3 - El eterno retorno del mito

Monografía creado por María Gracia Núñez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/asterion.html
16 de Septiembre de 2006

Puede sostenerse que la teoría griega del eterno retorno es la variante última del mito arcaico de la repetición de un gesto arquetípico, así como la doctrina platónica de las ideas era la última versión de la concepción más elaborada del arquetipo. Ambas doctrinas encontraron su más acabada expresión en el apogeo del pensamiento filosófico griego.

En la vida del hombre arcaico los actos humanos, no tienen valor intrínseco autónomo. Un objeto o una acción adquieren un valor y, de esta forma, llegan a ser reales, porque participan, de una manera u otra, en una realidad que los trasciende.

En su comportamiento consciente, el hombre arcaico, no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que el hace, ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestos inaugurados por otros. El gesto no obtiene sentido, realidad, sino en la medida en que renueva una acción primordial.

Porque un objeto o un acto no es real más que en la medida en que imita o repite un arquetipo. Eterno presente es la coincidencia con el instante atemporal de la manifestación de los arquetipos. Si se mira desde una perspectiva más amplia, la vida del hombre arcaico (limitada a la repetición de actos y al incesante volver a los idénticos mitos originarios), aun cuando se desarrolla en el tiempo, no registra la irreversibilidad. En otras palabras, no tiene en cuenta lo que es precisamente característico y decisivo en la conciencia del tiempo: el hombre vive aquí en un presente atemporal. Cada año, el sujeto arcaico toma parte en la reproducción de la cosmogonía siendo este un acto creador por excelencia, y hasta puede agregarse que, durante algún tiempo, el hombre ha sido "creador" en el plano cósmico, al imitar esa cosmogonía periódica y participar en ella.

La memoria colectiva es ahistórica, la conciencia arcaica no concede importancia alguna a los recuerdos "personales". La humanidad arcaica se defendía de todo lo que la historia comportaba de nuevo y de irreversible.

El hombre de las civilizaciones tradicionales no concedía al acontecimiento histórico ningún valor en sí aunque esto implicara anular la historia periódicamente o desvalorizarlo en función de los arquetipos transhistóricos o atribuirle un sentido metahistórico, el hombre arcaico no lo consideraba como una categoría específica de su propio modo de existencia.

El mundo moderno asiste al conflicto entre dos concepciones: la concepción arcaica, llamada arquetípica y antihistórica, y la moderna, poshegeliana, que quiere ser histórica.

Desde Hegel, todo esfuerzo tiende a salvar y a valorar el acontecimiento histórico en cuanto tal, el acontecimiento en sí mismo y por sí mismo, para él, el acontecimiento histórico es la manifestación del espíritu universal. Hegel escribía en su estudio sobre la constitución alemana:

Si reconocemos que las cosas son tal y como son por necesidad, es decir, que no son arbitrarias ni constituyen el resultado de un azar, reconoceremos igualmente que deben ser como son.

Puede decirse que el cristianismo es la "religión" del hombre moderno y del hombre histórico, del que ha descubierto simultáneamente la libertad personal y el tiempo continuo (en lugar del tiempo cíclico). Desde la "invención" de la fe en el sentido judeocristiano del vocablo, el hombre apartado del horizonte de los arquetipos y de la repetición no puede defenderse de ese terror sino mediante la idea de Dios. Solamente presuponiendo la existencia de Dios conquista, por un lado, la libertad (que le concede autonomía en un universo regido por leyes o en otros términos, la "inauguración" de un modo de ser nuevo y único en el universo) y, por otro, la certeza de que las tragedias históricas tienen una significación transhistórica, incluso cuando esa significación no sea siempre evidente para la actual condición humana.

En este aspecto, el cristianismo se afirma sin discusión como la religión del "hombre caído en desgracia": y ello en la medida en que el hombre moderno está irremediablemente integrado a la historia y al progreso, y en que la historia y el progreso son caídas que implican el abandono definitivo del paraíso de los arquetipos y de la repetición.

Si se mira en su verdadera perspectiva, la vida del hombre arcaico (limitada a la repetición de actos arquetípicos, es decir, a las categorías y no a los acontecimientos, al incesante volver a los mismos mitos primordiales), aun cuando se desarrolla en el tiempo, no por eso lleva la carga de éste, no registra la irreversibilidad; en otros términos, no tiene en cuenta lo que es precisamente característico y decisivo en la conciencia del tiempo.

2 opiniones

tenia que se resumen

martin
Mito de asterion.

Nom es un resumen completo de be ser mas claro y completo.

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