La coordinación en inciso y su puntuación - LA PUNTUACIÓN DE LAS COORDINACIONES EN INCISO
4 - LA PUNTUACIÓN DE LAS COORDINACIONES EN INCISO
Una vez que hemos identificado y caracterizado el objeto de puntuación, debemos responder a la pregunta de cómo puntuarlo y porqué hacerlo de una forma u otra.
Como a cualquier inciso, a las coordinaciones en inciso corresponde puntuarlas con los signos de la “escala de los incisos”: comas / rayas / paréntesis. Una primera y elemental valoración de estos signos podría ser la siguiente: la coma puede considerarse como signo, a veces, demasiado débil; la raya, como el más eficaz y enfatizador; y el paréntesis, como demasiado fuerte, excesivamente aislante, incluso un poco antipático, para algunos.
Pero también se pueden emplear los signos de la escala de la sucesión o enumeración: coma / punto y coma / punto (seguido o aparte). Sin embargo, con estos signos no queda tan claro que las coordinaciones sigan conservando su condición de incisos (aunque su contenido sea apropiado), y puede surgir la duda de si no estaremos ante una coordinación normal y corriente. Una prueba para deshacer tal duda podría ser puntuarlos con paréntesis o rayas.
Por otra parte, los signos de esta escala (olvidándonos de la coma) podrían valorarse así: el punto y coma, como un tanto arcaico; y el punto, como enfatizador fuerte (el punto pertenece también a la escala enfatizadora) y de carácter mucho más moderno.
Los signos de ambas escalas se utilizan teniendo en cuenta tres factores o motivos: las características del segmento (formales o de contenido, ya estudiadas), del contexto y el estilo. Sin embargo, estos tres factores no siempre están tan claros ni se respetan tajantemente, o al menos cabe la posibilidad de aplicarlos de diferente modo o con criterios distintos.
Comentar y justificar cada uno de los ejemplo que vamos a reproducir en este largo apartado sería, además de tedioso, no siempre fácil. Por ello, y para que, en cierto modo, sirvan de modelo y punto de referencia, vamos a poner ahora unos casos concretos de cada uno de los motivos de puntuación, y luego (en el resto del artículo) nos limitaremos a reproducir un conjunto de ejemplos clasificados según el tipo de conjunción y de signo de puntuación.
A) Motivo de puntuación: las características formales del inciso. Por ejemplo, un inciso muy extenso, o que en su interior tiene ya comas (por enumeración, otro inciso, etc.), no conviene puntuarlo, externamente, con comas, pues su control y demarcación resultará más difícil, y menos cómoda su lectura. Unos ejemplos:
En 1945 es el padre Azkue —presidente de la Academia de la Lengua Vasca— el que retoma la labor para la unificación del eusquera, abandonada más bien por indiferencia —y por las dificultades propiamente técnicas, lingüísticas, del proyecto de unificación— que por otra causa (Lodares 2002: 157).
Pues bien, Dickson nos hace ver cómo en esa región de Arabia —y, en cierta manera, en toda Arabia— el adulterio es desconocido (Ortega 1971: 148).
Otra bellísima costumbre de quienes luchan contra el crimen en aquel país —y, en esto, nada se diferencian de otros grupos sociales, incluidos los criminales— es la de solemnizar cualquier evento feliz reuniéndose de esmoquin y esposas de traje largo en actos sociales ad hoc (L. Carreter 2004: 99).
La solución […] satisfará, tal vez, a quienes tienen que vivir en tal contrariedad, y sería aceptable si no hiere el sentimiento lingüístico castellano (y catalán, portugués, italiano, francés, etc.), donde se diferencian muy bien cosas tan distintas como son el género y el sexo (L. Carreter 2004: 139).
Vemos, pues, que el historicismo es esencial —o, al menos, hasta hace poco, así se había pensado unánimemente— al sistema de Marx (Aranguren 1968: 110).
No nos parece, pues, muy adecuado puntuar simplemente con comas, el ejemplo siguiente, donde hay una coordinación en inciso seguida de otra. No lo destacaremos con la negrita habitual, para que se perciba de forma natural su dificultad de demarcación y control:
Y desde entonces, y aun antes, y sobre todo después del grosero homenaje del 13 de Septiembre de este año en que se puso en evidencia la vanidad y el fracaso de ese rebañego baturrillo de la llamada Unión Patriótica, se nos ha querido hacer creer en una distancia entre Don Alfonso y Primo de Rivera y se ha acentuado la artificiosa leyenda de que aquél, prisionero de éste, busca libertarse (Unamuno 1997: 531-532).
Y ahora lo puntuamos con raya (y sin negrita, por justicia con el caso anterior):
Y desde entonces —y aun antes, y sobre todo después del grosero homenaje del 13 de Septiembre de este año en que se puso en evidencia la vanidad y el fracaso de ese rebañego baturrillo de la llamada Unión Patriótica—, se nos ha querido hacer creer en una distancia entre Don Alfonso y Primo de Rivera y se ha acentuado la artificiosa leyenda de que aquél, prisionero de éste, busca libertarse.
B) Motivo de puntuación: el contenido del inciso. No consideramos adecuado puntuar con simple coma (que crea poca distancia), los casos en que se juega con la semejanza fónica entre el inciso y un elemento externo (tampoco ahora utilizaremos negrita, para que se pueda comprobar mejor lo que decimos):
Durante el caos de 1918-1920, periodo en que el gobierno de Kiev cambió de manos trece veces, los bolcheviques se entrometieron, o reentrometieron, en campañas anuales (Amis 2004: 149).
Puntuamos ahora con raya, aunque sin negrita:
Durante el caos de 1918-1920, periodo en que el gobierno de Kiev cambió de manos trece veces, los bolcheviques se entrometieron —o reentrometieron—, en campañas anuales.
Otro ejemplo:
De ser escritor rigurosamente profesional (eso es: uno que viviera exclusivamente de su producción literaria), ¿podría Monterroso producir tan morosa, y amorosamente, los textos que hoy produce tan avaramente? (Monterroso 1990: 92).
¿Podría Monterroso producir tan morosa —y amorosamente—, los textos que hoy produce tan avaramente?
C) Motivo de puntuación: el contexto. Por ejemplo, en un contexto morfosintáctico donde hay enumeraciones, hay que procurar que no se produzca la mezcla o confusión de los elementos de la enumeración en inciso (que irán entre rayas o paréntesis) y los de la enumeración normal externa (puntuada con comas). Pueden servir los ejemplos de contenido residual que se añaden a una enumeración completa (punto 3.1), o el caso especial en que el segundo miembro de una enumeración y el del inciso tienen iguales elementos en su inicio (y que...):
Pero también cabe la posibilidad de que todo esto fuese un truco, que Yakovlev no muriese —y que la mujer que vino a vernos no fuese su madre— y que todos estos acontecimientos estuviesen pensados única y exclusivamente para acobardarme (Sajarov 1991: 610).
Otro caso, en que coinciden al inicio complementos circunstanciales de tiempo (“con frecuencia” y “algunas veces”), lo que puede llevar a confundir los elementos en inciso y los normales, si no se usaran paréntesis:
Un conocido médico, el doctor Vagralik, me visitaba dos o tres veces al día, acompañado de su ayudante, del doctor Rulev, que era el encargado de atenderme (y que con frecuencia venía solo), y algunas veces de un cuarto doctor, que me dijeron que era neurólogo, pero yo más bien creo que fuese psiquiatra (Sajarov 1991: 784).
D) El motivo estilístico (la voluntad, más o menos arbitraria o difícil de justificar, de cada redactor) resulta mucho más arriesgado de interpretar. Así, el carácter erudito de un inciso (característica de contenido) podría determinar usar paréntesis; sin embargo, podría imponerse el gusto personal del redactor, a quien pueden resultarle los paréntesis antipáticos (o puede tener en cuenta otro factor que no adivinamos). Así, el ejemplo siguiente, puntuado con rayas:
Si se hace un balance de lo expuesto hasta aquí se advertirá que hay un antes y un después de Carlos III en nuestra historia lingüística —o de 1767, si se quiere utilizar convencionalmente la fecha de la expulsión de los jesuitas, o de 1765 si se cuenta desde los ensayos de liberalización comercial— (Lodares 2002: 91).
Sin embargo, tampoco hubiera sido descabellado usar paréntesis:
Si se hace un balance de lo expuesto hasta aquí se advertirá que hay un antes y un después de Carlos III en nuestra historia lingüística (o de 1767, si se quiere utilizar convencionalmente la fecha de la expulsión de los jesuitas, o de 1765 si se cuenta desde los ensayos de liberalización comercial).
Y es que suelen considerase las rayas como un recurso más adecuado para lo personal o subjetivo, que para lo impersonal u objetivo. Y ahora, el caso contrario. Francisco Rico se lamenta, y con razón, de los problemas que causa la normativa de puntuación española no solo para los textos actuales, sino también para una edición de El Quijote, por ejemplo, lo que hace que se empleen soluciones diferentes y variables en cada caso; y concluye:
Obrando de tal modo, hemos intentado conciliar la fidelidad al autor y la facilidad del lector, a sabiendas de que uno y otro obedecen (y desobedecen) a códigos diversos (Rico 2004: 695).
Consideramos el paréntesis demasiado frío para esta frase cargada de intención y de complicidad con el lector:
... hemos intentado conciliar la fidelidad al autor y la facilidad del lector, a sabiendas de que uno y otro obedecen —y desobedecen— a códigos diversos.
Y, con esto, damos por terminada esta introducción. A continuación vamos a poner, simplemente, un repertorio de ejemplos de puntuación, clasificados según los tipos de conjunción y de signo (de la escala de incisos o de la enumeración).
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