5 - Notas

Monografía creado por Joaquín Mª Aguirre Romero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/libr_dig.html
30 de Agosto de 2006
  1. Ferrán García, "Stephen King causa terror en la literatura convencional", en Noticias Intercom.
    http://www.noticias.com/noticias/2000/0003/n0003173.htm

  2. Pedro de Alzaga, "Terror gratuito", en Diario del Navegante. 1 de abril del 2000.
    http://www.el-mundo.es/navegante/diario/2000/04/01/stephen_king.html

  3. Idem.

  4. Carlos Fresneda, "Terror en la Red", en Diario del Navegante del 17 de marzo del 2000. http://www.el-mundo.es/navegante/diario/2000/03/17/stephenking.html

  5. Asistimos hoy en día al debate sobre la televisión-basura. Es un ejemplo más de la pérdida de los ideales que podríamos denominar "ilustrados" en los medios de comunicación. Los medios de comunicación no han democratizado la cultura, especialmente la TV, el medio de mayor difusión; simplemente han aumentado el poder de su verticalidad dirigida. Ya McLuhan había observado que el crecimiento de las audiencias de los medios estaba en relación directa con su banalidad. Es decir, que cuanto más crece un medio en términos de audiencia más trivial tiende a ser su información. Por supuesto, existen decenas de razones sofísticas para defender que es eso lo que el público pide. El ofrecer lo que el público pide no es más que la inmersión absoluta de los elementos culturales en los procesos mercantiles. Los medios son negocios y lo que transmiten sus productos. Es ingenuo pensar que los medios son productores de cultura por sí mismos. La confusión no está en los medios sino en el abuso de la palabra "cultura", aplicada a cualquier cosa. Los progresistas de antaño dieron -ironías de la Historia- la coartada a los estrategas mediáticos-mercantiles de hoy. El problema, una vez más, es una cuestión de equilibrio. Cada vez hay menos espacio -dentro de una estrategia pura de obtención de beneficios- para productos auténticamente culturales. Estos se definen por su unicidad -ni siquiera por su originalidad- y por su apertura contextual -su capacidad de seguir diciendo-, mientras que los productos de puro consumo se definen por la serialización estructural, es decir, por la repetición de las estructuras de éxito, imitadas, copiadas, reutilizadas hasta la saciedad, y por su cierre contextual -incapacidad de sobrevivir a sus circunstancias, a su aquí y ahora-. En estos términos, el problema se plantea por la hegemonía y filtrado de unos medios que solo permiten la emisión-producción de unos determinados elementos, los de mayor rentabilidad. El debate se traslada entonces a la responsabilidad de los medios de titularidad pública -ya que parece que las empresas privadas solo tienen la obligación de ganar dinero- y a la apertura de nuevos canales para otro tipo de producciones. El desengaño ilustrado ha sido comprobar que los más prefieren lo peor. La cuestión se debe plantear sobre en qué condiciones debe existir lo considerado bueno, quién debe garantizar su existencia y las condiciones de acceso.
    Desde el punto de vista estrictamente informativo-cultural es irrelevante la tenencia o compra del libro. Lo importante es la aprehensión y circulación de sus contenidos. Mucha gente compra libros y no los lee y mucha gente lee los libros y no los compra.
    La observación no es banal porque ya se ha planteado la cuestión de las bibliotecas públicas. Desde un planteamiento meramente empresarial, la existencia de libros en bibliotecas de acceso público supone una pérdida de beneficios: un solo libro es leído por muchos que dejan de comprarlos. Si miramos el caso de las cintas de vídeo veremos cómo una de las primeras normativas que se aplicaron es la que especificaba que eran para uso personal y no colectivo, exigiéndose un cierto canon por su utilización en espacios públicos (medios de transporte, hoteles, etc.) o sistemas de distribución comunal (vídeos comunitarios). Igual guerra se ha entablado con las emisiones radiofónicas de música grabada entre las empresas emisoras y las productoras discográficas. ¿Escapará el libro a estas batallas? ¿Se cobrará un canon a las bibliotecas públicas? En este caso, el concepto mismo de biblioteca pública y lo que implica social y culturalmente es el que entrará en cuestión.

  6. La pregunta es siempre la misma: a cuántas personas interesaría este contenido y cómo llegar a ellas. Aunque se recurra a la lectura de agentes especializados en estas tareas, siempre existe un elemento de subjetividad en la decisión y de azar en los resultados. La constatación de que muchas obras han sido un fracaso editorial o de otras que han sido desestimadas por faltas de interés o calidad por las editoriales para ser un éxito posterior hacen dudar de la fiabilidad del sistema en términos absolutos. Ahora resulta más fácil fabricar el éxito.

  7. Una parte de esta conferencia se esté escribiendo en Chile. La visita a las múltiples librerías de Santiago me muestra que el precio de los libros es del orden de tres veces a cuatro veces superior al de España. En gran medida esto se debe a que una parte muy elevada de los libros que veo en los estantes y escaparates son los mismos que puedo encontrar en España, es más, son libros editados en España, libros importados. ¿Cuánto cuesta hacer llegar un libro a Chile, independientemente de los impuestos de importación? Los amigos chilenos han encargado libros a mis compañeros de viaje. Son libros que se pueden adquirir aquí, pero su precio es mucho más elevado. Otro me comenta la reciente quiebra de una editorial universitaria. Algo falla en el sistema.

  8. Para algunos, es decir, para los que resultan beneficiados por la desaparición de editoriales pequeñas, esto es un síntoma del buen funcionamiento del mercado -el pez grande se come al chico-, pero cuando uno lee un libro, no le importa si es de una editorial grande o pequeña, si tiene 5 o 500 empleados, si cotiza en bolsa o no; simplemente valora su calidad y su interés. Por esto mismo, es importante que exista diversidad editorial, para que pueda existir la diversidad cultural. Las editoriales independientes son cada vez más necesarias culturalmente hablando. Es cierto que en España se está publicando a muchos autores hispanoamericanos -me decía el escritor mejicano Jorge Volpi que hoy para que un argentino leyera a un colombiano tenía que ser a través de una editorial española-, pero también es cierto -y es de lo que estamos tratando- que se ha producido en Hispanoamérica un encarecimiento general del libro que se convierte cada vez más en un producto de elite. Y esto cultural y socialmente es negativo y peligroso. Se están reduciendo sus tiradas, en muchos casos, a los quinientos o mil ejemplares, cantidad testimonial e insuficiente si tenemos en cuenta que el público potencial se reparte por medio continente americano y España.

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