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La concepción grotesca en la obra de José Rafael Pocaterra como forma de denuncia - Retazos de una amarga realidad

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CopyLeft Monografía de Elva Marina Mireles - 18 de Agosto de 2006
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4. Retazos de una amarga realidad

Para comprender la creación artística de José Rafael Pocaterra es necesario encontrar en ella el sentido de lo grotesco, rasgo que el autor manejó con soltura, y utilizó como una constante en sus obras al referirse a las situaciones humanas; tanto de los hombres entre sí, como las de los hombres con el medio. Estas situaciones con las cuales muestra diferentes facetas de la realidad recreada por él, no son situaciones transcendentales, sino realidades cotidianas que se le presentan a cualquier persona corriente; en efecto, los “Cuentos Grotescos”, van mostrando una sucesión de cuadros, situaciones y personajes que hallamos a diario, a la vuelta de la esquina, arrancados del diario discurrir; pero con un sabor áspero y amargo que deja a través de su concepción grotesca de la realidad, que logra con el uso de elementos como la exageración, la deformación, comparaciones y contrastes de los hechos y los personajes.

En el cuento “El Aerolito”, presenta el caso de la mujer abandonada con su hijo, situación muy común en la sociedad venezolana.

“María tomó su costura...

Terminado aquello, los catorce reales estaban comprometidos ya... ¿Podría disponer de tres bolívares, siquiera, para regalarle al niño la caja de soldados de plomo que lo desvelaba hacía un mes?” [29]

Esa era la existencia de “María”, quien lo poco que ganaba apenas le alcanzaba para subsistir con su pequeño hijo. En este cuento el autor da a conocer a través de las primeras escenas, momentos del pasado feliz de los personajes; luego orienta su crítica con la presentación de la escena de donde se ha tomado el ejemplo, y en el cual se pone en evidencia con el tono amargo de las palabras de “María” en su diálogo consigo misma el efecto grotesco, al producirse un contraste que revela lo negativo de la situación que vive en ese momento:

“Y él; el ingrato, estaría con la otra... como con ella ahora cinco años... es que ella nomás, en la alegría universal, era la única que lloraba sobre su labor de catorce horas, con los ojos cansados, con el alma plena de amargura, con aquel hijo que era el último refugio de su corazón”. [30]

Así continúan discurriendo los pensamientos de “María”, para mostrar el desenlace cruel de la realidad cotidiana de las mujeres engañadas.

Esa es la cuentística de José Rafael Pocaterra, un punto del que saltan con mano firme retazos de una amarga realidad. Como en “Claustrofobia”, donde presenta el caso del sujeto que envenena a su mujer y después cuenta que murió tuberculosa.

En este cuento está presente la temática de la muerte, aspecto que utilizó como una de sus constantes y donde el autor deja escapar su don poético al describir los estragos que la enfermedad producía en el personaje:

“Pero se agravaba. La fiebre le hacía en los pómulos como dos mordiscos rojizos. Y los ojos enormes le comían el rostro”. [31]

Aquí se percibe una sutil delicadeza al describir la crueldad de la enfermedad con la intención de conmover al lector con palabras que ponen de relieve situaciones tristes e irremediables:

“... ruina de una belleza de largas líneas ondulantes que era un sólo ritmo de gracia...” [32]

Utiliza el lenguaje poético para acentuar las miserias de la enfermedad, logrando nuevamente el efecto grotesco, justamente por el contraste que se evidencia con sólo anteponer una expresión descarnada a la descripción de la belleza del personaje.

En “La Llave”, presenta el relato de las aventuras de uno de esos hombres recién casados, que la ingenua esposa descubre impulsada por la astucia de una amiga.

A la reacción de la mujer, el marido tiene que valerse de toda clase de triquiñuelas para poder justificarse:

“-Mira, voy a darte prueba definitiva, vidita, ¿todo es esta fulana llave?... Pues... mira...

Y desde la mesa, por sobre la cancela de romanillas, la arrojó al techo. Saltó entre las tejas, rodó un poco y cayó, sonora, en la canal.

¡Se acabó lo de la llavecita!.” [33]

El efecto grotesco se desprende del comportamiento del marido. Pocaterra aquí no interviene con descripciones aunque se supone una intención o posición del autor.

Aparentemente el marido tuvo un gesto elevado, pero al final del relato su conducta revela todo lo contrario; pues a la mañana siguiente le dice al jardinero:

“-Oye, López, antes de que se despierte la señora, ve si te subes al techo y allí, en la canal del pasadizo, me consigues una llavecita de níquel, así larguita... ¡tú la conoces!” [34]

Y seguimos con ese clima especial que hay en las narraciones de Pocaterra: La señorita de “La I Latina” fue figura muy común en la escuelita de las primeras letras, por donde pasaban casi todos los niños de la época, en este caso está deformada por la caricatura en su apariencia externa:

“La I latina, la mujer flaca.

y se me escurría de un modo irremediable la figura alta y desmirriada de la señorita...” [35]

Pero al mismo tiempo se resalta su dulzura y resignación:

“... y comenzaba a señalar las lecciones con una voz donde parecían gemir todas las resignaciones de este mundo.” [36]

Y en el cuento “El Ideal de Flor”, se encuentra a la protagonista, la enamorada ideal del poeta Juan Pedro Soto-Longo, quien al conocerlo queda defraudada por su conducta, en este caso la caricatura es degradante al establecerse un contraste entre la imagen que ella se había creado y la realidad.

“Y al salir... a empellones del policía, diciendo excusas vergonzantes, gritando su título de altísimo poeta, sin flor ninguna en el ojal del flux ajado y mugriento, sucio el cuello, chapado el sombrero sobre una melena cerdosa, todo ebrio... todo ruin, pasó el ideal de Flor, bajo el puño de los gendarmes, dando tumbos como si en realidad pisase la pendiente moral de su vida.” [37]

De esta forma el autor ofrece algo diferente a las narraciones de sus contemporáneos, con ese estilo distinto, presenta una verdad intensa y humana.

José Rafael Pocaterra hace desfilar ante el lector el desenlace de la realidad cotidiana, que sin constituirse en una temática común para todos sus cuentos, se puede palpar que existe cohesión de la obra en general con un especial sentido de crítica. Presenta el caso de niños que sufren desgracias e injusticias como el niño de “Las Frutas muy Altas” o la muchachita de “Los Come-muertos”; también mujeres que aparecen casi siempre como víctimas de los hombres, esto se observa en “La Casa de la Bruja”, igualmente hace alusión a asuntos familiares en algunos cuentos como: “Familia Prócer” y “El Retrato”.

Toda esta galería de personajes se encuentran atrapados en un ambiente compuesto de situaciones cotidianas, de pequeños detalles que constituyen el discurrir de la vida diaria; utilizados por el autor para dejar constancia del momento que vivía el país.

Como se ha determinado a través de los ejemplos presentados, se revela una lucha entre los personajes y el medio social que los abrumaba. Degradando los momentos culminantes de la vida, el autor logra su fin en la búsqueda de lo grotesco.

La actitud de Pocaterra con el uso de un lenguaje descarnado estaba en franca oposición a otros escritores venezolanos de su época, que más bien buscaban la belleza de la forma; esto provocaba un contraste que le permitía mostrar su visión grotesca de la vida.

Pocaterra tenía la aspiración de reformar la sociedad influyendo sobre ella a través de la literatura, que era para él expresión de la verdad. En esa búsqueda de la fidelidad en sus narraciones el autor no descuida el paso del tiempo. En el cuento “El Retrato”, se lee:

“Seguramente tuvo vidrio, y uno de los chicos le dio el consabido golpe; el marco de cañuela dorada, ahora oscuro, broncíneo, matizado por las moscas, sufría también los rigores del tiempo.” [38]

Aquí se puede observar una descripción de los cambios que el tiempo produjo en “el retrato”, para introducir al lector en los acontecimientos. El autor logra además el efecto grotesco al resaltar el estado deplorable del retrato que adquiere un carácter simbólico al vincularlo con descenso moral y la decadencia de la familia.

Entre las diferentes situaciones humanas a las que Pocaterra hace alusión en sus obras aparece la muerte, como una constante, y concebida de manera muy particular sólo en su materialidad, ya que no plantea la espiritualidad después de ella. Esto se ve plasmado en el siguiente fragmento tomado del cuento “La Mista”:

“Pero no nació. El pobrecillo creyó que aumentaba la ya numerosa hueste del pobre Heredia. Le lloraron como si con el muertecito no les librara la suerte de un pedazo de miseria...

Ante esta desgracia terrible de que se perdiera una boca donde nueve iban ayunando, Don Epaminondas protestó:

¡Carrizo! ¡Lo que es el otro hijo que venga no se me muere por falta de recursos!” [39]

En este cuento, Pocaterra hace alusión a la muerte reflejada como fatalidad de las conciones de vida, haciendo evidente su propósito crítico.

En la novela “Política Feminista”, produce el efecto grotesco, en la escena de la muerte del “padre Benítez”, presentando ante lo trágico del momento, una situación cómica:

“Un torbellino de mujeres invadió la habitación.

El santo varón sobre un catre de copetes, hacía pucheros.

¡Un viento encajado! -Clamó Emérita.

Era la agonía, la agonía angustiosa de los hidrópicos, hestertorosa, desesperada.

Se encendió la vela del alma.

Emérita se oponía:

Les digo que no, que es un viento encajado.-

Y ahuecando las almohadas, comenzó a sobarle las espaldas... Todos le rodeaban. Misia Justina trataba de hacerle sujetar la vela. Unas pedían paregórico, otras improvisaban ventosas con un vaso y un algodón encendido... El santo varón, escondiendo las pupilas dilatadísimas en el agua amarillenta de la córnea abrió más la boca...

Emérita exclamó:

Es un eructo... ¿ya ven? ¡viento encajado!

Y cuando cayó sobre las almohadas rendido por el esfuerzo, las mechas grises pegadas a las sienes, agregó:

¡Ya lo echó!

Pero el santo varón estaba muerto.” [40]

La realidad de la muerte no es sublimada por el autor, por el contrario, cuando en este caso describe con detalles las manifestaciones externas de la agonía, lo conmovedor del momento es ridiculizado. En este sentido el autor deja plasmada una característica de los naturalistas y positivistas, para los cuales la vida se limita sólo a la materia. En el ejemplo citado se hace evidente que los presentes esperaban la muerte del padre Benítez, y se observa también que ante la situación una de las mujeres se preocupa por encender “la vela del alma”, con la intención de cumplir un rito religioso, pero no hay una manifestación de fe, es solamente para cumplir su deber ante una tradición.

Autor y licencia de 'La concepción grotesca en la obra de José Rafael Pocaterra como forma de denuncia - Retazos de una amarga realidad'
Elva Marina Mireles Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero30/pocaterr.html CopyLeft
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