



El tono forma parte de las ambivalencias textuales de los poemas: monólogo y diálogo, tono íntimo y distanciamiento, confesión e ironía experiencialismo e intertextualidad. Éstas, a su vez, nos remiten a las dualidades de la identidad del poeta, a la búsqueda de elementos semejantes y diferenciadores que lo lleven a un entendimiento de sí mismo. De ahí que de un tono íntimo y confesional pase a la ironía y la procacidad. Lo que nos interesa subrayar es cómo el tono, unas veces íntimo y confidencial, es interrumpido por la ironía permitiéndonos contemplar la voz en la que el poeta transfiere al personaje sus vicisitudes humanas y su cinismo:
Ahora, voy a contaros
cómo también yo estuve en París, y fui dichoso.
Era en los buenos años de mi juventud,
los años de abundancia
del corazón, cuando dejar atrás padres y patria
es sentirse más libre para siempre, y fue
en verano, aquel verano
de la huelga y las hermosas canciones de Brassens,
y de la hermosa historia
de casi amor.
(...)
-It’s too romantic, como tú me dijiste
al retirar los labios.
¿En qué sitio perdido
de tu país, en qué rincón de Norteamérica
y en el cuarto de quién, a las horas más feas,
cuando sueñas morir no te importa en qué brazos,
te llegará, lo mismo
que ahora a mí me llega, ese calor de gentes
y la luz de aquel cielo rumoroso
tranquilo, sobre el Sena? ( Paris, Postal del Cielo. 98-99)
Sobre el tono en los poemas de Gil de Biedma, Shirley Mangini apunta que "a pesar de que abunda el sesgo íntimo, también nos encontramos con un tono civil" (Gil de Biedma. 1980:86). Esta visión de Mangini, coincide con el planteamiento de Pere Rovira sobre el tono de los poemas de Gil de Biedma cuando sugiere que "el poeta le otorga a sus poemas un tono de conversación informal porque se trata de permanecer fiel a su lenguaje, aunque haya que ser fiel al lenguaje literario" (1986:127).
La pena del personaje Jaime Gil de Biedma está resumida en un título de libro, Desolación de la Quimera.7 Así lo escribe en el poema Después de la noticia de su muerte en el que expresa cómo entre la realidad que le causa desolación y la quimera que es el deseo, sólo puede salvarse en la creación poética:
Y gusté de algo raro en nuestro tiempo,
que es la virtud –clásicamente bella-
de soportar la injuria de los años
con dignidad y fuerza.
(…)
El sueño que él soñó en su juventud
y mi sueño de hablarle, antes de que muriera,
viven vida inmortal en el espíritu
de esa palabra impresa
(…)
Su poesía, con la edad haciéndose
más hermosa, más seca:
mi pena resumida en un título de libro:
Desolación de la Quimera.
(121)Esa "desolación de la quimera" es una afirmación del poeta que cree en el secreto de la Quimera: ilusión, utopía, hacer posible lo imposible, hacer tangible el deseo. Por otra parte, la configuración híbrida de este ser teratológico, mitad león y cabra, mitad serpiente y dragón es tanto síntoma del desacuerdo entre las figuras que habitan un mismo cuerpo como símbolo de una compleja perversión que nos remite al conflicto de la identidad de nuestro poeta. La voz y la música de la Quimera son la poesía de Gil de Biedma condenada a la desolación.
Sin embargo, Jaime Gil de Biedma logra reconciliarse con el hombre y con el poeta, con la realidad y con el deseo. Lo hace imaginariamente en la intimidad del poema, en ese espacio donde consigue asumir la pluralidad de sus voces, hablar consigo mismo y llegar a un acto de autorreconocimiento en el que las ambivalencias se funden en un nombre propio tras el estallido de una ironía trágica. Volvemos al poema Pandémica y Celeste, cuyo final nos presenta la muerte de Calibán. El poeta para poder sobrevivir se despide de su doble:
... mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho. (146)
Finalmente parece haberse reconciliado consigo mismo aceptando sus contradicciones. Se ha inventado una identidad que sobre el papel asume como propia y que se hace posible mediante la biografía imaginada. El sentido de su escritura poética es una búsqueda de homónimos y heterónimos necesarios para el entendimiento de sí mismo. Escribir es un apostarse por entero en el poema para encontrar la voz de su liberación. Hacer versos es ese vicio solitario en que el poeta logra materializar, en imágenes, el recuerdo.
Para Gil de Biedma, la poesía es una manera de explicar la vida. El poema El juego de hacer versos, representa al poeta que alienta y da vida a un mundo ficticio del que finge desentenderse, pero que no deja nunca y que alternativamente afirma y niega:
El juego de hacer versos
-que no es un juego- es algo
parecido en principio
al placer solitario.
(…)
porque la Poesía
es un ángel abstracto
y, como todos ellos,
predispuesto a halagarnos.
(…)
Luego está el instrumento
en su punto afinado:
la mejor poesía
es el Verbo hecho tango.
Y los poemas son
un modo que adoptamos
para que nos entiendan
y que nos entendamos.
Lo que importa explicar
es la vida, los rasgos
de su filantropía,
las noches de sus sábados.
(…)
El juego de hacer versos,
que no es un juego, es algo
que acaba pareciéndose
al vicio solitario. (147-149)
La poesía será una vivencia de la sensualidad, a la que él llama sensualidad verbal. Sin embargo, esta sensualidad verbal se da sólo en los años de juventud del poeta:
Para ser poeta es necesaria... una sensualidad verbal, un dejarte llevar por las palabras que, de joven, quizá es excesivo, te dejas llevar demasiado, pero de mayor es demasiado exiguo. ( Escribir fue un engaño. El País, Libros 1990:2)
José Teruel afirma que "existe una confluencia entre los límites expresivos y la experiencia, entre vida y literatura, a través de la vivencia de la sensualidad y la vejez" (1995:179). Gil de Biedma no indagará más en el territorio de los límites de expresión y experiencia:
Mi poesía fue el resultado de una identidad, y una vez esa identidad está asumida no hay nada que excite menos la imaginación y por lo tanto no necesito escribir poemas...
(Camp de l’arpa.1982: 56)
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