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La poesía de Garcilaso puede considerarse voluntariamente monótona en su tema: el amor no correspondido como es el caso de Salicio. Pero precisamente por la insistencia de esta única nota, alcanza un refinamiento hasta entonces no imaginado, tanto en los matices de ese sentimiento exclusivo como en las calidades de las estrofas y los versos señaladas en el desarrollo del presente análisis.
Considerada exteriormente, la poesía de Garcilaso se presenta como un típico producto renacentista. Parecería que la lectura de ciertos libros y el conocimiento de algunos escritores hubiesen sido los hechos más importantes en la vida del poeta. Todos los problemas que plantea la existencia, todos los sentimientos y todas las experiencias, parecen responder a modelos literarios y se expresan mediante formas, ideas e imágenes preestablecidas por la poesía clásica y por la creación italiana. Sin embargo, Garcilaso es un buen poeta y no lo sería si su obra se limitase a ser la consecuencia de importantes culturas. La originalidad de su creación no se disminuye ni se empaña por el hecho de que casi todos sus versos estén inspirados, más o menos directamente, en los de otros poetas antiguos y modernos.
Ciertamente, resulta comprobado y fundamentado a través del análisis que la actitud poética, el planteamiento lírico, es preponderantemente pagano, no sólo por los elementos literarios utilizados, sino también y primordialmente por el concepto del morir que no aparece contextualizado en el sentimiento cristiano, sino aferrado al esquema antiguo, en donde la muerte es el acabarse del cuerpo, el dejar de sufrir para trascender hacia otra vida que no representará ninguna forma de consuelo.
En lo que tiene que ver con la influencia de la poesía italiana, ya se indicó la incidencia de Petrarca. A ésta debe agregarse la influencia de otro poeta italiano: Sannazaro (1450-1531), cuya obra en verso y en prosa La Arcadia, fue el modelo más cercano al que recurrió Garcilaso para componer sus églogas. La Arcadia, obra típicamente culta y artificiosa, representa la exaltación máxima del género pastoril.
Para su composición Sannazaro se sirvió de la lectura de los más diversos autores griegos, latinos e italianos, de los cuales el más imitado fue Virgilio. Sin embargo, la obra de Sannazaro no puede considerarse profunda y representativa del pensamiento italiano de la época y como consecuencia, la influencia sobre Garcilaso fue también superficial. No así la de Virgilio, que, como ya lo hemos señalado en diferentes momentos del análisis, fue la que imprimió huella más profunda en los versos del poeta español.
En el orden de las conclusiones, corresponde agregar al mismo tiempo, que la relación entre Virgilio y Garcilaso no consiste solamente en la imitación de situaciones, imágenes e ideas, sino en una simpatía esencial, en una coincidencia de almas y temperamentos. De esta forma, la melancolía de Garcilaso, su sensualidad nostálgica y su sentimiento de la naturaleza, son más virgilianos que petrarquistas.
Por último, el análisis del soliloquio de Salicio, tema central de la investigación, revela una amplia capacidad poética para el manejo de la forma sin desmerecer, en ningún momento, el contenido. El empleo del estribillo no hace monótono el enfoque sino que presenta un carácter acumulativo que permite el enriquecimiento del planteamiento lírico. Aquí es donde realmente se manifiesta el auténtico poeta: repetir para anexar implícitamente en cada reiteración nuevos conceptos. Es uno de los tantos logros del poeta español comentado.
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