La conformación del espacio paratextual en Triste, solitario y final, de Osvaldo Soriano - Tristes, solitarios y finales... Para textos bastan y sobran
1 - Tristes, solitarios y finales... Para textos bastan y sobran
Si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial, es cosa suya.
Rodolfo Walsh, ¿Quién mató a Rosendo?
Ollie no era sólo un amigo. Era parte de mí; ninguno podía ser nada sin el otro. Nuestra vida fue el cine y lo compartimos todo. No nos veíamos mucho, pero hacíamos lo único que justificaba nuestra vida: filmar. Pronto me di cuenta de que éramos uno solo. Yo no podía asistir a mi propio entierro.
Stan Laurel en Triste, solitario y final
El presente trabajo tiene su origen en las reflexiones planteadas en el seminario “Intertextualidad, parodia y reescritura en el contexto de la posmodernidad”, dictado por la licenciada Cristina Sara Piña y su cátedra en la Universidad Nacional de Mar del Plata durante el segundo cuatrimestre de 2002. En el mismo se abordaron, además de las cuestiones teóricas globales, tres géneros en particular: el policial, el cuento de hadas y la novela histórica. Osvaldo Soriano no fue tratado en esa oportunidad, pero estimamos que el hecho de que su primera novela, Triste, solitario y final (1973), constituya el primer policial negro de la literatura argentina y se trate precisamente de una parodia, amerita estas consideraciones. Sin embargo, no nos detendremos en el carácter paródico de la novela sino que lo que nos interesa es el espacio paratextual de Triste, solitario y final.1
Desde ya, paratextos hay muchos, demasiados en el caso de un best-seller como Soriano. Los que nos convocaron aquí fueron concretamente las crónicas periodísticas que dieron origen a Triste..., así como las informaciones y reflexiones sobre ellas que ofrece el propio autor en su volumen recopilatorio Artistas, locos y criminales. Con ello teníamos más que suficientes textos, paratextos y paratextos de paratextos para realizar un recorte.
Pero, como algo que ciertamente no se nombra con la palabra “azar” rige estas cosas, en medio de nuestro trabajo se produjo un acontecimiento editorial que terminó por enriquecer este estudio. En efecto, la editorial Seix Barral compró el catálogo completo de las obras de Soriano y comenzó a reeditarlas, empezando precisamente por Triste, solitario y final. En estos relanzamientos se privilegiaron, precisamente, los paratextos, ya que, en el caso de las novelas, se les encomendó un prólogo para cada una a autores de prestigio en las letras hispanoamericanas pero, fundamentalmente, según consta en un librillo de circulación interna, se anunció que “cada uno de los volúmenes incluirá, a modo de coda, comentarios del propio autor [que revelan] cómo se fue construyendo el libro, qué fue lo que detonó su trama, en qué condiciones lo escribió y qué secretos ocultan sus páginas” (Soriano, 2003c: 5).
Decidimos, pues, trabajar Triste, solitario y final en cuatro niveles: 1) el texto en sí mismo y sus propios paratextos (título, dedicatoria, acápite); 2) el paratexto-crónica “Laurel y Hardy. El error de hacer reír”, publicada en el diario La Opinión el 30 de enero de 1972, recogida en Artistas, locos y criminales, y que da origen a, y se reescribe en, la primera parte de la novela; 3) los paratextos-prólogos -posteriores- del propio Artistas..., tanto el prólogo al libro como los prólogos (siempre, escritos por Soriano) de la citada crónica así como el de la titulada “Tribulaciones de un argentino en Los Ángeles” y el último pasaje de ésta; 4) los paratextos-epílogos de la nueva edición de la novela, reunidos póstumamente por el editor Juan Forn bajo el título de “Génesis y escritura de Triste, solitario y final”.
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