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Cuando un texto se digitaliza sufre un cambio de estado y pasa a poseer una serie de características especiales. En la medida en que lo que tenemos es su presencia virtual se pueden realizar sobre él una serie de operaciones que en su representación material o analógica no eran posibles o lo eran de otra manera.
La principal característica es su maleabilidad. El texto pasa a ser algo totalmente manipulable, plástico, gracias a su virtualidad, a su falta de consistencia. Además, adquiere algo sobre lo que no se reflexiona bastante: la posibilidad de acoger múltiples dimensiones. Como objetos, los textos están limitados a sus dimensiones espaciales. Como textos electrónicos, su propio carácter virtual, no material, amplia las líneas que pueden recorrerlo, atravesarlo, descomponerlo... sin que por ello se vea alterada su sustancia y unidad textual.
Igualmente desarrolla una asociatividad explícita. Las modernas teorías literarias hablan de las constantes llamadas que un texto realiza a sus lectores, es lo que se ha denominado el empleo de la enciclopedia, es decir, la necesidad que el lector tiene de incorporar sus conocimientos para la comprensión del texto. Leer comprensivamente implica poseer un nivel de competencia determinado, una serie de conocimientos que han de ser puestos en marcha, activados para poder comprender el texto. Un texto contiene implícitamente muchos más conocimientos que aquellos que los signos reflejan; cada palabra, cada frase están cargadas de significaciones que no son solo las del diccionario, sino las de la enciclopedia que el autor y su época poseen en el momento de la escritura. Leer supone acercarse a esa enciclopedia que fija los sentidos tras unos vertiginosos movimientos mentales en los que, en su caso, se establecen los vínculos o interconexiones entre texto y enciclopedia. El texto digital puede acoger, como decimos, varias dimensiones o capas en las que en cualquier momento se puede abrir la puerta que da paso a lo que estaba implícito para hacerlo manifiesto en su superficie. Lo explícito da paso a lo implícito, lo manifiesto a lo latente. Que el texto pueda acoger su enciclopedia, que pueda hacer explícitos los conocimientos supone, desde la didáctica, una gran ventaja.
Esta conectividad es posible gracias a ese carácter asociativo del texto electrónico. El sueño de Vannevar Bush, el Memex, la máquina capaz de manejar los conocimientos almacenados se ha hecho realidad con la aparición del Hipertexto. El Hipertexto es una estructuración del conocimiento a través de enlaces que tejen trayectorias múltiples, posibles vías de recorrido. Es una de las herramientas más sencillas, pero a la vez más poderosas, que las Nuevas Tecnologías han posibilitado. Permiten, como decíamos, hacer manifiestos los vínculos que están en la base de todo texto y, por extensión, de todo el sistema cultural en el que se inscriben.
El Hipertexto acoge la complejidad. El poder pensar y, lo más importante, representar que los textos no son unidades cerradas, sino que forman parte de estructuras complejas interrelacionadas es ya de por sí un avance pedagógico importante. La simplicidad, el esquematismo, merman la riqueza textual; hemos estado trabajando, en gran medida, con una tendencia reductora que ha descarnado nuestro material textual reduciéndolo en muchas ocasiones a un pobre esqueleto. Lo condensado de nuestros programas, la abundancia de asignaturas, la reducción del número de horas, etc. nos han condenado a la superficialidad y al esquematismo, por lo que el efecto sobre la enseñanza ha sido claro: la preeminencia de los manuales condensados en nuestra enseñanza. Ni una palabra más de las mínimamente necesarias. Resúmenes, cuadros, esquemas, diagramas son los modelos imperantes en nuestra enseñanza y sus efectos empobrecedores son conocidos por todos. El Hipertexto permite recuperar gran parte de esa complejidad inherente a las obras que manejamos. Lo que estamos trazando son mapas mentales que acogen, en cada caso, los niveles requeridos de complejidad.
Desde el punto de vista didáctico, podemos utilizar hipertextos elaborados con este fin, pero lo auténticamente formativo es su práctica, su realización en el ámbito de las actividades docentes. Hemos definido anteriormente el espacio virtual como un lugar para la experiencia, como un lugar en el que construir. Por encima de su valor informativo, el valor formativo reside en ser una herramienta a través de la cual se aprende la construcción del conocimiento, en definitiva, la constitución del tejido fino de la Cultura. Cuando se dice que el Hipertexto está más cerca del funcionamiento real de la psique, se está haciendo referencia al concepto de Red, a la constante interconexión de los datos que poseemos almacenados. A través de estas redes somos capaces de comprender y también de generar nuevos conocimientos.
Aunque el Hipertexto es una construcción que puede ser desarrollada en cualquier área específica estableciendo estructuras de conocimientos, en el caso de la enseñanza de la Literatura tiene sus peculiaridades específicas que se derivan de las propias del texto literario que: a) genera universos de ficción; y b) representan la vida, es decir, albergan aspectos de la totalidad de la enciclopedia, requieren que se pongan en marcha conocimientos de todos los campos: la Historia, la Geografía, la Sociología, la Psicología, la Física, la Química, la Literatura misma... Abro al azar el libro más próximo sobre mi mesa -El peso de la noche, de Jorge Edwards- para comprobarlo, y en el primer párrafo que encuentro se habla de "armonía preestablecida", del "equilibrio del universo", de "péndulos", de “leyes de compensaciones"... La enciclopedia se tiene que poner en marcha.
Gracias a esta nueva forma hipertextual de estructurar la información se pueden hacer explícitas esas conexiones que existen durante la lectura y a través de ella. Aprender Literatura es aprender a leer comprendiendo estas conexiones que el texto establece y demanda. Es decir, la lectura es una forma de re-escritura, una recomposición textual en la que primero tenemos que encontrar las piezas identificándolas, clasificándolas en interpretándolas en su nuevo contexto. En este sentido, el Hipertexto es en sí mismo un instrumento pedagógico en el que su sencillez funcional contrasta con la complejidad estructural que puede llegar a reflejar, que no sería otra que la del texto mismo devuelto a su plenitud semiótica.
De la misma manera que escribir un texto supone convertir en palabras el mundo representado, convertirlo en hipertexto supone realizar un movimiento intelectual de reconstrucción y, a la vez, crítico. Construir un hipertexto a partir de un texto existente es realizar una escritura inversa. Descubrir su entramado es una de las mejores formas de acercarse a la escritura literaria. Comprender que los textos son maquinarias compuestas de palabras que trabajan de una determinada manera es importante. Nos permite conectar con las modernas teorías textuales de una forma práctica. Los textos pueden ser comprendidos y tratados como terrenos compuestos por capas en cada una de las cuales se acumulan restos culturales. El análisis de la escritura tiene mucho de búsqueda arqueológica y gran parte del trabajo posible tiene que ver con la identificación de esos restos que nos vamos encontrando y sacando a la luz.
Situar el Hipertexto en el centro de la práctica educativa literaria me parece de gran valor. Supone, inicialmente, trabajar de otra manera. Se ha señalado reiteradamente el carácter aglutinador que este tipo de práctica de escritura posee. Los hipertextos, en este sentido, son fórmulas ideales para los trabajos con grupos y permiten la implicación efectiva de los participantes en el proyecto conjunto. Los tipos de prácticas que permiten son variados y dependen de la imaginación del docente en el diseño de las actividades y de los propios participantes con sus aportaciones.
Además tienen un importante valor añadido: reducen la distancia entre la enseñanza teórica y la enseñanza práctica al permitir incorporar todos los conocimientos en un mismo espacio estructural. Este tipo de fracturas, a las que estamos habituados en la enseñanza, son peligrosas por la descontextualización del conocimiento que producen. La construcción del hipertexto precisamente supone buscar la pertinencia, la vinculación, de tal forma que todo quede integrado en la estructura.
Si lográramos que este tipo de prácticas fueran realizadas, probablemente se modificarían positivamente los resultados de nuestra enseñanza. No solo se comprenderían mejor los textos, sino el comportamiento textual, con lo cual la enseñanza se habría convertido en aprendizaje, es decir, habríamos dado a nuestros alumnos la capacidad de desarrollar con una mayor eficacia sus capacidades textuales. Habríamos pasado de la lectura superficial de los textos literarios y el almacenamiento de una información complementaria paralela, que es la situación actual, a un trabajo con los textos y desde los textos.
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