Esto nos lleva a plantearnos si la imaginación es algo que se puede desarrollar, o bien se trata de algo innato.
«Partimos de la base de que todos tenemos imaginación, pues de lo contrario no seríamos humanos. Todos nacemos con ella, es como nacer con piernas o con musculatura en los brazos. Se trata de una potencia innata que se puede desarrollar y es precisamente la actividad simbólica la que nos permite desarrollar la imaginación Por ello, siempre recomiendo que cada cual cultive algún tipo de actividad artística, la que se quiera, pues el Arte nos permite el desarrollo de la imaginación.
La realidad es a la vez lo que es observable o concreto y lo que no es observable. Nuestra realidad es consciente e inconsciente, es energía y materia. Lo real no es simplemente lo que se mide, o lo que se puede cuantificar: también es real una cualidad. Por lo tanto, la imaginación es parte de la realidad. La estética es parte de la posibilidad de imaginar, y también lo es la creencia religiosa. El hombre le da sentido a las cosas. Todo lo que hace, de manera consciente o inconsciente, se dirige a la idea de dar sentido a las cosas, y aunque se niegue ese mismo sentido, es algo inherente al hombre. Ese es el punto central de todo este planteamiento, esa necesidad humana de dar sentido a las cosas, y de que esa orientación esté en función de su propia cultura y de la imagen que tenga del mundo. Los importantísimos trabajo de Mircea Eliade permiten detecta algo así como un código imaginario inherente a la especie humana, que garantiza su perennidad. En Antropología ha quedado muy claro que hay cuatro modelos que constituyen la imagen del mundo que el hombre ha tenido en las distintas épocas y lugares: la pareja primordial, el mito del diluvio y el surgimiento de una tierra nueva, la lucha contra el monstruo y el descuartizamiento de un personaje primordial. No salimos de estas cuatro imágenes del mundo. Toda nuestra actividad simbólica se limita a la interrelación de estas cuatro figuras míticas. Nosotros estamos actualizando esos modelos sin darnos cuenta y cuando surgen, por ejemplo, en el mundo actual, figuras históricas o políticas de trascendencia es porque, de alguna manera, tocan el modelo mítico y lo activan.
Todo esto se relaciona en Antropología con lo que llamamos el fenómeno de lo sagrado, que no tiene nada que ver con un dogmatismo o una revelación. Antropológicamente, lo sagrado se define con respecto a la idea de lo profano, y está ligado a la idea de lo observable y lo no observable. Lo sagrado es lo que permite percibir lo diferente de lo que se ve. Nosotros estamos viendo continuamente objetos y al mismo tiempo les damos una significación, un sentido. A esa capacidad que tiene el hombre de ver más allá del objeto, se llama en Antropología de la imaginación lo Sagrado»