6 - Rupturas del sistema (III)

Monografía creado por José García Templado. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero2/teatro.htm
21 de Agosto de 2006
Grados de gramaticalidad (Aberraciones por otras causas)

Por razones de espacio no podemos ser prolijos en la cita de textos, por lo tanto, procuraremos hacer nuevas observaciones sobre textos ya reproducidos, aunque el fenómeno descrito no sea tan claro como en otros textos que podrían aducirse.

Hay veces que una frase construida dentro de la más pura ortodoxia, por su respeto a la norma, puede resultar aberrante al ser extrapolada de su contexto lingüístico. Lo hemos visto al comentar una frase de la pieza de José Ricardo Morales citada.

En la misma obra hay un momento en el que el diálogo se desarrolla así:

"EL PASEANTE.-...Quedamos en que el libro se convierte...

EL PERIODISTA.- ¡Al cristianismo!

EL PASEANTE.- No siempre. También se convierte al dólar o a la libra esterlina".

Ya vimos sobre este particular fragmento que la redundancia del cliché había provocado el automatismo verba. Miremos ahora que la expresión "se convierte al cristianismo" sería perfectamente válida en otro contexto lingüístico: S será válida si en X S Y, X___Y son términos nulos, pero puede ser aberrante si no lo son.

La razón estriba en el cambio de contexto que se provoca en convertirse y, por consiguiente, su cambio de significación. Igual ocurre con "convertirse al dólar". El contexto que libro proporciona a "se convierte" es incompatible con el que le proporciona dólar. Y, consecuentemente, lo son las significaciones que adquiere. Las palabras sólo se invisten de sentido en un contexto determinado, por lo que la conjunción de ambos aboca en resultados aberrantes. Literariamente, podrán encontrarse ciertos aspectos críticos a estas síntesis contextuales.

Es evidente que el contexto que otorga el sentido a las palabras puede ser situacional. La extrapolación de unas determinadas expresioness de su contexto situacional habitual resulta así mismo aberrante. El cementerio de automóviles de Arrabal nos da un ejemplo:

"...VOZ DE MUJER.- ¿Quieres alguna cosa más?

VOZ DE HOMBRE.- No. Vamos a ver si podemos dormir tranquilos. ( Un tiempo) ¿Has pedido que nos sirvan mañana el desayuno en la cama?

VOZ DE MUJER.- ¡Ay, no! Se me ha olvidado. No te preocupes. Ahora mismo llamo al Criado. (Ruido de muelles. Por fin se oye la vocina del Coche nº 3. Otro vocinazo. Del Coche A sale un criado perfectamente vestido y muy correcto. Se llama Milos. Se dirige al Coche 3. Pasa la cabeza entre las cortinas tras haber dado un leve golpe sobre la portezuela.)

MILOS.- ¿Qué quieren los señores?

VOZ DE MUJER.- Se nos había olvidado encargarle el desayuno.

MILOS.- ¿Quieren los señores que se lo sirva en la cama?

VOZ DE MUJER.- Naturalmente..."

Como en el caso anterior, la sucesión de oraciones o mensajes, A,B,C,...n, guarda un alto grado de gramaticalidad en su estructura formal, pero resultan aberrantes en el contexto X___Y, siendo X Y, no un entorno o contexto lingüístico, sino un entorno situacional.

La extrapolación de un diálogo del ambiente o situación a la que realmente se adecúa ha sido un recurso humorístico frecuentemente adoptado en la literatura dramática. En este caso, el diálogo propio, por su frecuencia, de un hotel de cinco estrellas se sitúa en un cementerio de automóviles en donde pasan la noche los desheredados de la fortuna.

El bajo índice de gramaticalidad de oraciones que aparentemente respetan la norma en su estructura lingüística puede venir dado por el pragmatismo al que debe ajustarse el mensaje. El conocimiento previo que otorga la experiencia propia o ajena condiciona los términos de la expresión. No respetar este condicionamiento supone hacer nulo el grado de aceptabilidad de las oraciones formuladas.

Veamos un fragmento de Tres sombreros de copa de Miguel Mihura:

"DIONISIO.- Pero, ¿Qué veo, Don Rosario? ¿Un teléfono?

DON ROSARIO.- Sí, señor, un teléfono.

DIONISIO.- ¿Pero, un teléfono de ésos por los que se puede llamar a los bomberos?

DON ROSARIO.- Y a los de las Pompas Fúnebres...

DIONISIO.- ¡Pero es tirar la casa por la ventana, Don Rosario! (Mientras Dionisio habla, Don Rosario saca de la maleta un chaquet, un pantalón y unas botas y los coloca dentro del armario.) Hace siete años que vengo a este hotel y cada año encuentro una nueva mejora. Primero quitó usted las moscas de la cocina y se las llevó al comedor. Después las quitó usted del comedor y se las llevó a la sala. Y otro día las sacó usted de la sala y se las llevó de paseo, al campo, en donde, por fin , las pudo dar esquinazo... ¡Fue magnífico! Luego, puso usted la calefacción. Después suprimió usted la carne aquélla de membrillo que hacía su hija. Ahora el teléfono... De una fonda de segundo orden ha hecho usted un hote confortable... Y los precios siguen siendo económicos. ¡Esto supone la ruina, Don Rosario!

DON ROSARIO.- Ya me conoce usted, Don Dionisio. No lo puedo remediar, soy así. Todo me parece poco para los huéspedes de mi alma.

DIONISIO.- Pero, sin embargo, exagera usted. No está bien que cuando hace frío nos meta usted botellas de agua caliente en la cama; ni que cuando estemos constipados se acueste usted con nosotros para darnos más calor y sudar; ni que nos dé usted besos cuando nos marchamos de viaje. No está bien tampoco que cuando un huesped está desvelado, entre usted en la alcoba con su cornetín de pistón e interprete romanzas de su época, hasta conseguir que se quede dormido... ¡Es ya demasiada bondad! ¡Abusan de usted!..."

Recordemos que la acción tiene lugar en un espacio único, un hotel de segunda en una ciudad provinciana y que en él confluyen dos mundos antagónicos e irreconciliables, el mundo pequeño-burgués provinciano y el tópicamente alegre mundo del music-hall.

Si destacamos oraciones como "Otro día las sacó de la sala (se refiere a las moscas, claro) y se las llevó de paseo, al campo, en donde, por fin, las pudo dar esquinazo", vemos que son oraciones carentes de gramaticalidad, pero no porque las funciones de sus miembros conculquen las reglas. En este sentido, serían aceptables. Resultan aberrantes porque por experiencia conocemos el comportamiento de las moscas y sabemos que el trasiego al que las somete Don Rosario es imposible, y menos darles esquinazo en el campo.

El resultado es evidentemente cómico, al tiempo que se carga de un sentido crítico.

El otro desajuste desestabilizador que produce la no adecuación del lenguaje a nuestro conocimiento pragmático de la realidad es una cuestión de hábitos sociales, de praxis. Ya no se trata de una flagrante transgresión de comportamientos instintivos animales, difíciles de dominar. Se trata ahora de una desviación de las costumbres en las relaciones humanas. Exageraciones paternalistas que resultan insólitas precisamente por nuestro conocimiento previo de los códigos del protocolo social en que se desarrolla la acción. "Acostarse con los clientes cuando están constipados para darles más calor y hacerles sudar" o "interpretarles romanzas de su tiempo en el cornetín de pistones" cuando padecen insomnio no alcanzan la plenitud gramatical porque no parecen responder a una realidad objetiva y esa distorsión estilística que raya en el absurdo resta posibilidades a su aceptación.

Los trastornos de la estructura gramatical, tanto los que hemos visto, como en cualquier otra clase de anomalías, supone un tipo de crítica que subyace en toda ruptura, y cuyos matices a veces escapan al propio autor.

No ocurre esto con Mihura. Su objetivo estaba bien claro. Si tenemos en cuenta lo que se ha llamado semiotización del referente, veremos, por la significación añadida a los objetos que se integran en el lenguaje escénico, que la carne de membrillo y el teléfono (el teléfono aparece en la escenografía) se convierten en símbolos fácticos de la sociedad de consumo. Símbolos que representan a la burguesía provinciana y a la tecnificación, respectivamente, reconocidos factores de dicha sociedad.

Al ser enumerados los símbolos de una sociedad alienada junto a las moscas migratorias, queda al descubierto el posible absurdo que su existencia lleva consigo. Algo que el existencialismo dominante, como filosofía de la vida, se encargaría de mantener en candelero (la obra es de 1932). La situación creada por Mihura es una sátira de las miserias del mundo pequeño-burgués que luego se mostrará encorsetado en una estrecha moral absurda, irracional e irredenta.

Sé el primero en opinar


Monografías relacionados con 'La crisis del lenguaje en el Nuevo Teatro español'

Nuevo Teatro fue el nombre bajo el cual se realizó en 1966 el Festival y... Más »
El texto que sigue es la versión ampliada de una comunicación presentada al congreso '1898.... Más »
En 1998 Lorenzo Silva publica El lejano país de los estanques, novela en la que... Más »
La nueva novela del siglo XX se ubica en la confluencia de géneros, en un... Más »
Este trabajo explora el rol clínico,pedagógico y curativo de la comunicación entre médico y paciente... Más »

Autor y licencia de 'La crisis del lenguaje en el Nuevo Teatro español'


Monografía de José García Templado. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero2/teatro.htm CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.