



Esta criatura andrógina de la cual provenimos, de dimensiones entre seis y siete metros, sufrió una lenta metamorfosis, desarrollando los órganos necesarios para la adaptación sobre tierra firme.
Fue manipulada en su ADN por inteligencias cósmicas extraterrestres, se les provocó cambios sobre las glándulas hipófisis y cóccix, para redimensionar la estructura, volviéndola apta para vivir en las nuevas condiciones ambientales; en relación a los caracteres sexuales, se desdobló el sexo en dos seres individuales, dejando de ser andróginos, con el fin de que las evoluciones genéticas de los valores somáticos y psíquicos pudieran ser transmitidos con el acoplamiento.
Hasta aquí se había alcanzado un cierto instrumento equilibrado en el cuerpo, de forma que fuese el receptáculo idóneo para acoger en sí mismo y desarrollar gradualmente la inteligencia-espíritu, y pudiera hacerlos semejantes a sus verdaderos progenitores: los "Avatares" venidos del Cosmos.
Los Genios Solares conciben y alumbran las formas de los Arquetipos. Lo que nace del espíritu es espíritu, y lo que nace de la carne es carne.
En la tierra se conciben y alumbran cuerpos sólidos, instrumentos físicos que nacen de la carne. En los Astros, los Genios Solares conciben y alumbran cuerpos astrales, dinámicos-intelectivos, los cuales nacen del espíritu.
En la Tierra y en las dimensiones parecidas, los cuerpos sólidos son indispensables a los cuerpos espirituales, para poder obrar en la dimensión material. No todos los cuerpos físicos sirven a los cuerpos espirituales, es decir, a aquellos con identidad semejante a Dios. Sólo el hombre es el habitáculo idóneo para servir a un cuerpo espiritual concebido y alumbrado por un Genio Solar, que emana formas arquetípicas de la especie humana.
Los demás reinos de la Naturaleza tienen un espíritu colectivo o grupal que les da vida.
Pero este hombre primitivo no estaba destinado a quedarse solo, porque las flotas espaciales de colonizadores estaban llegando al planeta.
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