La actividad metafórica - Las teorías de la metafora y la escisión calcul
2 - Las teorías de la metafora y la escisión calcul
De alguna manera, la pregunta por la metáfora puede entenderse como una búsqueda del significado, que comienza por una sorpresa o extrañeza ante el carácter significativo, referencial y veritativo que pueden tener las metáforas. En esta búsqueda, la explicación de la metáfora parece sometida ella misma a un proceso de metaforización que puede entenderse como una evolución de posturas no-constructivistas, que corresponderían al examen tradicional de la metáfora, hacia teorías netamente constructivistas5. Ricoeur (1980) las denomina explicación 'nominal' y explicación 'genética'. Estas últimas intentan explicar el proceso metafórico, sin reducirse a un análisis conceptual de sus aspectos formales.
Sin embargo, la dificultad principal que encuentran las teorías de la metáfora es que aparece siempre el fantasma de su contraposición al lenguaje literal, el cual representa el papel de la regularidad y el orden, frente a la anarquía metafórica. En esto radican algunos de los problemas de las principales teorías de la metáfora como el emotivismo, la teoría de la tensión, la anomalía semántica, el intuicionismo, la teoría de la comparación y de la sustitución, la teoría de la desviación semántica, la teoría de la controversión y el contextualismo6. Siempre puede encontrarse algún aspecto bajo el cual la metáfora puede considerarse como lenguaje literal o, por lo menos, asimilarse a él, y se hace difícil aislar aquello que especifica la metáfora. En este sentido, lo metafórico y lo literal actúan correlativamente como las nociones de acto y potencia.
La teoría interaccionista, formulada a partir de las ideas de Richards (1936) y precisada por Black (1966), parece libre de esta recursividad, al afirmar que el significado de una metáfora es irreductible y cognitivo, y reconocer que la metáfora, más que un tipo de lenguaje, es un tipo de conocimiento que hace posible que el lenguaje pueda ser considerado como literal o metafórico. Y este modo de operar se cifra en que la expresión metafórica adquiere, por la interacción de sus elementos, un significado nuevo, que no es totalmente el significado de los usos literales, ni totalmente el significado que tendría cualquier sustituto literal. Esto es posible porque la metáfora no formula una similitud preexistente, más bien la crea7. Aquí es donde se muestra la función cognitiva de la metáfora.
Sin embargo, la creación de similitudes (Indurkhya 1992), se revela en el fondo como la paradoja entre dos metáforas de la razón que Ortega (1964) ilustra a través de la metáfora de la imagen que queda grabada en la tabla de cera como aparece en Platón y Aristóteles, y la del contenedor y lo contenido, propia de la modernidad. Son las metáforas de la razón como constructiva y no-constructiva, como activa y pasiva, como creativa y como fiel copia de la realidad, de la naturalización de la razón y de la racionalización de la naturaleza (Pacho 1997). El interaccionismo se encuentra entre estos dos polos que sintetizan la escisión interna de todas las teorías de la metáfora: si se explica el modo en que se crea la similitud se cae en el comparativismo y en la falta de creatividad, y si no lo hace en el intuicionismo. Parece como si la novedad sólo pudiera venir de la intuición, que supone la aparición súbita o emergente de algo. La repetición y el mecanicismo provienen del cálculo. El contenido, los aspectos semánticos, el significado irreductible es traido a la mente por la intuición; la forma, la sintáctica, por las reglas de la racionalidad. Así, la creación de similitudes que defiende la teoría interaccionista se vuelve aporética ya que se tiene la idea de que el efecto tiene que estar ya contenido en la causa: la rutina sólo puede engendrar rutina y si se desencadena un nuevo significado irreductible, éste sólo puede proceder de un acto de conocimiento con sus mismas características: singular, espontáneo, inesperado. Es más, la irreductibilidad del significado metafórico corre pareja a la singularidad de la realidad. El pensamiento abstracto, como critica Nietzsche (1991) esconde su separación de la realidad viva y concreta, es incapaz de aferrarla en su ingente tautología8.
Los binomios que dividen la cuestión metafórica en la actualidad testifican esta dicotomía: retoricidad o naturalidad de la metáfora, carácter periférico o central, significado canónico o metafórico, anomalía o sistematicidad, diccionario o enciclopedia, categorización clásica o categorización no clásica, etc… A continuación expongo algunos de los aspectos en los que la metáfora convierte en significativa esta dicotomía, sin anularla, y sus implicaciones.
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