La aventura poética de Xavier Villaurrutia - Trayectoria de Nostalgia de la muerte (I)

3 - Trayectoria de Nostalgia de la muerte (I)

Monografía creado por Víctor Castro. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/xavillau.html
08 de Octubre de 2006

en el fondo de todo viaje flota la imagen de la muerte.
José Lezama Lima, Paradiso.

Trayectoria del texto

La conformación de Nostalgia de la muerte le llevó a Villaurrutia poco más de una década de encuentros inevitables con la poesía, así como de una paciente y disciplinada pasión. El espíritu que anima su trabajo es el del “poco a poco” o la ley de la gradación que, según Baudelaire, es la metodología del poeta moderno. Como si cada uno de esos versos hubiera crecido lentos como el trabajo de la muerte en el cuerpo de un niño, escribe en su poema “Cuando la tarde”. En este sentido considero pertinente establecer, a manera de arqueología poética, el itinerario de los textos que figuran en la edición definitiva.

Villaurrutia en Ulises

La culminación del viaje de la revista Ulises, en febrero de 1928, cerraba la primera etapa de la aventura de Villaurrutia por los territorios de la curiosidad y la crítica. Al entrar en contacto estos dos polos eléctricos de su inteligencia generarían, como chispa sonora, nuevos poemas. El poeta, “Ulises imprudente”, consciente de su empresa hacía en su viaje una primera escala: empezaba un nuevo tiempo en su descenso por el abismo de la creación poética. En el cuarto viaje de la nave de Ulises, y con los nuevos bríos que infunde el dejar tierra firme, entregaba para su publicación su poema “Poesía”. De un solo trazo iniciaba esa animada conversación que, durante estos años, habría de sostener con la poesía.

Villaurrutia en Dama de corazones

Como parte de sus juveniles pretensiones narrativas, Dama de corazones le permitió encontrar una nueva expresión a su sensibilidad poética. Entre las adquisiciones de este ejercicio es posible señalar el tratamiento de algunos aspectos de su materia temática tales como:

1) Las relaciones entre el sueño y la vigilia.

2) La creación del espacio para el ejercicio de su intimidad: la alcoba. En su viaje alrededor de este espacio surgirían “problemas simultáneos, intensos y triviales que (si) se resuelven o no, poco importa”. [10] En contraposición, se perfila el paisaje de una ciudad deshabitada, que prefigura “la ciudad sumergida” en el más completo abandono, que en Nostalgia de la muerte será esa ciudad que habría de recorrer el “dormido despierto”: el espejo.

3) Su visión del cuerpo entregado al reposo absoluto, reposo que el narrador llevará a su máxima frialdad. Al congelar su cuerpo, congelaba también su emoción.

4) La muerte como un estado de silencio y completa inmovilidad corporal y temporal donde el narrador se entrega a la decisiva tarea de afinar sus sentidos. Desde este momento, la muerte es la fuerza centrífuga, el ojo del abismo por donde el poeta empieza a descender. La muerte propicia el nacimiento de la conciencia del pasado -origen de su nostalgia.

5) Su gusto por las imágenes antitéticas donde asocia lo sencillo y espontáneo con lo mórbido y lo lúgubre, augura el despliegue de las sensaciones paradójicas o sinestesias que gravitarán en Nostalgia de la muerte.

6) El empleo del monólogo interior con el que Villaurrutia “seguía la corriente de la conciencia de un personaje durante un tiempo real y preciso, y durante un tiempo psíquico condicionado por las reflexiones conscientes, (así como) por las emociones reales o inventadas”. [11] El tiempo psíquico del monólogo interior habría de desembocar en la instauración del tiempo que albergará la creación poética. El monólogo es un primer ensayo de lo que posteriormente será el soliloquio de la muerte, que emplea en su “Nocturno en que habla la muerte”.

7) El papel protagónico del lenguaje, así como la presencia del narrador conducido por la mano del poeta.

8) El viaje imaginario como ejercicio de la conciencia y la huida del relato y de la realidad como elección redituable en la conformación de su estética. Con ambos, el poeta se entregaba al ejercicio de su voluntad poética.

Estos aspectos serán algunos de los ingredientes de su poética en el desarrollo ulterior de Nostalgia de la muerte. Sus lecturas y reflexiones en torno a la preparación de la Antología de la poesía mexicana moderna (1928), atribuida a Jorge Cuesta, es otro de los aspectos importantes en el ejercicio del pensamiento crítico de Villaurrutia. Como poeta y crítico confirmaba su posición “frente a su herencia y a sí mismo”. [12] Se libera, por otra parte, de la influencia de Juan Ramón Jiménez y establece nuevas filiaciones, nuevas empatías en el ámbito poético. Por esas fechas, Villaurrutia se incorpora a la revista Contemporáneos como colaborador de planta.

Villaurrutia en Contemporáneos

Con su “Nocturno de la estatua” [13] Villaurrutia “contaminado ya de la nostalgia del viaje”, se instalaba en “el clima de la noche”. Desde ahí el poeta, como Dante, abría un nuevo círculo en su aventura poética: iniciaba un viaje, tanto alrededor de la alcoba como por las calles de esa ciudad sumergida, en el que ya no habrá regreso. Como tal, será el primer signo en la invención de su verdad poética. Desde la vigilancia de su conciencia soñadora empieza a nutrir su errante quietud, su crónica inmovilidad. Con este nocturno, según Octavio Paz, quien comete una ligera imprecisión sobre la fecha de la publicación, “el insomnio se inclina sobre el pozo de los sueños y comienza a convocar a su pueblo de fantasmas”. [14] Para el mismo Villaurrutia estos textos son, en tanto frutos definitivos, “el presagio, el anuncio y la confirmación de un camino ya cierto que al fin se ha encontrado”.[15]

Villaurrutia en Escala

En la (auto) entrevista que le hiciera Marcial Rojas, [16] Villaurrutia se pasea por los terrenos de las paradojas. Por una parte, manifiesta una clara conciencia de la naturaleza de su trabajo poético; por otra, la legítima certidumbre del poeta que ha escrito una serie de poemas iniciales que participan en una obra de la cual no visualizaba su término. Hasta ese momento, sus Nocturnos son también producto de uno de los temores que animan su vida espiritual. Si el primero de ellos era aburrirse por falta de curiosidad, el segundo consistía en “madurar antes de merecerlo, antes de acabar de crecer sensualmente, inteligentemente. Este segundo puede anunciarse de otro modo, diciendo que temo ‘encontrarme’. Pasaría toda mi vida buscándome. No sobreviviría al instante de encontrarme, de saberme hecho concluido, finito”. [17]

Si para Villaurrutia, que junto con sus compañeros de viaje se distingue por la actitud crítica ante la naturaleza de su trabajo poético, pues no en vano Gilberto Owen lo llamaba “la conciencia artística” de su generación, los poemas de Reflejos no obedecieron a ninguna solicitación exterior, a ninguna moda del espíritu; en cambio los Nocturnos, que tampoco obedecieron a solicitud alguna, serán eminentemente “momentos cerrados en su duración”. “Nunca he tendido solamente a producir poesía, le contesta a Marcial Rojas recordando palabras de Jorge Cuesta, sino a alcanzar el poema, el objeto, o más bien, el ser que crece y se desarrolla y muere, muere provisionalmente, claro está, y sólo reaparece, nuevo y él mismo, en otro momento poético”. Y luego remata: “el poema es para mí un ser que vive frente al lector y en el que mi sensibilidad y mi inteligencia encuentran equilibrio así sea momentáneo”.

Otros aspectos esenciales en la conformación de su poética son: su tema y su actitud poética. “No puedo dejar de pensar que un poeta lírico es sólo dueño de un tema que repite indefinidamente. Pero esta repetición hay que entenderla en altura o profundidad, siempre verticalmente”, le responde a Marcial Rojas. Este tema no es otro que el de la muerte. En esta repetición está presente la posición poética de Villaurrutia, que enuncia como un caer sin llegar. La relación entre el poeta y el mundo ocurrirá en el plano de la verticalidad, que es eminentemente el plano del arte.

Villaurrutia en Barandal

Como muestra de su admiración por la obra de algunos poetas, entre ellos Villaurrutia, el grupo de jóvenes de la revista Barandal [18] publicaron dos de sus poemas: “Nocturno” (Abría las alas profundas el sueño), que aparecería después como el “Nocturno sueño”, y el “Nocturno eterno” (publicado ya en la revista Contemporáneos el mismo año). A propósito, Octavio Paz recuerda:

Cuando nos dio los poemas para Barandal insistió en que los forros de la plaquette fuesen de papel con que se cubren los muros de las habitaciones. El mismo escogió la marca, el papel y los colores. Más que una confesión, una definición. Verde y oro sobre fondo negro: colores nocturnos como su poesía; tapisserie: el poema concebido como una forma cerrada, alcoba verbal que, de pronto, se abre hacia un corredor que termina en un golfo de sombras. [19]

Entre las contribuciones de Barandal están, por ejemplo, la publicación de algunos textos de Juan Pablo Landsberg. Cuando la obra de este filósofo cristiano y fenomenólogo alemán discípulo de Heidegger era todavía desconocida en México, Villaurrutia había leído ya algunas de sus reseñas en la Revista de Occidente. Años más tarde, La experiencia de la muerte fue para Villaurrutia un texto decisivo cuya lectura le ayudó a comprender su tema por excelencia. En 1933 Miguel N. Lira, entre tarjetas de bautizos, esquelas y avisos de la celebración de alguna misa de cabo de año, publica una plaquette con diez, aunque al parecer fueron cuatro, nuevos “Nocturnos” de Villaurrutia, a los que se considera el núcleo de Nostalgia de la muerte.

A su regreso de New Haven, Villaurrutia figura en el elenco de poetas que Rafael Solana, por admiración también, invitó a publicar en su revista Taller poético, y donde apareció “North Carolina Blues”. [20] También en el último número de Poesía, [21] revista que pretendía publicar el trabajo de “los grupos representantes de todas las generaciones vivas y de todos los grupos”, Villaurrutia publicó “Cementerio en la nieve”, poema de “intenso lirismo”, a decir de los editores, que además anunciaban “muy pronto” y “en la próxima edición”, los “Epigramas de Boston.” En el mismo número de esta revista, Carlos Luquín [22] reseña los poemas que acababa de publicar Villaurrutia: “Nocturno de los Ángeles” y “Nocturno Mar”. [23] A esta sobrecogedora pareja de poemas le sucede otro, “Nocturno Rosa”. [24] En su sección “Los autores hablan de sus propios”, Octavio G. Barreda registra el comentario de Villaurrutia ante la publicación de sus tres últimos poemas:

Acaban de aparecer, en ediciones limitadas, tres nuevos poemas míos que formarán parte de un libro que no sé cuándo terminaré, que no sé cuando ni siquiera si se publicará.

“Nocturno de los Ángeles” es en su forma, un poema menos libre de lo que a simple lectura puede parecer. Su versificación, es casi siempre acentual. Sigue un ritmo, una pulsación que podría llamar física. Es también un poema con “asunto” que no es otro que la encarnación de los ángeles que vienen a la tierra a fundirse y confundirse con los mortales, a vivir la pasión erótica que en su destierro no pueden realizar. Su forma es la única que podría tener un poema en que todo fluye como el río de la calle de la noche que describo.

“Nocturno Rosa” es un poema en que a la rosa de otros poetas, de todos los poetas, opongo una rosa particular, creada o descubierta por mí en mis sentidos: la rosa del tacto, la rosa del oído, la rosa de la vista. De “Nocturno Mar”, escrito con anterioridad a los otros dos, no quiero hablar directamente. Rodolfo Usigli ha reconocido en este poema lo que llama “una madura comunicación de Xavier Villaurrutia con la noche y sus motivos”. Es también -me decía un inteligente lector- “un poema que lleva implícita una filosofía, lo que no sucede sino por excepción en la poesía moderna escrita en español”. Esta opinión no me halaga tanto como me tranquiliza: pienso que, de aquí en adelante, no volverá a torturarme el paso por esas zonas de vacío en que he preferido callar a llenarlas, como hacen otros poetas, escribiendo lo que para mí no es sino retórica. [25]

Una vez rebasada la etapa de los deseos y los temores, durante la cual el poeta no dejó de mostrar cierta reticencia por terminar la serie de poemas que durante más de una década había escrito, la actitud poética de Villaurrutia llegaba a su clímax. Durante estos años tuvo tiempo de oír la voz interminable del silencio, el flujo migratorio de su sangre y su conciencia; tiempo de pausas involuntarias en que no dejó de reflexionar sobre cada uno de los motivos y aspectos de su actividad poética.

En esta etapa recorrería el territorio de los extremos: de un competente jugador de tenis pasaba a ser un inmóvil nadador; sin dejar de ser un diestro dibujante de poemas es también un poco telegrafista -oficio moderno para la época; un paciente y declarado orfebre así como un experimentado espeleólogo. En 1938, recuerda Octavio Paz, la editorial Sur, de Buenos Aires, gracias a la intervención de Alfonso Reyes, publicó el libro central de Villaurrutia: Nostalgia de la muerte. [26] Sin embargo, el texto definitivo, tal y como se puede leer ahora, quedó constituido años después. [27] Tres años más tarde Villaurrutia publicó en un pequeño volumen Décima muerte y otros poemas no coleccionados. [28] Ya reunidos, pasaron a formar parte de la segunda edición de Nostalgia de la muerte [29] y que está divido en tres partes: “Nocturnos”, “Otros Nocturnos” y “Nostalgias”.

La primera está compuesta por:

1. Nocturno.
    Nocturno Miedo.        (Todo lo que la noche)
(Todo en la noche) 
2. Nocturno Grito.        (Tengo miedo de mi voz) 
3. Nocturno de la estatua.        (Soñar, soñar) 
4. Nocturno en que nada se oye.        (En medio del silencio) 
5. Nocturno Sueño.        (Abría las salas) 
6. Nocturno Preso.        (Prisionero de mi frente) 
7. Nocturno Amor.        (El que nada se oye) 
8. Nocturno Solo.        (Soledad aburrimiento) 
9. Nocturno Eterno.        (Cuando los hombres) 
10. Nocturno Muerto.        (Primero un aire tibio) 

Los poemas numerados corresponden a la plaquette que publicara, en 1933, Miguel N. Lira. “Nocturno Miedo” es -comenta Octavo paz- un agregado al núcleo de Nostalgia de la muerte, mientras que los otros poemas de esta sección representan el momento en que Villaurrutia abraza más decididamente la estética de la vanguardia y roza las fronteras del surrealismo. En cambio, “Nocturno Miedo” es un poema que recuerda, incluso por el metro, a tres Nocturnos de Rubén Darío. No es que sea un poema inferior a los otros sino que es distinto. Aclaro: distinto no por su tema sino por su factura y su materia verbal. [30]


La segunda parte contiene:

1. Nocturno.        (Al fin llegó la noche) 
2. Nocturno en que habla la muerte.        (Si la muerte hubiera) 
3. Nocturno de los Ángeles.        (Se diría que las calles) 
4. Nocturna Rosa.        (Yo también hablo de) 
5. Nocturno Mar.        (Ni tu silencio duro) 
6. Nocturno de la alcoba.        (La muerte toma la forma) 
7. Cuando la tarde.        (Cuando la tarde cierra) 
8. Estancias Nocturnas.        (Sonámbulo, dormido) 

Los dos últimos poemas fueron incorporados en la segunda edición. Según Octavio Paz, “en el primero es visible -o más bien audible- la voz de Darío y, en la parte final del tercero, como señala Alí Chumacero, la de José Asunción Silva”. [31]

En la tercera parte figuran:

1. Nostalgia de la nieve.        (¡Cae la nieve sobre) 
2. Cementerio en la nieve.        (A nada puede) 
3. North Carolina Blues.        (En North Carolina) 
4. Muerte en el frío.        (Cuando he perdido la fe) 
5. Paradoja del miedo.        (¡Cómo pensar un instante) 
6. Volver.        (Volver a una patria lejana) 
7. Décima Muerte.        (Qué prueba de la) 

Todos ellos publicados en el pequeño volumen de 1941, y que Villaurrutia incorporó, como he señalado, en la segunda edición de su texto. Los “Nocturnos” son la cristalización de un largo abandono, así como de una espera vigilante, pero sobre todo la expresión de su drama poético. En 1939 Villaurrutia publicó “Amor condusse noi ad una morte”. [32] Si atendemos la factura y unidad temática de Nostalgia de la muerte, así como la materia poética de “Amor condusse...” resulta nada sorpresivo que no lo incluyera en la segunda edición. En cambio, aparecerá en Canto a la primavera y otros poemas [33] publicado dos años antes de la muerte del poeta. Este es un poema que goza de autonomía y buena salud verbal; por su materia poética no embona, stricto sensu, en ninguno de sus dos últimos libros de poesía. Poemas como “Soneto del temor a Dios”, [34] “Palabra” y “Mar” [35] fueron encontrados entre sus papeles personales y publicados póstumamente.

1 opinión

Muy bueno, muy útil!.

Me sirvió muchísimo para un trabajo, está completísimo y de muy alta calidad.

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Monografía de Víctor Castro. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/xavillau.html CopyLeft
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