La conceptualización de la cultura en la obra de Sarmiento e implicaciones en su política educativa - La "civilización" como utopía en Sarmiento
3 - La "civilización" como utopía en Sarmiento
Hemos visto pues la génesis conceptual del esquema sarmentino (civilización versus barbarie). Nos interesa ahora llegar al corazón de su visión política. Fredric Jameson sostiene que toda literatura no importa en qué grado, debe ser leída como meditación simbólica sobre el destino de una comunidad y que todo texto está por lo mismo imbuido de un impulso utópico. Una lectura tal del texto es especialmente fecunda en el caso de Sarmiento.
A María E. S. de Cywiner (1989) por su artículo « La civilización como utopía en la mira sarmentina » se le debe reconocer la buena intuición de identificar el impulso utópico patente y latente a lo largo del texto. Sin embargo tenemos que discrepar con el análisis por ella elaborado. Para empezar, disentimos con la teoría que la autora utiliza como base de su planteamiento: « …el pensamiento utópico es en esencia: un referirse siempre al futuro, mediato o inmediato, y un futuro opuesto a la realidad actual » (p.87). En nuestra opinión esta premisa es errónea. Hay utopías en efecto que se refieren al futuro, pero también utopías que colocan el paraíso en un tiempo perdido (por ejemplo, en el génesis de la Biblia) o incluso utopías atemporales. La utopía en su significado ori ginal- del griego u-topos- quiere decir simplemente un lugar que no existe, o -si se toma la etimología eu-topos- un lugar de felicidad, aunque sabemos que también utopías apocalípticas -la bien conocida de G. Orwell por ejemplo.
Cywiner (1989) cree que ciertos escritos de Sarmiento merecen el calificativo de utópicos, según ella porque reflejan la visión y previsión agorera de un tiempo por venir. Sin embargo, en nuestra opinión, si bien existen obviamente elementos utópicos, en términos de la formulación explícita de una ideología, Sarmiento no escribió una “utopía”, escribió sobre un lugar y tiempo y personajes concretos y lo hizo para dar su interpretación acerca de las fuerzas históricas y sociales operantes en ese contexto. Lo que sí es válido, desde nuestra perspectiva, es adoptar el término « utopía » para designar el conjunto trabado de ideas que constituyen el transfondo político e ideológico de la literatura sarmentina. Así entendida coincidi mos una vez más con María Cywiner (1989) en que la « Civilización » resume la definición de esta utopía.
Y ¿Qué es para Sarmiento la « civilización »? ¿Cómo se define la utopía sarmentina?. En sus propias palabras:
« La civilización de un pueblo sólo pueden caracterizarla la más extensa apropiación de todos los productos de la tierra, el uso de todos los poderes inteligentes y de todas las fuerzas materiales, a la comodidad, placer y elevación moral del mayor número de individuos » (Sarmiento, 1961, p.97)
Podemos notar qué criterio utiliza Sarmiento para definir lo que entiende él por cultura civilizada. Y ese criterio es: la eficiencia económica en la utilización de los medios de subsistencia, teniendo como principio filosófico una base utilitarista, es decir, proporcionar el mayor placer al mayor número de personas. Esta línea de pensamiento utilitarista es la que el Sarmiento político aplica, por ejemplo a la educación.
La ideología de Sarmiento, como la de muchos otros intelectuales latinoamericanos en su época, está muy influida por el pensamiento ilustrado. Sin duda Sarmiento refleja en su ideario la influencia de los escritores y pensadores de la Europa iluminista. Más en concreto aquí Sarmiento manifiesta su afición al pensamiento utilitarista de Diderot o del inglés Hume. Según esta filosofía desde un punto de vista materialista existe solamente un criterio o premisa en que basar una moral, y este es el criterio de la utilidad de las acciones humanas. El individuo opera según el cálculo de las conveniencias que sus acciones le retribuyen según las consecuencias sean placenteras o dolorosas. En esta misma línea de pensamiento, el Estado deberá de obrar también de forma que los resultados de las acciones produzcan el mayor bienestar al may or número de personas.
De esta manera atendiendo a los criterios arriba mencionados, es como Sarmiento descubre que los Estados Unidos son en su tiempo el pueblo más civilizado del mundo.
"Los europeos se burlan de estos hábitos de rudeza, más aparente que real, y los yanquis, por espíritu de contradicción, se obstinan en ellos, y pretenden ponerlos bajo la égida de la libertad y del espíritu americano. Sin favorecer estos hábitos, ni empeñarme en disculparlos, después de haber recorrido las primeras naciones del mundo cristiano estoy convencido de que los norteamericanos son el único pueblo culto que existe en la tierra, el último resultado obtenido de la civilización moderna" [El subrayado es mío] (Op. Cit., p. 110)
Sarmiento menciona la ética del trabajo, la superioridad viril como cualidades a emular de los vecinos de Norteamérica, últimos en la historia de las grandes civilizaciones:
« Los norteamericanos sólo pueden ser comparados hoy a los romanos antiguos, sin otra diferencia que los primeros conquistan sobre la naturaleza ruda por el trabajo propio, mientras que los otros se apoderan por la guerra del fruto creado por el trabajo ajeno. La misma superioridad viril, la misma pertinacia, la misma estrategia, la misma preocupación de un porvenir de poder y grandeza » (Op. Cit., p. 111)
Pero, como ya se ha apuntado, también Sarmiento siente además una profunda admiración por el pensamiento y la cultura franceses. Si la civilización de un pueblo tiene como definición político-pragmática la que vimos y como modelo el norteamericano, la cultura como refinamiento de las costumbres en el plano más personal tiene un paradigma europeo, concretamente el del pueblo galo:
"El francés de hoy es el guerrero más audaz, el poeta más ardiente, el sabio más profundo, el elegante más frívolo, el ciudadano más celoso, el joven más dado a los placeres, el artista más delicado, y el hombre blando en su trato con los otros. Sus ideas y sus modas, sus hombres y sus novelas, son el modelo y la pauta de todas las otras naciones; y empiezo a creer que esto que nos seduce por todas partes, esto que creemos imitación, no es sino aquella aspiración de la índole humana a acercarse a un tipo de perfección, que esta en ella misma y se desenvuelve más o menos según las circunstancias de cada pueblo. " (Sarmiento 1962, p. 62)
Es importante aclarar no obstante que Sarmiento utiliza en ocasiones la palabra civilización para referirse a lo que más tarde definirá como culturas bárbaras. Sin embargo cuando Sarmiento habla de “la civilización” en singular se refiere al modelo de sociedad moderna que ya hemos descrito, la cual es el destino utópico hacia el que todas las naciones deben aproximarse:
“No es, sin duda, bello y consolador imaginarse que un día no muy lejano todos los pueblos cristianos no ofrecerán sino un mismo pueblo, unido por caminos de hierro o vapores, con una posta eslabonada de un extremo a otro de la tierra, con el mismo vestido, las mismas ideas, las mismas leyes, y constituciones, los mismos libros, los mismos objetos de arte » (Op. Cit., p.62)
Esta es básicamente la filosofía de Sarmiento: es posible alcanzar el progreso de Argentina aplicando fórmulas que han probado su éxito en Europa. Sarmiento pretende, utilizando sus mismas palabras, traducir la Europa de que hemos hablado a América:
“Todas mis ideas se fijaron clara y distintamente, disipándose las sombras y vacilaciones frecuentes en la juventud que comienza, llenos ya los vacíos que las lecturas desordenadas de veinte años habían podido dejar, buscando la aplicación de aquellos resultados adquiridos a la vida actual, traduciendo el espíritu europeo al espíritu americano, con los cambios que el diverso teatro requería” [El subrayado es mío] (Op. Cit., p. 62)
José Martí en Nuestra América ataca precisamente esta tesis Sarmentina: la necesidad de emulación de los pueblos o razas “superiores”. Muy al contrario para Martí no hay que buscar la justificación de la situación de América Latina sobre la base de un prejuicio racial. Sólo existe una raza, nos dice, la raza humana. También Henríquez Ureña acusa a Sarmiento de querer buscar atajos para la solución a los problemas de América Latina. No se trata de copiar modelos, dice Martí por su parte, sino de aplicar los conocimientos más avanzados a la realidad de América Latina, que es una realidad nueva por su naturaleza misma. En efecto, como ya ha indicado Juan Pablo Neyret (2003), Sarmiento pretende fundamentar la identidad nacional argentina sobre la base de la exclusión de l "otro" en América Latina.
El centro y vértice por antonomasia de la civilización, el origen del progreso de las sociedades, es la ciudad (Sarmiento 1940). Por el contrario, para Sarmiento la soledad de la pampa, la vida nómada y pastoril, dificultan cualquier tipo de organización política y de progreso:
“No puede haber progreso sin la posesión permanente del suelo, sin la ciudad, que es la que desenvuelve la capacidad industrial del hombre y le permite extender sus adquisiciones” (Op. Cit., p. 46)
Para Sarmiento la campaña no es sólo inadecuada para el progreso económico, intelectual del hombre sino además para su progreso moral. El hombre de la pampa vive en una libertad sin más leyes que las de su propia fuerza, esto queda ejemplificado en su descripción del gaucho malo. A esta tesis se opone la de José Hernández en Martín Fierro quien en la creación del personaje del gaucho le da la oportunidad a este de defenderse de esta acusación:
« Y sepan cuantos escuchan/ de mis penas el relato,/ que nunca peleo ni mato/ sino por necesidá,/ y que tanta alversidá/ sólo me arrojó el mal rato./ Y atiendan la relación/ que hace el gaucho perseguido,/ que padre y marido ha sido/ empeñoso y diligente,/ y sin embargo la gente/ lo tiene por un bandido »
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