



Partamos de algo simple: si la gente pide libros, ¿por qué darle otra cosa? El libro electrónico, como hemos visto, puede crear más problemas que los que resuelve. Transfiere la adquisición de dispositivos tecnológicos del editor al lector; le hace adquirir un dispositivo que está sujeto a procesos de obsolescencia, algo que el libro impreso no tiene; eleva el riesgo de pérdida masiva de información por deterioro al concentrar gran cantidad de material en un solo dispositivo, es decir, las máquinas —como todos sabemos— se estropean, entre otros problemas. Por otro lado, nos vincula de forma férrea con el fabricante del dispositivo, ya que será éste quien determine el material bibliográfico disponible en cada momento.
Si la gente quiere libros, ¿por qué no dárselos? El denominado "libro instantáneo" supone que la innovación tecnológica la realizan editoriales y los puntos de venta.
Si se sabe que existe una demanda, ¿por qué no buscar la forma de satisfacerla en los términos que ésta espera? Uno de los mayores problemas del sistema editorial es la desaparición de muchos títulos tras el agotamiento de las tiradas. Los editores no se arriesgan a realizar nuevas tiradas a menos que tengan muchas garantías de salida. El otro motivo es, sencillamente, que no caben en las librerías ni en los almacenes. Las nuevas ediciones sepultan a los viejos títulos. ¿Cuántas veces no hemos podido adquirir un libro por estar agotada su edición? ¿Se puede estimar el dinero que eso hace perder al sector?
La edición bajo demanda es un sistema que lleva cierto tiempo en el mercado, pero su uso está casi restringido a la comunicación en las grandes empresas (documentación, material para cursos, etc.) y a la producción de tiradas muy bajas de documentos, aunque se está introduciendo ya para libros destinados a ser comercializados con tiradas entre cien y mil ejemplares.
Las máquinas capaces de este tipo de trabajo son todavía caras, pero si se es capaz de establecer nuevas formas de mantenerlas trabajando, su amortización puede ser rápida. Si las editoriales fueran capaces, en un esfuerzo combinado con los puntos de venta, de poner en marcha un sistema de recuperación de títulos de su catálogo mediante esta fórmula esto supondría una forma de ampliar sus activos muy importante. Los libros sin existencias son un fondo improductivo para las editoriales. Muchos de ellos podrían tener vida si no se piensa en términos de tiradas estándar, sino en términos de tirada bajo demanda, si no se piensa en términos de almacenamiento sino en términos de venta.
Muchos de los libros que circulan hoy, especialmente en el campo del libro científico o universitario, se han creado con este tipo de máquinas. Se han editado con pequeñas tiradas, doscientos, trescientos ejemplares a lo sumo. Pero hay que llevar esta posibilidad a su extremo, a la edición auténticamente bajo demanda, es decir, no sobre la demanda del editor, sino sobre la demanda del cliente y éste es siempre individual [gráfico 2]. Hoy es un servicio que se ofrece a editores personales o empresas para cierto tipo de documentos. Mañana debería ser un servicio de las editoriales o librerías a sus clientes finales. El planteamiento es sencillo: que en vez de almacenarse los ejemplares en los estantes, estén en la memoria de un ordenador o accesibles a través de las redes listos para ser transformados en papel cuando sean solicitados.
De esta forma se conseguirían varios objetivos importantes. El primero de ellos es dotar de vida indefinida a los libros. Hoy, como hemos señalado, la vida de un libro es la de la duración de su tirada en el mercado. Atomizando su producción se aprovecha la que podríamos denominar "demanda-goteo", es decir, aquella demanda que se produce tras cierto tiempo después de la salida de los libros y que no puede ser satisfecha por la inexistencia de ejemplares en las librerías o por la falta de rentabilidad que pueda suponer la distribución de los ejemplares restantes que han sido devueltos a las editoriales. En segundo lugar, reduce el riesgo de la segunda o tercera edición. Al editor le cuesta decidirse por las segundas o terceras ediciones porque desconoce el número de posibles lectores que han quedado sin atender con lo ya editado. En tercer lugar, no tiene que decidir la tirada de un título, sino que todos los títulos de su fondo pasan a situación de disponibilidad, es decir, aumentan las posibilidades de amortización del conjunto del sistema.
La fórmula de edición que acabamos de exponer supone que un título determinado es suministrado a los compradores como un todo. Al atomizar la producción desaparece el concepto de tirada de ejemplares como sinónimo de edición. Las primeras ediciones podrán seguirse realizando de forma convencional, aunque se podrá ajustar mejor, por defecto, su extensión al saberse que no es un riesgo quedarse corto en la primera tirada. Esto implica que casi con seguridad se tenderá a la baja en el límite inferior en una gran cantidad de títulos. Otros podrán ser probados con tiradas iniciales bajas o también la fórmula de adquisición por suscripción y catálogo.
Al existir menor riesgo empresarial, lo más probable es que aumente el número de títulos en circulación, no solo por efecto de la recuperación de las obras agotadas, sino por la introducción de más material nuevo. Todavía está por ver cómo responderá la demanda a este aumento de la oferta editorial y más si consideramos que estas obras habrán de convivir con el sector de la publicación digital en sus diversos formatos. La oferta de un mismo material en diversos formatos accesibles es una situación nueva con la que el sector deberá enfrentarse, si bien tiene en sus manos herramientas para reajustar su producción acomodándola a los nuevos hábitos de consumo lector. Lo lógico y previsible es que ciertos tipos de libros se vayan introduciendo progresivamente en los nuevos formatos electrónicos. En cualquier caso, será la demanda social la que fije las proporciones y los formatos.
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