La conceptualización de la cultura en la obra de Sarmiento e implicaciones en su política educativa - Civilización e identidad argentina
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Sabemos que Sarmiento era amante de las biografías de grandes hombres, ya que a su manera de ver personalizan el resultado de unas determinadas fuerzas históricas y pueden edificar al pueblo con su ejemplo. En Recuerdos de Provincia Sarmiento se pone a sí mismo como ejemplo de la capacidad de transformación del hombre humilde americano a través de la cultura. Como dice Anderson Imbert (1967), Sarmiento sentía su propia vida como “un drama histórico que se estaba representando dentro de la civilización”. Y no sólo se pone a sí mismo como ejemplo vivo de transformación, en Recuerdos... propone además el modelo del futuro hombre americano o argentino: una suerte de híbrido que reúne la fuerza y bravura de la barbarie americana elevada por la cultura europea a un nivel de sofisticación óptimo. Su tío y mentor Don Domingo Oro ofrece el modelo de este tipo argentino:
“Oro ha dado el modelo y el tipo del futuro argentino, europeo hasta los últimos refinamientos de las bellas artes, americano hasta cabalgar el potro indómito: parisiense por el espíritu, pampa por la energía y los poderes físicos” (Sarmiento, 1962, p. 101)
Como es sabido una de las claves para alcanzar este ideal se tradujo en la política de inmigración proveniente de Europa que el Sarmiento en su faceta política defiende y lleva a término. Esta inmigración debería de tener -según el sanjuanino- una influencia transformadora del “carácter nacional” para llegar a construir la “utopía” cultural argentina. Sin embargo Leonardo Senkman (1989) en un interesante estudio de esta pragmática sostiene que uno de los errores fundamentales de la política de Sarmiento fue precisamente la falta de reflexión sobre la cuestión étnica.
En efecto, Sarmiento juzga más positiva la identificación de Estado y nación y la homogeinización de la cultura. Como sabemos hay en su opinión una forma mejor y óptima de cultura y civilidad hacia la que todos los pueblos modernos tienden.
Sin embargo la falta de profundización en la cuestión étnica le impidió a Sarmiento prever una de las flaquezas de su política. Los nuevos inmigrantes, especialmente italianos, no se sintieron automáticamente argentinos ni inclinados a defender los intereses de la patria. Sarmiento criticó su desarraigo, la ausencia de patriotismo, el egoísmo particularista, la deslealtad al país etc. (Senkman, 1989, p. 55)
Algunos críticos además han calificado a Sarmiento como racista (Martínez Echazábal, L.1988 ; Garrels, E., 1993 ; Viñas, 1981). Sin duda sus juicios son a menudo estereotípicos y cargados de prejuicios raciales. En nuestra opinión, Sarmiento asimila y usa equivalentemente en muchas ocasiones los términos de raza y cultura. Asimismo, según su visión racista, para Sarmiento hay ciertas razas que no tendrían la habilidad política de la raza blanca. Así se explica por ejemplo en Confictos y armonías de las razas en América:
“El norteamericano es, pues, el anglosajón exento de toda mezcla con razas inferiores en energía, conservadas intactas sus tradiciones políticas, sin que se degraden con la adopción de las ineptitudes de raza para el gobierno, que son orgánicas del hombre prehistórico” (citado por Zea, 1989, pp. 89-90)
También en Facundo habla de la ociosidad de ciertas razas, incluida la española, pero al mismo tiempo una de las razones para esta ociosidad -además de la supuesta explicación biológica- es el entorno geográfico mismo, la pampa como escenario de la barbarie, que hace brotar en el hombre sus instintos más primitivos:
“Las razas americanas viven en la ociosidad, y se muestran incapaces aún por medio de la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducción de negros en América, que tan fatales resultados ha producido. Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza española, cuando se ha visto en los desiertos americanos abandonada a sus propios instintos” (Sarmiento, 1940, p. 39)
Otra de las cosas que Sarmiento destaca en Conflictos y armonías... es el mestizaje como una de las diferencias más notorias entre la colonización de la América anglosajona y la española, mestizaje que según Rovarini (1989) viene a insertarse de nuevo en el corazón de la dualidad “civilización y barbarie”.
Sin embargo en otras ocasiones Sarmiento manifiesta admiración hacia el “mulato” en quien él ve el producto también de un mestizaje beneficioso. Sarmiento es seguramente partícipe de la ideología del blanqueamiento (véase Jackson 1976). Según esta absurda teoría, a través del “mestizaje”, la raza blanca por ser “superior” acabaría decolorando a la población hasta convertirla en blanca, o al menos en un blanco aceptable, de acuerdo al fenotipo europeo que llegó al continente americano. Desde este punto de vista, el mestizaje se ve como un proceso para “mejorar la raza”, o lo que es lo mismo, de ir convirtiédola poco a poco en “blanca.” En este sentido, muchos de los prejuicios y estereotipos que Sarmiento pronuncia en repetidas ocasiones estab an apoyadas, en su época, por alguna de las teorías científicas y filosóficas en boga: la frenología, la teoría de los climas, el positivismo spenceriano, etc. que hoy día son rechazadas por inválidas (véase Martínez Echazábal 1988, Garrels 1993 y Viñas 1981). Así se refiere al mulato en los Viajes:
“El mulato se levanta en el Brasil amenazando vengar bien pronto las injurias hechas a su tostada madre. Raza viril que conserva la sangre ardiente del africano, templada para bullir bajo los rayos verticales del sol, al mismo tiempo que la organización de su cráneo lo liga a la familia europea. Dumas, Heredia, Pétion, Barcala, aquellos hombres notables brillan por las artes, la música, la poesía y las ciencias médicas”
Sus juicios, en efecto, pintan un retrato negativo de determinado grupo étnico o racial: el negro, el indígena, etc. Estas opiniones se basan fundamentalmente en la comparación con unas ciertas formas culturales y formas de organización política de otros grupos sobre todo de la Europa del Norte y Norteamérica a quienes Sarmiento considera superiores en dichos aspectos civiles y políticos. A pesar de la “inferioridad” intelectual y moral de la raza americana y argentina, según Sarmiento, pretende de alguna forma « redimir », según su visión, a los grupos o razas “inferiores” para elevarlos y elevar al continente a formas de vida más “modernas” y “civilizadas”:
“Me detengo sin quererlo sobre las brillantes cualidades morales de esta raza intermediaria entre el blanco que se enerva en los climas ecuatoriales y el negro incapaz de elevarse alas altas regiones de la civilización. Otra vez había notado la predisposición constante del mulato a ennoblecerse, y su sentimiento exquisito del arte, que lo hace instintivamente músico. Viénele la primera cualidad de haber ensanchado su frente, y la segunda de la sangre africana que calienta su nuevo y más idóneo cerebro” [el subrayado es mío] (Sarmiento 1961, p. 34)
Sin embargo, parece que el Sarmiento maduro comienza a darse cuenta de que su política “civilizadora” o el intento de realización de su utopía no ha dado los frutos esperados, es decir, la cuestión de la identidad está aún por resolverse:
« ¿Qué es la América? ¿Es acaso la vez primera que vamos a preguntarnos
¿Somos europeos? - Tantas caras cobrizas nos desmienten.
¿Somos indígenas? - Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la única respuesta.
¿Mixtos? - Nadie quiere serlo, y hay millares que ni americanos ni argentinos querrían ser llamados.
¿Somos nación? ¿Nación sin amalgama de materiales acumulados, sin ajuste ni cimiento?
¿Argentinos? - Hasta dónde y desde cuándo, bueno es darse cuenta de ello » [el subrayado es mío] (Prolegómenos, “Conflicto y Armonías de las razas en América” Obras Completas, p. 27, citado por Senkman 1989)
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