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La escritura testimonial chilena. Una cartografía de la memoria - La dictadura y el compromiso testimonial: la escritura de Patricia Verdugo

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05 de Septiembre de 2006
HistoriaHistoria de la literatura

Al revisar las posiciones de los críticos y de los escritores frente al género testimonial, puede afirmarse que no posee marcas propias, absolutamente diferenciadas; el género puede leerse como una de las modulaciones de un trabajo de investigación periodística.. A diferencia de la Argentina, en Chile no hubo un juicio civil al gobierno militar. Ante este vacío de información, las investigaciones periodísticas han dado cuenta de las acciones represivas. La presencia del general Pinochet en la escena política de la nación y la aplicación de la ley de amnistía han impedido, en Chile, la investigación judicial de los hechos.

Lo que solía llamarse "periodismo interpretativo" en tanto relación empírica de los hechos puede señalarse como una frontera, con límites ambiguos, entre el discurso testimonial y el discurso histórico. Se destaca aquí el libro de Patricia Verdugo, Los zarpazos del Puma, editado en Santiago, por la Editorial Cesoc en 1985 en una coyuntura de ruptura del régimen militar. Al poco tiempo de su aparición se convirtió en un bestseller agotado, sin contar las innumerables ediciones piratas que circularon. Se trata de una investigación periodística destinada a esclarecer uno de los hechos más tenebrosos de la represión militar: el asesinato de setenta y dos presos políticos que estaban confinados en varias cárceles y recintos militares clandestinos, ajusticiados al margen de todo proceso legal, por una "comisión especial enviada desde Santiago al norte de Chile, denominada posteriormente "caravana de la muerte", encabezada por el general Sergio Arellano. La comitiva estuvo en numerosas ciudades: Valdivia, Temuco, Linares Cauquenes, Talca, la Serena, Copiapó, Antofagasta y Calama. Las 72 muertes se distribuyen en cuatro ejecuciones en Cauquenes, La Serena, Copiapó, Antofagasta y Calama; esta es la geografía del reportaje de patricia Verdugo. La periodista trabaja con las historias particulares de cada uno de los ciudadanos detenidos que "habían confiado en sus compatriotas uniformados y en las leyes de su país" (7). Todos estos hombres, integrantes de los cuadros políticos del gobierno de Salvador Allende, se habían presentado voluntariamente ante un llamado hecho mediante un bando militar o no habían puesto resistencia alguna a la detención practicada en su casa o en su lugar de trabajo.

La indagación confronta las versiones testimoniales de los familiares de las víctimas con las de los militares de cada una de las regiones que estaban a cargo del cuidado de esos prisioneros; las distintas versiones de las víctimas dan cuenta de una baja captación de miedo ya que este crimen masivo se define, por lo general, como una violación de la confianza de los ciudadanos en las fuerzas militares. Puede citarse el relato de Josefina Cruz, madre de una de las víctimas, en el que las figuras de los culpables, Pinochet y Arellano aparecen rodeadas de un aura de admiración en el primer momento del golpe militar. "Y yo pedí la intervención de los militares, los admiraba" (110). Los caídos aparecen como "víctimas propiciatorias" de una táctica guerrera recurrente en la tradición bélica represiva del cono sur: la del fusilamiento nominal como lección y escarmiento para las conductas políticas de los grupos sometidos a la disciplina del vencedor.

Los Zarpazos del puma conserva la estructura del reportaje: están claramente diferenciadas las preguntas de la entrevistadora y la voz de los informantes. El compromiso intelectual se asume como una postura objetiva y distanciada para leer el pasado; frente a la orfandad epistemológica del testimonio, la crónica de los hechos asume un papel estructurante de la narración. Patricia Verdugo recorre el itinerario de la caravana y enfrenta las distintas voces de los protagonistas. La polémica principal tiene lugar entre los testimonios del general Joaquín Lagos, a cargo de la jurisdicción de Antofagasta, y el testimonio del Oficial Delegado, general Sergio Arellano, que no habla directamente sino a través de su hijo3.

La carrera militar del general Joaquín Lagos había terminado por su propia decisión. Estaba claro para la Junta Militar, que no se podía contar con él para las tareas de represión clandestina que exigía la toma total del poder. En febrero de 1974 fue trasladado a Santiago y, ocho meses más tarde, fue llamado a retiro. Trece años después, decidió relatar en detalle lo sucedido al periodismo, en carácter de declaración jurada. Lagos afirma no haber podido hacer nada frente a las órdenes que traía desde la capital la "caravana de la muerte". ("¡Qué barbaridad, a mis espaldas masacrar a catorce prisioneros indefensos!" 175) En la entrevista con Patricia Verdugo Desmiente las fugas inventadas por el oficialismo y denuncia los fusilamientos sin ningún Consejo de Guerra, y expresa su obsesiva preocupación por entregar los cuerpos de las víctimas a sus familiares. Públicamente decide mentir para conservar su "ascendiente sobre la ciudadanía" (175). En octubre del ’73, decidió separar a las víctimas en grupos, dando la impresión de ejecuciones separadas. Luego, para cuatro casos, víctimas que no pudieron ser entregadas a sus familiares por las evidentes marcas de la tortura en sus cuerpos, usó el término "extremistas" para iniciar un expediente sobre los presos fusilados a causa de haber planeado asesinatos en masa en Antofagasta.

En las entrevistas de Verdugo, Arellano no asume responsabilidades y defiende la tesis de la fuga para justificar las muertes; tesis avalada por sus superiores y por la prensa oficial4. En cuanto a los abusos, se disculpa argumentando que el general Arredondo, su subordinado, había actuado por iniciativa propia y sin su autorización. Verdugo se aleja de su espacio autorial y cita el enfrentamiento entre Lagos y Arellano5. El duelo entre ambos se explicita y la respuesta de la periodista se repliega al interior del texto: la sospecha se expande sobre ambos relatos. La narradora cambia el rol de periodista y se convierte en denunciante; con preguntas sucesivas sobre los hechos crea un clima de hostigamiento contra los protagonistas de la campaña: Arellano es el ejecutor de órdenes difusas y Lagos, aunque argumente su inocencia, también es declarado culpable por su pasiva actitud de no actuar frente a los que considera una sinrazón. El libro ocupa el tiempo de la desconfianza y prueba que toda la interpretación histórica de las acciones de la caravana, dependerá del sistema de referencias articulado por la prensa oficial.

Los zarpazos del puma construye su verdad con recortes de citas, glosas y largos fragmentos testimoniales de declaraciones oficiales y documentos siempre entrecomillados; Sin embargo estos recursos parecen no garantizarla, tampoco lo hace el narrador neutro y objetivo característico del discurso periodístico. El efecto de verdad está legitimado por la referencia a dos textos que fundamentan los enunciados de Verdugo. Me refiero a las constantes referencias a la Memoria oculta del régimen militar de Cavallo, Salazar y Sepúlveda y el Informe Rettig elaborado pro la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación creada por el Decreto Supremo Nro. 355 del 25 de abril de 1990 por el gobierno de Patricio Aylwin.

Memoria oculta... es un trabajo histórico construido con materiales diversos, sin héroes y sin voces definidas por el centro autorial del relato. Se trata de un relevamiento de cárceles y de acciones represivas de la dictadura militar, el material documental se completa con un desarrollo de los movimientos revolucionarios en Chile, especialmente hay detalles sobre las acciones y objetivos del MIR hechos omitidos en los largos reportajes de Verdugo, centrados fundamentalmente en la política gubernamental de la Democracia Cristiana.

La historia se inicia en el portal de La Moneda, la medianoche del 11 de setiembre de 1973. Mediante un sutil juego de simulación de la oralidad, los autores dejan la lengua monstruosa del lado de los militares. El libro también reconstruye el plan económico del "grupo Chicago", las consecuencias de la devaluación, las relaciones internacionales del gobierno y la oposición a la dictadura, centrada fundamentalmente en los Estados Unidos. La mayor cantidad de las fuentes documentales proviene de la Vicaría de la Solidaridad y de los testimonios de familiares de los detenidos-desaparecidos, aunque no hay en el relato posiciones subjetivas y el límite es la transcripción de toda información que pueda ser probada documentalmente.

Los autores trabajan con la idea de "inventario" de personas desaparecidas, de lugares clandestinos de detención, de cárceles, de estadios, de regimientos de buques y de islas en las que se aglomeraron los detenidos. En cuanto a los números de víctimas, hay una marcada diferencia entre los datos de Memoria que habla de 45.000 desaparecidos durante el primer mes de la dictadura y un proceso represivo sin ninguna coherencia y el reportaje de Verdugo que habla de 3.000 desaparecidos durante todo el régimen. Los zarpazos del puma apela a la Memoria cada vez que quiere validar sus enunciados históricos; Sirve además para contrastar con un documento escrito, los testimonios orales de los familiares de las víctimas. Es el relato maestro sobre el cual se apoya el testimonio, quien por otra parte intenta borrar su categoría de texto apócrifo.

Intentando averiguar de qué Lira habla el general Arellano encontré unas pocas líneas en el libro "La historia oculta del régimen militar". En la página 28, refiriéndose a los prisioneros de Copiapó, dice: "uno de los detenidos, el gerente personal del mineral de cobre El Salvador, Francisco Lira, había sido rescatado por una mano amiga desde la cárcel. Cuando viajaba en un bus rumbo a Santiago, escuchó por radio que sus compañeros habían sido fusilados (154)

El segundo texto con el que establece relaciones los Zarpazos del puma es el Informe Rettig, testimonio oficial de la represión. Verdugo impugna, fundamentalmente, los condicionamientos con los que trabajó la comisión de investigación y el mandato de no indagar más allá de los límites diseñados por la ley de Amnistía dictada por el General Pinochet para los crímenes cometidos entre 1973 y 1978; sin embargo cuando el libro Los Zarpazos... se ve querellado por la justicia, enarbolando la tesis de que el decreto – ley de amnistía impide toda investigación Verdugo esgrime, como argumento principal de su defensa ante las acusaciones de calumnias e injurias, que su libro no contradice las conclusiones del Informe Rettig. La autora adjunta documentos emitidos por el presidente de la Cámara de Diputados para avalar la similitud de criterios y conclusiones de ambas investigaciones.

De ningún modo el Informe de la Comisión de Verdad y reconciliación o Informe Rettig es contradictorio con el libro (...) El mismo Informe Rettig señala, a modo de conclusión sobre esta materia, que "no cabe discutir que este viaje al Norte, con su carácter oficial y extraordinario, con la altísima autoridad –emanada de la Comandancia en Jefe- que lo presidía, con su secuela de impactantes ejecuciones sin proceso, y su ostentosa impunidad, no pudo dar a los oficiales de las Fuerzas Armadas y de Orden sino una sola señal: que el mando era uno solo y había que ejercerlo duramente." (348)

Ambos textos comparten argumentos similares en lo que se refiere a la negación de la tesis oficial de las amenaza insurreccionales; ambos afirman que la conquista del poder político en Chile tuvo lugar y se consolidó en pocas horas; por el contrario, la Memoria explicita la importancia de los movimientos clandestinos hasta mucho tiempo después de consolidado el poder militar en Chile. A pesar de las diferencias, especialmente centradas en los procesos autoriales de la construcción del relato, la investigación periodística de Verdugo y la investigación oficial de informe, puede hablarse documentos similares, negando, para ambos libro, el término testimonio en tanto género con marcas particulares. Con mayor o menor tensión ninguno de los dos desafía los límites oficiales de la investigación, el mandato presidencial de investigar hasta "lo posible" , establecer sólo los hechos, identificar a las víctimas y obviar los nombres de los victimarios ya que la Comisión no podía ejercer facultades que sólo competen a los tribunales de la Justicia, por lo que estaba impedida "a pronunciarse sobre la responsabilidad que con arreglo a las leyes pudiera caer sobre personas individuales". (291). La demanda de Verdad y Justicia proclamada durante 17 años por los familiares de las víctimas tenía el límite demarcado por la presencia del general Augusto Pinochet como comandante en jefe del ejército hasta 1997, según lo establecido por los artículos transitorios de la Constitución que él mismo hizo aprobar en 1980. "Lo posible" se limitó entonces a establecer lo ocurrido en cada caso y dar a las víctimas el carácter oficial de tales, para luego buscar mecanismos de reparación. De este modo, como los asesinos habían actuado en calidad de "agentes del estado", debía ser el Estado el que reconociera las culpas y pagara indemnizaciones a las familias de las víctimas.

Patricia Verdugo, si bien en algunas zonas del libro critica el informe por lo limitado de sus alcances, no se presenta como una querellante con nuevos argumentos. Desarrolla, con la inclusión de un mayor número de testimonios, uno de los puntos anotados en el Informe pero sin borrar su espacio autorial fuerte y sin elaborar el material de las entrevistas desarrollado fuera del tiempo de la grabación; ninguno de los informantes se convierte en protagonista de su relato y su voz está siempre citada por la de su autora. Para pensar el género testimonio en Chile, independientemente de las versiones periodísticas y oficiales de los hechos, conviene revisar otras modulaciones de la historia.

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Rossana Nofal Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/testimon.html CopyLeft
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