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La ausencia de neutralidad de la técnica: el hombre transformado - PRIMERA PARTE: el camino a la abstracción, la racionalización

Monografía creado por Pablo Schleifer
09 de Marzo de 2006
Ciencias socialesPensamiento y política

2 - PRIMERA PARTE: el camino a la abstracción, la racionalización

Históricamente el hombre ha mantenido una relación con la naturaleza, la cual se fue modificando en los distintos períodos y en las distintas civilizaciones. Lo que modifica esa relación es todo el conjunto de aquello llamado la técnica.

A diferencia de los animales, a las personas no les alcanza con sus instintos (reducidos en comparación) para poder subsistir. Es por ello que el hombre se vio ante la necesidad de comenzar a crear herramientas, máquinas, ante la necesidad de adaptar lo que encontraba en el medio de alguna forma que les permitiera sobrevivir. Así, cuando tuvo frío, se dio cuenta de que con el fuego podía palear ese malestar y más adelante lo fue perfeccionando y llegó, por ejemplo, a la estufa en el hogar.

Suele decirse que la primera máquina era, en las civilizaciones pre-mecánicas, un enorme colectivo humano, un ejército de hombres donde cada uno tenía su función. Este tipo de organización posibilitó la construcción de las pirámides egipcias. Es que, siguiendo a Mumford1, los órganos humanos fueron el principal modelo para la construcción de los primeros utensilios que con el correr del tiempo derivaron en máquinas complejas.     Ahora bien, el paso del tiempo fue marcando ciertos cambios que condujeron, paulatinamente, a la situación descripta más arriba. Uno de los hechos claves es el invento del reloj, ya que dotó a la vida de orden, sumió a los hombres en la disciplina de la regla.

Dentro de los monasterios de Occidente, la duda, la irregularidad, la sorpresa, fueron aniquiladas con aquel “aparato” que daba la hora en forma mucho más segura que el reloj de sol que dependía, por ejemplo, del humor del clima. El reloj sincronizó las acciones de los hombres, el tiempo fue racionado y se fomentó la creencia en un mundo mensurable.

A partir de entonces, la vida ordenada se fue convirtiendo en algo normal, natural. Como afirma Antonio Campillo2, “Todo problema es en cierto sentido un problema de horario. (...) Es la cuestión moral por excelencia”.

De esta forma, el tiempo abstracto ha llegado a ser clave, el nuevo medio para todo que, además, podía ser disminuido con  inventos que economizaran el trabajo (como veremos más adelante, de por sí también abstracto).

Otra modificación que acompaña a la del tiempo, es la del espacio. Para los habitantes de la Edad Media el tamaño significaba importancia y, al igual que aquel, eran más bien algo simbólico. Pero a partir del siglo XIV, y hasta el XVII, el espacio pasa a ser un sistema de magnitudes, ahora significa distancia. Se unió con el tiempo y terminaron con las viejas concepciones de la eternidad y la infinidad. En suma, el tiempo y el espacio se volvieron abstractos.

Como decíamos anteriormente, el trabajo también se volvió una actividad abstracta. El trabajo es ajeno a la satisfacción humana. Las personas van y trabajan; lo que importa es cuánto han producido, en cuánto tiempo y cuánto se les va a pagar por esa labor asegurando que quede para el patrón una cuantiosa ganancia. Y aquí tuvo gran incidencia el capitalismo, donde los negocios también se volvieron abstractos y el tiempo se convierte en dinero, éste en poder y todo sigue su camino hacia la cuantificación total, hacia la cosificación de la sociedad. Es que el afán de lucro es lo único que pudo romper con los obstáculos que presentaba la tradición y los avances de la técnica permitían aumentar las ganancias (basta pensar en lo que significó en su momento la cadena de montaje o la máquina que cose por sí misma).

Esta búsqueda de poder mediante abstracciones fue determinante para la forma de vida. Las ciudades cobraron relevancia y se fueron superpoblando, las fábricas con sus técnicas cada vez más avanzadas y sofisticadas (incluyendo las técnicas de administración) rompieron con las antiguas formas de producción, crecieron los Estados y perfeccionaron sus técnicas de dominación, etc.

Y todo esto no pudo ser posible sin los procesos de  racionalización. Sin, como dice Max Weber3, “la empresa duradera y racional, la contabilidad racional, la técnica racional, el derecho racional (...) la ideología racional, la racionalización de la vida, la ética racional en la economía”. Una racionalidad que, por otra parte, no es nueva; el hombre desde larga data era un ser racional, sólo que esta racionalidad tenía y tiene la novedad de ser puramente instrumental.

En este sentido el judaísmo ha sido muy importante ya que legó al cristianismo su hostilidad hacia la magia y, con ello, ayudó a impregnar de racionalidad la vida. La magia estereotipaba la técnica y la economía; romper con esto sólo fue posible con los procedimientos de las grandes profecías racionales. Y actuó aquí, entonces, el protestantismo y su ascetismo, que logró crear una ética de la vida metódica y mundanal. El hombre, según Calvino, era nada más que el administrador de los bienes de Dios y debía esforzarse por trabajar en este mundo para demostrar (aparentar) que tenía ganado el otro. En definitiva, el protestantismo heredó su ascetismo a la economía y puso la ciencia a su servicio y al de la técnica.

Podríamos agregar al respecto, siguiendo a Bataille, que la religión fue un camino de racionalización ética, en el cual Lutero y Calvino constituyen un punto donde los conceptos religiosos se moralizan y las experiencias religiosas quedan espiritualizadas. Justamente el operar de las disciplinadoras fuerzas de la moral y el aborrecimiento por el lujo que no permite el despilfarro del excedente por vía gloriosa, entre otras cosas, llevan a las catástrofes de la aventura imperialista, las guerras mundiales, la destrucción de todo.

Estos han sido, entonces, algunos de los cambios más significativos que ha enfrentado la humanidad. Las características (generales) principales del mundo de hoy, dominado por la técnica (no éste o aquel artefacto, sino el conjunto) son la abstracción total del trabajo, el tiempo y el espacio, el reinado de la racionalidad instrumental, el triunfo de lo cuantitativo y la subsiguiente instauración de la sociedad mensurable. En otras palabras, la sociedad de hoy es la sociedad del individualismo, del dinero todopoderoso, de las leyes (que coartan el tabú del sexo y el asesinato), de lo privado por encima de lo público, etc.

Pero antes de pasar a la segunda parte del trabajo, donde trataremos de indagar un poco más allá qué ha pasado (y cómo) con el sujeto moderno, es importante hacer una revisión sobre cómo fue vista la técnica por los pensadores en los diferentes períodos.

Para los antiguos, siguiendo a Carl Mitcham4, la tecnología era mala pero necesaria. Los griegos no estaban a favor de la opulencia (la consideraban una desviación de la fe) que el arte o la técnica produce, había que sujetar poiesis y technai a ciertos límites. Para ellos el conocimiento tecnológico alejaba al ser humano de lo trascendente y los objetos producidos por ese conocimiento eran vistos como menos reales que los de la naturaleza. Además, pensaban que los cambios tecnológicos producían más violencia en el interior del Estado ya que daban por tierra con los hábitos y las costumbres. (Podríamos decir que la experiencia nos muestra que muchos de sus pensamientos efectivamente se han comprobado por ejemplo con las dos guerras mundiales, la Guerra Fría, los desastres ecológicos en los cuales las peligrosas técnicas, aunque obviamente no sólo ellas, han sido culpables).

Durante el Renacimiento y la Ilustración se hace ego a la bondad de la tecnología (era moralmente buena porque estimulaba la acción, satisfacía necesidades físicas y era ampliamente sociabilizadora), cualquier tipo de accidente derivaría del mal uso de la misma, incluso sería un mandato de Dios el aspirar a ella. También a diferencia de los antiguos, aquí el conocimiento técnico, que permite conocer el mundo, es más verdadero que la simple teoría y, por otra parte, la naturaleza no es considerada como más real que los objetos artificiales. (Desde mi punto de vista una visión bastante reduccionista. Por ejemplo: si es verdad que la tecnología ayuda a cubrir la satisfacción de las necesidades, ¿lo hace para todos independientemente de las posibilidades de acceso, monetarias, de cada uno? No).

Para los románticos, la intención tecnológica (la voluntad de poder) debía estar guiada por ideales estéticos porque no podía sobrepasar los límites justos. Si bien este movimiento es ambiguo, creen que posibilita una nueva libertad material pero al mismo tiempo socava el afecto social, se producen aquí los primeros cuestionamientos conscientes a la modernidad tecnológica. Por ejemplo “la razón y el conocimiento científico son criticados en nombre de la imaginación”5; los artefactos son caracterizados por el progreso e investidos de una ambigüedad asociada con lo sublime donde hay un interés tanto atractivo como repulsivo.






NOTAS

1 Mumford, L., “Máquinas”, en “Enciclopedia Americana”, Nueva Cork, 1966.

2 Campillo, A., “El amor de un ser mortal”, en Bataille, G., “Lo que entindo por soberanía”, Barcelona, Editorial Paidós, 1996.

3 Weber, M., “Desarrollo de la deología capitalista” en “Historia económica general”, México – Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

4 Mitcham, C., “Tres formas de ser – con la tecnología”, en Suplemento 14 de Revista Antrophos, Barcelona, 1989..

5 Idem nº 4.
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Pablo Schleifer

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