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Juan Ruiz de Alarcón y el mal - La religión

Monografía creado por
28 de Agosto de 2006
Historia de la literatura

Las comedias de asunto religioso eran muy populares en los tiempos de Alarcón. Existe una acertada clasificación de las mismas realizada por González Ruiz, quien las divide en teológicas, bíblicas y referentes a leyendas piadosas y hagiografías. El Anticristo se incluye en el segundo rubro al tomar como base la recreación de las profecías del Apocalipsis. Sin embargo, en la obra alarconiana no hay citas o versículos tomados directamente del texto bíblico, sino que se presenta una adaptación del tema para constituir el cuerpo de la comedia. En primer lugar se presenta la aparición en escena del falso profeta Elías, quien toma en boca propia las palabras de San Juan al narrar su visión de la bestia, que en principio se caracteriza por su terrible aspecto y más tarde se convierte en un hermoso joven, utilizándose de esta manera el socorrido recurso de equiparar la belleza externa con el mal del alma. Toda la descripción del Anticristo va a estar en labios del falso profeta, con lo que aparece la primera divergencia con el texto bíblico, en donde es San Juan quien observa todos los rasgos del monstruo. Del mismo modo readapta la famosa marca de la bestia, sin la cual nadie podrá comprar o vender durante el reinado de ésta en la Tierra, que durará cuarenta y dos meses; en la Biblia se presenta la señal de la siguiente forma: "el que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, porque es el número de hombre; y el número de ella, seiscientos sesenta y seis" (Apocalipsis, 13-18). En la comedia de Alarcón, la fórmula se trastoca y se convierte en un caracter, igualmente impreso, pero que no va a ser un número sino una letra, P. El Anticristo baja aparentemente del cielo con un estandarte rojo con la grafía negra en el centro, y es al falso Elías al primero que se le marca para que lleve la señal a toda su banda de ladrones, únicas personas que pueden creer en los engaños del demonio por su misma naturaleza perversa. En este apartado penetra un sentimiento muy característico de la sociedad española: toda la maldad se encuentra situada en el pueblo judío, quien es el que se deja engañar por la bestia al no haber tenido la fe suficiente como para creer en Cristo, hecho que evidencia la repulsión que aún se tenía hacia la raza semita en el renacimiento, causada por las ideas que circularon en tiempos de los Reyes Católicos.

Otra de la recreaciones que se presentan en la obra es respecto al origen del Anticristo. Su nacimiento es detestable porque es producto de incestos, estupros y otras abominaciones, pero su madre, Abá, se muestra arrepentida y repudia a toda su estirpe, huyendo al desierto para tratar de salvar a su hijo de la maldad que la perseguía. En el texto bíblico se habla de una mujer sin nombre "vestida de sol y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas" (Apocalipsis 12-1), que está preñada, no se sabe de quién y que da a luz un hijo varón que habrá de gobernar el mundo por un tiempo. Esta figura misteriosa es perseguida por un dragón, lo cual la obliga a refugiarse en el desierto para librarse del acoso. En la obra de Alarcón, la madre del Anticristo escapa también a las estepas:


Y así, obediente ya a lo que dispuso
la deidad, de mi patria vine huyendo
aquí, donde Betzaida un tiempo ha sido,
donde Corozaín tuvo su nido.
Aquí empecé a educarte, y aquí el hado
te anticipó en un término sucinto
en estación pueril, cuerpo esforzado,
y en tierna infancia racional instinto:
pues apenas hubiste saludado
en el trópico al sol el curso quinto
cuando tu brazo persiguió las fieras,
cuando voló tu ingenio a las esferas.(4)

De esta manera aquella mujer enigmática y deslumbrante se convierte en la abominable madre del monstruo, y su propio origen es igual de terrible: es hija de Dan y Sabá, quienes eran hermanos, y a su vez es violada por su padre-tío siendo el producto de esa incestuosa unión el mismo demonio, quien a pesar de los esfuerzos reivindicadores de la madre se convierte en lo opuesto a la divinidad. El mismo Anticristo le echa en cara su propia maldad, al acusarla de ser ella la culpable de su naturaleza maldita por haber sido fuente de tantas perversiones:


Quiero matar contigo el argumento
de la sangre de Dan que en tí he heredado,
porque no deje mi rigor prescrito
de cometer también este delito.(5)

Este es el fin natural del origen del mal, pues a pesar de su arrepentimiento, no puede cambiar nada de los hechos acontecidos; a diferencia de la alada mujer de la Biblia que logra huir del dragón, Abá no puede escapar por segunda ocasión y así su hijo concreta su total oposición al divino Mesías:

Resuelto al parricidio detestable,
por ser a Jesucristo en todo opuesto,
te quise hacer del todo abominable,
cometiendo contigo torpe incesto;
que fue su Madre virgen inviolable
después y antes del parto, y yo con esto
incestuosa madre vine a hacerte
en la cuna, en el parto y en la muerte.(6)

Dentro del largo diálogo entre el Anticristo y el verdadero profeta Elías, se hacen frecuentes alusiones a la Biblia con un sentido retorcido, que es el que emplea la bestia para tratar de probar la legitimidad de sus acciones y para engañar a todos los que la rodean, pues se sabe muy bien que el demonio será mentiroso y aparentará muchos prodigios para hacerse creer. En la escena VII del segundo acto se hace alusión a este rasgo por medio de la cita directa del Tratado del juicio final y universal de fray Nicolás Díaz. En él se menciona que la venida del falsario es obra de Satanás y que con esa misma ayuda "hará muchas cosas que parecerán milagros", pero sólo aparentemente, pues según el mismo fraile dominico:

"Santo Tomás dice que son milagros los que se hacen fuera de la orden de la naturaleza criada; y cuando vemos alguna cosa que no conocemos, lo tenemos por milagro, y no lo es, y así será los que hará el Anticristo con poder del demonio".(7)

Las profecías del Apocalipsis son cumplidas cabalmente en la obra de Alarcón, pues el Anticristo ve derrumbarse todo el edificio de engaños que había perpetrado, y al tratar de escapar, desciende el ángel justiciero de Dios que lo embiste con su espada y, junto con el falso profeta, los arroja al infierno donde serán atormentados noche y día hasta el fin de los tiempos.

En la comedia alarconiana, el seguimiento de las Sagradas Escrituras es bastante fiel no obstante la adaptación, sin cuestionarse en ningún momento la validez de sus preceptos ni mucho menos atacar a la Iglesia como institución. Sin embargo, sí se deja traslucir cierto partidismo, en primer lugar, al tachar a los judíos de raza miserable y crédula, carente de fe, y por otro lado, en una interesante escena que muchas veces pasa desapercibida, pero que es sumamente relevante, evidencia la diversidad de cultos y la racionalidad que puede caber en cualquiera de ellos. En la escena VIII del primer acto, se presenta a un moro, un judío, un pagano y una cristiana asombrados de los males que causa la venida del supuesto Mesías, cada uno de ellos suplicando a su respectivo dios misericordia, siendo ésta una sutil forma de Ruiz de Alarcón de mostrarnos las diferentes tendencias religiosas en el mundo, y si bien no se deja traslucir ningún juicio valorativo, tampoco se desmiente a ninguno de los participantes de esta escena respecto a sus diferentes creencias.

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Autor y licencia de 'Juan Ruiz de Alarcón y el mal - La religión'
Lenina M. Méndez Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/ruizalar.html CopyLeft
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