



No es hasta los momentos actuales (a partir del 2002) que esa voluntad de cambio que se viene gestando desde las etapas anteriores, reveladas en el análisis histórico-tendencial, logra un nivel de materialización. El tránsito desde el acercamiento inicial al empleo del enfoque comunicativo sobre la base de una corriente funcional, hasta llegar a los aportes conceptuales de Canale y Swain de redimensionar la competencia comunicativa, heredada de Hymes; contribuyen a orientar el proceso de enseñanza-aprendizaje del ELE hacia una etapa de integración y realismo, sustentado en la aplicación de nuevos enfoques teóricos que se interesan por el análisis de la lengua desde la perspectiva de la comunicación, así como la influencia de diferentes teorías y disciplinas.
A esto se suma la renovación de parte del personal docente y el interés de potenciar la superación profesional, en función de la formación didáctica desde tendencias actuales, conjuntamente con un mayor nivel de profundización y análisis de las insuficiencias, que desde la práctica sistemática, han lacerado la enseñanza de ELE en la Universidad de Oriente, durante estos años.
En tal sentido, se han logrado algunos avances en el perfeccionamiento del diseño curricular, y aún se continúa en proceso, donde se enfatiza en la selección de los núcleos de estrategias de comunicación y los aspectos funcionales que el alumno precisa para un logro comunicativo eficaz en diferentes contextos. Elemento éste de vital importancia que deriva de la “imposibilidad lógica y práctica de predecir todos los contextos comunicativos en el que los estudiantes harán uso de la lengua” (Pinilla, 1999).
No obstante, los criterios que se han asumido para las anteriores modificaciones de la asignatura Práctica Integral de la Lengua Española, en los diferentes niveles de enseñanza, en la base de la dinámica de los cursos de ELE en el centro, sobresale el hecho de que la culminación del mismo no conduce a una eficacia comunicativa del estudiante en la lengua meta, lo que reafirma la importancia de desarrollar el proceso no sólo sobre la base de potenciar la competencia lingüística, sino también tomando como base otros factores y componentes que posibiliten una profundización en sus regularidades.
Por tal motivo, la simple incorporación de cambios curriculares en los cursos de ELE, resulta insuficiente si no se profundiza cómo desarrollar las relaciones que se operan en la enseñanza en función de una dinámica que ofrezca una perspectiva más orientadora e inteligible del tratamiento de la comunicación oral en la práctica cotidiana. Este hecho obliga a una comprensión de este proceso que permita una caracterización de sus principales limitaciones, haciendo énfasis en el análisis de las estrategias de comunicación.
Para ello, se parte del diagnóstico realizado que contempla el análisis teniendo en cuenta los siguientes indicadores:
Tratamiento de las habilidades orales dentro del proceso de comunicación oral en el aula
Nivel de autonomía comunicativa alcanzado por los estudiantes en el medio social donde interactúan
Desarrollo de la competencia comunicativa
Principales procedimientos empleados por los profesores para potenciar las actividades de comunicación oral durante la práctica docente
Al respecto, la aplicación de técnicas como encuestas y entrevistas a estudiantes y profesores, la observación del proceso y la aplicación de una encuesta proyectiva a los aprendices, revelaron datos interesantes que demuestran las insuficiencias presentes en la dinámica.
La encuesta a estudiantes se realizó a una muestra de un grupo de 15 participantes que habían culminado el nivel intermedio, en el período comprendido de enero-marzo del 2003. Los datos referidos enfatizan en la necesidad de aprender la lengua con fines eminentemente comunicativos en el 100% de los casos, con frecuencia de uso en contextos interactivos en sus intercambios sociales con amigos, desconocidos y los miembros de la casa donde residen.
Sin embargo, las opiniones resultaron coincidentes en relación a que es justamente en el desarrollo de las habilidades orales donde presentan mayores dificultades, y en tal sentido, remarcan sus preocupaciones por lograr un mayor grado de efectividad en el uso de la lengua en tanto, entender y hacerse entender durante el acto comunicativo, como máxima aspiración en sus relaciones con hablantes nativos (100% de los casos), por ser precisamente en estos contactos extradocentes donde se sienten más inseguros al hacer uso de la lengua (manifestado en el 80% de las opiniones).
La comprensión y la expresión como habilidades orales, si bien ocupan un lugar importante durante la práctica docente, siguen considerándose como las de mayores problemas, con manifestaciones bien evidentes en lo referente a ignorar palabras no relevantes para una comprensión global del texto; deducir el significado de las palabras a partir del contexto comunicativo; y buscar datos concretos aportados por el discurso, como las más significativas en el caso de la comprensión (86.6% de los encuestados); mientras que la expresión oral reveló en un 93.3% de los casos, un empleo insuficiente de recursos para asegurar la continuidad y eficacia comunicativa; la poca capacidad para remediar posibles rupturas en la interacción; y escasas destrezas para maniobrar con largos turnos de intervención o compensar la falta de elementos del lenguaje por desconocimiento u olvido, como las muestras más notables.
De lo anterior se colige el deficiente desarrollo de la competencia estratégica de los estudiantes lo que incide negativamente en el logro satisfactorio de su competencia comunicativa, lo que repercute en su control expresivo, en el logro de su meta comunicativa y en su actitud psicológica frente al aprendizaje. Elemento éste que se refuerza con la aplicación de una encuesta proyectiva a los estudiantes y las ideas referidas por los 8 profesores que conforman el colectivo, quienes a pesar de reconocer el valor de la instrucción estratégica en el proceso de enseñanza-aprendizaje del ELE, manifestaron en un 87.5% de las opiniones, que ésta resulta de las más difíciles de potenciar por parte de los estudiantes, mientras que el 12.5% restante le confiere este carácter de complejidad a la competencia lingüística.
No obstante, y en relación con estos argumentos, el hecho de que se hayan realizado acciones metodológicas revitalizadoras donde se considera el valor de las estrategias de comunicación durante la práctica cotidiana en el aula, un 87.5% de las opiniones emitidas por el colectivo docente reconoce que las relaciones que mueven el proceso de enseñanza-aprendizaje resultan aún limitadas y poco coherentes, pues no se tiene una clara orientación didáctica que revele cómo potenciar el logro de la autonomía en la actuación comunicativa de los aprendices en el medio intercultural en el que se desarrollan.
Al respecto, resulta revelador el hecho de que un 86.6% de los estudiantes confirme el empleo (aunque limitado) de determinados recursos alternativos o estrategias para actuar ante situaciones problémicas. Sin embargo, no reconocen en ellas su importancia como elementos necesarios para mantener la comunicación, en detrimento de otras competencias como la lingüística y la discursiva, en tanto que el 13,4% restante admite el abandono de la comunicación ante dificultades de la misma. Factor éste que confirma un reducido nivel de reflexión del aprendizaje estratégico, lo que conduce a un proceso poco significativo y consciente.
Estos factores, indudablemente, confirman la necesidad de profundizar en la dinámica de las estrategias de comunicación que contribuya a perfeccionar la formación cultural estratégica de los estudiantes, en tanto ofrecer procedimientos más viables, que favorezcan una actuación comunicativa eficaz a los aprendices en cualquier situación y contexto social donde se desenvuelvan en el uso de la lengua, lo que implica valorizar también otros aspectos dentro del proceso.
En tal sentido, el empleo de la observación como técnica empírica ha ofrecido datos nada desestimables que permiten, no sólo reforzar los elementos obtenidos con la aplicación de las técnicas empleadas, sino también enriquecer la visión del proceso de enseñanza-aprendizaje desde otra perspectiva y elementos.
Al respecto, el procedimiento empleado por los profesores para desarrollar la competencia comunicativa de los estudiantes, aunque obedece a una lógica formativa que muestra una proyección más avanzada con respecto a las tendencias anteriores presentes en el proceso, todavía muestra las siguientes limitaciones:
- Empleo de actividades y ejercicios que pretenden propiciar situaciones de intercambio, pero que aún se efectúan a partir de funciones comunicativas estandarizadas, aunque ya se perfilan tendencias a incluir el mundo de interés del alumno y una interacción más abierta que estimule la creatividad y un uso más funcional de la lengua.
- Si bien se han obtenido logros significativos en cuanto al nivel de comunicación entre los estudiantes, sobre la base de organizar situaciones reales de interacción en las clases que así lo permitan (2 o más alumnos), aún no son aprovechadas suficientemente en la práctica cotidiana del aula.
- El trabajo con textos y materiales auténticos que recogen la lengua real y contextualizada adolece de una sistematicidad, aunque hay una propensión hacia una utilización más pertinente de los mismos (sobre todo materiales audiovisuales) en las clases, clubes de video y de idiomas.
Estas tendencias que comienzan a manifestarse en los cursos de ELE, aún cuando son indicadoras de una dinámica docente limitada y poco satisfactoria, al mismo tiempo ofrece el germen de un nivel de preocupación e interés por mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje desde posiciones más reflexivas y conscientes, a partir de un reconocimiento del elemento intercultural.
En resumen, el diagnóstico fáctico ha permitido revelar que aún cuando se han realizado aportes sustanciales al rediseño de los programas a partir de la introducción de los contenidos estratégicos que posibiliten el desarrollo de las habilidades orales en las clases de ELE, las acciones didácticas continúan obedeciendo a un tratamiento desarticulado y poco coherente, que no ofrece una clara orientación acerca de cómo potenciar el logro de una actuación comunicativa efectiva en los estudiantes.
Por otra parte, la relación contradictoria que se establece entre el manejo de estrategias comunicativas (aunque de forma limitada) por parte de los estudiantes y la insuficiente valoración que le conceden a las mismas en detrimento del componente gramatical de la lengua, constituyen elementos significativos que demuestran no sólo un limitado nivel de reflexión y análisis de las ventajas de estos recursos por parte de los alumnos; sino también, que aún cuando ya comienza a manifestarse una preocupación por el desarrollo de un proceso didáctico más cercano a la funcionalidad desde referentes contextuales, éste no trasciende un tratamiento elemental y tradicionalista.
Por consiguiente, las tendencias se proyectan al empleo de actividades que pretendan propiciar situaciones de intercambio en contextos reales de interacción desde el marco sociocultural específico donde se aprende la lengua, orientadas hacia una didáctica desde un enfoque funcional-intercultural más totalizador, pero que aún en el momento actual, entraña un proceso indicador de una dinámica con insuficiencias evidentes en el desarrollo de la comunicación oral en la práctica docente.
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