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LA CARICATOGRAFIA EN COLOMBIA. PROPUESTA TEÓRICA Y TAXONÓMICA - MANIFESTACIONES DE LA CARICATURA

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Monografía creado por
24 de Octubre de 2007
Creatividad
Objetivaciones de la risa en el nuevo paradigma de la caricatura.



Es común encontrar en los textos históricos la atribución de la invención de la caricatura a Leonardo Da Vinci, en la medida en que en algunos de sus famosos códices recargaban las fisonomías de los personajes de su época para evidenciar aún más su carácter. Sin embargo, Beatriz González (1989), en su artículo La Caricatura en Bucaramanga afirma que “aunque la caricatura ha existido desde la antigüedad, es a finales del siglo XVI con los Carracci- los hermanos Aníbal, Agustín, y su primo Ludovico-, cuando aparece por primera vez el término caricatura y al iniciarse el siglo XVII se acuña su nombre. Los nombres de caricari –del italiano, caricare, atacar, montar- y ritrattini carico –retrato cargado- se basa en el hecho de que la naturaleza misma deforma. Se dice que al terminar la tarde los Carracci salían fatigados de pintar bellos modelos para la contrarreforma -a ellos se debe toda la hagiografía moderna-; para descansar caían como aves de rapiña sobre los transeúntes de las calles de Bolonia y los dibujaban deformes” (Pág. 7). Como se puede observar, el concepto de caricatura tuvo su inicio en la presentación icónica del rostro humano. Aunque posteriormente se asocia con las figuras que acompañaban la sátira política de los periódicos, percepción que lleva al caricaturista del St. Peterburg Times, a definir la caricatura como la hija bastarda del arte y de la prensa. (González, 1989, Pág 7)); hoy se puede afirmar que existe un paradigma emergente para entender la caricatura como un campo de la expresión humana y artística que no se agota en la gráfica. Un paradigma que demanda un nuevo lenguaje y novedosas miradas sobre el tema.

En términos genéricos se entiende la caricatura como una expresión gráfica con intención jocosa o satírica. Asimismo, algunos entienden como caricatura únicamente las fisonomías graciosas o las ilustraciones de los periódicos o las historietas. Existen públicos especializados que consideran a la historieta como una expresión autónoma que no tiene ninguna relación con la caricatura. Hay quienes no distinguen las sutiles notas características de las distintas expresiones gráficas con intención caricaturesca, ni reconocen su valor como expresión estética, y las denominan despectivamente como matachos, monitos, matachines, colorines, comicas. Sin embargo, se reconoce históricamente que la caricatura fue empleada por los griegos y por los egipcios en la realización de obras tridimensionales: En Madia, cerca de Túnez, se han encontrado figurillas de bronce de danzarinas y pugilista que son verdaderas caricaturas helenísticas y del tiempo del Imperio Romano. (Espasa, Vol. 1). De igual forma, en el ámbito escénico se le denomina Caricato al cantante bajo que en la ópera se encarga de los papeles bufos o cómicos. En el imaginario colectivo la palabra: caricaturesco, no está asociada a la exclusiva significación de dibujo grotesco o exagerado, también se atribuye a cosas o situaciones exageradas, ridículas, que causan risa. Al respecto el periodista y caricaturista Álvaro Montoya Gómez, al reflexionar sobre la definición de caricatura comenta en sus Notas de un Bionauta: Me abstuve a propósito de utilizar el verbo dibujar, porque en mi opinión un buen caricaturista no tiene que ser un buen dibujante. Lo anterior también es válido para el buen pintor, para el buen escultor, y porque no decirlo, para el buen arquitecto. Los actores y los bailarines pueden dentro de su respectiva actuación, ser buenos caricaturistas. Por su parte, Beatriz González afirma que la combinación de talento para la caricatura literaria y gráfica era bastante corriente a mediados del siglo XIX. (1991)

Apoyados en la teoría de la risa y los aportes de diversas disciplinas del conocimiento se reitera entonces que el concepto de caricatura elude la exclusiva representación gráfica. Por esta razón, a partir de este momento equiparemos al humorista y al caricaturista, en su función social y su quehacer con la exclusiva acepción de persona que poseyendo una especial manera de enjuiciar, afrontar y comentar las situaciones con cierto distanciamiento ingenioso, burlón y, aunque sea en apariencia, ligero; hace uso de ella con clara intención de resultar cómico o, al menos, de que tal disposición se le reconozca públicamente y se disfrute (otros disfruten) de ella. (Vigara, 2000, Pág. 1-23)

A partir de esta equivalencia (y siguiendo de cerca a Ana Ma. Vigara), entenderemos la caricatura como cualquier expresión de humor que apele a lo cómico, lo ridículo, lo exagerado, para provocar intencionalmente una complicidad social que origine la risa o la sonrisa. Formas de humor que se pueden objetivar en sonidos, palabras, gráficos, esculturas, etc.

Hoy, gracias a los aportes de los teóricos de la semiología, entre ellos Charles Sanders Peirce, quien propuso la triada fundamental del signo, se puede señalar que la caricatura es una representación semiológica de carácter icónico (de acuerdo con dicha disciplina, el signo es una cosa que está en lugar de otra y el signo icónico, es aquel signo que opera por similitud), relacionada con la exageración, lo recargado, lo ridículo, lo cómico. Desde esta perspectiva la denominación de caricatura no se agota en lo gráfico: la radio hace caricatura mediante la imitación de voces (signos icónicos del paisaje sonoro), el cine y la televisión recurren al lenguaje audiovisual para hacer caricatura (iconos sonoros y visuales), e incluso a través del texto escrito (símbolos: signos que operan por convención) se realizan caricaturas de la realidad.

¿Con las anteriores consideraciones se podría entonces concebir una nueva clasificación de las expresiones de la caricatura?

Clasificar, colocar hitos, demarcar fronteras, establecer similitudes y diferencias son actividades del pensamiento humano para la apropiación, comprensión y transformación de su mundo; pero como lo afirma Foucault (1967) en su libro: «Las palabras y las cosas», nada hay más vacilante, nada más empírico (cuando menos en apariencia) que la instauración de un orden de las cosas; ( Pág. 7) después de todo, las clasificaciones son únicamente instrumentos, artificios, que nos permiten acercarnos de forma didáctica al complejo fenómeno de la realidad. Sin embargo reconocer que lo caricaturesco tiene un universo mayor que la expresión gráfica, permite establecer (se aportara en cada caso, sin ser exhaustivos, ejemplos colombianos) y nominar cinco expresiones de la caricatura:


Caricalomía

Del latín caricare: recargar y de cálamus: pluma. Define todas las expresiones caricaturescas que se objetivan en escritos o parten de ellos. En esta clasificación se encontrarían, los artículos humorísticos, los graffitis, las comedias escritas, los chascarrillos y poemas satíricos.

Colombia registra un grupo importante de cultores de la caricalomía: Jorge Pombo, integrante de la Gruta Simbólica que desarrollo el arte de los chascarrillos y los versos cojos; Fray Lejón, desde su columna Buenos Días, publicada en el diario El tiempo; Alfonso Castillo Gómez; Lucas Caballero Calderón KLIM; Iriarte, Álvaro Salom Becerra, Daniel Samper Pizano, Luis Carlos El tuerto López, Cimifú, Alarcón, Roberto Cadavid Misas ARGOS, Rafaél Arango Villegas. La revista Semama, considerada por Germán Hernández (Cambio 16) como una de las parodias literarias más importantes de la década del noventa, la revista Chapinero, una de las pocas publicaciones con vocación underground, Mamola, WallStress, Frivolidad y El Trompo, separata publicada por El tiempo el 28 de diciembre, día de los santos inocentes, pueden ser consideradas dentro de este género, aunque en ellas también se recurre a técnicas y géneros de la caricatografía. Sin embargo, sus códigos son predominantemente lingüísticos.

La caricalomía ha sido poco abordada por los investigadores universitarios, pero se pueden reseñar los trabajos sobre el Graffiti, realizados por Armando Silva, en la Universidad Nacional de Colombia y Luis Eduardo Álvarez Henao, en la Universidad del Quindío.


Caricatofonía

Del latín caricare: recargar y del griego phono: voz, sonido. Define las expresiones de la caricatura que utilizan la voz como vehículo de sus mensajes, bien sea directamente o a través de medios de comunicación como la radio.

El chiste, el chascarrillo, la anécdota, el calambur, el retruécano, la ironía, de uso cotidiano en la cultura popular, hacen parte de esta expresión de la caricatura. Existen también propuestas musicales que se inscriben dentro del ámbito de la caricatofonía.

Uno de los trabajos más importantes de compilación de caricatofonía popular, lo realizó en Colombia, Agustín Jaramillo Londoño. Durante años este autor de raigambre antioqueña realizó el mayor acopio de humor demosófico en una de las regiones colombianas: El Testamento Paisa; (Hernández, Cambio 16). Por su parte David Sánchez Juliao, presenta una novedosa y difícilmente clasificable forma de humor literario costeño, que tiene como punto de partida los relatos de tradición oral encodificados y distribuidos a través de casetes.

En la radio, la caricatofonía cobra cada vez mayor fuerza y se convierte en un corpus digno de ser investigado y caracterizado para dar cuenta, desde la reflexión, de la forma como crea, percibe y apropia el pueblo colombiano este tipo de humor. La comedia teatral, los cafés concierto se inscriben igualmente en esta modalidad de caricatura social y requeriría un espacio amplio para registrar su trayectoria en nuestro país.

En Colombia, programas como La Hora de la Simpatía, emitido por la emisora Nueva Granada (1933) y amenizado por el cuentachistes: Pompilio El tocayo Ceballos (Hernández, Cambio 16); Los programas adaptados por el simpático Hernando Chato Latorre; El Corcho, La Tapa, El pereque, del gran maestro del humor radiofónico, Humberto Martínez Salcedo; Ever Castro, el coloso del Humorismo, quien fuera el pionero de las voces imaginarias en radio (Hernández, Cambio 16); La escuela de doña Rita, Las aventuras de Montecristo, pasando, por Los Locos del Quinto Piso, El manicomio de Vargas Vil, La Luciérnaga, La Zaranda, constituyen una muestra significativa de la capacidad de los caricatofonistas colombianos para combinar noticias con humor, imitación de voces de figuras nacionales y creación de personajes que representan la idiosincrasia del pueblo colombiano.

Así mismo, se pueden registrar, grosso modo, propuestas de caricatofonía en el campo musical: Los Chaparrines, Los Tolimenses, Los hermanos Monroy, Los Marinillos y un sinnúmero de trovadores populares que realizan caricaturas repentistas en las fiestas locales. He aquí otro bastión para la indagación académica de las facultades de comunicación, arte y cultura, humanidades, sobre la producción, difusión y consumo de este tipo de procesos creativos.

La conciencia que se adquiera sobre la importancia del proceso creativo y la riqueza cultural que se ha perdido con la desaparición de importantes caricatofonistas colombianos, debería generar líneas de investigación y divulgación en revistas, periódicos, facultades de comunicación y lenguaje para la valoración y recuperación de este patrimonio cultural.


Caricatumedia

Del latín caricare y medius. Representación audiovisual con pretención humorística, que involucra el conjunto de códigos lingüísticos, visuales, sonoros, así como sus respectivos lenguajes y metalenguajes para develar con su arte todo tipo de fosilización y mecanización del rito que convierte lo cotidiano en mascarada social. En este campo se inscribirían, los programas de televisión humorísticos (comedias, cuentachistes, variedades, sátira política, animación por computador), los programas de computación para niños que incorporen ilustraciones humorísticas, las sesiones de chateo en la red donde se utilice el chiste, la ironía, el chascarrillo, el calambur; algunas páginas web abiertamente caricaturescas o con intenciones satíricas, el cine con sus dibujos animados. A diferencia del caricalomista o el caricatofonista radial, quienes pueden ser autónomos en el manejo y producción de sus materiales humorísticos, la producción caricatomediática requiere en muchas oportunidades, de un trabajo interdisciplinario, donde existen directores, guionistas, diseñadores, escenógrafos, actores, camarógrafos, programadores de software.

Quién podría negar que los colombianos asistimos al sepelio del mayor representante de la caricatumedia de fin del milenio, con el asesinato de Jaime Garzón. Nos hizo reír y ridiculizó a quienes detentaban el poder y sin embargo, jamás trazó una línea. Hay que señalar también, que sus personajes: Néstor Elí, Diocelina Tibaná, William Garra, Jhon Lenin, Godofredo Cínico Caspa, contaron con el respaldo de guionistas (caricalomistas en esta clasificación) como Eduardo Arias y Karl Troller. Incluso en el manejo de su personaje Heriberto de la Calle, el lustrabotas que entrevistaba con desparpajo a las figuras nacionales, dependía de otros para encodificar sus gracejos y ocurrencias.

Sin embargo, mucho antes que este caricatumedia, entronizara sus programas Zoociedad y Cuac: El Noticero, como la sátira política que revolucionó el humor televisivo en Colombia. Ya nuestro país había incursionado con programas de televisión, como Operación ja ja, Sábados Felices, Ordóñese de la Risa, y las comedias Don Chinche, vuelo secreto y dejémonos de Vainas, como las programas más representativos y de mayor acogida por la teleudiencia nacional. Cabe señalar también el aporte del caricalomista Daniel Samper Pizano y del director de Televisión Bernardo Romero Pereiro, quienes con su propuesta Leche, ofrecieron a los colombianos la primer antitelenovela de Latinoamérica, una caricatura del denominado culebrón televisivo.

La animación por computación ha abierto un promisorio campo para el trabajo caricatumediático en Colombia. El siguiente programa, el supercriollo, Betty Toons, Blanca y Pura, esta última presentada como la primera telenovela animada constituyen aportes significativos al desarrollo de la caricatumedia en el ámbito latinoamericano.

Los Reencauchados, es otra de las propuestas caricatomediáticas para señalar. Un programa televisivo de sátira política que utilizó muñecos de látex de las personalidades colombianas del momento. En esta propuesta se hibridaron la caricatofonía y la plasticaricatura para comentar la compleja realidad colombiana.

La investigación en caricatumedia es un fértil terreno de saberes, aún inexplorado por diversas disciplinas sociales y de comunicación.


Plasticaricatura

Se conciben en esta categoría todas las realizaciones que aprovechen la triespacialidad para suscitar la risa; ámbito en el que no existen mayores propuestas por parte de los caricaturistas. Lo más cercano ha sido el trabajo de Edgar Humberto Álvarez, quien fue pionero en Colombia con el uso de plastilina como medio de expresión caricaturesca y la propuesta de Galgó (Guillermo Álvarez González) con su reciclarte: figuras en latas de cerveza.

Y por último el tema de nuestro interés:


Caricatografía

Toda expresión gráfica (icono-visual bidimensional) que tiene por intención acentuar las gesticulaciones sociales o develar las intenciones reales de los actores sociales que amenazan valores considerados universalmente válidos, favoreciendo la catarsis social. Se denomina caricatógrafo al artista que encuentra en esta manifestación un vehículo apropiado para crear conciencia colectiva provocando y castigando con la risa a los actores sociales. El caricatógrafo y la caricatografía, constituyen en consecuencia, un campo especializado de la caricatura y el ámbito de indagación específico del presente trabajo.

Colombia presenta a lo largo de su historia, y especialmente en el último siglo, un valioso desarrollo de la caricatografía que le ha permitido registrar y expresar su visión de mundo sobre diversos aspectos socioculturales en cada momento de su devenir. Este acervo simbólico ha pasado desapercibido y grandes caricatógrafos han desaparecido sin merecer la más breve reseña e incluso han desaparecido con sus creadores obras gráficas de gran valía artística. Obras que han pasado a manos de familiares que no poseen los conocimientos o recursos gráficos de los antecesores o con desconocimiento o desinterés total por la expresión estética que les ha llevado a consignar en el cuarto de San Alejo los trabajos realizados por sus antepasados, cuando no a deshacerse de ellas y regalarlas a amigos cercanos.

Afortunadamente hay quienes se han preocupado por recuperar este tipo de obras que el parecer tuvieran la fugacidad de los diarios en los cuales han sido publicados. Se registran entonces proyectos editoriales que varían desde publicaciones que reducen su alcance a la presentación de los trabajos de algún caricatógrafo, con prólogos circunstanciales, hasta la compilación y estudios profundos sobre la obra de un caricatógrafo determinado, como el realizado Germán Colmenares: Ricardo Rendón, una fuente para la historia de la opinión pública, editada por el Fondo Cultural Cafetero(1984) Cabe destacar, para la historia de la caricatografía colombiana, la importante labor adelantada por el Banco de la República, bajo la conducción de la pintora Beatriz González y un grupo de investigadores culturales que se dieron a la tarea de compilar una serie de catálogos de las obras de los caricatógrafos colombianos bajo el título Historia de la Caricatura Colombiana; el más serio y completo intento de compilación de memoria gráfica de la Caricatografía Colombiana. El trabajo, que tenía por finalidad propiciar la reflexión y recuperación, desde la perspectiva regional, de la producción caricatográfica nacional, se quedó a mitad de camino por el cambio de políticas institucionales. Tal vez, la tarea inconclusa de esta ambiciosa obra negó, a los interesados en el tema, la posibilidad de tener, al final, una propuesta coherente y una visión totalizadora de la historia de la Caricatografía Colombiana; pero también abrió las puertas para que se intentara esta tarea e incluso, permitió que algunas facultades de comunicación aceptaran tesis de grado sobre esta materia y se empezaran a establecer líneas de investigación en sus programas académicos. Otro caso importante en la escasa bibliografía sobre el tema se presenta en libros que dan cuenta de uno de los géneros de la caricatografía: la historieta. Como expresión de una visión eurocentrista, este tipo de obras le da más importancia a una historia ya contada que a la revisión de nuestra producción. Existe otra forma de divulgación de se debe señalar en este trabajo: la existencia de colectivos culturales que hacen circular sus universos simbólicos en escenarios internacionales, nacionales y regionales, a través de concursos, exposiciones, festivales, catálogos, libros y revistas, que terminan en manos de coleccionistas y estudiosos del tema. Gracias a la producción de esos colectivos, existe un material de investigación, que debe ser recogido, catalogado y puesto al servicio de los interesados en el tema, para que Colombia pueda dar cuenta de este patrimonio artístico y cultural.
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