La dicotomía civilización-barbarie como institución imaginaria y discursiva del Otro en Latinoamérica y la Argentina - El referente como configuración ideológica
2 - El referente como configuración ideológica
“Todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos”, ha escrito Jorge Luis Borges. Esta condición humana condiciona (valga el juego de palabras) la visión de la realidad, o, para seguir a Platón, la imagen que entendemos como tal. El debate moderno -en rigor, planteado asimismo en la Edad Media con el problema de los universales- entre idealistas y realistas así como entre racionalistas y empiristas reeditó una polémica que se nos ocurre indiscernible de no ser por la adopción de una postura ideológica al respecto. De ello trataremos enseguida en cuanto a lo que entendemos como la configuración discursivo-ideológica del referente.1
Seguimos a Laura Scarano (2002) en el estudio de la relación de los textos con la realidad -de las palabras con las cosas, en términos foucaultianos-, cuando propone pensar “cómo la cultura activa mecanismos que traducen en andadura discursiva ese ámbito difuso y diverso de lo real, y se articula en prácticas heterogéneas que emergen en textos (que a su vez funcionan como sistemas de comprensibilidad social)” (87-88).
La autora rescata las reflexiones a este respecto de Roger Chartier, quien postula que “Es en su funcionamiento mismo, en sus figuras y en sus acuerdos, como la significación se construye y la realidad es producida” (en El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural, cit. en Scarano: 102), que la libertad del individuo no es la de “un yo propio y separado, sino en su inscripción en el seno de las dependencias recíprocas que constituyen las configuraciones sociales a las que él pertenece” (102-103) y que la relación del texto con la realidad puede resolverse en “aquello que el texto mismo plantea como real al constituirse en un referente fuera de sí mismo, y se construye según modelos discursivos y divisiones intelectuales propias a cada situación de escritura” (103). Chartier aun recupera el concepto de representación, entendida como “el conjunto de las formas teatralizadas y estilizadas mediante las cuales los individuos, los grupos y los poderes constituyen y proponen una imagen de sí mismos” (id.). En coincidencia con Pierre Bourdieu, destaca que “la representación que los individuos y los grupos transmiten invariablemente es una parte integrante de su realidad social” (id.).
En “Lenguaje e ideología”, conferencia impartida en 1983, Noé Jitrik recuerda las opciones paradigmático/sintagmáticas que se producen en cada acto de habla y enfatiza que “en toda opción hay un elemento intencional, de naturaleza consciente: si se quiere decir tal cosa o tal otra; en otros términos, la opción tiene que ver con una intención que se gesta como tal en el sujeto de la frase, o más precisamente, en el sujeto de la enunciación” (Jitrik, 1988: 168). Y añade que «la presencia del sentido en el espacio del sujeto, encarnada en la intención, constituye un sistema generador, al que designamos como “acción ideológica”, y que sería ese conjunto de representaciones, de ideas, de sentimientos, de deseos, que está en los sujetos y que de pronto se organiza» (168-169).
Tras analizar el lenguaje y ubicarlo como la instancia intermedia entre la lengua y el habla (en relación con la bipolaridad saussureana, como lo concreto de la lengua y lo abstracto del habla), Jitrik define los vínculos entre sociedad, lenguaje e ideología:
Por lo que se refiere a la sociedad, para seguir estableciendo diferencias, diría que es un conjunto de prácticas reales, semejante a la lengua, propias de un momento determinado; lo que define a una sociedad en particular es la articulación que se produce entre estas prácticas a partir de ciertas reglas, lo que engendra, a su vez, figuras que identifican al todo y lo hacen inteligible así como a las partes que lo integran. Ahora bien, si lengua es la institución y lenguaje es lo que particulariza y sociedad es un sistema de prácticas, ideología sería un nivel determinado de la representación de las figuras que resultan de la articulación de dichas prácticas... (173; el subrayado es nuestro)
Tres conclusiones a las que arriba Jitrik en la relación entre lenguaje e ideología son las siguientes: a) la política es el campo por excelencia de la ideología; b) la lectura es el terreno propio de la aparición de la ideología y está determinada por ésta; c) la acción ideológica se ejerce en la construcción u operación misma del lenguaje.
Scarano cita a Thomas Lewis, quien sintetiza la postura semiótica de Umberto Eco y la marxista de Louis Althusser al proponer una «“teoría de los referentes” como unidades culturales, socialmente producidas y en permanente expansión, que objetivan sistemas de representación (ideologías)» (101) con la cual coincide en líneas generales la postura de Jitrik. Por nuestra parte, queremos destacar la “permanente expansión”, que evidencia el carácter históricamente variable de los citados sistemas, aunque a lo largo de esta exposición trataremos de demostrar también que muchas veces se trata de diferencias de matices que simultáneamente ocultan y evidencian una línea diacrónica en la que existen caracteres esenciales que se destacan por su permanencia, pero sin que ésta signifique tampoco una estratificación.
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