La corporeidad de América Latina - Nuestras historias
a. LO QUE EUGENIA “ESTUDIÓ” EN SU ESCUELA DE VIGO (Pontevedra, España entre 1960-1975, época Franquista) (lo que ha quedado en mi memoria).
Hace ya mucho tiempo de mis primeras letras, mis primeros libros, mis primeros profesores. Viví en el seno de una familia y un país contradictorio, entre lo que se era, lo que se quería ser y lo que te dejaban ser. Una España destruida, arruinada, en paños menores, aislada, rota, descreída, sin ningún tejido social, llena de tradiciones que no dejaban respirar, comprimida dentro de sus fronteras en dónde todo estaba prohibido o era pecado. Esta era la España de mi niñez, adolescencia y primera juventud.
¿Qué recuerdo de historia de “Sur América” (nadie hablada de “latino-américa”) de aquélla época? Dejo que las palabras acudan a mi memoria. Así hablan:
1492, los Reyes Católicos, la Reina Isabel (la que manda) y su esposo Fernando (el que dirige) el reinado de Castilla y León y el poder de adquisición de otros reinados, la Edad Media, los castillos, los hidalgos, las guerras santas, la Inquisición, la iglesia católica, los jesuitas, los esclavos, la construcción de catedrales (del románico al gótico), el arte auspiciado por los reyes, papado y curia eclesiástica (pintura, escultura, literatura).
Las imágenes de los libros de texto que han quedado en mi retina: grandes palacios con Isabel y Fernando vestidos de ricos ropajes, al lado de “pobres indios” semidesnudos y con la mirada baja. Las “hermosas carabelas” con un almirante que otea más allá de los mares y muchos remos saliendo de los fondos de las mismas. El “gran descubrimiento” de otra tierra. España descubre América y la coloniza (esto se estudia y asume como riqueza, como labor social, como fin en sí mismo). Se admira la riqueza, las frutas, el oro que portan los “indios”. Se “extraña” y avergüenza de hombres y mujeres desnudos. Nos enseñan a “no mirar”, se “visten” a los indios para no pervertirnos en la época escolar. Se nos inculca la idea de “salvajes”, de casi-no-humanos que Colón descubre.
En clase de religión católica (y práctica impuesta desde la familia), se nos obliga a no-pensar, a no-preguntar, a confesar nuestros “pecados”, a vivir en pecado porque “todo era pecado”, a asumir que los “curas” fueron a América para “santificar” a los no-creyentes, a los incrédulos, a los salvajes.
Una frase del filósofo contemporáneo José Antonio Marina (2000: 76) resume muy bien nuestros estudios escolares: “Fernando el Católico, llamado por el Papa "atleta de Cristo" trato de evitar que extrajeran el oro de las minas de Santo Domingo (…) terminar con esta treta se convirtió en una larguísima tarea de tres siglos, en la que hubo que domeñar intereses, cambiar creencias, excitar la compasión, maniobrar políticamente. El ambiente nos intoxica a todos y nos hace colaboracionistas por dejadez”.
En suma, el mundo se circunscribe alrededor de España y sus colonias y el estudio de la historia-geografía universales, meramente descriptiva y memorística.... Y esta idea del mundo, del “nuevo mundo” se mantuvo hasta que comencé a viajar, a tomar contacto con otras culturas, otras formas de vida, otras realidades y “aprendí” in situ lo que los libros me habían negado: que el planeta es variopinto, que hay muchas maneras de vivir, que todos somos hijos de la misma tierra y pertenecemos a una única raza “la raza humana”, que las cosas no son tan sencillas como nos las han querido contar, que hay otras muchas historias que no están escritas o que se han empeñado en ocultar, que la historia estudiada es únicamente la historia escrita por los que ostentan el poder en el mundo. Un mundo que se ha construido a base de guerra, sangre, ultrajes y colonizaciones.
Hay tres hechos que sembraron un hito en mi despertar latino:
El primero, tuvo lugar, progresivamente a lo largo de cinco años, en el seno de la Universidad de Santiago de Compostela, en dónde se celebraba cada mes de julio el Master Internacional de Creatividad Aplicada Total y en el cual participaba como docente y coordinadora. En este encuentro venían estudiantes-profesionales de diversos países de América Latina. Ahí descubrí a esas personas y su diferente forma de enfocar la vida. Fue un verdadero choque cultural que me obligó a ver el mundo desde una perspectiva muy distinta a la que desde España (ya Europa) nos seguían imponiendo
El segundo, se produjo en uno de mis viajes a Brasil, con el “descubrimiento” de otras imágenes, otras cifras, otros textos que encontré en la Exposición Universal de São Paulo (Brasil) en la conmemoración de los 500 años… Las imágenes eran “desgarradoras”, nada tenían que ver con las “tranquilas” fotografías a las que nos habían acostumbrado. ¿De dónde salían ahora estas expresiones? Los números eran otro impacto. ¿Cómo era posible que se hubiera destruido tanto (vidas humanas y vida natural) en pro del famoso descubrimiento de un nuevo mundo?, ¿cómo era posible tanta sangre, tanta invasión, tanta exfoliación, tanta esclavitud, tanta muerte, tanto robo? Allí, caminando entre los pabellones y sus murales, me hice esta pregunta ¿qué hubiera sucedido si el “descubrimiento” hubiera sido al contrario?
El tercer hecho y ya paralelo a estos dos hechos anteriores, sucedía mi contacto directo con los pueblos latinos. El navegar por los impresionantes ríos de la amazonía, caminar entre sus frondosas e impenetrables selvas, el “chocarnos” de lleno con la más absoluta “pobreza” en medio de tal riqueza, las gentes viviendo sin agua, en el hemisferio del agua. El descubrimiento de las grandes culturas maya, inca y azteca me deslumbraron. Entonces “caí” de las nubes y tomé consciencia de lo que había sido “la colonización”, el “real descubrimiento de América” y me enrabié, todavía más. Me enrabié con mis antepasados que habían hecho tamaño desastre y con los actuales europeos que siguen viniendo a América Latina a imponer su ley. Y me incomodé, también, con los propios latinoamericanos actuales, por no “despertar” de la dormidera 500 años después.
Y... después de enrabiarme, comencé a querer estudiar, junto con otros, esa otra historia, para desde el diálogo, el compartir, el estudio tratar de comprender al otro como otro como yo y colaborar, ahora, en el despertar de las consciencias para que un día, construyamos el mundo que los seres humanos del planeta queremos, y no el que unos pocos quieren para su bienestar y enriquecimiento.
b. LO QUE LUIS GUILLERMO “ESTUDIÓ” EN SU ESCUELA DE MANIZALES (Colombia, entre 1980 y 1990)
¿Qué ha quedado en mi memoria acerca de la historia de nuestra bella Latinoamérica, qué arraigo, que desazón, que esperanzas, que posibilidades de cambio, que dice mi identidad, dónde estoy y cuál es el posicionamiento histórico que viví en esa década del colegio? Muchas preguntas para pocas respuestas, poco tiempo para responder, mucho tiempo para procesar, para seguir pensando, reflexionando; quizás aquí no lo cuente todo, pero al menos, lo que cuente sea mi ser al descubierto y no escondido entre las ramas de lo escrito que borran ese frondoso árbol que soy que florece y marchita para nuevamente volver a florecer en el ser y no ser.
Recuerdo de pequeño, creo que por el año 82, lo más significativo de mi recuerdo es la celebración del natalicio de Bolívar (1782), se estaban cumpliendo 200 años de haber venido a este mundo, con un fin específico, que creo que él no supo de pequeño y encarnó en el transcurso de su ciclo vital. Recuerdo que me dijeron quien era Bolívar, incluso regañaron a un compañero porque era un adefesio escribir bolívar con minúscula; él es el padre de la patria. Siempre vi a Bolívar en un cuadro de la escuela, ahí, de pie, imponente, como ejemplo para las futuras generaciones, sus botas a la rodilla y sus pantalones blancos y apretados con chaqueta adornada. Lo veía extraño y cercano a la vez. Mi historia no empezó con Colón ni con la Reina Isabel que lo envió a descubrir las indias, mi historia se encarna con alguien que nos libró del yugo español, del robo, del asesinato, de la vileza. No fue para mi el descubrimiento lo decisivo en mi historia, lo fue la rebelión, el soltarse, el salirse de un gobierno español llamado en ese entonces creo que virreinato.
Al lado del criollo Bolívar, estaban los indígenas todos ellos con su torso descubierto, sus calzones cortos que cubrían lo mínimo; ellos estaban encargados de la mita, del mercado de la caza la pesca; ahora que lo pienso, mi noción de indígena era de debilidad, de flaqueza, ataba en mi imaginario poca ropa con ignorancia, así también considera que si no iban a la escuela eran brutos; para mí no había otra forma de aprender; en mi niñez creía que no sabían de matemáticas, ni sabían leer, ni tenían libros, sólo intercambiaban cosas. Vida sencilla para mí, la mamá no les decía que estudiaran para que fueran alguien en la vida. En pocas palabras la noción que tenía era de pobrecitos.
También con Bolívar estaban los españoles, que nos dominaban, en mi tercero entendí eso del florero de Llorente, que fue la excusa para posteriores Batallas, recuerdo que interpreté la obra del florero y cómo se levantaba el pueblo en contra del gobierno español. En este momento me erizo, mis brazos y mi espalda se escaramucean cuando en mi niñez me imaginaba quien quería ser; les cuento que nada más ni nada menos que el gran hombre José Acevedo y Gómez, quien era comisionado para hablar con los españoles, salía a hablar con el pueblo, calmaba los ánimos y después seguía hablando con los españoles; es decir, era el intermediario entre unos y otros pero lo más importante era que tenía el respaldo del pueblo. Me imaginaba hablando en la tribuna, diciéndoles al pueblo que no perdieran este momento de efervescencia y calor.
Después, fue que me contaron lo del descubrimiento de América y la forma como Colón tocó tierra, era obvio que si la imagen que tenía de los indígenas era de unos pobres desarropados, que el conocimiento venía del otro lado, con ellos la escopeta y el caballo. Después que até cabos cuando la rebelión de Bolívar pero no lo tenia claro, me habían contado la historia por pedazos, fuera de lo incompleto que hasta el momento había sido.
Esas son las imágenes de mi primaria lo que siguió hasta quinto, fue lo mismo pero contado en diferente tiempo, la diferencia es que estaba un poco más grande pero todo igual.
En el colegio comprendí un poco más el pensamiento indígena, poco leí de historia y autores latinoamericanos, recuerdo que en sexto estudiábamos las teorías del hombre americano, por dónde fue que entró, en octavo historia universal muy enfocado en países extranjeros y según los profesores las cunas de la civilización como Grecia y Roma, así como también las famosas cruzadas, es decir de Europa se sabe poco; la historia muy de la mano a la geografía, nos mostraban las fronteras y contornos de cada país con sus respectivas capitales.
En noveno en historia del arte entendí muchas cosas, aprendí las diferentes manifestaciones artísticas y creativas del hombre en las cavernas primero fue historia del arte universal y después historia del arte americana, todas las manifestaciones de nuestros indígenas, los muros de Machu-Pichu, las líneas de nazca, la gran cultura inca, la cultura de México, la serpiente emplumada, y en fin una serie de culturas que por su grandeza quitaron en mí la imagen de indígenas pobrecitos.
Ahora leyendo a algunos autores latinoamericanos entiendo que somos otra cultura, la cultura no contada, la no descubierta, la cultura del mito del sueño y de la no razón.
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