



En el sentido foucaultiano: no considerando a ‘la obra’ como una unidad inmediata, ni como una unidad cierta, ni como una unidad homogénea, sino considerándola en su propia discontinuidad, introduciendo la complejidad a las unidades "que se imponen de la manera más inmediata" como el libro y la obra, porque éstas no se construyen "sino a partir de un campo complejo de discursos". Por tanto es preciso de entrada realizar "todo un trabajo negativo", que implique "liberarse de todo un conjunto de nociones que diversifican, cada una a su modo, el tema de la continuidad" (Foucault, Michel; 1996: pág. 33).
"Al ser destituido de la Biblioteca Municipal Miguel Cané (por el gobierno peronista) Borges debió ganarse la vida dando conferencias. Una timidez inveterada había impedido hasta entonces que hablase en público ... Pero el agravio de Perón lo convirtió en conferenciante. Fue invitado a dictar un curso en Buenos Aires sobre literatura anglonorteamericana y la primera conferencia fue sobre Hawthorne". (Rodríguez Monegal ed., 1981: 460).
Publicado originalmente en La Nación (diario de Argentina) el 19 de agosto de 1951. Fue incluido posteriormente en Otras inquisiciones. La primera publicación en libro de los cuentos de Kafka en español (La metamorfosis, 1938) fue iniciativa de Borges, que escribió el prólogo y realizó la traducción de algunos de los relatos. Antes, había incluido en la revista El hogar (Argentina), artículos sobre el escritor y había traducido una de sus parábolas.
"we may suppose him, as the result of a deep deliberation, buying a new wig, of reddish hair, and selecting sundry garments, in a fashion unlike his customary suit of brown, from a Jew’s old-clothes bag".
Emir Rodríguez Monegal: Hacia una lectura poética. Ediciones Guadarrama. Madrid, 1976: "Como su apócrifo Pierre Menard, Borges ha enriquecido ‘el arte detenido y rudimentario de la lectura’ de toda clase de aventuras públicas y de algunas secretas. Aquel escritor francés se había propuesto reescribir El Quijote, pero no quería ofrecer sólo una versión más de la célebre novela -sino como lo habían hecho los imitadores: como Avellaneda, como Montaldo, como Unamuno-. El quería alcanzar una versión que fuese a la vez, rigurosamente literal, y una obra totalmente nueva, suya".
Para mayor información ver el libro de Adrián Huici: El mito clásico en la obra de Jorge Luis Borges. El laberinto y en la revista Anthropos (números 142-143) los análisis de Victoria Reyzábal: Jorge Luis Borges un soñado espejo para su paradójico laberinto; Adrián Huici: Tras la huella del Minotauro.
Deleuze y Guattari consideran: "...a diferencia de los árboles o de sus raíces, el rizoma conecta cualquier punto con otro punto cualquiera, cada uno de sus rasgos no remite necesariamente a rasgos de la misma naturaleza" (...) Es "...un sistema acentrado, no jerárquico y no significante, sin General, ni memoria organizadora o autónoma central, definido únicamente por una circulación de estados (...) En un rizoma no hay puntos o posiciones, como ocurre con una estructura, un árbol, una raíz". Es clara la vinculación de la figura del rizoma con la del laberinto.
"Wakefield sifts his ideas, however, as minutely as he may, and finds himself curious to know the progress of matters at home -how his exemplary wife will endure her widowhood, of a week; and, briefly, how the little sphere of creatures and circumstances, in wich he was a central object, will be affected by his removal".
No deja de ser un dato importante que a Wakefield la mujer se lo imagina muerto, en un cajón con la sonrisa helada en la cara, o en el paraíso, en la gloria, sonriendo con astucia y tranquilidad.
La ‘monstruosidad’ en los relatos de Borges es recurrente. Por ejemplo en "El idioma analítico de John Wilkins" (publicado en Otras inquisiciones en 1960) el argentino escribe sobre "cierta enciclopedia china" que plantea que "los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas". En el texto nuevamente se libera la alteridad y, como plantea Michel Foucault, "la monstruosidad que Borges hace circular por su enumeración consiste (...) en que el espacio común del encuentro se halla él mismo en ruinas" (Foucault, 1986: 2).
"(...) leaving him to siddle along the foot-walk, cast your eyes in the opposite direction, where a portly female, considerably in the wane of life, with a prayer-book in her hand, is proceeding to yonder church. She has the placidmien of settled widowhood. Her regrets have either died away, or have become so essential to her heart, that they would poorly exchanged for joy. Just as the lean man and well-conditioned woman are passing, a slight obstruction occurs, and brings these two figures directly in contact. Their hands touch; the pressure of the crowd forces her bossom against his shoulder; they stand face to face, staring into each other's eyes. (...) his feeble mind acquires a brief energy from their strength; all the miserable strangeness of his life is revealed to him at glance (...)".
Para ampliar el estudio foucaultiano ver, entre otras obras, La arqueología del saber (siglo XXI: 1996), donde examina los problemas de método que plantea tal arqueología, que había iniciado en las obras precedentes: La historia de la locura, El nacimiento de la clínica y Las palabras y las cosas y la posterior Historia de la sexualidad (en tres partes: La voluntad de saber, el uso de los placeres y la inquietud de si). Asimismo ver El orden del discurso (lección inaugural del Collège de France, cuando se hizo cargo de la cátedra de historia de los sistemas de pensamiento al suceder a Jean Hyppolite).
Discrepamos con Bourdieu cuando afirma que Michel Foucault "se niega a buscar fuera del orden del discurso el principio de la elucidación de cada uno de los discursos que se insertan en él", porque precisamente Michel Foucault extiende la noción de ‘discurso’ más allá de los límites del texto, del libro y de la obra, sin embargo Bourdieu lo quiere llevar al terreno de las "unidades" que se "imponen de manera más inmediata". Bourdieu confunde en Foucault la noción de discurso con la de texto. Es cierto que Foucault en sus primeros planteos arqueológicos limita la noción de discurso, pero posteriormente (en El orden del discurso se puede observar con claridad) la extiende, considerando además, las relaciones entre el saber y el origen del poder, incluyendo, por ejemplo, los procedimientos de exclusión ("lo prohibido (...) la separación y el rechazo (...) y la voluntad de verdad") y las vinculaciones entre los discursos manifiestos y los ocultos.
"The figure of that first ancestor still haunts me. He was a soldier, legislator, judge, he was a ruler in that church; he had all the Puritanic traits, both good and evil. He was likewise a bitter prosecutor, as witness the Quakers, who have remembered him in their stories (...) His son too, inhereting the persecuting spirit, and made himself so conpìscous in the martyrdom of the witches, that their blood may fairly be said to have left a stain upon him...".
"I was thrown into a position so little akin to my past habits, and set myself seriously to gather whatever profit was at hand. After my fellowship of toild and impracticable schemes with the dreamy brethren at Brook Farm; (...) after talking with Thoreau about pine-trees and Indian relics (...) I could mingle at once with men of altogether different qualities, and never murmure at the change".
Emir Rodríguez Monegal sobre este comentario escribe: "Contiene algunas tantalizadoras insinuaciones sobre su descubrimiento práctico del sexo en Ginebra, en una habitación y en una calle que la memoria ha enmascarado. Estas alusiones, así como el rápido catálogo de libros eróticos que esconde de sus padres el adolescente ginebrino, ayudan a reconstruir un momento decisivo de la vida de Borges" (Rodríguez Monegal ed., 1981: 474).
La conjetura es cuando se afirma algo sin tener suficiente fundamento objetivo. Por esta figura Borges padeció cierta atracción. A la conjetura Pierce la llamó "abducción": "abduction is, after all, nothing but guessing" (después de todo la abducción no consiste más que en adivinar).
"We know, each for himself, that none of us would perpretate such a folly, yet feel as if some other might to my own contlempations, at least it has often recurred, always exciting wonder, but with a sense that the story must be true, and a conception of his hero's character".
"He was intellectual, but not actively so; his mind occupied itself in long and lazy musings, that tended to no purpose (...) and forth goes the middle-aged Mr. Wakefield, almost resolved to perplex his good lady by a whole week's absence".
"After the door was closed behind him, she perceives it thrust partly open, and a vision of her husband's face, through the aperture, smiling on her (...) In her many musings, she surrounds the original smile with a multitude of fantasies, which make is strange and awful; as, for instance, if she imagines him in a coffin, that parting look is frozen on his pale features; or, if she dreams of him in Heaven, still his blessed spirit wears a quiet and crafty smile".
Borges en Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto y en El Aleph considera a Londres como un laberinto.
"melt into the great mass of London life. It would be vain to search for him there. (...) Doubtless, a dozen busy-bodies had been watching him, and told his wife the whole affair. Poor Wakefield! Little knowest thou thine own insignificance in this great world! No mortal eye but mine has traced thee (...)".
"Wakefield sifts his ideas, however, as minutely as he may, and finds himself curious to know the progress of matters at home -how his exemplary wife will endure her widowhood, of a week; and, briefly, how the little sphere of creatures and circumstances, in which he was a central object, will be affected by his removal".
" (...) towards night-fall, comes the chariot of a physician and deposits its big-vigged and solen burthen at Wakefield's door, whence, after a quarter of an hour's visit, he emerges, perchance the herald of a funeral. Dear woman! Will she die? (...) she must not be disturbed at such a juncture. (...) the dead have nearly as much chance of re-visiting their earthly homes, as the self-banished Wakefield".
"Now for a scene! Amid the throng of a London street, we distinguish a man, now waxing elderly, with few characteristics to attract careless observers (...) A portly female, considerably in the wane of life, with a prayer book in her hand, is proceeding to yonder church. She has the placid mien of settled widowhood. (...) They stand, face to face, staring into other's eyes. After ten years' separation, thus Wakefield meets his wife! (...) the sober widow, resuming her former pace, proceeds to church".
"He ascends the steps (...) As he passes in, we have a parting glimpse of his visage, and recognize the crafty smile, which was the precursor of the little joke, that he has ever since been playing off at his wife's expense. (...) Well; a good night's rest to Wakefield!".
"Amid the seeming confusion of our mysterious world, individuals are so nicely adjusted to a system, and systems to one another, and to a whole, that, by stepping aside for a moment, a man exposes himself to a fearful risk of losing his place forever. Like Wakefield, he may become, as it were, the Outcast of the Universe".
"I have secluded myself from society; and yet I never meant any such thing, nor dreamed what sort of life I was going to leave. I have made a captive of myself and put me into a dungeon, and now I cannot find the key to let myself out -and if the door were open, I should be almost afraid to come out".
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