La corporeidad de América Latina - Qué estamos aprendiendo

4 - Qué estamos aprendiendo

Monografía creado por Luis Guillermo Jaramillo y Eugenia Trigo. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/lgjyet.html
05 de Noviembre de 2006
Descubrimiento + Liberación = Orfandad

Descubrimiento y liberación: de un lado la riqueza, la unión de dos poderes para salvar la riqueza de un reino, el matrimonio por conveniencia, la civilización que descubre, que salva, que saca de la más ínfima pobreza a los que descubre, que los viste, los domestica, les dice qué hacer y cómo se debe hacer; se mira al otro en procesos de alteridad que giran como satélites en un solo mundo: el mundo de España. Es el estado que se une con la iglesia en la colonización del pensamiento salvaje; del pensamiento que sabe antropo-céntricamente, del pensamiento que selecciona la naturaleza por el olor, por el sabor de fruta que madura en su tiempo y no que se arranca en su proceso. Por el salvaje que respeta la tierra como cobija y como casa. Del otro lado: América Latina. Cuentan la historia de la rebelión del sabor a retaliación, del blanco con barba como avasallador, y al lado de él se encuentra el libertador; el Mesías criollo que nos saca de la opresión de un gobierno que ata y ataca: todos blancos por cierto. Un libertador que lucha al lado de otros (los comuneros) crecidos en medio del hambre y la miseria, pero con la sed y la estirpe de no ser colonizados y manejados por la ley española.

Nos cuentan la historia y a la vez se oculta la historia de parte y parte; por el lado de España no se cuenta el abuso, la violación y el maltrato; por el lado de América, no se cuenta la otra esclavitud, la de la ley europea que rige los derechos del hombre. ¿Qué Hombre? El hombre del caballo y la espada. No se cuenta que si nos independizamos, fue físicamente, lo que seguía esclavizado eran los imaginarios de hombre servil; esa independencia no se nos contó en la escuela.

Descubrimiento y rebelión se presentan a medias, no se completan en sus esencias; el descubrimiento se presenta como nación salvadora que se enriquece osadamente por ser aventureros sin saber a ciencia cierta lo que habían descubierto; la rebelión se presenta como posibilidad de autogobernarse, del manejo de la tierra, de la soberanía sobre la nación, pero con la incomprensibilidad de no saber organizarse, del rescate por lo perdido, del valor de pensar distintamente.

Descubrimiento y rebelión son en últimas, caras de una misma moneda, en tanto la imagen presentada en los dos hemisferios era la de un indígena poco pensante, analfabeto, no creativo, amante de la tierra y no codicioso. Un indígena no escolarizado, no educado, excelente para la servidumbre; un ignorante que aparentemente no sabía la cantidad de riqueza que tenía en medio.

Es la escuela la que nos cuenta y nos miente a la vez, nos muestra la verdad reducida a pedazos; es la escuela la que desde su currículo genera el que sepamos quién descubrió a América y quién la libertó; es la escuela que en imágenes caricaturescas, nos muestra al español adornado como pavo real y al indígena mirando al firmamento anhelando la razón occidental. Es la escuela que presenta a un Bolívar altivo deseoso de venganza jurando ante el Chimborazo en Venezuela libertar hoy los países bolivarianos.

Mas allá de la historia contada y no contada, prevalece la superioridad del blanco sobre el color y olor a tierra y mazorca; del anhelo de viajar a Europa porque aquí no se produce tanto como allá. Es la escuela la que no valora la riqueza, no sólo de nuestra tierra, sino la perspicacia, el ingenio y el candor de nuestra forma de pensar.

Es la historia no contada, la historia oculta de occidente que guía nuestras raíces somáticas; la forma de pensar míticamente, experiencia emocional que nos empuja a pensar en el otro desde nuestras vísceras (entrañablemente). Falta la historia que conoce la hibridación del mestizaje cultural de nuestro continente.

Hace falta contar la historia que muestra la cultura como ventanas abiertas que reciben y dan influencias, que enseña a los otros países de occidente cómo vivimos y cómo es que se aprende a vivir desde el querer ser; una cultura amalgamada con bríos y proyecciones inéditas. Es la cultura que le apuesta al derecho a la utopía, a la no-razón como complemento de la razón.

Falta la historia no descubierta de España a América, la cultura que viajó con las tres carabelas de regreso a España, lo que fue junto con la papa, el tabaco, el tomate y el maíz. Es la colonización a la inversa, el enriquecimiento ilícito de las ideas no reconocidas por los europeos, de los grandes manifiestos del pensamiento indígena; la ideas ricas en la forma de cuidarnos a nosotros mismos, de vivir comunitariamente. Cómo la misma religión cristiana tuvo que recibir como ejemplo la gran enseñanza de tratar al otro en amor como si fuésemos nosotros mismos. Aquí no se conocía el principio, pero sí era parte de nuestra realidad.

Falta contar la historia que no libera cuerpos, sino aquella que libera seres; la historia crítica de Freire, que nos impulsa desde su subjetividad a la más honda rebelión de la subjetividad; la historia que valora una pedagogía de la autonomía. Es la historia del contexto, de la ecología natural que preserva la vida en la cual se encuentra imbuida lo humano; es el pensar en contexto.

En últimas, es la historia asumida desde un presente; la historia que nos permite ir siendo con sentido, que nos impulsa al deseo, que invoca la fantasía y la realización; no puede ser la historia que nos permita ver el pasado con nostalgia de aquello que no volveremos a tener; es la historia que nos permite actuar críticamente en el reconocimiento y la afirmación. No puede ser la historia que nos proyecte el futuro en tanto los sueños se nos pueden caer en la mitad del trayecto.

Es la historia guiada por el deseo de ser en el olor; el olor que lleva al humor, el humor que trasciende, que nos hacer ser y no ser en la incompletud de nuestro ser con el fin de querer alcanzar. Es el deseo que se sabe sobreponer a las raíces amargas de nuestro pasado y se resiste a consumir la mirada extraviada de la oferta económica de la globalización. Es el deseo que va más allá de la necesidad y la oferta. En tanto no se desea algo que sencillamente se necesita, en tanto el deseo surge de lo que se sueña, de nuestras pulsiones y fantasías; tampoco se desea sólo lo que se ofrece, puesto que el ofrecimiento tiene que ver con algo existente; es decir, el objeto real ofrecido. En el deseo cabe lo inexistente tal como lo expresa Laplanche y Pontalis, citado por Botero (2001: 1003) “El deseo nace de la separación entre necesidad y demanda; es irreductible a la necesidad, puesto que en su origen no es relación con un objeto real, independiente del sujeto, sino con la fantasía; es irreductible a la demanda, por cuanto intenta imponerse sin tener en cuenta el lenguaje y el inconsciente del otro, y exige ser reconocido absolutamente por él”. Este es el deseo que nos alberga en esta aventura de descubrir quienes somos y qué creemos, debe albergar los currículos de nuestras comunidades académicas que abrazan las instituciones desde el pre-escolar hasta un doctorado.

3 opiniones

A donde van las palabras.

El texto aporta sensaciones, conocimientos, sentimientos e invita al pensamiento a moverse hacia múltiples direcciones. Es extraño que se crea que en américa latina estamos enfrascados en el silencio y la pasividad!. Quizá sobra decir, que nadamos en un mar de deseos y poseemos la capacidad de ensoñar pese a lo lento y difícil que es validar nuestro pensamiento en otros escenarios.
Moticidad y desarrollo humano.

Que gusto tener que acceder a nuevas propuestas como las que plantean en éste curso. La psicomotricidad vista desde otra perspectiva eso es lo que descubro en mis investigaciones sobre el tema y necesarias para dictar mi cátedra en la u. Me gustaría formar parte del proyecto motricidad y desarolo humano.
Orientación.

Excelente escrito
que orientación me pueden dar para la idea de investigación relacionada con la dialogicidad entre mente cuerpo y entorno como potenciacion del desarrollo humano.

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Monografía de Luis Guillermo Jaramillo y Eugenia Trigo. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/lgjyet.html CopyLeft
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