



“La literatura es todo aquello que sirve para crear una cosa que no existía en la realidad”.
Antonio Caballero Holguín
“Pocos autores habrá que se hallan vengado tan a fondo del miserable mundo, de su estulticia y su mezquindad, como lo hizo Flaubert al ajusticiar con el hacha afilada de la presunta objetividad a los personajes de sus novelas. El odio, sobre todo el odio que concebía contra la burguesía a la que pertenecía por origen y aún por hábito, era la fuente de sus inspiraciones y el llamado método objetivo apenas era el dique que levantó para defenderse de un mundo que literalmente lo hacía temblar de indignación y desprecio”.
Gûnter Blôcker, Gustave Flaubert. En Eco, Tomo V Nº 29, septiembre de 1962, P. 466-467
Frédéric es una hoja al viento en el torbellino de la vida. Volátil, que puede ir a muchos lugares o no ir a alguno en absoluto. No elige viajar a País en su adolescencia, pero lo hace y empieza su carrera de derecho, lo hace por su madre, tampoco decide salirse, pero pierde su cupo. Su voluntad no es tanta como para conquistar a la mujer que ama ni establecer algún tipo de compromiso político, pero termina implicado de alguna manera.
La relación de Frédéric con el mundo es ambigua e indefinida y esto es lo que hace de él un personaje interesante, tan anti héroe para su época y tan cercano al hombre contemporáneo. En este sentido se aprecia una sintonía entre el hombre actual y el Frédéric de 1848, lo que lleva a catalogar a Flaubert como un visionario que se adelantó a su época.
En el mundo planteado por Flaubert el hombre pierde la certeza tanto en el aspecto político como el sentimental. Pierden la certeza los monarquistas, los republicanos y los revolucionarios. No hay evidencia de nada; lo que queda es desazón y una visión sin sentido de la vida. No vale la pena estar en ese mundo, tanto que Frédéric, no solamente ya no le interesa hacer realidad sus sueños sino que prefiere la ignorancia y el mundo de la gente sencilla que vive en la provincia de donde salió y a la cual retornara finalmente. El mundo que deja Frédéric a sus espaldas es el producto histórico de las acciones, pensamientos y sentires del hombre. Pero es un mundo que puede desplomarse, desaparecer.
Frédéric no se ajusta al tipo del hombre requerido en el momento histórico, perdiendo el sentido de la trascendencia. En su búsqueda de valores profesionales y culturales el mundo le es agresivo. Siempre en crisis, declara después de participar en uno de los momentos históricos de Francia que realmente lo valeroso de él se circunscribe a su visita a un prostíbulo, dato que resulta en cierto modo autobiográfico:
“Prostitutas: necesarias en el siglo XIX para contraer la sífiles, enfermedad sin la cual nadie podría afirmar que era un genio. Entre otros portadores de la Roja Enseña del Valor destacan Flaubert, Daudet, Maupassant, Jules de Goncourt, Baudelaire, etc ¿hubo algún escritor que no la padeciese? Si lo hubo seguramente era homosexual” (Julian Barnes, El loro de Flaubert, Editorial Anagrama, 1986, P. 190).
Con el pensamiento de Frédéric, se refleja un hombre nihilista, cuyo compromiso es no tener compromiso: su finalidad en el mundo es no tener una meta final. Sufre por lo que no tiene, y sin embargo, se muere de aburrimiento cuando lo consigue.
“¿Quién está menos solo que el solitario? Todos los caminos salen de él y tienen por estrella su corazón. Pero de una estrella a otra está el insondable rechazo del silencio”.
Edmond Jabés. El libro de las preguntas, Madrid, Editorial Siruela, 1990, P.3
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