La Ética platónica - La República de Platón
Monografía creado por Miguel Santa Olalla. Extraido de: http://boulesis.com/didactica/apuntes/?a=41
25 de Marzo de 2006
Ciencias sociales, Filosofía
2 - La República de Platón
Podemos caracterizar la República que nos propone Platón de la siguiente manera:
En primer lugar, deben gobernar los sabios, los que están preparados para ello. Si para asuntos ordinarios buscamos al especialista, más aún hemos de hacerlo cuando se trata de gobernar la ciudad. Los gobernantes deben ser educados para ello desde su infancia, y no se les permitirá tener propiedad privada, ni casa, ni familia, pues de lo contrario podrían verse tentados de gobernar la ciudad en su beneficio personal.
En segundo lugar, los guardianes (defensores de la ciudad, guerreros) deben ser valerosos y fuertes, pues han de estar dispuestos a luchar y proteger a la ciudad. Tampoco les estará permitida la propiedad privada ni el tener familia.
Por último, los productores, serían los encargados de que la ciudad esté bien provista de todo. Serían tanto agricultores y ganaderos, como artesanos y especialistas. Estos han de encargarse de que a los gobernantes y los guardianes no les falte nada material. Sólo los que pertenecen a esta clase social pueden tener familia, y una mínima propiedad privada.
Por supuesto, entre las tres clases sociales debe darse una armonía y una justicia, de forma que ninguna de las clases sociales tenga motivos para ir contra la ciudad. Si nos damos cuenta, el poder político es entendido por Platón más como un servicio a la ciudad (exige muchas renuncias, y no tiene tantos privilegios como en la actualidad) que como una relación de dominación respecto a los productores, y lo mismo se puede decir respecto a los guardianes. El poder político y militar no tendrían ventajas exclusivas respecto al resto de la sociedad, sino que estarían al servicio de la misma. La motivación para ser gobernante o guardián nunca podría ser el enriquecimiento personal, sino el afán de hacer progresar a la ciudad, de servir a sus ciudadanos.
De entre los hijos de los productores, la educación ha de seleccionar a aquellos que en el futuro servirán de gobernantes, guardianes y productores según sus capacidades. La educación deberá por tanto detectar cuáles son las capacidades de los alumnos, para orientar su educación hacia aquella actividad que desempeñarán en el futuro. En este sentido la educación es la base del Estado, y sin ella no estaría garantizada la supervivencia de la ciudad. El papel de la educación dentro del sistema platónico es fundamental. Es la base de la ciudad presente y la garantía de la ciudad del mañana.
El sistema platónico propone un cierto comunismo, que exige de los gobernantes y guardianes un fuerte compromiso y sacrificio por el resto de la sociedad. Su renuncia a la propiedad privada y la familia garantiza que las decisiones estarán tomadas siempre en beneficio de la ciudad. El gobierno platónico sería de tipo aristocrático. Sin embargo, la aristocracia defendida por Platón está basada en la sabiduría y no en la sangre. El gobernante no lo es por su ascendencia, sino por su sabiduría, por sus demostradas capacidades para dirigir el curso de la ciudad.
En primer lugar, deben gobernar los sabios, los que están preparados para ello. Si para asuntos ordinarios buscamos al especialista, más aún hemos de hacerlo cuando se trata de gobernar la ciudad. Los gobernantes deben ser educados para ello desde su infancia, y no se les permitirá tener propiedad privada, ni casa, ni familia, pues de lo contrario podrían verse tentados de gobernar la ciudad en su beneficio personal.
En segundo lugar, los guardianes (defensores de la ciudad, guerreros) deben ser valerosos y fuertes, pues han de estar dispuestos a luchar y proteger a la ciudad. Tampoco les estará permitida la propiedad privada ni el tener familia.
Por último, los productores, serían los encargados de que la ciudad esté bien provista de todo. Serían tanto agricultores y ganaderos, como artesanos y especialistas. Estos han de encargarse de que a los gobernantes y los guardianes no les falte nada material. Sólo los que pertenecen a esta clase social pueden tener familia, y una mínima propiedad privada.
Por supuesto, entre las tres clases sociales debe darse una armonía y una justicia, de forma que ninguna de las clases sociales tenga motivos para ir contra la ciudad. Si nos damos cuenta, el poder político es entendido por Platón más como un servicio a la ciudad (exige muchas renuncias, y no tiene tantos privilegios como en la actualidad) que como una relación de dominación respecto a los productores, y lo mismo se puede decir respecto a los guardianes. El poder político y militar no tendrían ventajas exclusivas respecto al resto de la sociedad, sino que estarían al servicio de la misma. La motivación para ser gobernante o guardián nunca podría ser el enriquecimiento personal, sino el afán de hacer progresar a la ciudad, de servir a sus ciudadanos.
De entre los hijos de los productores, la educación ha de seleccionar a aquellos que en el futuro servirán de gobernantes, guardianes y productores según sus capacidades. La educación deberá por tanto detectar cuáles son las capacidades de los alumnos, para orientar su educación hacia aquella actividad que desempeñarán en el futuro. En este sentido la educación es la base del Estado, y sin ella no estaría garantizada la supervivencia de la ciudad. El papel de la educación dentro del sistema platónico es fundamental. Es la base de la ciudad presente y la garantía de la ciudad del mañana.
El sistema platónico propone un cierto comunismo, que exige de los gobernantes y guardianes un fuerte compromiso y sacrificio por el resto de la sociedad. Su renuncia a la propiedad privada y la familia garantiza que las decisiones estarán tomadas siempre en beneficio de la ciudad. El gobierno platónico sería de tipo aristocrático. Sin embargo, la aristocracia defendida por Platón está basada en la sabiduría y no en la sangre. El gobernante no lo es por su ascendencia, sino por su sabiduría, por sus demostradas capacidades para dirigir el curso de la ciudad.
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