



La coordinación en inciso, en oposición a la normal (o del mismo nivel), puede estar motivada por diferencias de contenido entre los elementos coordinados. Permítasenos emplear el socorrido refrán: No se pueden sumar peras y manzanas; refrán que advierte sobre el problema que supone las diferencias entre los sumandos (aquí, oraciones o partes de oración), diferencias que determinarán cierta distancia o desnivel: no una coordinación normal, sino en inciso.
Por tanto, nos encontramos con una oposición de contenidos entre el primer elemento (el de la oración receptora) y el del inciso. Esta oposición podría ser por ejemplo: contenido residual frente a contenido principal; contenido negativo frente a contenido positivo; subjetivo frente a objetivo; etc.
No pretendemos estudiar este aspecto de forma exhaustiva, sino que vamos a limitarnos a los casos que nos han parecido más significativos. Son un total de once: contenido residual, no banal, opuesto, cuestionado, reconsiderado, de semejanza fónica, subjetivo, metalingüísticos, enfatizado y de modalidad, tiempo y aspecto diferentes.
3.1. Contenido residual. Se trata de un material que se añade al cúmulo de informaciones, no como un elemento más, sino como secundario o de segundo orden:
Fernanda ha aprendido a nadar, Clío ha aprendido a hablar y yo he aprendido a pronunciar una versatilísima frase en español: Lo siento mucho, no puedo ayudarle (ah, y la igualmente socorrida Yo no sé nada) (Amis 2004: 260).
Nicolás II fue fusilado en secreto en un sótano de provincias con su familia inmediata (y cuatro miembros de su séquito) (Amis 2004: 63).
Este carácter residual se nota especialmente, si le antecede una enumeración completa (aquella cuyos dos últimos elementos van coordinados), o está incrustada en ella, como sucede en los siguientes casos:
En las altas esferas del Perú, de Colombia, de Venezuela y de México —y también de Argentina—, Miguel Boyer fue por mucho tiempo el hombre del milagro económico español (Armas 1996: 85).
El nivel cultural de los presos era asombrosamente elevado, había académicos y científicos (y novelistas) paseando en las celdas (Amis 2004: 273).
¿Cómo las interpretaron en Londres, París y Washington, y en Berlín, conforme se acercaba la guerra? (Amis 2004:188).
Unos días después de iniciarse la Operación Barbarroja (nombre en clave original, y más brutal: Operación Fritz) opiniones informadas sostenían en Londres y Washington —y en Moscú— que la guerra estaba ya perdida (Amis 2004: 210).
La “Vida de Chernichevski”, que abarca unas cien páginas de La dádiva, es seria (y cómica) y erudita, y se basa en abundantes lecturas (Amis 2004: 53).
Para explicar esta humillación se suelen aducir ciertos condicionantes históricos, que son: la herida generacional de la Primera Guerra Mundial (una guerra triunfalmente calificada de “imperialista” y por lo tanto de capitalista), la depresión económica de 1929-1934, el ascenso del fascismo y luego del nazismo (y su confluencia en la guerra civil española) y, más tarde, el peso moral de las bajas rusas en la Segunda Guerra Mundial (Amis 2004: 48).
También en este apartados podrían incluirse ciertos contenidos eruditos. Algunos ejemplos:
Esa madre generosa que le llevaba a uno de la mano, desde Lisboa a Jerusalén (o desde Odisipo a Hierosolyma, si prefieren), entendiéndose con casi todo el mundo que le saliera al paso (Lodares 2000: 259).
Gracias a eso también, y como contrapartida, simultáneamente encontrábamos la mejor manera de vengarnos de esas palabras, jugando siempre con ellas, construyendo palíndromos (o palindromas, como los llamábamos), retruécanos o epigramas, a la vez que soportábamos o disimulábamos nuestras angustias existenciales y nuestras tristezas entre bromas constantes y fiestas con mucho vino (Monterroso 2003: 38).
3.2. Añaden o suman un contenido no banal. Por ello, conviene reconsiderar el tópico de que, por tratarse de un inciso, se puede suprimir y no pasa nada en la oración. Ciertamente, en la estructura de la oración, no; pero en el contenido, sí, pues lo empobrecemos o mutilamos, más unas veces que otras. (Problema diferente es la conveniencia de incluir, en un inciso, una determinada información). Algunos ejemplos:
No menos preciso fue mi anuncio de las profundas —y entonces increíbles— mutaciones políticas que iban a venir (Ortega y Gasset 1965: 79).
Porque yo era testigo excepcional de casos y cosas que por respeto al prójimo —y a mí mismo— debía silenciar (Dicenta 1996: 33).
Los primeros —y torpes— esfuerzos del antropólogo por hablar la lengua de sus anfitriones también suelen provocar mucha risa (Bremmer 1997: 236).
Al final de su carrera —y de su vida—, ambos extremaron la vuelta a los orígenes, a la subversión contra la sociedad burguesa establecida (Platón 1998: 143).
El barullo en Europa —y en todas partes— es indescriptible (Pla 1999: 550).
Tan sombría o más —y, desde luego, mucho menos irónica— es la visión del pueblo de la gran ciudad y de la sociedad de la capital provinciana (Laín Entralgo 1997: 208).
Quizás el origen de la curiosidad que he sentido por la Química y la Medicina —y por la ciencia positiva, en general— proviene del respeto que siempre he tenido por el materialismo experimental (Pla 1999: 365).
Joan B. Coromina se ha considerado obligado a hablar, con displicencia —y en nombre de la religión—[,] de las beatas de la villa (Pla 1999: 427).
3.3. De contenido opuesto. Incisos que niegan algún elemento de la oración en que se insertan (antónimos, polaridad negativa frente a la positiva, etc.). Por ejemplo:
Y también es probable que alguien advierta que los éxitos (o los fracasos) deportivos de un país están en relación directa con el mimo (o la desidia) con que este país trata la educación física escolar (Trilla 2002: 173).
Por desgracia —o por ventura— eso no acontece (Ortega y Gasset 1965: 29).
Y así, viendo lo que es el recreo, vemos lo que no es la clase (o viceversa) (Trilla 2002: 46).
Otro criterio de distribución de los lugares podría ser el sexo, si las escuelas eran mixtas (aunque no coeducativas): las niñas delante y los niños detrás (o al revés) (Trilla 2002: 65).
Y esto nos lleva a enfrentarnos con la otra cuestión antes planteada, la del carácter imprescindible, necesario —o, por el contrario, prescindible o innecesario— del contorno definicional (Porto Dapena 2002: 316).
Será casualidad —o no—, pero a los cuatro días aparecía en estas mismas páginas un artículo sobre el estudio de un sociólogo catalán [...] (Castrillo Salvador 2004: 4).
3.4. Incisos que cuestionan o matizan, en cierto modo, algún contenido de la oración receptora, sin ser tan rotundos como el tipo anterior. Ejemplos:
Algún autor ha hablado también de la “escuela-cuartel” como una forma metafórica (o no tan metafórica) de describir el funcionamiento de algunas instituciones educativas (Trilla 2002: 160).
El manual escolar es como el depositario de la verdad que debe ser transmitida; por eso no es extraño que los libros sagrados fueran antiguamente —y no tan antiguamente— los libros educativos y escolares por excelencia (Trilla 2002: 51).
¿Cuándo comienza ese pequeño —o no tan pequeño— drama en España? (L. Carreter 2004: 15).
Lo único bueno de ese recorrido […] es su desenlace, esa noche de escrutinio durante la cual sobreviene un derrame de felicidad en todos los partidos (o casi) (L. Carreter 2004: 74).
Al poco tiempo Sergei Vavilov llegó a (o tal vez ya lo era) presidente de la Academia de Ciencias [...] (Sajarov 1991: 122).
Todos creíamos (o por lo menos esperábamos) que el mundo de la posguerra sería decente y humano (Sajarov 1991: 75).
Hoy en día sólo el ciego o el sordo no saben (o fingen no saber) (Sajarov 1991: 73).
[...] La película de “romanos” que, con la habitual sensibilidad waltdisneyana, se complace en destacar las crueles costumbres imperiales en Roma, como si esa crueldad no fuese, ni más ni menos —y más bien menos que más—[,] la propia de la época (Goytisolo 2002: 154).
3.5. Retoma (y repite en forma más o menos completa) un elemento antecedente para añadir nueva información o matizarla. Algunos ejemplos, donde el elemento retomado lo ponemos en cursiva:
Entonces, y sólo entonces, Madrid nos habrá revelado su secreto (Laín Entralgo 1997: 166).
La finalidad de la educación no puede ser (o no puede ser sólo ni principalmente) el dar trabajo a los profesores (Trilla 2002: 187).
Ya [los alumnos] no se aburren en la escuela (o no se aburren tanto como antes): lo cierto es que ahora algunos se aburren cuando no pueden ir a la escuela (Trilla 2002: 200).
Bien podría aplicarse aquello de: “dime qué libros de texto utilizas —y si los utilizas o no— y te diré qué pedagogía es la que gastas” (Trilla 2002: 53).
Mi característica profunda es la debilidad —y la debilidad es peligrosa porque puede contener muchos gérmenes de injusticia— (Pla 1999: 89).
Ya que tenía que haber acción —y tenía que haberla porque la presiente allí, al borde de la piscina del hotel Delhi, al percibir, muy cerca, el movimiento del mundo—, es la acción lo que la envuelve a ella (Puértolas 1993: 272).
Nada de eso es de sentido común, porque además no es posible llevarlo a cabo (y si se pudiera, sería un despilfarro de tiempo) (Trilla 2002: 89).
Un caso típico puede ser el inciso que comienza con “y esto...” o similares (tanto con valor anafórico como catafórico, y quizás con ambos). Por ejemplo:
Es uno de aquellos hombres que no puedo imaginar más que en plena salud —y esto independientemente de las circunstancias, favorables o adversas, de la vida— (Pla 1999: 109).
Queda por decir —y con esto reanudo un cabo entonces suelto— que no fue siempre esta la actitud intelectual y estimativa de Unamuno (Laín Entralgo 1997: 450).
Pero otras veces, y en esto consiste su más alta gloria, llegó [Manuel Machado] a ser poeta para todo pueblo y todo tiempo (Laín Entralgo 1997: 514).
Los escritores del 98 —y este es otro rasgo esencial de la escuela— van a ese gran poeta [Gonzalo de Berceo], como van a otros autores de la Edad Media, como reacción lógica ante la ampulosidad en la literatura (Laín Entralgo 1997: 440).
3.6. Contenido que, por su semejanza (fónica u ortográfica), conviene incluir en inciso para crear un conveniente distanciamiento:
No olvidemos que las reglas gramaticales describen —y presciben— el lenguaje escrito, no necesariamente la lengua hablada, cuyo conocimiento gramatical deja aún mucho que desear (Cantero y Arriba 1997: 166).
¿Cómo esa situación histórica, compartida por todos los miembros de la generación [del 98], pudo determinar —o codeterminar, cuando menos— esa común disociación entre la historia y la intrahistoria, y el común menosprecio de lo que suele designarse con el nombre de la primera? (Laín Entralgo 1997: 333).
[…] Si toda la población española conoce el español ¿en qué idioma —o Idioma— van a funcionar mejor y con más frecuencia notarios y registradores? (Lodares 2000: 237).
3.7. Un cambio del plano objetivo al subjetivo, o una referencia al sujeto emisor. Algunos ejemplos:
No sería difícil dibujar la fisonomía de esa existencia que ha coincidido con el período llamado —y a mi juicio mal llamado— de la posguerra (Ortega y Gasset 1965: 74).
El mejor remedio para estas angustias ante la competencia lingüística —y reconozco que esta es una opinión muy particular— es dejar que cada cual obre por su cuenta según sus intereses (Lodares 2000: 83-84).
Pero este criterio así tomado —y debo confesar que no lo toman así, tan toscamente, los sumos [representantes] de la escuela— es de una estrechez inaceptable (Unamuno 1964: 18).
Este es un sermón que hay que predicarlo a diario —y por mí no quedará— en aquellos países, entre aquellas gentes donde florece la sobreestimación a la ingeniería con desdén de otras actividades (Unamuno 1964: 20).
Puede tratarse de un gesto irónico o jocoso, dentro de un contenido serio:
Este es el malvado busilis de la palabra, que se esconde a la agudeza de quienes tratan de esas cosas; el concejal, el alcalde, el diputado y demás agraciados —o desgraciados— por los votos dejan de ser electos en cuanto toman posesión, esto es, apenas entran en nómina (L. Carreter 2004: 190-191).
La carta de Breznev había desaparecido, al igual que los originales que representaban cinco meses de trabajo de estas Memorias. Este fue el primero de muchos robos (o “confiscaciones”, llámelos como quiera) de este sisífico trabajo mío (Sajarov 1991: 671).
Quiero decir (y digo) que la clase de Derecho Penal de la Universidad meseteña se asemejaba a tantas ciudades de la Meseta: una alta catedral gótica rodeada por humilde caserío (Prieto1980: 250).
Es el médico de casa —y , por lo tanto, es un gran médico— (Pla 1999: 114).
[...] El Partido Comunista acaba de aprobar, triunfalmente, en su último congreso, la marcha indetenible del país hacia el mercado y el capitalismo bajo la dirección esclarecida —¡y única!— del marxismo-leninismo-maoísmo (V. Llosa 1994: 157).
Todos los arquitectos, antes o después, construyen un mausoleo. Y todos los arquitectos (o sea, los mismos), entes o después creen que han hecho la pirámide de Keops (Rigalt 2004: 72).
El hecho de no puntuarla puede dificultar la percepción de una ironía o guiño del autor. Tal es, en nuestra opinión, el siguiente caso:
Carmelo era católico, sentimental y poco inteligente o trabajador, pues eso de la inteligencia es muy complicado (Prieto 1980: 15).
Carmelo era católico, sentimental y poco inteligente —o trabajador, pues eso de la inteligencia es muy complicado—.
3.8. De contenido metalingüístico, con reflexiones sobre lo dicho o lo que se dirá (frecuentemente con verbo dicendi). Ejemplos:
Yo —y lo confieso no con pesar, sino con nostalgia— era, por aquel entonces, un odioso niñato que cantaba las cuarenta al lucero del alba (Dicenta 1996: 33).
Nunca me ha acabado de convencer la interpretación vulgar —y digo que hay interpretación vulgar porque hay otras—[,] la interpretación vulgar de lo que se llama materialismo histórico de Carlos Marx (Unamuno 1997: 485)
Las huelgas más nobles —y luego tendré ocasión de hablar de esto— han sido las huelgas que se han hecho por un sentimiento de justicia, por un sentimiento de dignidad, porque no sea uno atropellado en su personalidad (Unamuno 1997: 486).
Había aquellas huelgas, todos recordaréis, que se decían puramente económicas; pero ha habido una que ha sido una huelga —y lo repito constantemente— de la cual todavía se está viviendo en España, que fue la huelga del 17 (Unamuno 1997: 493).
Después de refrendarse la Constitución (¿o se debiera decir referendarse?), Juan volvió a Madrid para entrevistarse con el ministro de su ramo (Prieto 1980: 129).
¿Sienten la Historia —quiero decir: interés y gusto por el pasado— los escritores del 98? (Laín Entralgo 1997: 289).
En el primer caso, el escritor se evade de la Historia —o, mejor dicho, de lo que suele llamarse Historia— hacia la cotidianidad; en el segundo, salta desde la Historia hacia la intimidad personal (Laín Entralgo 1997: 312).
Para festejar la cosa, se citó medio Madrid (y cuando digo medio Madrid en realidad estoy diciendo el Madrid entero: tela de gente) en el mausoleo que diseñó Bofill para cabreo de muchos madrileños (Rigalt 2004: 72).
Todos, decenios más tarde, acabarán siendo —o llegarán a ser, no sé cómo decirlo— literatos y soñadores (Laín Entralgo 1997: 136).
El 13 de noviembre, citaron a Lusia para un interrogatorio en Lefortovo, donde la KGB tenía su departamento de investigación y prisión (o “centro de aislamiento”, en terminología oficial) (Sajarov 1991: 547).
3.9. Un elemento enfatizado. La enfatización puede conseguirse a través de elementos morfosintácticos, retóricos (reiteración) ortográficos (uso de signos de exclamación, por ejemplo), etc.
3.9.1. Con ciertos signos de puntuación (entonación):
Pero la República —¡y qué República!— se estableció en Rusia (Unamuno 1997: 330).
Ha habido notorias excepciones (¡y tan notorias!) (Trilla 2002: 72).
Lo mismo que conocía sus procedimientos de vida [...], conocía también —¡y qué bien!—la pureza de su alma, la blancura de su fervor y el mérito precioso, auténtico, de su tesoro lírico (Dicenta 1996: 24).
3.9.2. Con la adición de ciertos operadores o elementos ponderativos (los señalamos con cursiva). Por ejemplo:
Como su lengua la aprendían los demás, los españoles que salían por el mundo —y sobre todo si eran castellanos de pura cepa— apenas tenían ganas de aprender idiomas (Lodares 2001: 80).
Escritores populares —y en especial, novelistas— han existido siempre (Goytisolo 2002: 93).
Dicho de esta manera, la cuestión puede parecer —y lo que es peor, termina siendo— puramente retórica, mera sucesión de palabras huecas (Goytisolo 2002: 169).
3.9.3. Sin embargo, el mero hecho de producir una coordinación en inciso ya parece provocar, a veces, un efecto enfatizador. Por ejemplo:
Yo recuerdo (y vivamente) lo contrario (Amis 2004: 57).
El efecto enfatizador desaparece si descoordinamos y anulamos su carácter de inciso suprimiendo la puntuación:
Yo recuerdo vivamente lo contrario
Sin embargo, se enfatiza en diferente grado si lo consideramos inciso (aunque no sea coordinado) y lo aislamos con los signos de la escala de incisos:
Yo recuerdo, vivamente, lo contrario
Yo recuerdo (vivamente) lo contrario
Yo recuerdo —vivamente— lo contrario
No deja de resultar curioso que el inciso, que parece, en principio, un receptor de material de segundo plano (y, por tanto, de menor importancia), pueda acabar siendo una forma de enfatización. Énfasis acústico, por la variación de tono; y visual, porque lo destacan las rayas o los paréntesis.
3.10. Cambio de modalidad (de la certeza a la duda)
Decía ser —y es muy probable que lo fuera— propietario de un saloncillo en París, donde aseguraba que recientemente habían expuesto hombres de tanto relieve como Braque y Soutine (Kaverin 1972: 128)
Las voces de la gente parecen —o tal vez son— viciosas y ásperas (Sajarov 1991: 659).
Puede que el misterio sea innombrable y, si lo queremos mantener, si queremos seguir escribiendo sobre él (¿y sobre qué otra cosa podríamos escribir?), debemos callar ante su enunciado (Puértolas 1993: 38).
3.11. Cambio de tiempo o de aspecto verbales
Lo que tenía —y tengo— por vulgarismo cuenta, pues, con muy eminentes padrinos (L. Carreter 2004: 285).
Era —y es— el ideario absoluto del tradicionalismo, el refinamiento máximo (Lodares 2000: 19)
Erigieron un monumento a Zola e inmediatamente pintaron al pie —y siguen pintando— inscripciones injuriosas (Kaverin 1972: 214)
Es vedad que entre la institución escolar y la institución militar han existido —y quizás sigan existiendo— ciertas correspondencias (Trilla 2002: 160).
Europa éramos nosotros y no los demás pueblos; o por lo menos lo éramos tanto nosotros —y lo seguimos siendo— como las demás naciones (Laín Entralgo 1997: 447).
Polonia es ya —y continuará siéndolo durante mucho tiempo— la primera noticia de los informativos de los países libres (Platón 1998: 276).
Las características de una novela deben ser referidas a su autor, que le da —o debiera dar— un sello inconfundible (Goytisolo 2002: 131).
Llega Baroja hasta a dar una definición del patriotismo: es —o debe ser— “la verdad nacional, calentada por el deseo del bien y por la simpatía” (Laín Entralgo 1997: 188-189).
Allí, en el manuscrito que me aguardaba en mi habitación, estaba, o trataba de estar, la respuesta a la pregunta (Puértolas 1993: 36-37).
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