de 1885, se refiere López Bago a Zahonero con estas palabras: “mi buen amigo (por tal lo tengo)” (Pura Fernández, 1995: 98). Para lo referente a la amistad de Zahonero con Galdós, véase Ortiz-Armengol, 1996.
(2) “Ha sido el colaborador más activo de cuantos periódicos y revistas se publican en España” (Enciclopedia Hispano-Americana, 1898: XXIII, 209).
(3) Sintetizamos datos tomados de Gutiérrez Carbajo (1997: 29) y Pura Fernández (1996: 107).
(4) Este tema ya había sido tratado por el propio Zahonero en su artículo Naná, donde clama por reformar una sociedad donde la mujer se ve abocada a la prostitución por enfermedad del propio sistema.
(5) En Pura Fernández, 1995: 35. Mercedes Etreros (1977) llamó a este movimiento Naturalismo erótico, denominación menos acertada porque el erotismo es sólo un aspecto más de esta novelística.
(6) Considera Mercedes Etreros (1977) que no son auténticas novelas naturalistas, por faltarles algunos rasgos esenciales de la escuela zolesca. Por ejemplo, hacen uso de un narrador omnisciente, y se alejan del impersonalismo que busca el maestro francés; por otra parte, estas novelas no consiguen una reproducción fiel de la realidad, objetivo que sí busca Zola, sino que recargan excesivamente los aspectos que quieren destacar.
(7) Se trata de un conversación de Sawa con Cansinos Assens, recogida por éste en su artículo “Alejandro Sawa, el gran bohemio”, Índice, XV, 1961. Cito por Allen Phillips (1967: 159).
(8) López Bago fue la estrella de esta Biblioteca, con varios títulos publicados y varias reediciones de cada uno. También publicaron en ella Alejandro Sawa y R. Vega Armentero. Zahonero contribuyó con dos títulos: El señor obispo (¿1886?) y La vengadora (¿1889?).
(9) Esta colección constó de 74 títulos. Según Pura Fernández (1995: 54) “combinan el atractivo del género ameno y “picante” con la brevedad narrativa, aderezada ésta con un estilo ágil y una estructura básicamente dialogada”. Zahonero contribuyó con varias obras: Por un lunar (1884), El polvo del camino (1886) y La vaina del espadín (1887).
(10) Rubén Darío: Novelas y novelistas. Cito a través de Allen Phillips (1976: 42).
(11) Editada sin fecha, no he conseguido hallar una prueba fehaciente de su datación; acepto la fecha que da Cejador (1918: IX, 330). Pura Fernández (1995: 254) la sitúa en 1884-85, fecha que por algunos indicios me parece demasiado temprana.
(12) Tanto Mercedes Etreros (1977) como Gutiérrez Carbajo (1997) proporcionan una serie de rasgos con los que caracterizar las novelas naturalistas. Los que considera Pura Fernández (1995: 109) son los siguientes: “El determinismo positivista como orden vital supremo -traducido, con frecuencia, en fatalismo mecanicista-; la fisiología como motor de la conducta de los personajes; el anticlericalismo radical; la sátira y la denuncia sociales; la concepción de la literatura como arma de combate político, filosófico y social; argumentos construidos a la sombra de la herencia folletinesca y orlados de un abrumador pesimismo; feísmo y tremendismo como revulsivos; todo esto, junto a la adopción de los temas relativos a las conductas sexuales como elemento central de las novelas, configuran el paradigma de las obras del naturalismo radical”. Considero sumamente recomendable la lectura de las páginas que Pura Fernández (1995: 108-125) dedica al análisis detallado de estas características.
(13) En La soltera, pág. 198 (Pura Fernández, 1995: 80).
(14) Pág. 289. Ya lo había dicho Zahonero en su artículo Naná: “Cumple aquí a las artes sujetarse severamente a la verdad; cumple al pintor que sirve a la anatomía y a la patología no mentir un trazado, no engañar con un hermoso pero falso color; deben emplearse el amarillo de la muerte, el morado de la gangrena, el blanco verdoso del pus [...], no el mágico y bello colorido de la salud y de la vida.” (Zig Zag, 1881: 68). Aduce Pura Fernández (1995: 76) otro texto semejante, de Vega Armentero en el prólogo de La mujer de todo el mundo, de Sawa (1885): “Algo semejante ha de ser la novela moderna; como un libro comprensivo de enfermedades sociales en el cual la exposición como el análisis se hace sin engaños y sin miedo”.
(15) Se refiere, obviamente, a Las vengadoras, de Sellés (1884), donde las prostitutas acaban vengando a las esposas traicionadas por sus maridos. Tras este drama, vengadora pasó a significar ‘prostituta’ en el lenguaje coloquial.
(16) Se trata de un párrafo muy interesante, porque indica: 1) que los lectores confundían naturalismo con pornografía; 2) que Zahonero considera que los atrevimientos naturalistas están produciendo importantes frutos sociales; 3) que las fuerzas conservadoras critican la novela naturalista por su contenido pornográfico -ausente en La vengadora-; y 4) que la ciencia moderna está terminando, según Zahonero, con la vieja moral clásica.
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