La biografía imaginada en Las personas del Verbo de Jaime Gil de Biedma - La objetivación poética
En Moralidades y Poemas Póstumos la objetivación poética de la experiencia ocurre de una forma más acusada en lo que se refiere a la experiencia amoroso-erótica y las concepciones que tenía el poeta sobre la muerte. Una aportación crítica sobre estos poemas, realizada por José Olivio Jiménez en Diez años de poesía española (1960-1970), nos permitirá introducirnos a ellos:
En estos poemas se da la concreta referencia o la descripción más o menos directa hasta el esguince irónico y aun el cinismo, adquieren entonces una inusitada objetividad que los vuelve diamantinos, implacables, heridores (1972: 213).
En estos poemas, la experiencia amoroso-erótica está representada en la dialéctica abundancia/necesidad. Eros se expresa en su total complejidad como hijo de Penía y de Poro.2 Asistimos a un conflicto entre la abundancia de relaciones amoroso-eróticas, de amores venales como les llama Gil de Biedma, y la necesidad del poeta que busca el dulce amor. Encontramos un amor que tiene dos caras: la primera Pandémica, amor furtivo y corporal, y la segunda Celeste, amor etéreo y sublime. La voz poética sufre el enfrentamiento entre la historia amoroso-erótica y su propia conciencia. Las ambivalencias del yo poético entre emoción y conciencia toman corporeidad en el poema; el yo poético duda entre aceptarse y juzgarse. De ahí la frecuente tendencia de hablar consigo mismo, con sus "yoes", como una forma de hablar con los otros.
El poema será teatralización, espacio de imprecación y amor propio para un espectador que es el poeta mismo encarnándose en la máscara de sus personajes. Citando a W.H. Auden, "el hombre es capaz de establecer relaciones de tú a tú con Dios y sus vecinos debido a que tiene relaciones de tú a tú consigo mismo" (La mano del teñidor.1974: 125). Quizá exista algo mejor que el amor: la complicidad entre el poeta y el personaje.
En su diario, Retrato de un artista en 1956, Gil de Biedma recrea sus experiencias eróticas recordándonos que hay siempre una clave privada, / hay siempre un secreto perverso (18). Unas veces es Pandémica y Calibán y otras Celeste y Narciso. En el primer capítulo del diario, Las islas de Circe, título que alude a la frivolidad y la sensualidad, escribe:
Está uno hecho a tentarse a sí mismo, tan acostumbrado a no esperar, puesto en el trance de algún repentino apremio erótico, de ninguna ocasión graciosamente calva, son los caminos del placer tan solitarios y tan arduos, que si en un día de esos, cuando enteramente estamos a favor de la virtud... llega la tentación igual que a un don divino, a una gracia actual y refrescante, nos descubrimos tan indefensos como Saulo debió de descubrirse al caer del caballo. (1991:19)
¿Quién es nuestro personaje desdoblándose en la máscara de Celeste y Narciso? Aquel que se arrepiente de las experiencias eróticas, que se recrimina y se juzga y que, antes de reconocerse en su filiación vecinal, se reconoce como Hijo de dios. Es el que ahonda sueños en la memoria, como lo expresa el mismo poeta: Porque sueño y recuerdo tienen fuerza, / para obligar la vida, / aunque sean no más que un límite imposible. (En una despedida. 130).
Hallamos en sus poemas los diversos modos de conciencia representados por sus personajes acusándose, rechazándose y vengándose de sus propias necesidades interiores; creando una agonía alrededor de la experiencia amoroso-erótica que la transforma en una experiencia sublimada. Es sublime la lucha entre el "yo" y "el otro", entre los dobles. Recordemos lo que afirma Harold Bloom sobre lo sublime en Poesía y Creencia: "la función de lo sublime es trabajar mediante elevadas ambivalencias para hacernos participar en su agon".3 Si existe alguna relación de ambivalencia y, principalmente, de lucha en la poesía de Gil de Biedma es la del "yo" con "el otro"; la de la dura convivencia con la figura de su doble. Esta dualidad se realiza desde la costumbre de reconocerse en su filiación vecinal y en su afán de confundir belleza y significación en el poema como Hijo de dios. En esta última dimensión, el poeta se reconoce en el mito poderoso de que el amor podía o debía sublimarse en creación poética. Amar sirve así para engendrar una multitud de hermosos y magníficos discursos:
Tu recuerdo, es curioso
con qué reconcentrada intensidad de símbolo,
va unido a aquella historia,
mi primera experiencia de amor correspondido.
(…)
Así me vuelve a mí desde el pasado,
como un grito inconexo,
la imagen de tus ojos. Expresión
de mi propio deseo. (Peeping Tom. 126)
En el poema Pandémica y Celeste 4 de Moralidades, la dialogía entre amor furtivo y amor sublime se concretiza en la dura convivencia y malestar que sufre el poeta con la figura de su doble:
la historia de un cuerpo y alma, como una imagen rota
de la langueur gutée a ce mal de’ êntre deux. (144)
Es un poema que parte de la infidelidad y el errabundeo como una manera de estar siempre condenado a perderse de amor en amor hasta la muerte:
Que te voy enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo. (144)
Recordemos las palabras de Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso cuando describe el errabundeo como:
Ese estado en el que a través del amor se accede a otro tiempo, (de amor en amor se viven instantes verticales) a otra música, un sonido sin memoria separado de toda construcción, nos olvidamos de lo que precede y sigue. En el errabundeo se busca, se comienza, se prueba, se va más lejos, se corre, pero nunca se sabe cuando termina
( 1998:111).
Y Gil de Biedma enuncia en el poema:
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
(...)
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen. (143-144)
Las voces que habitan este poema dialógico pertenecen al poeta, son una manera de hablar consigo mismo y con los otros. A su vez, construyen una conversación interior en la que el poeta busca el autorreconocimiento.5 De igual manera, la intertextualidad es otro de los recursos que utiliza el poeta para llegar al proceso de autorreconocimiento; el recurso intertextual hace que los textos hablen. El poeta usa las voces y silencios de otros poetas: Baudelaire, Mallarme, T.S Eliot, John Donne, Cernuda, Shakespeare, para apropiarse de su voz. Cuando su voz calla, las voces de otros poetas hablan:
Recuerdo de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche. (T.S. Eliot)
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso.
si no existiese el verdadero amor. (Shakespeare)
…Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen. (John Donne)
(145-146)
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