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"Égloga" deriva del griego y significa "seleccionado" o "escogido". Los griegos la empleaban para designar toda colección de poemas breves a modo de pequeña antología. Como muchas ediciones impresas de las Bucólicas de Virgilio, llevaban el título de "Églogas", esta palabra cambió de sentido y llegó a representar lo mismo que bucólicas, esto es, poesía pastoril.
Aunque las églogas de Virgilio son esencialmente líricas, hay en ellas elementos narrativos, ya que suelen relatar diferentes sucesos, así como aspectos dramáticos, pues cinco de ellas -las que llevan número impar- son dialogadas. La intensificación de uno u otro carácter ha transformado aquella antigua esencia lírica ya en novela, ya en teatro.
Éste es el género pastoril, que en el Renacimiento estaba integrado por un tipo especial de poesía lírica, de novela y de drama; sin alejarnos de la literatura española, podemos encontrar muchos representantes de estas tres direcciones, como por ejemplo, La Galatea de Cervantes en la novela pastoril y las églogas de Juan del Encina en la dramática. Pero en el aspecto fundamentalmente lírico, las tres églogas de Garcilaso quedan como las expresiones más grandes del género en nuestra lengua.
Si de las tres églogas la segunda es la que presenta los rasgos más dramáticos y narrativos, y la tercera es la más equilibrada y la más artísticamente perfecta, es la primera la que traduce una emoción lírica profunda, pura y auténtica.Análisis de la égloga I: características formales y elementos conceptuales.
Esta égloga fue compuesta algunos meses después de la muerte de Isabel Freyre, musa de Garcilaso, a fines de 1535. El poeta, que no ha dejado nunca de buscarse a sí mismo, alcanza en esta época su madurez espiritual y el dominio perfecto de su arte.
Como se señaló en la Introducción del presente trabajo, la égloga está dividida en treinta estancias y consta de cuatrocientos veintiún versos. Las estancias tienen catorce versos: diez endecasílabos (del 1o. al 6o., 10., 11o., 12o. y l4o.) y cuatro heptasílabos (7o., 8o., 9o. y 13o.) que riman según el esquema: ABCBACcddEEFeF. Sólo dos estrofas no cumplen con este esquema: la 19ª cuyo verso decimoprimero es heptasílabo en vez de endecasílabo y la 20ª, que tiene quince versos en lugar de catorce.
El amor es el tema de la égloga. El conflicto se expresa desde dos posturas diferentes mediante la exposición del diálogo de dos pastores. El primero, Salicio, se lamenta del desdén y la frialdad de la hermosa Galatea, que lo ha abandonado por otro; el segundo, Nemoroso, llora la muerte de su amada Elisa. Son dos formas de pérdida amorosa, dos situaciones que a pesar de que contrastan, tienen un fundamento común: dolor por la indeseada soledad.
El primer verso de la primera estancia nos adelanta, más que el tema, el tono del poema. En el dulce lamentar se funden dos sentimientos en cierto modo opuestos, ya que la amargura de dicha lamentación se dulcifica por el canto melodioso.
Asimismo, esta primera estancia ofrece un canto lírico apegado a la forma. Desde un principio se ubica la reiteración temática y la predilección por determinados adjetivos, como es el caso del término "dulce": "dulce primavera", "dulce agua", "dulce soledad", "dulce nido"; esta dulzura es la que da especial sabor al canto triste; por ella, las ovejas se olvidan de saborear el pasto, absortas en el "cantar sabroso".
La presentación del mundo bucólico es primordial para poder entender después las quejas de Salicio y Nemoroso.
Desde el punto de vista retórico la estancia inicial aparece cargada de elementos que anuncian al mismo tiempo una de las características de toda esta égloga:
El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo,
y un grado sin segundo,
agora estés atento, solo y dado
al ínclito gobierno del Estado,
Albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte; (p. 33)
Dichos elementos son enumerados a continuación:
1. Oxímoron: "El dulce lamentar"2
El oxímoron es una intensificación de la catacresis y consiste en unir dos ideas que en realidad se excluyen. En la lírica de los siglos XVI y XVII, y ya antes en la poesía florida de la Edad Media, se nos presentan continuamente expresiones como: la amarga dulzura (del amor), su dulce amargura, la muerte viva, la vida muerta, el sol sombrío.3
El oxímoron permite la reunión de dos conceptos que, separados del contexto, son contrarios, pero que en el marco del artificio retórico se complementan y dan mayor fuerza a la expresión.
2. Hipérbaton: El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando,
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando. (p. 33)
De acuerdo con Kayser:
hipérbaton. Se entiende por hipérbaton una colocación de las palabras diferente de la "usual". Mas, por un lado, resulta difícil determinar lo que es o no "usual". Por otro, esta noción de hipérbaton incluye tantos fenómenos que es poco práctica para la investigación estilística. [...]
Uno de los rasgos estilísticos sintácticos más fáciles de reconocer, y que se suele presentar con la designación de hipérbaton, es la inversión, es decir, la posición invertida del sujeto y del predicado.4
Sin dejar de lado el hecho de que los criterios para la designación del hipérbaton no son unánimes en los estudios literarios -ni siquiera podemos hablar de la existencia de conceptos delimitados satisfactoriamente en la estilística- la poesía de Garcilaso, lo mismo que la mayoría de los clásicos, es materia óptima para la identificación de este tropo. Si se reordenan los elementos sintácticos del período anteriormente citado tenemos:
'He de contar, imitando sus quejas, el dulce lamentar de dos pastores, Salicio y Nemoroso juntamente; cuyas ovejas estaban muy atentas al cantar sabroso, olvidadas de pacer, escuchando los amores'
La paráfrasis aquí presentada muestra claramente, por oposición con el original, la presencia y fuerza del hipérbaton; pero no sólo eso, también es prueba irrefutable de que en la lírica la estructura lingüística elegida por el poeta no puede ser alterada, so pena de destruir la obra de arte.
3. Prosopopeya: Es una variedad metafórica, en la que se atribuyen características humanas a objetos inanimados o irracionales5. La figura está perfectamente aprovechada en la actitud de las ovejas; éstas escuchan el canto de amor y se integran al mundo bucólico como elementos personificados, la historia que oyen las distrae de tal modo que incluso interrumpen su alimentación.
4. Hipérbole: Se denomina así a la exageración retórica. En el fragmento seleccionado, la exageración consiste en subrayar el comportamiento animal ante el dolor expresado por el pastor; la atención es tanta, que incluso se olvidan de una actividad primordial como el pacer.
hipérbole es una de las figuras más frecuentes en el lenguaje familiar: ya te dije mil veces, al paso de la tortuga, en un abrir y cerrar de ojos.
Muchas de las expresiones nuevas formadas por combinación de varias palabras se aceptan a causa de su impresionante hiperbolismo.6
5. Sinestesia: "Cantar sabroso"
De la metáfora se pasa fácilmente a la sinestesia. Se designa con este término la fusión de diversas impresiones sensoriales en la expresión lingüística.7
En este caso, resulta clara la reunión de la impresión sensorial auditiva: cantar, con la sensorial gustativa: sabroso.
6. Metonimia: "Escuchando los amores"
Kayser alude a la enorme semejanza que existe entre sinécdoque y metonimia, pero se deben tener en cuenta las diversas consideraciones de los autores que distinguen entre uno y otro fenómeno. Por ejemplo Le Guern dice:
En efecto, como todos los tropos, la metonimia se define por un distanciamiento paradigmático: se trata de la sustitución del término propio por una palabra diferente, sin que por ello la interpretación del texto resulte netamente distinta.[...]
Volviendo a la clasificación tradicional de los diferentes tipos de metonimias, podemos constatar que a cada categoría corresponde la elipsis de un término, particular a esta categoría, pero común a todos los casos que se consideran:
1o. La causa por el efecto: elipsis de "el efecto de". En el caso particularmente frecuente en la literatura clásica francesa, del empleo metonímico del plural de un sustantivo abstracto, se hace elipsis de "efectos de", al plural. El sustantivo metonímico conserva naturalmente su género, pero toma el nombre del elemento del que se hace elipsis.8
Se cita sólo lo relativo a la causa por el efecto por corresponder a la metonimia que se observa en el contexto estudiado: Las ovejas escuchan el canto de amor (efecto), pero el poeta ha colocado, en lugar del efecto, la causa: los amores.
7. Encabalgamiento: "[...] al cantar sabroso/estaban muy atentas [...]"
Sucede que en ocasiones el sintagma que constituye la línea versal está incompleto, se fragmenta y ubica en el verso siguiente palabras o sílabas de una palabra que debieran pertenecerle según la lógica sintáctica. Éste es el caso que constituye el encabalgamiento.
Hasta aquí hemos seguido la disposición formal de los primeros versos; cabe especificar ahora su presencia semántica para la interpretación del Soliloquio. Este inicio es una introducción, un llamado de atención hacia el discurso del poeta, lo cual se logra no sólo adelantando datos del contenido que espera al oidor -actualmente al lector- sino también cautivando la atención mediante la integración del contenido semántico en una construcción formal igualmente significativa.
Después de estos seis primeros versos, encontramos las fórmulas de cortesía propias de la época del poema. Estamos ante un requisito indispensable en la vida cortesana, pues sin un mecenas no había producción artística; a su vez, no había mecenazgo sin elogios. El mérito de cada poeta estribaba en la excelsitud del protector, en la perfección formal de la alabanza y en la acertada inclusión de los elementos legendarios, míticos e inclusive históricos que permitieran el mayor lucimiento del prohombre invocado.
En este caso, Garcilaso se dirige al marqués de Villafranca en términos similares a los empleados por Virgilio para aludir a Polión en la Bucólica IV. El poeta entona el panegírico al Virrey de Nápoles y le dedica su poema. Esta exaltación comienza con un vocativo:
"Tú, que ganaste obrando..." (p. 33)
La lista de elementos en los que el poeta sustenta su loor obedece a una conceptualización especial. Obsérvese que el poeta valora los diferentes aspectos que definen a un perfecto cortesano de acuerdo con los lineamientos trazados por Baltazar de Castiglioni:
1. Hombre de acción, no simple heredero de gloria, sino forjador de ella: "ganaste obrando". (p. 33)
2. Prestigio aristocrático: "...ganaste obrando / un nombre en todo el mundo". (p. 33)
3. Condición de guerrero afamado: "...un grado sin segundo"
"Representando en tierra al fiero Marte" (p. 33)
4. Excelso gobernante, por lo atinado de sus actos y por su pertenencia a la Casa de Alba, casta de soberanos: "agora estés atento, sólo y dado / al ínclito gobierno del Estado, / Albano..." (p. 33)
5. También es el prototípico cortesano entregado al entretenimiento de la caza, actividad en la que no puede sino triunfar: "andes a caza, el monte fatigando / en ardiente jinete, que apresura / el curso tras los ciervos temerosos, / que en vano su morir van dilatando." (p. 34)
Paralelamente, el poeta habla de su deuda intelectual ante la grandeza de Albano. Su tono continúa siendo hiperbólico sobre todo cuando dice:
En tanto que este tiempo que adivino
viene a sacarme de la deuda un día,
que se debe a tu fama y a tu gloria;
que es deuda general, no sólo mía,
mas de cualquier ingenio peregrino
que celebra lo dino de memoria;
el árbol de vitoria
que ciñe estrechamente
tu glorioso frente
dé lugar a la hiedra que se planta
debajo de tu sombra y se levanta
poco a poco, arrimada a tus loores;
y en cuanto esto se canta,
escucha tú el cantar de mis pastores. (p. 34)
El tiempo presente y también el tiempo por venir pueden sacar a Garcilaso de la deuda de honor, que se origina en todo lo que Albano ha hecho por la patria mientras cumplía con su deber como soldado y como cortesano. Todo poeta representa ese "ingenio peregrino".
Resalta por su belleza estética la imagen que hace referencia al árbol de "vitoria" que ceñirá estrechamente la frente gloriosa del Marqués de Villafranca. Con esto se alude al laurel que coronaba a los ganadores en los juegos olímpicos en la Antigua Grecia. Simultáneamente, emerge la figura del poeta en esa hiedra que se planta y se levanta protegida por la sombra de la grandeza de Albano. Esta última imagen refiere a la rama de hiedra con que eran premiados los poetas en la época de Píndaro.
Desde el punto de vista lírico se halla todo dispuesto para que comience el desarrollo del tema central de la égloga que estará constituido por la queja de Salicio y el lamentar de Nemoroso. Lo anterior representó la preparación necesaria para fundamentar el planteamiento posterior.
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