La dialéctica de la muerte en El Quijote y Mersault - El Extranjero de Albert Camus
2 - El Extranjero de Albert Camus
Albert Camus nació en Mondovi, la actual Drean (Argelia), en 1913. Su primera novela El Extranjero la escribió en 1942. En 1957 ganó el Novel de Literatura, premio que se negó a recibirlo. La muerte la halló en un accidente automovilístico el 4 de enero de 1960 en Villeblerin (Francia).
Dentro de su producción literaria se encuentran las siguientes obras: La Caída (1956), Calígula (1945), El Extranjero (1942), El Mito de Sísifo (1942), El Hombre en rebeldía (1951), Estado de sitio (1948), La Peste (1947), y El Verano (1944).
Filosofía de Camus:
Dentro de la producción de Albert Camus podemos encontrarnos con temáticas como la vida y muerte; sentido y absurdo; el suicidio, la alienación y el desencanto, temas abordados por él desde una perspectiva existencial y desde un pesimismo extremo.
A Camus le interesa la carencia de sentido con que topa, ese sentirse fuera de toda posibilidad de relación, y aún esto, sólo como algo que hay que superar. Para Camus la literatura es mimesis porque para él no hay mejor enseñanza que la de la imagen, la de la apariencia sensible, pues ésta con su transparencia se convierte para el sabio en mensaje de lo que es la verdadera realidad. Por eso, las obras de Camus son siempre realidades estéticamente condicionadas que descansan sobre sí mismas, y de las que no puede derivarse un segundo sentido metafísico; son existencia fáctica, no formal (Pollmann, 179-180).
Aproximación al sentido de la muerte en El Extranjero
Interesa analizar el episodio que da fin al capítulo VI de la primera parte del libro, específicamente el duelo que se produce entre el protagonista Mersault y el árabe. Esto con el fin de dilucidar la problemática del absurdo tanto como “sensibilidad”, como conceptualización y en tanto ética. La primera categoría corresponde a la visión del mundo como un orden natural, estable y maquinal hasta que un interrogante radical desautomiza esa percepción. La segunda categoría se aparece cuando, tras el sentimiento del orden natural del mundo, sobreviene la reflexión demorada y consecuente que persigue desentrañar el orden absurdo del hombre en el mundo. Dentro del campo temático de la ética absurda interesa en especial el componente de la vida como lucha y desgarramiento, en tanto el sentimiento y la conciencia de lo absurdo imponen a la vida una dimensión agónica. Así, las tres categorías antes mencionadas y en especial la referida a la ética absurda servirán para analizar la problemática de la muerte suscitada en Mersault, personaje que desplegaría una desmesurada indiferencia hacia la salvación cristiana.
La experiencia histórica enseña que la cercanía de la muerte acaba, súbitamente, con la indiferencia en materia de religión, sin embargo, en el caso de Mersault se produce lo contrario, tras la declaración de culpabilidad por el asesinato al árabe y su consecuente condena a muerte, el protagonista muestra su indiferencia ante la religión y ante la figura de Dios encarnada en el sacerdote; esta indiferencia hacia la salvación cristiana constituye un punto de inflexión ante la experiencia histórica común.
Tanto la reacción del protagonista ante la muerte del árabe como a la proclamación de su propia muerte, obedece a la experiencia más directa, inmediata e intuitiva de lo absurdo: Mersault debía morir por un crimen que no había buscado, ni mucho menos; resulta condenado por matar a un hombre sin motivo aparente.
Camus sintetiza la emoción de lo absurdo en la metáfora del hombre que se siente “extranjero” en un “destierro sin remedio” Así, lo absurdo acontecería en el desgarramiento entre la tendencia del hombre a la unidad y la clara visión que puede tener de los muros que lo encierran. De ahí que el hombre debería aspirar a una radicalidad sin compensaciones ni ensoñaciones optimistas sustentadas en una supuesta trascendencia. Esto explicaría la actitud violenta de Mersault frente al sacerdote y sus enseñanzas:
El capellán quería aún hablarme de Dios, pero me adelanté a él y traté de explicarle que por última vez que me quedaba poco tiempo. No quería perderlo con Dios (…). Entonces, no sé porqué, algo reventó dentro de mí. Me puse a gritar en voz en cuello y le insulté y le dije dejara de rezar y que más le valía arder que desaparecer. Le había cogido del cuello de la sotana (…) ¡Qué me importaban a mí las muertes de los otros, el amor de una madre! ¡Qué me importaban su Dios, las vidas que uno elige, los destinos que uno escoge, desde que un único destino debía de escogerme a mí y conmigo a millares de privilegiados que, como él, se decían hermanos míos! (75-76)
El ejercicio intelectual de Mersault lo conduce al reconocimiento de que no hay dios ni dioses, ni plan, ni trascendencia, ni justicia que organicen el universo. Sólo hay vida y hay muerte. Mersault acepta su condición absurda sin pretender apelación alguna.
Para Camus la aceptación de la condición absurda es el punto de partida de una nueva libertad. La ética, en este contexto, consiste en “la libertad absurda”.. Si lo absurdo aniquila todas las posibilidades de libertad eterna, devuelve y exalta, por el contrario, la libertad de acción, la que implicaría tanto un ejercicio de rebelión como de clarividencia. Para ejemplificar este postulado de Camus conviene citar un enunciado perteneciente al Mito de Sísifo:
Suele suceder que los decorados se derrumben. Despertar, tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, comida, tranvía, cuatro horas de trabajo, cena, sueño, y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al mismo ritmo, es una ruta fácil de seguir la mayoría del tiempo. Pero un día surge el ‘porqué' y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. ‘Comienza', eso es importante (el subrayado es mío)
Camus entiende por rebelión el “enfrentamiento perpetuo del hombre con su propia oscuridad” De esta manera, lo absurdo se transforma en un componente organizador de la existencia porque a partir del momento en que es reconocido, lo absurdo es una pasión, la más desgarradora de todas. La rebelión ubica al hombre contra la muerte. El rechazo, la conciencia y la rebelión son lo contrario del renunciamiento. Se trata de morir irreconciliado y no de buen grado. Nadie puede decir ni saber qué hay que hacer, salvo enfrentar la condición de lo absurdo como base de una política de la existencia . Así reconociendo radicalmente que “la vida no vale la pena ser vivida”, tampoco vale la pena el esfuerzo heroico. Mersault, al aceptar el universo del absurdo, sustituye los criterios heroicos por una conducta basada en el azar. Absurdos y gratuidad son a sí mismo todos los horizontes que inspiran la existencia del protagonista de en El Extranjero de Albert Camus.
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