Un año antes de la publicación de la primera novela de Vicens, El libro vacío, apareció impreso en Madrid El hombre y la gente (Revista de Occidente, 1957), libro que recogía póstumamente la doctrina sociológica de José Ortega y Gasset. El texto de Ortega reúne una veintena de lecciones universitarias en las que expresó sus reflexiones sobre el hombre como ser social, y donde destacaba su teoría sobre las pautas sociales de comunicación. Tras una larga digresión de cinco capítulos sobre el (auto)conocimiento del individuo y la interacción con sus seres análogos ("Ensimismamiento y alteración", "La vida personal", "Estructura de nuestro mundo", "La aparición del «otro»", y "La vida inter-individual. Nosotros-tú-yo"), entra otro ser social en el capítulo VI, titulado “Más sobre los otros y yo. Breve excursión hacia ella”. La brevedad de esta excursión hacia "ella" resume no sólo la óptica social de un célebre filósofo machista español de la época sino, curiosamente, el discurso novelado de Josefina Vicens (1911-1988), autora mexicana desconocida en España que, presumiblemente por su peculiar forma de activismo, se ha llegado a etiquetar con el término “posfeminista”.1
Vicens cuenta con una infinidad de trabajos periodísticos, guiones de películas, y dos novelas: El libro vacío (1958) y Los años falsos (1982). Su primera novela narra, en primera persona masculina, la cotidiana y mediocre vida de un simple oficinista del D.F., casado y con dos hijos, cincuentón cuya única realización personal (a parte de una aventura adúltera que duró dos años) es el intento frustrado de escribir una novela. La segunda novela de Vicens es una bildungsroman, protagonizada por otro narrador masculino que a la edad de diecinueve pierde a su padre quien, empleado por un político corrupto del P.R.I., se dispara con su nuevo revólver por accidente mientras presumía con sus colegas de partido en una fiesta. José García, protagonista de El libro vacío, se obstina en ser novelista: impulso infrenable que lo desborda y deprime. Luis Alfonso Fernández, protagonista de Los años falsos, transita en busca del padre desaparecido mediante monólogos con su tumba y los recuerdos trastornados de su infancia, al tiempo que cumple a duras penas con su nuevo papel como “hombre de la casa” frente a su madre, sus dos hermanas, y la ex-amante de su padre (ahora suya). José García, y más visiblemente Luis Alfonso Fernández, muestran un natural y espontáneo desprecio por la mujer que les sirve para afianzarse como hombres. Esta afirmación sexual es al tiempo un afianzamiento social, en un entorno misógino en el que así se espera y se celebra: García por su ambiente laboral y su formación personal; Luis Alfonso por su trauma familiar, y para entrar en la siniestra clase política donde la mujer es salvaguarda doméstico, o mero artículo de lujo y esparcimiento.2