5 - Rupturas del sistema (II)

Monografía creado por José García Templado. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero2/teatro.htm
21 de Agosto de 2006

Relaciones sintagmáticas y paradigmáticas (o asociativas)

Como en los demás puntos que tratamos, los ejemplos de alteraciones del código o códigos son constantes y variadas y cada una tiene particularidades o especificaciones que concurren en una tremenda gama muy matizada. Sólo a manera de muestreo comentamos los fenómenos anómalos que aparecen en los textos.

Aunque en un estudio más amplio habría que ver por separado estos tipos de relaciones que ahora estudiamos, dado que generalmente selección y combinación no pueden entenderse fuera de una relación solidaria, vamos a observarlas en un mismo texto: dos fragmentos de Cómo el poder de las noticias nos da noticias del poder de José Ricardo Morales, exiliado y afincado en Méjico.

"EL PERIODISTA.- (Tendido, medita. Por altavoz) Servando Conejero. (Silencio) ¿Por qué te llamarás Servando y además Conejero? Motivo de meditación. (Silencio) Pongo el oído interior y oigo. Oigo mi voz interior. ¿Qué dice mi voz interior? (Silencio) Comprar bicarbonato, un filete, sopa deshidratada...(Silencio) ¿Llamar la atención? (Silencio) El deseo de llamar la atención mueve a los hombres. (Silencio) Comprar pasta dentífrica... (Silencio) Algunos hasta cometerán un crimen... (Silencio)

 ...  ... ... ... ...         ...
 

EL PERIODISTA.- ¿Por qué es el árbol el amigo del hombre?

EL PASEANTE.- Por la madera.

EL PERIODISTA.- ¿Cómo es posible?

EL PASEANTE.- Flota.

EL PERIODISTA.- ¡Extraordinario!

EL PASEANTE.- Y gracias a esa cualidad los barcos primitivos estaban hechos de madera.

EL PERIODISTA.- Porque flota...

EL PASEANTE.- Sin duda. Aunque después el hombre hizo flotar el cobre, el bronce, el acero inoxidable y hasta el plomo. Misterios de la ciencia. Ahora esos metales y aleaciones no sólo flotan, sino que vuelan.

EL PERIODISTA.- Su erudición me asombra. ¿Es usted un experto?

EL PASEANTE.- Gracias a la madera.

EL PERIODISTA.- ¿Cómo se explica?

EL PASEANTE.- Fácilmente. Primero la madera se transforma en papel. Luego el papel, cuando menos se piensa, en un libro...

EL PERIODISTA.- Y entonces ese libro se convierte...

EL PASEANTE.- ¡Adivine!

EL PERIODISTA.- Es usted el que debe adivinar. Yo soy el que pregunta.

EL PASEANTE.- ¡Pero si hemos cambiado los papeles!

EL PERIODISTA.- No es cosa de papeles. Tratábamos de libros.

EL PASEANTE.- Desde luego. Quedamos en que el libro se convierte...

EL PERIODISTA.- ¡Al cristianismo!

EL PASEANTE.- No siempre. También se convierte al dólar o la libra esterlina.

EL PERIODISTA.- En el mercado negro.

EL PASEANTE.- Aunque sucede que un libro bien leído se convierte en lectura.

EL PERIODISTA.- ¡Asombroso! Ahora entiendo. La madera se convierte en papel; el papel se hace libros; los libros se transforman en lectura... Pero, ¿en qué se convierte la lectura?

EL PASEANTE.- ¡Vaya usted a saber!

EL PERIODISTA.- Estupenda respuesta. La lectura se convierte en saber. (A los espectadores.) ¡Ya sabemos, señores! (Al Paseante.) ¿Qué sabemos, señor?

EL PASEANTE.- Sabemos cómo el árbol origina el saber. No en vano es el amigo del hombre. Por eso se nos dice que el hombre ha de plantar un hijo, escribir un árbol y tener un libro...

EL PERIODISTA.- O también que ha de plantar un libro, escribir un hijo y tener un árbol...

EL PASEANTE.- Incluso algunos aseguran que se debe plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro...

EL PERIODISTA.- ¡Y todo porque la madera se transforma en papel!..."

El primer fragmento sigue la técnica del monólogo interior (Baquero Goyanes: 1975,48 y ss.; Albères: 1971,207 y ss) , por tanto, las interferencias psicológicas de cualquier razonamiento sin control trastroca las reglas combinatorias, ya que se mezclan fragmentariamente distintos procesos lógicos en el flujo de conciencia. Así se ha llegado a la irracionalidad al relacionar sintagmáticamente frases como "El deseo de llamar la atención mueve a los hombres. Comprar pasta dentífrica... Algunos hasta cometerán un crimen". La frase intermedia está claro que pertenece a un contexto lingüístico distinto, al mismo tiempo que supone un fragmento de una estructura oracional. Siguiendo a Hjelmslev (1971,55 y s.), podríamos decir que se trata de un funtivo que ha de contraer función de determinación en calidad de determinado, e incluso que concurre, así mismo, en esa estructura una función de interdependencia, ya que ambos funtivos también pueden ser considerados variables. La frase verbal de la que el infinitivo forma parte lleva elíptico su verbo auxiliar, pero ambos verbos exigen la presencia del otro. Su ausencia es lo que da esa impresión de oración inconclusa, puesto que no existe función de suposición.

Todas las explicaciones que damos normalmente para analizar las condiciones del monólogo interior son válidas aquí.

En el segundo fragmento se conculcan las reglas de la lógica, que imprime su sello en la estructura del lenguaje. Y las conculca a través del aparente respeto al principio de causalidad, aunque a veces, el automatismo verbal, estimulado por los clichés lingüísticos, rompe con las reglas seleccionales, sin tener en cuenta el lexicón de las palabras combinadas:

"EL PASEANTE.- Desde luego. Quedamos en que el libro se convierte...

EL PERIODISTA.- ¡Al cristianismo!

EL PASEANTE.- No siempre. También se convierte al dólar o la libra esterlina".

A veces es la casualidad la que engarza el principio de causalidad, tergiversando las palabras:

"EL PERIODISTA.- ...Pero ¿En qué se convierte la lectura?

EL PASEANTE.- ¡Vaya usted a saber!

EL PERIODISTA.- Estupenda respuesta. La lectura se convierte en saber...".

Se trata de un funcionamiento anómalo de las relaciones asociativas, anomalías que rigen la literatura automática. La selección que opera en el eje paradigmático, conculca sus propias reglas y produce oraciones aberrantes. Su grado de gramaticalidad es bajo. Citemos, por ejemplo, para abundar en esta idea, las paradojas "flotar el cobre, el bronce, el acero inoxidable..." La aberración se produce por la restricción mental que supone tomar las materias primas por los objetos creados tecnológicamente con ellas.

La falta de precisión en el funcionamiento de las relaciones asociativas descritas por Saussure (1970,211-213) son la causa del proceso metonímico, que induce a tomar los objetos por la materia de que están hechos, expresados en dichas paradojas.

El orden sintáctico estructural al ser alterado produce igualmente aberraciones gramaticales. Tenemos un ejemplo fehaciente en el aforismo cuyos términos son sometidos a conmutaciones recíprocas. El resultado lleva a relacionar lexías incompatibles por los semas que componen su lexicón, respectivamente. No se puede "plantar un hijo o escribir un árbol". La fórmula combinatoria ha producido un efecto similar al de la conculcación de las reglas seleccionales Lyons (1975,79) al tratar las relaciones sintagmáticas sienta dos puntos generales:

"1. las dimensiones sintagmáticas y paradigmáticas son interdependientes, y

2. la dimensión sintagmática no está necesariamente ordenada en el tiempo."

Atendiendo a estos principios, vemos que lo que hace aberrante la expresión no es el carácter fijo o libre de la secuencia. Tanto si las estimamos globalmente, como si consideramos ambas cláusulas como oraciones independientes, la inversión de los términos, que constituyen las categorías gramaticales oracionales, no cambian la situación. Hijo y árbol pertenecen a la misma categoría gramatical y serían dos miembros (a,b) de la clase X. Y plantar y escribir actúan como miembros (p,q) de la clase Y. Si el contexto creado por X o por Y fuese recíprocamente aceptable, tendríamos XY = YX. Es decir, formarían secuencias libres, aunque estadísticamente no fueran equivalentes.

Pero el problema está en que las clases X e Y son contextos nulos para la combinación de sus miembros. No aparecen combinados en el corpus de la lengua española.

La clave está, pues, en la dimensión paradigmática, dado que cada unidad lingüística por debajo de la oración tiene limitadas sus posibilidades de aparecer en determinados contextos. En otras palabras, su distribución en la cadena es característica.

Los miembros de X, desde el punto de vista de su aparición en la cadena, presentan una intersección distribucional, ya que a y b pueden permutarse en algunos contextos y no en otros. Mientras que los miembros de Y tienen una distribución complementaria (si no entran en consideración los cambios semánticos). Los miembros de Y son verbos transitivos ambos, pero el complemento directo que sería aceptable para p, no lo sería para q. Y los miembros de X (a,b) no son aceptables como contexto lingüístico de ninguno de los miembros expresos de Y. Es decir, X e Y son incompatibles.

Contrariamente a plantar y escribir, tener no rompe el sistema, ya que es compatible con cualquiera de los miembros de Y.

La razón de la expresión aberrante procede del carácter de proceso ergódico que tiene la lengua (Shannon y Weawer: 1981,27, 59 y ss.). La selección de un término condiciona la selección del siguiente. Romper este carácter, como hace Ricardo Morales, lleva a producir secuencias de probabilidad cero.

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