Recordemos que estamos procurando una posible experiencia con el habla y retomemos qué hemos hecho hasta aquí. En la primera conferencia se presta oído a, se piensa una experiencia poética con la palabra y en esa forma estamos ya en la vecindad poesía-pensamiento. La segunda conferencia piensa el camino que debemos caminar para posiblemente acceder en forma correcta a esa experiencia y lo hicimos mostrando la diferencia entre el pensamiento calculador positivista y el pensamiento meditativo. De este último dijimos que camino es región, paraje, claro. Paraje como aquel sitio en que estamos situados y a donde se nos vienen los caminos que nos conducen propiamente a. Claro como aquel sitio en donde la luz des-en-cubridora ha colocado el objeto de nuestro caminar, claro que es también puesta-en-camino donde son dados los caminos de la región. Este camino nos permite llegar a, a aquello que tiende hacia nosotros, que nos de-manda, que nos toca y nos interesa, demanda nuestra esencia, la llama y le permite llegar adonde propiamente pertenece. Este camino pretende lo que la riqueza culta del habla se reserva para de-mandarnos desde ella para el decir del habla. Sólo desde la región, el paraje encontramos ese camino, ese paraje en-camina, da, dota, abre o instituye caminos. Camino es palabra inaugural del habla.
En el pensamiento poético de Laotse la palabra rectora se dice Tao y propiamente significa camino. Traduce razón, espíritu, logos, lo que indica que este no es camino que una dos puntos diversos y distantes. Es camino que lo en-camina todo, solo desde donde podemos, en propiedad “pensar lo que quisieran decir desde su propia esencia razón, espíritu, sentido, logos” (p.177). Tal vez ese camino que traduce a Tao contenga “el secreto de todos los secretos del Decir pensante, si dejamos que estos nombres regresen a lo que dejan en lo no dicho y si somos capaces de este ‘dejar’” (p.177). Todo es camino. Hasta se podría decir que aún el método cuantificador es residuo, mal residuo, del camino en-caminador del camino trazador de vía.
En nuestra pretensión de una posible experiencia con el habla, estamos en-caminados en la vecindad de poesía-pensamiento como aquel lugar, aquel paraje desde el cual se cristaliza con certeza y no por simple azar la experiencia de lo que hay del habla.
Con estos presupuestos entramos a la tercera conferencia, con la mirada puesta en lo que haría posible que nos ocurriera una experiencia con el habla. Tenemos que permanecer en el camino posibilitador establecido aunque por él sólo lleguemos hasta donde ya estamos porque, recordemos que, donde ya estamos estamos sin haber alcanzado con propiedad lo que de-manda nuestra esencia. Ese camino posibilitador necesita algo que lo acompañe y nos impulse jalonándonos hacia delante, como la palabra rectora: la esencia del habla: el habla de la esencia. El cómo indica el camino esta palabra no está dicho, antes debíamos conocer el ámbito a dónde pertenece el camino, que acompañado de la palabra rectora como séquito, hacía señas hacia delante. El ámbito se manifiesta en la vecindad como proximidad en que moran poesía y pensamiento como modos del decir.
El decir será aquella proximidad que lleva a la poesía y al pensamiento a su mutua vecindad, proximidad que suponemos que es en ese Decir donde reside la esencia del habla. Sage, sagen, sagan es mostrar como un dejar aparecer, como una liberación des-ocultadora a través de la cual se nos ofrece el mundo. Ese luminoso velador enmascarante ofrecimiento del mundo es la naturaleza esencial del Decir.
Sigamos la indicación que expresa la frase rectora de la vecindad poesía-pensamiento:
La esencia del habla:
El habla de la esencia.
Da una primera indicación de lo que es el habla. Si le prestamos suficiente atención pueden enriquecerse aún más las señas para el camino que nos lleva a donde estamos de-mandados. Hagamos un análisis gramatical de esta frase en intento de un primer acercamiento al asunto.
En :La esencia del habla”, el habla es sujeto del que debemos decir que es. Desde Platón, su esencia deviene en concepto, en representación.. Decir que el habla es sujeto quiere decir que el habla misma habla, en ese caso, su esencia o ser-esencial. Por el concepto, la representación conocemos lo que una cosa es. Los dos puntos abren una perspectiva, el habla de la esencia. Esencia pasa a ser sujeto cuyo carácter es el habla. Ahora, analicémoslo más estrictamente. Entendamos esencia como verbo, s west: esto esencia en presencia y perdurando nos concierne, nos en-camina, y nos de-manda. Lo que así es nombrado por la esencia, permanece, viene hacia nosotros, nos concierne porque nos en-camina. Así tenemos que reconocer que “el habla de la esencia” indica que el habla pertenece a lo que “esencia”, en-camina con propiedad toda cosa por el hecho de hablar. ¿Qué significa hablar, en qué medida habla lo esenciante? Esto está aún por dilucidar, a ello pretendemos llegar. La frase rectora nos hace señas pero solo a la determinación de la vecindad poesía-pensamiento, la cual es desde la proximidad. Si poesía-pensamiento son modos eminentes del Decir y vecinos por su proximidad, esta proximidad prevalece por el modo del Decir, de donde proximidad y Decir serían lo Mismo. Pensar lo anterior exige un alto grado de severidad, el cual no debemos atenuar en nada.
Continuemos y permanezcamos en el señalar de la frase rectora, ella nos hace señas hacia la experiencia del habla como el Decir, fuera de las representaciones corrientes del habla. El Decir en-caminador determina lo que nos llega como habla.
La señal puede ser directa o indirecta. Indirecta es dirigirse primero a lo no claro desde donde hace la seña y posteriormente se dirige a lo que señala a lo digno de ser pensado pero lo cual aún no tiene un modo adecuado de pensar. Por todo ello primero debemos reflexionar sobre el habla en sus nociones habituales pero con la visión puesta en la señal de la vecindad de poesía y pensamiento, es decir en la proximidad como decir. El habla nos es permanente, hablamos el habla, la hemos representado y determinado durante mucho tiempo, prueba de ello son los lenguajes. Aristóteles en “De interpretatione” determinó la estructura del habla en tanto que relación sígnica, estructura que ha permanecido canónica a pesar de las variaciones que se le han introducido. Habla es hablar, desde la fonación vocal, pero habla no es sólo la expresión sensitiva, está también el componente espiritual, el espíritu del habla y mantener la apertura a este componente nos remite a la melodía y el ritmo, por ende al parentesco canto y habla. Melodía y ritmo aquí no pueden considerarse como mensurables técnica y calculadoramente.
Consideremos que en alemán Murdarten -que se suele traducir como dialectos-, literalmente traduce géneros de la boca, habla propia de cada territorio porque no es solo diferencias en el fonar, es que paisaje, tierra hablan diferente en cada lugar y la boca como cuerpo diciente, pertenece a la emergencia y crecimiento de la tierra donde los mortales florecemos y de de donde provienen nuestras más auténticas raíces. Quien se extraña de su tierra pierde sus raíces. La flor de la boca es el habla, por ella la tierra florece hacia el florecimiento del cielo. Hölderlin lo dice en “El paseo al campo”:
Por esto yo espero incluso - cuando lo deseado
Comenzamos y es desligada nuestra lengua,
Y hallada la palabra y abierto el corazón,
Y de frente embriagada nazca la más alta meditación -
Que a la vez comience nuestra floración con la del cielo,
Y a la mirada abierta ser abierto el Luminoso.
Y en “Pan y vino”:
Así es el hombre; cuando lo bueno está y de dones le provee
Un dios mismo, no lo conoce y no lo ve.
Antes debe sufrir; ahora, pero, nombra su más querido
Ahora, ahora deben nacer palabras para eso, como flores.
La palabra en la región. Región que hace que tierra y cielo, como profundidad y cima, regiones del mundo, vayan a mutuo encuentro. Palabras como flores, palabras resonando desde su sustancia terrenal, es decir dejando-mostrar-el-mundo. Lo sonoro de esta resonancia es llamada congregadora en apertura al aparecer mundo en las cosas. De esta manera resonar no es físico-fisiológico. “Lo resonante, lo terrenal del habla está sostenido en la armonía que entonan mutuamente las regiones de la estructura del mundo, haciéndolas jugar las unas hacia las otras” (p.186).
Sigamos en la vecindad poesía-pensamiento, vecindad hecha posible por la proximidad y pensemos esta proximidad como un ubicarnos donde ya nos encontramos, como un retorno a lo Mismo, en el ponernos-en-camino propiamiente para la determinación de la vecindad.
Lo próximo es correlato de lo lejano, en tiempo, en espacio. Así ha sido y así será a través de los tiempos. Esta representación parametral no sirve a la experiencia de la proximidad en donde habita la vecindad. La proximidad vecinal como projimidad no habita en la relación tempo-espacial, entendida esta relación como parámetro. Si espacio-tiempo es medida para la proximidad vecinal es porque reconocemos en su relación el en-frente-mutuo de ambos o sea aquello que determina lo vecinal. En-frente-mutuo que proviene de la amplitud donde cielo y tierra, dios y hombre, la cuaternidad del mundo, se alcanzan. “Cuando prevalece el en-frente-mutuo, todo, lo uno para lo otro, está abierto, abierto en su ocultación de sí; así, el uno se extiende hacia el otro, se entrega al otro y de este modo todos permanecen ellos mismos; uno está frente al otro como vigilante, custodiándolo, y está por encima de él como aquello que lo vela.” (p. 189).
Abandonando la mentalidad calculadora, podemos captar que es la proximidad misma la que en-camina lo vecinal de las regiones del mundo, la que propicia alcanzar y mantener esa proximidad. Proximidad es el en-caminar del en-frente-mutuo, es die Nahnis, esencia misma de la proximidad vecinal, esencia que no es distancia sino el en-caminar del en-frente-mutuo del uno y del otro de las regiones de la cuaternidad del mundo. Encaminar que es proximidad como esencia, como Nahnis.
Espacio y tiempo como parámetros de representación, producción y acumulación nos sirven ahora como punto de partida a un ámbito nuevo. Allí donde toda distancia es medible, aparece como su negación lo in-distante; donde todo lo equi-valente es voluntad de dominación y control de la tierra por el cálculo uniformizador. Por esta lucha se niega la proximidad, se aniquila el en-frente-mutuo de cada una de las regiones del mundo y se esconde, se oculta la esencia de espacio y tiempo en relación con la esencia de la proximidad.
Para entender que el tiempo temporaliza y el espacio espacializa es necesario pensar la identidad. Temporalizar es madurar, dejar crecer y eclosionar. Estar a tiempo es emerger en la eclosión. Se temporaliza lo que viene, lo que está a tiempo, lo contemporáneo, lo que eclosiona con su tiempo. Con-temporáneo del tiempo es lo que fue, lo que es y lo que será, pasado, presente y futuro. En la temporalización el tiempo integra en sí mismo su triple simultaneidad y en ese retraimiento y aporte el tiempo en-camina aquello que lo con-temporáneo espacializa: el espacio temporal. “El tiempo mismo, en la totalidad de su esencia, no se mueve, reposa en silencio” (p. 191). Igual ocurre con el espacio, libera y reúne localidades y lugares, asume lo con-temporáneo como tiempo espacial. “El espacio mismo, en la totalidad de su esencia, no se mueve, reposa en silencio” (p. 191). El retraer y aportar del tiempo y el espacio, temporalizando y espacializando pertenecen a lo Mismo, al juego del silencio. Esto Mismo que reúne en esencia el tiempo y el espacio puede llamarse el Espacio (de) Juego (del) Tiempo, der Zeit-Spiel-Raum. “Lo Mismo del Espacio (de) Juego (del) Tiempo, temporalizando-espacializando, en-camina el en-frente-mutuo de unas y otras de las cuatro regiones del mundo: tierra y cielo, dios y hombre - el juego del mundo” (p. 192)
Poner-en-camino el en-frente-mutuo en la cuaternidad de mundo hace advenir proximidad, en tanto que esencia, Nahnis. ¿En-caminar es advenimiento apropiador del silencio? También esto pertenece a la esencia del habla y en el mismo sentido de las tres conferencias: llevarnos ante una posible experiencia con el habla en forma tal que desde ahora nuestra relación con el habla sea lo digno de ser pensado.
¿Y la posibilidad? ¿Hemos llegado a ella? En primera instancia hemos determinado el Decir como un mostrar, un dejar aparecer, como un donador ofrecer mundo en des-en-cubrimiento y proximidad como puesta-en-camino del en-frente-mutuo de cada una de las regiones del mundo. Es posible percibir el Decir como esencia del habla, resonando en retorno a la esencia de la proximidad. Proximidad y Decir como lo esenciante del habla son lo Mismo. Aquí está la posibilidad de hacer una experiencia con el habla. ¿En qué medida?
El habla, Decir de las regiones del mundo, es más que relación palabra-hombre. El habla como Decir en-caminador del mundo es la relación de todas las relaciones, en ella suspendido y enriquecido el en-frente-mutuo de todas las regiones del mundo, las tiene y custodia mientras el Decir se retiene en sí. En esta retención el habla nos de-manda como Decir de la cuaternidad del mundo, a nosotros, hombres de esa cuaternidad, a nosotros que hablamos en tanto que correspondemos al habla.
Ahora podemos decir:
Un “es” se da donde se rompe la palabra
Ese romper es el regreso de la palabra resonante a lo no sonoro, a su matriz: “al son del silencio que, en tanto que Decir, en-camina a su proximidad las regiones de la cuaternidad del mundo” (p. 194).
Lo que desde antes estábamos nombrando como paso atrás en el camino del pensamiento es propiamente la ruptura de la palabra, el paso de su sonoridad al silencio.