La creación dramática de Tirso de Molina - Teatro religioso-simbólico

5 - Teatro religioso-simbólico


Monografía creado por María del Pilar Palomo Vázquez . Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/palomo1.htm
22 Agosto 2006
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Dotado Tirso de Molina de una poderosa fuerza caracteriológica, no es la calidad de su inspiración la más idónea para la representación escénica de términos abstractos. Así pues, sus autos sacramentales, salvo excepciones, no cumplen en modo alguno la definición que de ellos se viene repitiendo, es decir: pieza dramática en un acto que versa, siempre bajo forma simbólica o alegórico, acerca del Misterio de la Eucaristía. Bien es verdad que dicha definición no tiene una vigencia absoluta sino en los autos calderonianos y, por consiguiente, de su escuela, cuando ya el poderoso aliento conceptual de Calderón ha llevado el teatro a una región no ya idealista, sino ilusionista, y el símbolo ha triunfado sobre el personaje.Tirso de Molina está en este aspecto de su teatro totalmente inmerso en la escuela de Lope. Dominarán en él, como en Valdivieso, lo sentimental y lo lírico sobre lo teológico y lo abstracto.Y de otra parte, dotará a estos ténninos abstractos, de que se sirve como personajes, de tal humanización que, en muchos casos, su auto sacramental transformado en comedia hagiográfica, en esencia no tendrá de tal sino el aspecto formal de ser en un acto, y el hecho histórico de representarse el día del Corpus. Esta humanización de lo abstracto, este paso de lo simbólico intelectual a lo concreto real, que explica en parte la aparición de su comedia teológico, lo ha visto y expuesto con gran claridad Wardropper al estudiar el teatro sacramental de Tirso, dentro de la evolución del teatro religioso español: «... no representan [los autos sacramentales de Tirso] ninguna contribución sólida a la formación del teatro eucarístico. No avanzó en el auto sacramental por no comprenderlo, por confundirlo con la comedia divina. El punto central,de los autos no es el Hombre, sino un hombre, sea santo o pecador»(17).

Esta última afirmación se ve absolutamente confirmada, por ejemplo, en La Madrina del cielo, cuyo argumento —ya el hablar de argumento tratándose de un auto sacramental muestra la desviación del género— se basa en una leyenda piadosa, con la burla y engaño de su protagonista, Marcela, por un caballero, y la conversación milagrosa de ambos. Y no solamente el argumento, sino también las incidencias del mismo están dentro de los módulos del teatro profano.

Seis autos sacramentales de Tirso han llegado hasta nosotros. A través de ellos, veremos esas derivaciones hacia otros géneros que los caracterizan:

La Madrina del cielo, ya aludido, volcado hacia la comedia hagiográfica.

El Colmenero divino, el más bello auto sacramental de Tirso, en que se mezclan a lo religioso simbólico, como ya vimos, numerosísimos elementos villanescos y populares. Aparece también en él, junto a las formas más líricas de la poesía popular, una indudable influencia del estilo bíblico que permite la entrada del bucolismo simbólico de la Biblia en el cuadro pastoril que nos traza en la obra. De escasa complejidad teológica —como es general a todo el grupo—, predomina en él, más que en ningún otro, una profundísima ternura que, unida a la belleza estilística, produce un tono poético extraordinario.

En cuanto a su origen, ya hemos visto anteriormente su relación con el teatro villanesca de su autor. En este aspecto, tanto La villana de la Sagra como El Colmenero divino son el exponente de un análogo sentir del autor ante el paisaje y ambiente toledanos.

La Ninfa del cielo, con un mayor dominio de lo abstracto en su estructura, y con análogas reminiscencias bíblicas en su estilo. La penetración psicológica de Tirso, que sabe ahondar en las ocultas pasiones humanas —sus monólogos son auténticas muestras del autoanálisis de sus personajes—, se eleva aquí al plano conceptual y abstracto para mostrarnos, con viva plasticidad, una lucha de las potencias del alma.

No le arriendo la ganancia, auténtica pieza de sátira social y política, más que auto sacramental. Con referencias a lo coetáneo, tan concretas como la vista de la calle Mayor de Madrid, con alusiones veladas a sucesos de la época, se evade casi totalmente del teatro religioso, ya que no del simbólico.

Los hermanos parecidos, el auto sacramental más conseguido de Tirso, en cuanto a expresión de un género definido. Más lograda la ensambladura teológica, y más afín con ella el desarrollo de la acción, sin elementos pastoriles ni villanescos ni, mucho menos, localizaciones de época y lugar.

El laberinto de Creta, con el recurso, tan utilizado por Calderón y su escuela, de servirse de temas mitológicos para, dándoles un forzado simbolismo cristiano, expresar el tema y argumentar la ideación religiosa propuesta.



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