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La conceptualización de la cultura en la obra de Sarmiento e implicaciones en su política educativa - La génesis y evolución de un discurso: civilización ve

(9 opiniones)
Monografía creado por Marta B. Rodríguez Galán. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/sarmient.html
19 de Octubre de 2006
Historia de la literatura

2 - La génesis y evolución de un discurso: civilización ve

El discurso sobre la cultura civilizada y la barbarie no es desde luego una idea original de Sarmiento, ni del romanticismo latinoamericano, sino que remite a una larga tradición en el pensamiento occidental. Aristóteles diferenciaba entre los pertenecientes a la polis -la ciudad y núcleo de organización social griega-, en especial a la gran Atenas, y los pueblos bárbaros. Esto es, los pertenecientes al Estado y los sin-Estado, dioses o bestias según la definición del ilustre griego.

Quizá es aquella también la época y el lugar en que se empieza a manejar la idea de progreso, ligada sin duda a la concepción del tiempo, en la física de Aristóteles, como algo objetivo y linear, definido por la dimensión de espacio. En efecto hay que recordar que para Aristóteles el tiempo es un número referido al movimiento y que se puede contabilizar por la comparación con un antes y un después.

De este modo, y según esta conceptualización objetiva, el tiempo (y por ende la historia) no es algo cíclico sino que sigue una progresión espacio-lineal ascendente: el pasado, el ahora, lo que vendrá…

En el siglo XIX en Europa y América Latina, veremos que Sarmiento no es tampoco pionero en su época a la hora de rescatar la noción de progreso. Para empezar, en el racionalismo francés de los siglos XVII, XVIII, en el pensamiento ilustrado, subyace esta perspectiva objetiva y linear del tiempo. En efecto para estos intelectuales y científicos (Descartes, Condorcet, Compte…) el tiempo es un proceso linear progresivo, irreversible, continuo y que puede ser comprendido científicamente. En 1793 el marqués de Condorcet escribe “Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano”, donde elabora su teoría del progreso. Para Condorcet el ser humano estaba entonces comenzando una nueva era en la que los vicios y las desigualdades llegarían a desaparecer. Aunque hoy nos parezca ingenuo, tanto él como sus coetán eos tenían fé en que la razón por sí sola podría traer la felicidad y la igualdad, creían en definitiva que el simple reconocimiento de los derechos naturales del hombre bastaría para alcanzar la anhelada utopía.

El concepto de progreso y la metáfora cultural de la civilización y la barbarie que lo representa tiene, como vemos, una larga y fructífera historia. Ya en el siglo XX, el filósofo alemán Walter Benjamín -sin abandonar la fórmula- le quiso dar la vuelta a la incuestionada civilización, a través de la recuperación de la historia que no aparece consignada en los libros:

«Cultural history represents its contents by means of contrasts (…) The products of art and science owe their existence not merely to the effort of the great geniuses that created them, but also to the unnamed drudgery of their contemporaries. There is no document of culture which is not at the same time a document of barbarism. No cultural history has yet done justice to this fundamental state of affairs, and it can hardly hope to do so» (Adams & Searle ed. 1984)

En la teoría crítica contemporánea, gracias al trabajo de “deconstrucción” de Derrida se ha llegado a profundizar en el estudio de los mecanismos y limitaciones de la lógica y metafísica occidental a la hora de representar en un texto la explicación de un fenómeno. Según Derrida esta forma discursiva a menudo presenta una realidad bipolar y jerárquica, donde el primer término define una serie de valores y define al segundo término con otros valores opuestos y subordinados a los primeros. Es interesante para el objeto de nuestra tesis el análisis crítico de Derrida, puesto que Sarmiento utiliza también una fórmula bipolar, la manida antinomia “civilización y barbarie” para presentar en sus obras lo que hemos llamado su conceptualización de la cul tura. Así explica J. Derrida el funcionamiento de este recurso discursivo:

« 1. The hierarchical axiology, the ethical-ontological distinctions which do not merely set up value oppositions clustered around an ideal and undefinable limit, but moreover subordinate these values to each other : normal/ abnormal, standard/ parasite, fulfilled/ void, serious/ non-serious, literal/ non-literal, briefly : positive/ negative and ideal/ non-ideal.

2. The enterprise of returning strategically, ideally, to an origin held to be simple, intact, normal, pure, standard, self-identical, in order then to think in terms of derivation, complication, deterioration, accident, etc., … conceiving good before evil, the positive before the negative, the pure before the impure… the essential before the accidental, etc.» (Adams & Searle ed. 1984)

“La civilización y la barbarie” formaba parte del bagaje intelectual de los pensadores americanos. El suizo Rousseau, tan admirado por Sarmiento y por muchos de sus coetáneos en América, había creado el mito del « buen salvaje » que tan bien se ceñía al discurso de la justificación política de los liberales y que, como veremos más adelante se encuentra a la base de la tesis sarmentina.

Félix Weinberg (1989) en su estudio « La dicotomía civilización-barbarie en nuestros primeros románticos », señala que la antinomia «civilización versus barbarie » como conceptualizaciones culturales más o menos restringidas, empieza a ser popular en el Río de la Plata desde principios del XIX.

« Aparecen el Telégrafo Mercantil, en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio y en el Correo de Comercio (…) En el mensajero argentino de 1827, periódico de tendencia rivadiana, hallamos por vez primera la dicotomía de civilización-barbarie. En Otro periódico (1831), de los exiliados unitarios en Montevideo, se reitera la antinomia. En los escritos de los románticos también se puede verificar la circulación de esas palabras de origen iluminista » (p. 8)

« Hay una concepción ideológica común, sustentada a partir de la elaboración local del romanticismo social, de decisiva gravitación en los ámbitos intelectuales rioplatenses durante la cuarta y quinta década del siglo pasado » (p. 10)

Weinberg (1989) considera que Echeverría- el iniciador del romanticismo social en América- es el primero en enunciar la tesis de que en las revoluciones aparecen siempre dos ideas enfrentadas « la idea estacionaria, que quiere el statu quo, y se atiene a las tradiciones del pasado, y la idea reformadora y progresiva; el régimen antiguo y el espíritu moderno »

En definitiva, en torno al debate recurrente sobre la civilización y el progreso podemos concluir que la proeza de Sarmiento consistió no en la originalidad de la fórmula, sino fundamentalmente en que logró definir y retratar como nadie antes hubiera hecho, esa supuesta lucha entre dos fuerzas sociales, una diada poética que viene a querer representar la historia argentina y latinoamericana, pero cuyo carácter es en sí universal, como hemos visto. Así se explica Sarmiento (Berdiales 1962):

“Es consolador (...) que sean humanos y no locales las aspiraciones que nos impulsan. Cuando esta ciudad se degollaba, se obedecía a un instinto local argentino de que no participaba pueblo alguno por entonces. Guardémonos de separarnos de la huella que nos dejan trazada los pueblos que nos preceden en la marcha de la civilización” (Sarmiento, D.F. Discursos. Buenos Aires, 7 de noviembre de 1885. Tomo XXII, p. 295)

Algunos críticos han visto la riqueza y atracción de “lo bárbaro” en la literatura latinoamericana. Especialmente atractiva resulta la barbarie para los escritores del romanticismo social americano. En la literatura de Sarmiento el poder emotivo de la barbarie ejerce una atracción singular, lo representa de forma paradójica en una especie amor-odio, de admiración y crítica. Con este recurso en el Facundo Sarmiento se une a la corriente literaria romántica en Latinoamérica:

“Si un destello de literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales, y sobre todo, de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia” [El subrayado es mío] (Sarmiento 1940)

Cuando el sanjuanino comienza su “ensayo-novela” Facundo describiendo y catalogando, a modo de sociólogo o antropólogo cultural, los distintos tipos de gaucho: cantor, baqueador, rastreador... aunque parte de una cultura “bárbara” crea unos personajes de extraordinarias cualidades naturales, con habilidades casi fantásticas a pesar de no haberse beneficiado de la ciencia moderna de la civilización europea.

Por eso también el personaje de Facundo Quiroga -nacido también en la campaña argentina-, con su valorización ambivalente, positiva y negativa a la vez, destila un cierto poder de embrujo. Sarmiento parece fascinado por su temperamento, fortaleza física, valentía, y la capacidad para ejercer el poder sobre otros, si bien condena el egoísmo y el apoyo al gobierno tiránico de Rosas.

En su artículo « La seducción de la barbarie en el Facundo » María Rosa Lojo (1992), remitiéndose al ensayo por Rodolfo Kush La seducción de la barbarie, elabora un análisis estilístico del Facundo al estudiar, precisamente, « lo bárbaro » como recurso poético. Según la autora, para Kush la barbarie corresponde a lo que no es europeo, lo irracional, lo vital, natural, oscuro y ejerce una especie de hechizo incluso sobre sus más acerbos críticos.

Para María Rosa Lojo (1992), Sarmiento construye el Facundo como prototipo estético de la barbarie a partir de una serie de procedimientos: 1) La mitificación literaria: extra-humanidad (extra-occidental) de Facundo, e inscripción del personaje en diversos sistemas: lo ultramundano, lo animal, lo monstruoso, el oriente; 2) La heroización positiva: relaciones con la virtus occidental y la sublimidad clásica; 3) La representatividad antropológica: Facundo y la esencia de lo americano y de lo humano originario. Además, se puede leer el Facundo a la luz de la teoría de la arquitectura metafísica de « deseo según el otro » expuesta por René Girard en su ensayo Mentira romántica y verdad novelesca. Según María Rosa Lojo (1992) la relación narrativa Sarmiento-Facundo, convierte al personaje en una suerte de alter ego encandilante y abominable. Al mismo tiempo existe también -según esta autora- una atracción en relación al antihéroe, Rosas, ya que Sarmiento quisiera de algún modo estar en el lugar de Rosas.

Civilización y barbarie serán finalmente la forma y materia de que -para Sarmiento- está constituida la modernidad americana.

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