La discusión acerca del Mito y el Laberinto en La Casa de Asterión de J.L. Borges - El mito del minotauro
La civilización cretense del segundo milenio a.C. recibe su nombre del legendario rey Minos, que mandó construir el laberinto. Según Eliade si este último no es el palacio de Cnosos, decorado de hachas dobles, es probablemente la imagen deformada de las antiguas grutas arregladas para servir de santuario desde el neolítico.
El culto minoico consistía en sacrificios y ofrendas en las grutas y sobre las cimas de las montañas, en santuarios rurales construidos alrededor de árboles sagrados o en habitaciones especiales de los palacios. Los rituales del fuego sobre las montañas, las procesiones y las acrobacias sobre los cuernos de un toro forman parte de la vida religiosa cretense.
La alianza cósmica que se expresa a través de la unión del mar (toro blanco) y la tierra (Pasifae casada con el sol: Minos), encuentra su oponente "lógico" en el ámbito celeste, de modo que Minos se desdobla en Teseo para recuperar a Pasífae-Ariadna.
El toro es un símbolo del caos, de la naturaleza incontrolada y hostil. Una fuerza enorme y brutal. Símbolo de muerte y anonadamiento y también símbolo de poder, fecundidad y vida. Humanizando a la bestia es posible domesticarla: la cópula del toro de Poseidón con la reina Pasífae convierte al animal en su prolongación obvia, el Minotauro, en el plausible principio de la creación. El Minotauro es una criatura de las aguas oceánicas, Poseidón hizo salir del mar a su padre y según lo asienten otras versiones, era éste un toro que estaba destinado al sacrificio en honor del dios.
Del mito se desprende que los mancebos enviados como tributo de guerra de Atenas a Creta son víctimas del Minotauro, quien a su vez es presa del laberinto creado por Dédalo, quien está al servicio ( y también en el futuro será víctima) de Minos, que es víctima de la ira de Poseidón, quien le enviará el Toro blanco que Minos no sacrificará por su hermosura y del que se enamorará Pasífae, madre del Minotauro. Poseidón aunque no se explicite en el mito, forma parte de la red de destino general o cósmica inevitable, aún para los dioses, que los griegos llaman moira; así por ejemplo, el dios del mar, pese a su omnipotencia, no puede evitar que Minos deje de sacrificar a su Toro, y así cometa sacrilegio o infidelidad contra su autoridad divina.
Resumida, la cadena de sobredeterminaciones, es decir la trama del mito griego es la siguiente:
(Moira)
Poseidón
Minos
Pasifae
Dédalo
Minotauro
Mancebos
Ariadna
Teseo
Teseo constituye un lugar especial en esta trama, porque perteneciendo en principio al escalón más inferior de la misma (mancebos), logra superarlo y revertir el proceso de dominio, destruyendo el poder de Minos a través de su principal instrumento de terror sobre el pueblo ateniense: el Minotauro. Es permitido argumentar que su victoria es aún más rotunda porque no solamente vence al monstruo sino a la casa monstruosa donde vive gracias al hilo de Ariadna.
Un impetuoso contraste de lecturas surge inevitablemente entre la versión corriente del mito y la versión de Borges sobre el mismo mito en La casa de Asterión, esto permitiría algunas observaciones.
El tributo que debía mandar Atenas a Creta era de siete doncellas y de siete jóvenes, para ser devorados por el Minotauro. Borges habla sólo de nueve hombres que ingresan al laberinto cada nueve años. El texto dice:
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal.
La alusión al Templo de las Hachas, es decir la identificación que se logra en el relato de Borges entre el laberinto y el mundo, puede ser entendido como el paralelo entre las dos únicas cosas (el sol y el Minotauro) vendría a significar el entrecruzamiento de mitos diferentes.
La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras.
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