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La égloga I de Garcilaso de la Vega y la mortificación de los amores contrariados - Soliloquio de Salicio (I)

 ***** (1 opiniones)
CopyLeft Monografía de Luis Quintana Tejera - 23 de Septiembre de 2006
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3. Soliloquio de Salicio (I)

Comienza inmediatamente el lamento de Salicio. Como los cantos de los pastores de la Bucólica VIII de Virgilio, el soliloquio de Salicio presenta un estribillo que, excepto en la última, se repite en todas las estancias: "Salid sin duelo, lágrimas, corriendo".

El ritmo melodiosamente entrecortado de este endecasílabo, se distingue por dos cesuras, muy breves, una de las cuales cae después de la quinta y otra después de la octava sílabas. El vocativo "lágrimas", que lleva el acento principal del verso y la mayor carga emotiva queda, de este modo, aislado y suspendido, por un momento, como si la música de la voz, al terminar cada estrofa, estuviese a punto de quebrarse en el llanto.

Al mismo tiempo, el estribillo expresa el sentimiento estoico del pastor; está muriendo por haber amado pero quiere que sus lágrimas salgan sin dolor, que no lo consuelen porque desea que el sufrimiento lo acompañe hasta la muerte; el único triste legado de Galatea es el dolor: no lo quiere perder ni aguarda que el llanto traiga una mínima cuota de consuelo.

La primera estancia dedicada a Galatea, se inicia directamente con un reproche:

¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo,
más helada que nieve, Galatea!
Estoy muriendo y aun la vida temo;
émola con razón, pues tú me dejas;
que no hay sin ti el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo! (p. 36)

En la mujer amada destacan la dureza del mármol y la frialdad de la nieve. Los contrastes resultan representativos: a sus blandas quejas de amor responde la dureza de Galatea; Salicio se está consumiendo en el encendido fuego de amor y ella se sumerge en la helada nieve de la indiferencia. El carácter de ese mismo amor es agonístico: "Estoy muriendo y aun la vida temo" (p. 35); teme a la vida que le resta, porque se presenta en ella el fantasma de la soledad. La existencia no tiene sentido sin Galatea.

Al mismo tiempo, en la figura del pastor surge la imagen desesperada del cortesano cuando dice: "Vergüenza he que me vea / ninguno en tal estado..." Lo domina la vergüenza de haber sido derrotado en el amor, no desea que lo vean en medio de la desesperación aquellos que antes lo vieron pasearse feliz con la mujer amado. Existe un permanente contraste entre el pasado y el presente: un pasado caracterizado por la presencia de Galatea y un presente marcado por la dolorosa ausencia.

Formula un agudo reproche al terminar la estancia:

¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora? (p. 36)

Comienza así una determinada actitud de desdén hacia la infiel que irá in crescendo hasta determinado momento de la queja para transformarse, casi al final, en una donación de todo lo que en algún momento poseyeron juntos.

Después de declarar que la vida no tiene sentido ni objeto cuando falta la correspondencia del amor, Salicio, ya en la segunda estancia de su queja, contrasta la permanencia de su dolor, que desde el alba al ocaso no conoce calma ni sosiego, con los diversos y libres movimientos de los distintos animales. El amor no correspondido se convierte casi en una pasión maligna y antinatural:

La situación emotiva se intensifica a medida que avanza el desarrollo lírico del soliloquio. En la estrofa siguiente, el reproche y la necesidad de herir se manifiestan con toda dureza:

¿Y tú, de esta mi vida ya olvidada,
sin mostrar un pequeño sentimiento
de que por ti Salicio triste muera,
dejas llevar, desconocida, al viento
el amor y la fe que ser guardada
eternamente sólo a mí debiera?
¡Oh Dios! ¿Por qué siquiera,
pues ves desde tu altura
esta falsa perjura
causar la muerte de un estrecho amigo,
no recibe del cielo algún castigo?
Si en pago del amor yo estoy muriendo,
¿qué hará el enemigo?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. (pp. 36-37)

Amor y fe fueron los atributos primordiales de la relación y ahora han desaparecido, han quedado cubiertos por el olvido. Acusa a Galatea porque ella es la que deja llevar por el viento el amor y la fe. Mientras esto sucede, Salicio muere tristemente. Sólo Dios podría castigar a la "falsa perjura". Galatea faltó al juramento de amor y con ello provocó la muerte de "un estrecho amigo".

En fin, el pastor está muriendo por haber amado y se pregunta "¿Qué hará el enemigo?" La justicia está ausente, el equilibrio no existe y sólo se aguarda el castigo para los traidores.

La estancia VI es, quizás, la más famosa y bella de la lamentación de Salicio. Por las estrofas anteriores sólo se sabía que Galatea había abandonado al pastor; ahora se llega a conocer que Galatea lo ha dejado por otro:

Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?
¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
de tus hermosos brazos anudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mi amada hiedra,
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. (p. 38)

La expresión de los celos presta un nuevo calor a la voz, llorosa, y los reproches se hacen tan intensos que la lejana Galatea parece más presente que nunca. Aquí también se da una idea de la belleza física de la pastora: "dulce habla", "claros ojos", "hermosos brazos". La enumeración de estas pocas cualidades está lejos de constituir una descripción, pero contribuyen levemente a materializar lo que, hasta ahora, sólo había sido un hermoso nombre evocado.

Estilísticamente predominan las interrogaciones que conllevan el reproche. Él ha sido cambiado y el habla dulce de Galatea así como sus ojos claros, atienden hoy a otro hombre. El contraste entre el pasado y el presente resulta violento y la recreación de un hoy sin ella es profundamente desagradable y llega a destrozar el alma del pastor. Ciertamente no puede existir un corazón que soporte tanto desdén; al ver a su amada en brazos del rival, sólo le queda continuar en el camino del "acabarse", retomando así la imagen de la primera estancia de la queja: "y al encendido fuego en que me quemo"

En estos seis primeros versos que destacan la infidelidad de Galatea, la cadena de los brazos que se anudan a otro cuello prepara las bellísimas imágenes de la hiedra y el muro, de la parra y el olmo que corresponden a los versos siguientes.

El lenguaje metafórico de Salicio emplea elementos típicamente pastoriles para simbolizar la unión amorosa con un extraño, unión que se va haciendo más estrecha a medida que la estrofa avanza: es dado observar que la estancia comienza refiriéndose a posibles palabras y miradas de amor, y termina con un abrazo, el cual se fija, al final de la misma, en la visión de la hiedra "en otro muro asida" y de la parra "en otro olmo entretejida".

Las estrofas VII y VIII están íntimamente vinculadas entre sí y ambas tienden a mostrar lo inexplicable, absurdo y monstruoso de la unión de Galatea con otro amante. En la VII el sentimiento de ausencia se proyecta y sacude en lo más hondo al desesperado corazón:

¿Qué no se esperará de aquí adelante,
por difícil que sea y por incierto,
o qué discordia no será juntada
y, juntamente, qué tendrá por cierto
o qué de hoy más no temerá el amante,
siendo a todo materia por ti dada?
Cuando tú enajenada
de mí, cuitado, fuiste,
notable causa diste
y ejemplos a todos cuantos cubre el cielo
que el más seguro tema con recelo,
perder lo que estuviere poseyendo.
Salid fuera sin duelo,
salid sin duelo, lágrimas, corriendo. (pp. 38-39)

Autor y licencia de 'La égloga I de Garcilaso de la Vega y la mortificación de los amores contrariados - Soliloquio de Salicio (I)'
Luis Quintana Tejera Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero25/egloga.html CopyLeft
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