2 - Vicens y los estudios de género

Monografía creado por Oscar Barrau. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/vicens.html
16 de Septiembre de 2006

Una mirada retrospectiva a las novelas de Josefina Vicens choca inevitablemente con esa característica barrera de silencio femenino, postura de apariencia estoica e impasible, que resulta en el fondo subversiva: la fingida voz masculina que facilita la difusión del libro sirve para minar el mismo sistema patriarcal que lo publica3. Esta inversión sexual-narrativa ha dado siempre mucho que pensar a la crítica. Común durante el siglo XIX, época que tanto inspirara a la primera generación de estudios literarios feministas, el uso femenino de un seudónimo masculino (como Fernán Caballero en Cecilia Böhl) fue también practicado por Josefina Vicens en su carrera periodística: Pepe Faroles y Diógenes García, comentaristas taurino y deportivo respectivamente4. El aparato crítico ya se ha referido al uso masculino de Vicens como forma de lograr mejor acceso a un mercado que, como el del libro, ha estado tradicionalmente dominado por el hombre5. A esto se podría añadir la intención probable de dirigirse al hombre frontalmente, en su propio idioma, para dejar la lectura entre líneas al público femenino, y a un sector masculino sensibilizado (o bien identificado terapéuticamente con el narrador).

Un grupo de estudiosas de Vicens se ha inspirado en Erik Erikson, Sartre, Kierkegaard, Heidegger, además de la obra de Julia Kristeva, para desestimar la preocupación feminista de la autora y subrayar unas inquietudes supuestamente más universalistas6. Habiendo considerado al “hombre” en su ser (genérico), supuestamente más humano que masculino7, estos modelos psicológicos, existenciales y psicoanalíticos, se han aplicado a las novelas de Vicens en una valoración que supedita lo femenino a lo humano. Quepa objetar que un enfoque concretamente femenino no excluye necesariamente lo universalmente humano: hay razones para pensar que la elección masculina en la voz de Vicens es un acto precisamente femenino (y feminista), y que por ello logra su pretendido alcance universal.

Un segundo grupo (temático) de estudiosas ha especulado que la obra de Vicens sí encarna una voz femenina, aunque de forma encubierta, y sí aboga por la causa feminista mediante la apropiación de la “falopluma” del escritor-narrador-protagonista (en El libro vacío)8. Aquí entraron las teorías sobre la “écriture feminine” de Hélene Cixous y Luce Irigaray (que aluden a la feminidad disfrazada con una masculinidad superficial), además del feminismo de Susan Gubar y Sandra Gilber, con su inversión del psicoanálisis masculino9. De este grupo cabría apuntar dos limitaciones: la primera es negar la autenticidad masculina de una voz (asumidamente transexual) que sólo puede ser femenina por razones de peso biográfico, la segunda es el uso de un modelo psicoanalítico masculino para construir su antítesis femenina y negar así la validez del anterior. La primera no solo niega la independencia del texto de su circunstancia o contexto, sino que supone la presencia de auténticos discursos femeninos y sus contrarios masculinos, ajustados a referentes presuntamente reales. Como se verá al final, la objeción más poderosas a estos argumentos es que se construyen (irónicamente) a partir de convenciones dictadas por un inevitable legado patriarcal. Por su parte, y muy anterior a la corriente “écriture feminine”, la inversión que logra Vicens desarticula toda convención al demostrar que la sexualización discursiva no es más que un recurso, textual o social, y no una condición natural.

El monopolio verbal masculino en Vicens varía entre los años cincuenta y los ochenta. Mientras que El libro vacío concede al hombre el aspecto cuantitativo (verborrea discursiva arrolladora) y economiza la voz femenina para instantes clave, la postura se extrema con Los años falsos, novela en la que el hombre deja de ser un mero "machista" para convertirse en verdadero misógino10 y donde la mujer enmudece casi por completo. El libro vacío, prologado por un Octavio Paz cuya inquietud sobre la “otredad” femenina ya había manifestado en 1950 con su Laberinto de la soledad11, es si se quiere un (fingido) ensayo psicológico masculino de autoconfesión que deja una puerta entreabierta al diálogo entre sexos sobre sexos. Paralelos al marco ambiental de los años ochenta (de grotesca y monumental corrupción, de agotamiento y frustración sociales largamente acumuladas desde la desilusión del 68), Los años falsos muestran sin embargo una persistente cerrazón y auto-consolidación masculinas que impiden todo diálogo.

En conjunto, y más allá de su circunstancia histórica (de ensayo psicológico sobre la pequeñez y soledad del hombre en años 50, o de una amarga sátira contra la autocracia del P.R.I. en los 80), la fría inversión de signo sexual que practica Vicens ofrece no sólo un ataque feroz al monumental patriarcado hispánico, sino una seria alternativa al feminismo clásico. Se revela esta inversión como material de estudio quizá de mayor interés para un ámbito global como el de Estudios de género (“Gender Studies”) que para el feminismo en particular. Mientras que el primero denunciaba la marginalización y reivindicaba la igualdad (en Francia desde los 40 con Beauvoir, hasta la consolidación del MLF en los 70), el segundo ha equiparado masculinidad y feminidad en un mismo campo de análisis dentro de diversas especificidades socioculturales. La posible ventaja de los estudios de género sobre el feminismo ortodoxo es que nos permiten ver el hecho social, constituido por géneros, y no tanto los géneros en auto-exclusividad (que conlleva a la polarización binaria, tan combatida como practicada por ciertas facciones del feminismo).

La apropiación de la voz masculina distingue a Vicens de la mayoría del canon literario femenino hispano en que al evadir toda auto-proyección, logra así emplazarse en el epicentro del problema: el hecho social masculino. Con el respaldo de una teoría social (cínica y) eficazmente gemela a la de Ortega y Gasset, y superando la inocencia reconciliadora y el idealismo europeos (desde Husserl en los años 30 hasta Derrida en los 8012), la obra Vicens sigue actualizando un asunto aún hoy en día tenebroso: el proceso de auto-conocimiento del hombre social por soledad, y oposición, sexual.

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Monografía de Oscar Barrau. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/vicens.html CopyLeft
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