La dicotomía civilización-barbarie como institución imaginaria y discursiva del Otro en Latinoamérica y la Argentina - Notas
11 - Notas
[1] Nos resulta imprescindible aclarar que realizamos estas reflexiones, aunque parezca tautológico, en la dimensión lingüística y entendiendo al referente como parte de ésta únicamente y por método para ceñirnos al plano en el que, postulamos, se produce la construcción de la dicotomía civilización-barbarie. Quede claro que se trata de un recorte, y que de ninguna manera negamos la existencia de un referente externo al lenguaje; es más, la reafirmamos. Muy lejos de nosotros está proponer una visión idealista o nominalista del mundo. Para decirlo con términos coloquiales, la silla sigue siendo silla y la mesa, mesa, más allá y a pesar de nosotros. Por ello elegimos el término configuración del referente al de “construcción”.
[2] No escapa a nuestra consideración que en este trabajo estamos privilegiando la “civilización” como el primer término de la díada, siguiendo el criterio instituido por Sarmiento en la primera edición del Facundo, titulada originalmente Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga. El giro mencionado hacia la valoración positiva de la “barbarie” en el campo teórico se hará evidente en la segunda mitad del siglo XX en libros como La seducción de la barbarie, de Rodolfo Kusch, Discurso desde la marginación y la barbarie, de Leopoldo Zea, y particularmente La barbarie, de Michel Henry. Sin olvidar tampoco que, como apunta Lojo, «aún para [Ezequiel] Martínez Estrada o [Héctor Álvarez] Murena, la “barbarie”, el término rechazado de la antinomia, conserva una secreta irradiación fascinante» (1994: 40). Sostenemos que para el propio Sarmiento también, por supuesto.
[3] Bajtín fue confinado en Siberia por la dictadura stalinista. Aun así, en condiciones de producción deplorables, continuó elaborando su obra, hoy considerada una de las más valiosas y vastas de las ciencias humanas.
[4] Seguimos, en este recorrido etimológico, a Punte (2002), Lojo (1994) y Scheines (1991).
[5] Para Todorov, “el descubrimiento de América es lo que anuncia y funda nuestra identidad presente [...]. Todos somos descendientes de Colón, con él comienza nuestra genealogía [...]. Desde esa fecha, el mundo está cerrado [...]; los hombres han descubierto la totalidad de la que forman parte mientras que, hasta entonces, formaban una parte sin todo” (1987: 15). Sin embargo, Jan Gustafsson apunta la contradicción que a la vez implicaba “la creación de un mundo otro apropiado por el «Nosotros» español. Y este mundo sería al mismo tiempo para los españoles otro y propio, parte y no de Castilla o España” (2002: 10).
[6] Una paradoja más de la identidad americana, no existe referencia en el Diario colombino al 12 de octubre. Los navegantes medían los días por singladuras, es decir, el espacio de veinticuatro horas recorrido entre cenit y cenit solar. El primer avistaje que testimonia Colón corresponde a la noche del 11 de octubre, y el desembarco, a la mañana de ese mismo día. Recién al mediodía, pues, comenzaría el 12 de octubre. Para acrecentar la paradoja, en el Diario se pasa del 11 al 13 de octubre, como si el día canonizado como el del Descubrimiento no revistiera anotaciones de importancia.
[7] Así se trate de una imagen del “buen salvaje”, que Colón inaugura y Europa potencia hasta culminar con Jean-Jacques Rousseau.
[8] Aclara al respecto Mónica Scarano (2001): «Y si, por cierto, la tarea consistía en "llenar el vacío", era imperioso conceptualizar, nombrar, "escribir el vacío" ("desierto") y así fijarlo, ordenarlo, delimitarlo, para poder recién entonces "poblarlo de signos" y otorgarle un sentido, en última instancia: cultivarlo, civilizarlo. La función y el encuadre ideológicos de esa empresa son por demás evidentes: la denostación del despotismo y la barbarie, principales obstáculos para la misión civilizadora y el cumplimiento del proyecto modernizador soñado, por un lado, y por otro, la legitimación del expansionismo europeo como empresa de civilización, en la que Sarmiento se empeña en inscribirse aún sin ser europeo, dentro de las líneas que definen la ideología neocolonial».
[9] Baste con citar el título de un libro en el que los historiadores revisionistas y militantes del Peronismo de Base, Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, dan cuenta de la dependencia económica de la Argentina: Facundo y la montonera.
[10] Glosa Lojo a Girard: “los sujetos no desean a partir de sí mismos, sino desde otro y porque otro desea. Aparece así la figura fundamental del mediador, como tercero de quien depende la valoración del objeto deseado, conformándose una estructura triangular” (21). Y concluye: «Frente a las limitaciones de las lecturas científicas del deseo realizadas a partir del psicoanálisis, el marxismo o el estructuralismo, Girard reivindica el saber de la literatura y la posibilidad filosófica de retornar a él para lograr el más lúcido desenmascaramiento: Sófocles -valga la paradoja- “desmitificando” a Freud» (25).
[11] Para José Pablo Feinmann, esta “verdad liberal” que se instala en el país a fines del siglo XIX, si bien comenzará a verse cuestionada por el revisionismo histórico desde la década del 30, atravesará inclusive los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón y su exilio, hasta ser reemplazada por la “verdad de la Juventud Peronista” -entiéndase la agrupación Montoneros- recién en 1970 y apenas hasta 1973 (cf. Feinmann, 1988).
[12] Apunta asimismo Mónica Scarano (2001): «Y por otra parte, hay en el texto elusiones de diferentes tipos como la que colectiviza al "otro" indígena (el malón, las hordas) que atraviesa el desierto exterior o que lo coloca en un segundo plano, bestializándolo, sin llegar al retrato panfletario, ni caer en descripciones tan enfáticas que descubren un innegable trasfondo racista, como lo hiciera en textos muy cercanos donde no ahorraba improperios descalificadores -utilizados con una clara función de epítetos- para establecer su denostación. [...] En suma, la elusión del "otro" indígena pone en duda y acaba descartando la posibilidad de civilizarlo, quedando así restringida la condición de "otro" civilizable solamente a los gauchos, esos "beduinos americanos" que deambulaban por la pampa sin afincarse definitivamente en ningún sitio. No obstante, esta resolución no está exenta de ambigüedades e inconsistencias, ya que la intención de desconocer en los "indios" los rasgos que definen a la especie humana, lo que los dejaría fuera de la dicotomía civilización-barbarie que estructura la obra, convive con la mención de la "barbarie indígena" que reaparece esporádicamente en el texto.
Se podrían ensayar otras razones posibles para esa tan sospechosa elusión. Probablemente una figuración más detallada de la feracidad de las temerarias tribus salvajes que atravesaban en hordas el desierto, habría colaborado para establecer algún tipo de equiparación entre el ilustrado Sarmiento y su bárbaro adversario, el Restaurador de las Leyes, por cuanto Rosas tuvo una destacada actuación militar en la frontera austral, en la línea de los fortines, luchando contra los malones que dominaban la Patagonia, que pese al fracaso de la empresa lo hubiera colocado entre los agentes de la "misión civilizadora"».
[13] No podemos omitir que un año antes, Martínez Estrada había escrito uno de sus libros claves, titulado, precisamente, Sarmiento.
[14] Esta analogía nos remite directamente al primer cuento de la literatura argentina, “El matadero”, de Esteban Echeverría, escrito entre 1838 y 1840 pero publicado por primera vez en 1871.
[15] Estos hechos son testimoniados en 1957 por Rodolfo Walsh en su célebre novela de no-ficción (cuyo contenido fuera inicialmente editado como una serie de artículos periodísticos) Operación masacre.
[16 Otro origen posible de estas consignas es el discurso del peronismo de izquierda encarnado por John William Cooke, y la influencia directa del “Patria o muerte” del Movimiento Revolucionario 26 de Julio de los guerrilleros cubanos que toman el poder.
[17] Retomamos aquí, por considerar inmejorable el ejemplo de Todorov, lo expresado en la nota 1. Es decir, si bien el eje de nuestro discurso es la violación simbólica, a la vez estamos hablando de una mujer concreta, de carne y hueso, violada.
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