Capitulos de este wiki
  1. 1 José Zahonero
  2. 2 La aclimatación del Naturalismo en España
  3. 3 El Naturalismo radical
  4. 4 Un ejemplo de novela naturalista: La vengadora ( ¿1889? )11
  5. 5 Conclusión
  6. 6 Referencias bibliograficas
  7. 7 Notas

José Zahonero en el contexto del naturalismo español - Un ejemplo de novela naturalista: La vengadora ( ¿1889? )11

4 - Un ejemplo de novela naturalista: La vengadora ( ¿1889? )11

Monografía creado por José Antonio Bernaldo de Quirós Mateo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/zahero.html
16 de Septiembre de 2006

Sinopsis

Los cuatro primeros capítulos transcurren en Segovia; los restantes, en Madrid.

I.- El vagabundo Celipe recibe el encargo de un cadete (Fernando) de llevar secretamente una carta a la joven Juanita. Mientras llega el momento de entregarlo, espera en casa de su tío Frutos, zapatero remendón, que -casualmente- conoce el secreto del nacimiento de Juanita: hija de unos amores ilegítimos, fue entregada a la inclusa, pero luego recogida por su verdadero padre. Celipe, finalmente, cumple su encargo.

II.- Juanita lee a solas la carta. Nos enteramos de su situación familiar: su padre está paralítico y casi sin facultades mentales; su madrastra y hermanastro la aborrecen y maltratan. Lleva una vida pobre y monótona. Feliz por la carta recibida, se hace ilusiones acerca de una posible boda con Fernando, con quien podría escapar de las estrecheces económicas y de las persecuciones de su madrastra.

III.- Prosiguen los intentos de galanteo del joven Fernando, apoyado por el hermanastro de Juanita, al cual no le importaría la deshonra de la joven. Una noche consigue penetrar en la casa y entrevistarse a solas con Juanita. Ambos se juran amor, aunque Fernando sólo persigue una aventura juvenil.

IV.- Fernando y Juana reiteran sus encuentros secretos; en un cierto momento, Fernando, impulsado por la pasión, encuentra insuficientes los besos e intenta pasar más adelante, pero Juanita le resiste. Sin embargo, los amores -seguramente a causa del hermanastro- llegan a oídos de la familia. Llena de ira, la madrastra decide mandarla a Madrid. Lleva una carta de recomendación de un canónigo de la localidad, amigo de la familia, en la que se informa insidiosamente de la condición de la chica.

V.- Gracias a la carta, dirigida a un caballero llamado don Antonio, Juanita entra a servir en la casa de los señores de Saltierra, quienes, a pesar de su santurronería, la tratan con frialdad y clasismo. La situación empeora cuando reciben la visita de la madrastra, que difama a Juanita. Finalmente, abandona la casa al ser una noche asaltada su habitación por el amo, aunque ella consigue resistirle.

VI-VIII.- Don Antonio consigue que la acepten en una casa mejor, la de un matrimonio de marqueses, donde es contratada como camarera. Poco a poco descubre que allí no es oro todo lo que reluce: los marqueses gastan sin tino, y cada uno tiene sus aventuras amorosas secretas. Aunque el carácter de la señora es muy voluble y arbitrario, Juanita se gana su confianza y prospera: recibe regalos, se hace más refinada en sus gustos y sus vestidos... Pero finalmente deja la casa al ser un día injuriada por la marquesa.

IX.- Se centra este capítulo en la figura de Vober, pianista que visitaba la casa de los marqueses, y a quien don Antonio pide que dé clases a Juanita.

X.- Juanita, que vive en un sotabanco con una familia humilde, ha encontrado trabajo como peinadora. Acude a Vober para pedirle que sea su profesor, pero él se excusa. Cuando ella sale, Vober es visitado por el adinerado joven Villa-Céspedes, que está encaprichado de Juanita. Después de comer, acuden medio embriagados a casa de Juanita, que percibe sus malas intenciones, lo cual le da miedo pero al mismo tiempo la atrae. Pocos días después, en un paseo por el Retiro, se encuentran Juanita y su pretendiente, y poco a poco entablan una relación. Finalmente, Juanita accede a convertirse en su entretenida. Después de una temporada en un hotelito mantenido por él, empieza la pendiente abajo: fue (pág. 282) “la mercenaria de lujo, la mercenaria de alquiler por horas, la vil mercancía del chamizo... y, por último, de amante en amante... paró donde siempre, ¡en el lecho del hospital!” En esta situación, el médico que la visita es precisamente su hermanastro, a quien ella hace responsable de sus desgracias. Inflamada por un odio sangriento, salta contra él y lo asesina. Pocos días después muere ella en el manicomio.

Juanita, al final de la novela, se ha convertido en una vengadora, dando a este término dos sentidos: el de prostituta (sentido tomado del drama de Sellés Las vengadoras, al que Zahonero alude en el prefacio); y el de persona que toma venganza.

Rasgos naturalistas 12

Las manifestaciones de Zahonero en el prefacio indican su pertenencia en el plano teórico al Naturalismo radical. Sin embargo, no lleva a la práctica todas los principios preconizados por Zola. Veamos cuáles de ellos se dan en La vengadora:

1) Observación de la realidad. El novelista naturalista estudia casos tomados de la realidad y rechaza la fantasía. Así lo defiende Zahonero (“Prefacio”, pág. 7) tras afirmar que su historia es un caso real:

Los que creemos que por la observación se encuentran los elementos de la ciencia y del arte, y consideramos incompleto cuanto fuere resultado de la agitadora, instantánea y febril imaginación, deseamos dar a nuestros escritos la apariencia de lo real.

Y ello porque, como preconiza López Bago, la misión del novelista es levantar acta de lo que ve13. Lo mismo que afirma Zahonero al finalizar el prefacio de la novela (pág. 10): “Levantemos acta de todo para que todo halle una expresión fija y clara”.

2) Determinismo. El naturalista presenta al ser humano sin albedrío, determinado por la herencia genética y el medio en que vive. Zahonero indica (“Prefacio”, pág. 9):

no parece sino que la naturaleza y la sociedad tejieron la estrecha red en que la víctima había de agitarse, condenada a implacable tormento.

Y en el transcurso de la novela asistimos a la contemplación de esta verdad. Por una parte, el origen deshonroso de Juanita hace que su madrastra y otros personajes, aplicando el lema “de tal palo, tal astilla”, teman por su futura caída (pág. 132):

Había oído también que la señora de Torreta hubo de replicar a las palabras de su prima [la señora de Saltierra] que tuviera cuidado con la muchacha, porque “de tal palo, tal astilla”. Algo semejante a lo que de continuo le había repetido a ella muchas veces su maldecida madrastra. “Anda, bribonaza... si lo tienes en la sangre... condenada, si te viene de casta!”

No está claro que Zahonero comparta esta tesis, que aparece expuesta por personajes negativos. Pero sí se ve que pone el acento en la fuerza del ambiente (igual ocurre en La carnaza, según ya indicó Mercedes Etreros). Para empezar, el peso negativo de su familia (pág. 67):

y así compadecían las gentes a Juanita, diciéndola sin rebozo alguno que no era pequeña desgracia tener que vivir entre un padre insensato, una mujer climatérica y un muchacho imbécil.

Sin olvidar el peso de la pequeña ciudad (pág. 76):

Las ciudades antiguas obligan a vivir en un aislamiento, en una soledad, que embrutecen a unos y enloquecen a otros; de una parte, la vida monótona, indiferente e inactiva de algunos; de otra, los sueños de muchos.

La vida como sirvienta es también una escuela que lleva a la persona a la perdición. Así lo expresa Juanota, una criada compañera de Juanita (pág. 137):

-¡Me caso con Dios! Si cuando una rueda, cuanto más rueda, más se ensucia por todas estas cochinas casas. Aquí se hace borracha, allí hereje, en el otro lado mentirosa.

Zahonero considera que la vida de sirviente (y en general la vida del proletariado) es una moderna esclavitud, estado que causa un grave daño moral a la persona, puesto que crea en ella una sed insaciable de vida lujosa. Es este modo de vida, en definitiva, lo que ha impelido a Juanita a dejarse caer en la red del seductor (pág. 281):

[Juanita] tuvo su tren de lujo; vistió, por fin, satisfaciendo la sed que engendra en el entendimiento de las almas que pierden la noble condición de libres, la esclavitud que prostituye y rebaja.

3) Feísmo. Puesto que se presentan casos de enfermedad social, el novelista naturalista no puede vacilar al enfrentarse con lo más crudo y desagradable de la vida social. Con claridad la expresa Zahonero al concluir la narración (págs. 286-287):

He aquí, lector, la vulgar y trágica, la sencilla y espantosa historia de Juana; historia conocida por nosotros años después de haber llegado a su término; ni en un solo detalle, ni en la más mínima circunstancia, por alarde de arte o pretensión de filósofo, hemos mentido; antes, por el contrario, fue para nosotros rudo y difícil proceso de trabajo... Que también la pluma que se ofrece para tu recreo, por amor a la verdad huye, a prueba de grandes angustias, de la prostitución del pensamiento, y es prueba de valor tratar en su verdadera entonación los hechos más vulgares, pero que son los más terribles y tristes.14

En esta novela, además de presentarnos la fealdad moral de aristócratas y plebeyos, Zahonero realiza algunas descripciones -no muchas- de realidades físicas desagradables. Por ejemplo, el estado de miseria corporal del padre de Juanita (pág. 70):

Juanita era quien le vestía y le desnudaba. Todas las noches y todas las mañanas tenía ante sus ojos la muchacha la misérrima anatomía del anciano, la desnudez cetrina, vellosa y fría de aquel cuerpo ya casi petrificado como el de un cadáver. Miraba, impresionada por honda compasión, las piernas flacas, los brazos enjutos y la torpe mecánica, el trastornado engranaje de aquellos ateridos músculos; miraba unas formas de momia que espantaban, enterneciendo el ánimo de la niña. Había que mudarle de ropa dos veces al día, tal era la suciedad del enfermo.

A un estado de degradación física semejante llega también la hija al final de su vida de prostitución (pág. 283):

La Venus momia, la mujer enflaquecida y enferma; aquel mísero cuerpo en el que subsistían las huellas de pasadas bellezas; el mísero cuerpo, despojo arrojado al montón como un desecho, tal y como el retazo de lo que fue dorada púrpura se convierte en guiñapo; aquel cuerpo, lleno de podre y dolorido, se abrasaba en la espantosa fiebre del odio...

4) Erotismo. No se trata de un erotismo deleitoso y agradable, sino que es una manifestación de enfermedad social, suciedad y vicio. Por ello, frecuentemente el novelista naturalista se centra en el mundo de la prostitución, vista como lacra social y como tragedia individual. Zahonero, aunque no rehúye las situaciones de potencialidad erótica (en tres ocasiones Juanita debe frenar el impulso sexual de sus perseguidores), rechaza que se pueda tomar su novela como pornografía. Así lo señala en el prefacio (pág. 8):

Debemos advertir que, en las páginas de este libro, a pesar de su título, que un célebre drama creó y vulgarizó15, nada hay de cuanto anhelantes buscan muchos lectores en las obras llamadas naturalistas, puesto que no deben confundirse los arriesgados atrevimientos de una escuela literaria, cuyo alcance social no se quiere reconocer, con los groseros goces de las obras de recreación pornográfica; tampoco hallarán el placer mordiente de la crítica los que persiguen la novela moderna para ensañarse con ella acusándola de inmoral, en nombre de la vieja moral clásica, a cuyo entierro se ven hoy congregadas las gentes por las ciencias del moderno positivismo.16

5) Crítica social. La novela naturalista no vale como simple pasatiempo, es un estudio serio y detallado de los problemas sociales. En La vengadora el principal mensaje que se extrae es la crítica a unas condiciones sociales que impulsan a las personas a prostituirse. Es un tema casi obsesivo para los novelistas del Naturalismo radical. Zahonero, en las últimas palabras de la novela, recalca la paradoja de que esto se produzca en un país que, llamándose cristiano, debería regirse de otra forma (pág. 287):

Así murió, en un país cristiano, en el furor y la sed de venganza, una criatura creada para la virtud y para el santo amor de la familia.

Pero hay otros muchos aspectos sociales que son censurados en esta novela. Por ejemplo, la doble vida de la aristocracia: aparente virtud y vicio verdadero. Según relato de Andrea, compañera de Juanita (pág. 151)

todas las personas del gran mundo viven dos existencias, no en diversas, sino opuestas direcciones. Una, en que el decoro se extrema; la respetabilidad se exagera; la devoción se finge; el pundonor se sustenta, al parecer, con fanático empeño; otra en que se hace gala de desenfreno; se lleva la crónica de las locuras del garito; se hace historia de las aventuras del lupanar

El hábito de la hipocresía, con todo, no es privativo de una clase social (pág. 238):

Halló una casa a los pocos días; ocupábala una familia pobre que la recibió con una complacencia aduladora: un agente de negocios, su mujer y sus hijos. Aquella casa, aparentemente pacífica, era un infierno, y jamás pudo olvidar aquellos días de tristeza bajo el poder de unos amos cuya existencia era un continuo engaño; querían pasar por ricos y a nadie seguramente afligirían de un modo más cruel las necesidades; afectaban, tanto la mujer como el marido, una extremosa rigidez de costumbres, y era espantosa la inmoralidad que pudo Juanita descubrir allí.

En el plano de la crítica literaria, Zahonero censura en varias ocasiones la literatura de folletín, que trastorna la percepción de la realidad. Dos personajes (la marquesa y el pianista) son víctimas de este desajuste.

6) Anticlericalismo. Este rasgo, habitual en el Naturalismo radical y en otras obras de Zahonero, no es importante en La vengadora, ya que el único clérigo que aparece, el canónigo segoviano, no está pintado de forma negativa. Sin embargo, sí existen personajes (los Satierra) que bajo una apariencia de virtud religiosa son mezquinos y viciosos.

Frente a todos estos principios naturalistas, falta uno bastante importante. Según Zola, el narrador debe permanecer impasible ante lo que narra, y abstenerse de intervenir con sus opiniones y valoraciones. Zahonero incumple este precepto, e incluso su presencia como narrador es, en distintos pasajes de la novela, excesiva, hasta el punto de velar demasiado a los personajes. También incumple esta norma en La carnaza, según señaló Mercedes Etreros.

Valoración literaria

Se dan en esta novela diversas cualidades, pero también desaciertos que impiden situarla al nivel de las mejores narraciones de la época.

En primer lugar destaca Zahonero en los diálogos, muy fluidos y naturales. Es una lástima que, como acabamos de señalar, en muchos momentos de la novela el narrador interviene demasiado, en lugar de ceder la palabra a los personajes.

Destaca también el abulense por su habilidad descriptiva, especialmente en las descripciones degradantes. Veamos algún ejemplo (pág. 127):

La señora de Torreta, no tan gruesa como la de Saltierra, pero muy encopetada, con el cuello tan tieso como si le tuviese de palo y sin rotación posible, tenía muy de empaque el rostro, de nariz acaballada y gorda hacia el extremo, y dos ojillos negros, encandilados, que miraban con fiereza bajo dos espesísimas y peludas cejas, casi juntas y rectas.

Sin embargo, en general, el estilo de Zahonero tiende al exceso verbal, con periodos demasiado largos, en ocasiones algo confusos; y llegando a veces incluso al anacoluto.

Podemos valorar como acierto la veracidad con que logra reflejar la humillación del débil en una sociedad dura y clasista, al mostrarnos en distintos momentos a una Juanita desvalida frente a la actitud ofensiva y despectiva de sus amas. También acierta Zahonero al mostrarnos a una Juanita que, en sus sufrimientos, se refugia en un recuerdo infantil: los años vividos en una costa luminosa y alegre, que aparece como feliz contrapunto al negro presente. Como desacierto se puede señalar la monotonía del registro, siempre serio y dramático. Ya Galdós, en su prólogo a La Regenta, en 1901, recomendaba a los naturalistas recuperar el sentido del humor y la ironía.

En general, Zahonero domina la técnica de narrar. Por ejemplo, al iniciar la novela con personajes secundarios que no volverán a aparecer, el narrador informa al lector, desde un punto de vista neutro, sobre la situación de partida: el origen de Juanita, su pretendiente... En ocasiones realiza saltos temporales, dejando silenciando algún suceso del que, a posteriori, nos informan los personajes; sabe también Zahonero dejar el tiempo en suspenso para subrayar una situación culminante. Así, cuando el joven Fernando asalta la habitación de Juanita, el narrador súbitamente interrumpe la escena y desvía la atención hacia el mágico paisaje nocturno de la ciudad (pág. 73):

Por aquella hora, nubarrones obscuros arrastrados por el viento de la sierra se prendían, desgarrábanse en parte por las dentadas alturas de la cordillera; las vetustas torres dibujaban esbozos sombríos de fantásticos e indecisos contornos; un ruido continuo, leve y cristalino de las aguas del Clamores y del Eresma, embozados por las neblinas, se escuchaba, y latía de tiempo en tiempo, a lo lejos, la argentina campana de un convento de monjas; la romancesca ciudad brindaba con sus viejos conjuntos y sus caprichosos detalles de realidad a la atrevida y medio fantástica aventura de Fernando.

Es también acierto del narrador el interés con que se siguen los avatares de la vida de Juanita, temiendo una desgraciada caída que finalmente se produce. No obstante, en el proceso de la novela hay episodios menos motivados y, casi diríamos, sobrantes, como el capítulo dedicado íntegramente al pianista, que es poco necesario para el transcurso de la acción.

1 opinión

anonimo

q cursi no manchen ya meduren jeje

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Monografía de José Antonio Bernaldo de Quirós Mateo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/zahero.html CopyLeft
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