La producción de Juan José Saer es de una inagotable variabilidad, son sus permanencias, sus elecciones de siempre las que dotan a su proyecto de cohesión e identidad.
En el marco de sus elecciones permanentes, fundamentalmente, hay tres que permiten decir que el proyecto existe. En primer lugar, la configuración y el anclaje en la escritura de los distintos sujetos del enunciado, que aunque diferentes responden a una misma perspectiva: la de la imposibilidad de concebir un sujeto monológico - para usar palabras de M. Bajtin-, y la determinación de su fragmentación. Esto se produce a través del problema del “doble”en su escisión y/o extrañamiento, las voces, la ficcionalización del cronista... con el fin de dar cuenta en cualquiera de los casos no de una identificación con el autor, sino del gesto narrativo imbuido, como siempre, de la red intersubjetiva de voces y discursos que se trenzan para decir las historias y configurar cada texto y las relaciones intertextuales posibles. Es en el diseño pormenorizado de los sujetos del enunciado que se reafirma su presencia a pesar de ciertos axiomas del "Nouveau Roman", así " se ve entonces que semejante "objetivismo" no prescinde de una subjetividad sino que la supone, es obra de un observador cargado de angustia y de extrañamiento. El resultado es una escritura que moviliza intensos y extensos tramos descriptivos que ponen en suspenso o debilitan la acción como sucesión de secuencias dirigida hacia un fin." ( Pezzolano, 2000, 145)
En segundo lugar, si bien muchos de sus textos intentan lograr el efecto de realismo, e incluso la tradición crítica8 a veces lo ha tildado de “realista”o “regionalista” en sus primeras narraciones breves, la producción de Saer se encuentra envuelta en una “actitud” autorreferencial que reflexiona en forma explícita o a través de su estructuración , principalmente, sobre sí misma. Es en esta autorreflexión que se plantean la paradoja de la complejidad de lo real y las trampas de la representación, que el mismo Saer enuncia así:
La representación, es decir la re- presentación. La presentación segunda, o nueva, si se quiere, de algo que estaba en el lenguaje, o sea en el mundo. Mundo y lenguaje son una y la misma cosa, no por mutua sustitución, según la absurda polémica del realismo, sino por empastamiento. El lenguaje es parte del mundo y el mundo es parte del lenguaje, dentro y fuera de ambos, ambos y al mismo tiempo. (1997, 187)
pero a su vez la escritura “está”9 y es allí donde se erige la contradicción de un proyecto escriturario que resiste la realidad mediante la escritura y viceversa; por eso, también, un semema que atraviesa este corpus y su producción también es la búsqueda.
Por último, la estrategia del intertexto es el soporte del proyecto autoral, por una parte, hay paisajes o personajes que se reiteran y resemantizan en cada texto, por otra, hay un modo de pensar la escritura y su proyecto como estrategia intertextual; es decir que la escritura de Saer reenvía permanentemente a ciertos mecanismos de representación, ciertas elecciones de escritura que también convocan un intertexto. Al respecto, María Teresa Gramuglio, más que otros críticos, refiere y trabaja la cuestión de la intertextualidad.10
Así, se respalda la idea de proyecto o poética del autor y el trabajo con un conjunto de textos que parece más allá de las “historias”, de los marcos contextuales y editoriales, un solo texto. De este modo, hay cuestiones que subyacen en la escritura ya revisadas que a veces son parte de la materia narrativa, y a veces de su retórica. La fijación de un hecho; la repetición, entonces, como mecanismo intratextual e intertextual; la relación entre el discurso narrativo y descriptivo en relación con la percepción y la mirada; la tematización y representación de la/las zonas, el límite o frontera y la marginalidad; el reconocimiento de un paisaje , contra la ausencia del nombre propio respecto del contexto; la cuestión del viaje, el/lo extranjero, lo nacional, el exilio; los tiempos en la estructuración de los textos , el recuerdo, y la reflexión acerca de él; la reunión de amigos, los personajes y el paisaje son categorías a las que Saer vuelve siempre en un doble movimiento de desplazamiento y de condensación. Todas estas cuestiones remiten a una relación muy estrecha entre sistema de representación y estrategia intertextual.
La cuestión del espacio forma parte de una de estas estrategias; la pregunta sería qué tan definido se encuentra el concepto de espacio. En principio, con su representación a través de la descripción y su relación con el gesto narrativo, con las huellas dejadas por el NR en Saer y principalmente en relación con los distintos sentidos que puede adoptar el tema del espacio en el proyecto saeriano: región, ¿qué región?, zona, ¿cuál?
Zona de escritura, el Litoral, Santa Fe, metáfora, geografía, región, regionalismo, centro, periferia, texto, contexto... hay una red múltiple de sentidos que se enlazan a la ahora de hablar de espacio, pero a su vez no es una problemática fácil de eludir al leer los textos de Saer. Construir por el lenguaje un lugar, no reemplazarlo, representarlo es una operatoria que adquiere significación en el proyecto de escritura del escritor que posee como él mismo ha dicho,
la voluntad de construir una obra personal, un discurso único, retomado sin cesar para ser enriquecido, afinado, individualizado... (1997, 275)
La búsqueda en la selva espesa de lo real (1997, 271) , el recorte y la organización de este material para intentar un sentido; luego, en los textos, lo aparente de las percepciones, la imposibilidad de ver, la reverberación del tiempo, el sujeto escindido, la indiferenciación entre la vigilia y el sueño, la llovizna que anula la mirada, la reconstrucción quimérica del recuerdo, misterio y nostalgia, descubren y diluyen el sentido de la narración, erosionan el relato pero no lo anulan.