José Rafael Pocaterra surge en el ámbito de la narrativa venezolana con una visión diferente de la propuesta por otros autores de su época, destacándose dentro de la corriente realista como conocedor del hombre venezolano; él manejó su creación literaria dentro de la perspectiva del momento que vivía el país y de esa vivencia histórica se nutre para conformar su obra dentro de una praxis social donde no descuida lo religioso, lo político, la condición familiar y educativa; así como la naturaleza misma, parte fundamental del ambiente de su obra.
Esto da como resultado el uso de un lenguaje a través del cual estableció una diferencia bien marcada con respecto al utilizado por los modernistas, a quienes criticaba abiertamente tomando aquellos rasgos estilísticos que destacaban para exagerarlos, en su afán de criticar sus actitudes falsas y rebuscadas. En un ejemplo tomado de la novela “Tierra del Sol Amada” parece plasmada esta situación:
“El bardo que te adora tenazmente
dice su verso en tu loor, divina,
que a tu gracia gentil y palatina
unes una mirada opalescente...” [41]
En esta composición “Céspedes” es ridiculizado como poeta modernista, no sólo por las personas que lo escuchaban, sino también por el mismo autor al resaltar su actitud y su falta de modestia.
En el cuento “El Ideal de Flor”, también se hace alusión a uno de estos poetas, a quien Pocaterra ridiculiza estableciendo un contraste entre la imagen que la protagonista se había formado del poeta y la realidad. Él se muestra sarcástico con respecto a la realidad para que el lector penetre en ese nuevo lenguaje. Pero, a la vez es un lenguaje sencillo, cotidiano, donde va presentando sus personajes; como ya se dijo, con un lenguaje sencillo, pero en ningún momento descuidado.
En ocasiones también aparece la opinión del autor, tal vez por eso de que ninguna obra es depurada totalmente o despojada de la carga ideológica, y en el caso de Pocaterra para subrayar su intención moralizante o crítica.
Un ejemplo aparece en el cuento “La Casa de la Bruja”, donde interviene al final del cuento, ya fuera del argumento:
“Cuando encuentres, al paso, en las calles desiertas de tu ciudad natal, una de esas ancianas que parecen huir, encorvadas y tímidas, amparándose a la sombra irrisoria de los aleros o refugiadas de la lluvia en el quicio de algún portón, no les quites la acera ni vuelvas el rostro con disgusto. Tú no sabes, ¡oh transeúnte! Que prodigio de heroísmo, abnegación y de amor ocultan a veces esos mantos raídos de pobres viejecitas brujas.” [42]
A través de la lectura de sus obras, se observa que el lector escribe tal cual ve el mundo y sus calamidades, su obra es producto de la época, es el reflejo de los males que aquejaban al país; donde deja entrever una patria llena de enfermedades, de ignorancia y de barbarie; el mismo dice en el prólogo de “Cuentos Grotescos”:
“Esos trozos de ambiente, son el ambiente de mi literatura. Ni rectifico, ni sacrifico: narro.” [43]
Así se puede ver como la posición estética de Pocaterra no sólo fue de enfrentamiento al modernismo, sino que también la utiliza para colocar al hombre en primer plano con el paisaje como complemento; como en sus novelas “Tierra del Sol Amada” y “Vidas Oscuras”, donde los personajes y los hechos además de ser criollos, son de la vida real.
Otro aspecto que no se puede obviar, es la posición política del autor, de lucha contra los gobiernos de la época, y para esto utilizó sus obras como arma de combate.
En “Memorias de un Venezolano en la Decadencia”, se expresa de la siguiente manera:
“Los Ministros, los políticos de Caracas y del interior, los cortesanos, los adherentes, los trepadores, los crustáceos: ¡la fauna de estos últimos tiempos! Y hasta la flora porque notábase allá y acá algún infeliz chayota.” [44]
Estas comparaciones con animales le permiten producir el efecto grotesco, para empequeñecer a los funcionarios del gobierno.
Y esa misma intención de rechazo y degradación la aplica en otro fragmento de la obra citada anteriormente:
“Cazurronamente acecha, como los caimanes con la jeta abierta que permite a los cucaracheros limpiarle los colmillos.” [45]
En este caso se está refiriendo al General Gómez, quien esperaba como un “caimán” para arrebatarle el poder a Castro.
Haciendo referencia nuevamente al lenguaje utilizado en sus obras, se observa cómo establece ese contraste que existe entre las expresiones del hombre de la ciudad y el del campo.
Pocaterra utilizó aquellas voces y giros del lenguaje que reflejaban el habla del venezolano de la época:
“-¡Cristiano! ¡que por poco jace botá el café!” [46]
Esta expresión se encuentra en el cuento “Rosa Sabanera”. Y en el cuento “Las Frutas muy Altas”, se lee:
“-Contrimás grande sea el peje, más cabulla se le afloja... asina... asina...” [47]
En estos casos el autor no perseguía de ninguna manera un fin criollista, sino una forma de destacar la condición marginal de la lengua de los campesinos, además de resaltar la cualidad iletrada de los personajes.
Cuando pone a hablar a los habitantes de la ciudad, destaca la influencia extranjera con el uso de vocablos ingleses y franceses, poniendo así de manifiesto lo artificial de los modales. En el cuento “Las Hijas de Inés” aparece un ejemplo al respecto:
“E Inés, con su francés de San José de Tarbes, y del viajecito a Europa, condescendiente, suspirando:
¡L´amour ne peut rien refuser a l´amour!” [48]
Y en el mismo cuento:
“Veíasele frecuentemente de golfista en el campo con su grupo de americanos: y todo era okey y buenas conexiones.” [49]
Ya se ha mencionado el elemento político presente en las obras de José Rafael Pocaterra como parte del momento que vivía el país, retomando ese aspecto plasmado en otro de sus cuentos, donde se hace alusión a la inconformidad contra el gobierno de la época, en “Patria, la Mestiza”, se lee:
“... un nombre breve y heroico que saltaba siempre de los labios de los desertores, de los heridos, de los mismos oficiales realistas que desmontaban en el corredor de “La Primavera” a echar un trago, hacía brillar chispas de entusiasmo en los ojos del joven Zaldivar y dejábale siempre pensativo, la cabeza llena de ensueños...” [50]
Esa ansiedad del “joven Zaldivar” simbolizaba la inconformidad de la juventud, a pesar de ser campesino, el protagonista siente el ansia de la libertad:
“Nunca como entonces sintiera la pesadumbre de aquel vivir, del oficio aquel, de todas las pequeñas tristezas y los míseros menesteres que según su padre eran “el trabajo” y “lo único” que dignificaba a los hombres...” [51]
Además en este cuento se establece un enlace entre la situación contemporánea y las guerras de independencia a través del recuerdo del “viejo”, que condenaba la guerra con energía, en contraste con los pensamientos de su hijo.
Y en ese universo social, donde unos y otros se complementan, y donde los valores de la vida se han formado; el autor descargó todo el peso de la crítica de su arte narrativo en la clase media provinciana, no descuidó a burócratas y solteronas; resaltando gazmoñerías y prejuicios. Abarcó los contextos urbanos no sólo de la capital, sino también de ciudades como Valencia, donde nació, y de Maracaibo. Perseguía la destrucción del orden social desvalorizado que existía; exaltando lo ridículo.
En la búsqueda de penetración en los problemas éticos, se vale del elemento religioso, haciendo alusión a la pérdida del respeto, como una de las causas de la degradación moral, en la novela “Vidas Oscuras”, se plantea este caso:
“Sintiose sonreir; se persignó, asustada de la impiedad, queriendo arrojar lejos una multitud de sombras conocidas que trataban de hacerse presentes en el limbo de su imaginación... y era el bigote en punta de él que hacía cosquillas... la primera vez...
Dios mío... perdóname Señor...” [52]
Aquí “Elisa” muestra poco respeto en el templo con su actitud adúltera. La deformación grotesca se logra al desencadenarse una pasión amorosa entre la esposa de un Ministro y una persona insignificante, como se ve por la descripción de sus rasgos que hace Pocaterra; además al desvirtuar esa pasión demuestra también la fragilidad del matrimonio, y la conducta que podría ser común en otras damas de la sociedad.
Todos estos elementos utilizados van más allá de la presentación de la realidad, ya que detrás está plasmada la intención del autor para acentuar la situación del país.
Pocaterra asume entonces la responsabilidad de enfrentarse a la situación, objetivo que se propone, no sólo incursionando en la política, sino también a través de su obra; que en ningún momento estuvo divorciada de su posición política, ni de sus ideales, más bien fue un testimonio de su tiempo, dejando en sus obras una visión de la realidad venezolana.
Hay que ubicarse en la época en que vivió José Rafael Pocaterra para comprenderlo con más exactitud y precisión; la Guerra Federal, una vez finalizada, había dejado sembrada la idea de libertad e igualdad social, abriéndose a su vez procesos de inestabilidad política y caos; de allí surgen las figuras de Castro y Gómez quienes a través de largos años de dictaduras se imponen en el país; pero, como es natural, traen consigo decadencia moral, injusticias, violencia, terror y muerte.
En la novela “Vidas oscuras”, Pocaterra muestra parte de estos males que aquejaban a Venezuela donde las oportunidades que habían eran el trabajo de la tierra o un puesto burocrático, para configurar este ambiente, presenta a los hermanos Gárate:
“... Tú y yo somos todo el país: yo el pendejo que trabaja, el que aguanta, el que cree en antiguallas de dignidad, de vergüenza, de honradez, el que mantiene a los zánganos hasta quedar arruinado para merecer luego su desprecio... Pero el castigo de ustedes, los pasados de su fila, de su partido, de su casta; el castigo de los transados viene detrás, ahí mismo, con el negro Estranón hijo de los esclavos de mi padre; ese es el que viene al poder a que tú le sirvas, a que le laves las patas, a que le des una hija tuya, una Gárate blanca... ¡Yo me voy de aquí, a morirme bien lejos... Esta es una gusanera incurable...! [53]
Estos hermanos personifican a su vez a dos grupos sociales: hacendados apegados a las viejas virtudes conservadoras y políticos liberales. El autor asume una actitud de condena a esta sociedad con el fracaso de los protagonistas, quienes se acusan recíprocamente de que sus vidas son oscuras:
“... ¡tú no puedes dejar de ser lo que eres ni tu vida oscura!...
¡Mi vida oscura!, ¡mi vida oscura!
¡tú, tú quien me lo dice! A mi que te he formado,... sin egoísmos, sin mezquindades,... arruinándome por tus patrañas, por tus vagabunderías que tu llamas política... ¡Mi vida oscura!
Entre las vidas de nosotros dos,...
Entre esas dos vidas... ¿cuál, cuál es la oscura?” [54]
Estos hermanos son aniquilados por la hostilidad de las circunstancias, diferentes en cada caso. Sufren las consecuencias de la realidad del momento histórico:
“Como un escombro que cae, se echó sobre el brazo de la butaca...” [55]
Aquí, el autor simboliza el fracaso y la frustración de los ideales de progreso fundamentados en el trabajo y la honradez.
Es evidente que a través del diálogo entre los dos hermanos, José Rafael Pocaterra subraya la actitud de ese grupo social de burgueses oportunistas, colaboradores y cómplices de un sistema que tenía arruinado al país. Se muestra escéptico ante la posibilidad de una salida para esa crisis a través de las palabras de Don Crisóstomo:
“Esta es una gusanera incurable...”