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El término labyrintho tiene procedencia pre-griega y se originaría en el término "doble hacha" que guarda relación con Cnosos, puesto que ése es un símbolo grabado en varias de las piedras aún existentes del palacio.
Guy Béatrice, en su artículo "El laberinto hermético", da cuenta que el término "laberinto" no procede del griego "labrys" o doble hacha de los aqueos que presidiera el palacio de Cnosos; ya que, agrega, "hacha" se dice "pelekys". "Laberinto" vendría de "labra/laura, esto es, "piedra", "gruta".
René Guénon también afirma que el origen de la palabra no estaría en "labrys", porque "labrys" y "laberinto" derivarían de un mismo término que designa a la piedra. Algo contrario opina Paul de Saint-Hilaire quien propone el etimológico significado de "nasa de pescador", siendo Teseo el pececito atrapado.
Borges, en conversación con R. Alifano, explica que el término ‘laberinto’ deriva del griego laberhnth, cuyo significado es "el principio de las ruinas, los corredores, ese largo edificio construido especialmente para que la gente se pierda en él." En "El inmortal", antes de que finalice la segunda parte, lo compara con la Ciudad de los Inmortales y se refiere del siguiente modo a esa ininteligible construcción:
Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin.
La idea reiterada por Borges del laberinto como edifico donde los personajes (conscientes o no de ello) buscan algo situado en el lugar más inescrutables e inaccesible, por ejemplo, ‘el Hexágono Carmesí’ de La Biblioteca de Babel. En estos ámbitos predominan la desorientación, la abolición o alteración de las referencias habituales de identificación, de sucesión, de distribución y de ubicación del tiempo y del espacio.
En El libro de los seres imaginarios, Borges comienza refiriéndose al Minotauro con las siguientes palabras:
La idea de una casa hecha para que la gente se pierda es tal vez más rara que la de un hombre con cabeza de toro, pero las dos se ayudan y la imagen del laberinto conviene a la imagen del minotauro.
A pesar de lo que tentadoras y múltiples lecturas autorizarían a sugerir, preferimos anteponer el laberinto de La casa de Asterión a cualquier otro tipo de laberinto diagramado explícito o no. Es por ello que las semejanzas o las diferencias se establecerán primordialmente siguiendo la línea que suponemos jerarquizada en el relato en cuestión.
Si trabajáramos el tema del laberinto en lo que refiere a la poética de Borges serían insoslayables algunos textos.
En "Eclesiastés 1-9", el laberinto constituye elemento clave en el trágico universo de la composición poética, cuya única solución es la muerte.
Los poemas "Laberinto" o "El laberinto" nos sugerirán tangenciales conjeturas de las que daremos cuenta más adelante. La cuestión del destino está planteada en ambos, de ahí que no sea ingenua la analogía propuesta. Los últimos versos del primer poema son:
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
éste el último día de la espera.
El poema "The Cloisters", parece explicar que en cuanto a posibilidades más nefastas, el laberinto, está en un nivel inferior al del sueño, allí se menciona el mismo laberinto de Cnosos.
El hecho de ver la Ciudad de los Inmortales es más terrible que el laberinto. Mientras que la primera es repugnante, el laberinto ve justificada su existencia en la operación de confundir a los hombres y simultáneamente de proporcionar un orden, pese a que el personaje pueda o no comprenderlo, por ello es preferible a la Abadía, a la ciudad de los Inmortales o al sueño.
Tanto en el poema como en la ciudad de los Inmortales, la atmósfera que sugiere la desorganización está dada en la ciudad o en el sueño, en el laberinto, en cambio, existe alguna distribución. En algunos textos de Borges el laberinto es el lugar del caos, el ámbito que contiene a muchas representaciones homólogas del caos, la muerte, las tinieblas, la enfermedad, el dolor, la ignorancia y la noche.
En Atlas (1986) en el capítulo "Laberinto", texto que ilustra una fotografía de Borges en el palacio de Cnosos en Creta, se refiere al palacio como si éste fuera el laberinto:
Este es el laberinto de Creta. Este es el laberinto cuyo centro fue el Minotauro (...) Este es el laberinto en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones, como María Kodama y yo nos perdimos aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto.
Si el palacio de Cnosos representa al laberinto de Cnosos la autoridad que rige es dinásticamente la misma: Minos, Minotauro ... Así como el templo es la casa del dios, los dos recintos (el templo y el palacio) albergan a poderes gemelos y complementarios en los diferentes planos cosmológicos: los lazos son deliberados entre arquitectura y poder.
Unwin, personaje de la narración "Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto" texto que pertenece a El Aleph, encuentra conveniente esa versión para la solución del enigma planteado en el mismo:
Lo que importa es la correspondencia de la casa monstruosa con el habitante monstruoso. El minotauro justifica con creces la existencia del laberinto.(...) Evocada la imagen del minotauro (evocación fatal de un caso en que hay un laberinto), el problema virtualmente, estaba resuelto.
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