Relación inteligencia-capacidades
La explicación de la inteligencia en la Psicología de base materialista dialéctica se realiza mediante el estudio de las capacidades. Las capacidades constituyen una integración en sistema, de varias particularidades psicológicas de la personalidad que, en determinados contextos, garantizan el éxito en algún tipo de actividad. De las capacidades depende la calidad de la adquisición, generación, utilización y transferencia de conocimientos, habilidades y hábitos, pero la capacidad no coincide con ellos. "En relación con los hábitos, habilidades y conocimientos, las capacidades del hombre intervienen como posibilidad," señaló
Petrovsky.2
Es curiosa la comparación de la idea expresada por
Petrovsky sobre las capacidades, con la definición de inteligencia de
Páez Urdaneta, que es un autor contemporáneo y de posición filosófica diferente. Este autor expresa: "...cuando hablamos de inteligencia, hablamos de información como oportunidad..., es decir, de estructuras de conocimiento que, al ser contextualmente relevantes, permiten la intervención ventajosa en la realidad."12
Páez Urdaneta, no identifica inteligencia con conocimiento, sino con una relación particular en la que, una cualidad de la personalidad -en este caso, la estructura de conocimiento- se hace relevante en una coyuntura específica y crea la posibilidad (ofrece la oportunidad) de alcanzar el éxito (intervención ventajosa de la realidad).
Las capacidades no se forman a partir de los contenidos de los conocimientos o las habilidades sino a partir de características de la forma dinámica en que se aprenden, p. e., la velocidad, la precisión, la facilidad, la plenitud de elementos que se consideran, etcétera. Además, la capacidad responde a las exigencias de determinados tipos de actividad, no es abstracta o universal. Así, por ejemplo, el sistema de cualidades de la personalidad que conforman la capacidad para la gestión del aprendizaje en las organizaciones o comunidades, puede estar compuesto por: una especial sensibilidad por las metas y beneficios colectivos, un pensamiento sistemático -como sugieren
Senge y otros-, una habilidad de comunicación, el dominio de métodos didácticos, de investigación y de procesamiento y análisis de información, una disposición para el ordenamiento y registro de los datos y la información, y otras.
Si el profesional de la información posee esas cualidades en su integración, significa la presencia de la capacidad para el éxito en esa actividad o, en otros términos, habría desarrollado la inteligencia como condición para lograr el éxito. Es obvio que para diferentes tipos de actividad, el sistema de cualidades de la personalidad que se requieren, es diferente. Sin embargo, algunas investigaciones psicológicas han mostrado que es posible identificar capacidades que no se manifiestan sólo en un tipo de actividad sino que son configuraciones de cualidades de la personalidad que conforman una capacidad para el éxito en varios tipos de actividades (sin llegar a la pretensión de una capacidad universal) y que, por tanto, pueden llamárseles capacidades generales a diferencia de las capacidades específicas.
Las capacidades generales no son una abstracción sino una integración, por transferencia del aprendizaje a diferentes situaciones que la persona enfrenta repetidas veces en distintas condiciones; ellas contienen a las capacidades más específicas que se integran y se manifiestan justamente en los tipos de actividades que les corresponden. Las capacidades generales y específicas se forman durante la actividad y la comunicación, en el proceso de aprendizaje y al ser factor de éxito en la actividad, deben considerarse al determinar, en forma dinámica, las necesidades de formación e información de las personas y grupos en las organizaciones y comunidades. Incluso, resulta importante la conclusión obtenida en las investigaciones psicológicas, en el sentido de que la formación de las capacidades no sólo depende del proceso de aprendizaje, sino que al ser más una cualidad de forma, que de contenido, su formación depende más específicamente de los métodos y procedimientos que se utilicen para el aprendizaje. "Hay fundamentos para suponer que el factor decisivo del que depende que el hombre revele o no sus capacidades para una actividad determinada, es la metodología de la enseñanza.", sentenció
Petrovsky.2
Después de analizar las generalidades apuntadas sobre los estudios psicológicos de las capacidades y de la inteligencia, así como de compararlas cuidadosamente con las formas y atributos que se les confieren en las fuentes consultadas al término inteligencia, se llega a la consideración de que el significado de este último término es actualmente compatible con el tratamiento de las capacidades en la Psicología. Como la mayor parte de los lectores del presente trabajo, pertenecen a los campos de las ciencias de la información, la comunicación y la administración, donde las fuentes marcan un predominio absoluto del uso del término inteligencia, se utilizará en lo adelante este término y se analizará su significado en el sentido de las organizaciones y comunidades.
Análisis de un concepto integral de la inteligencia
Definición: Se entiende por inteligencia de las personas y grupos, en el contexto de la actividad de las organizaciones o comunidades:
La capacidad general integrada por las cualidades socio-psicológicas o de la personalidad que determinan las siguientes posibilidades:
- (1) aprender, con sentido propio y creatividad, en un contexto y tiempo reales, la relación entre
- (a) una situación problemática u oportunidad de mejora,
- (b) la combinación específica de conocimientos conceptuales, operacionales e instrumentales
- (c) las diferentes alternativas para utilizarlos,
- (2) sentir la necesidad del grupo, organización o sociedad, asociada a la problemática u oportunidad,
- (3) integrar, con espontaneidad, esas necesidades sociales y sus intereses personales,
- (4) vincular esa motivación extrínseca con la intrínseca relativa a la creación de soluciones o generación de nuevos conocimientos,
- (5) experimentar la voluntad o deseo de compartir con los demás el proceso creativo, sus resultados y sus consecuencias positivas y
- (6) disponer de las habilidades de comunicación y otras que requieran las acciones mencionadas .
En esta definición, puede observarse que se respeta la concepción de que una capacidad es un sistema de cualidades de la personalidad que garantizan el éxito en una determinada actividad, en este caso, la actividad implícita es la creación de valores para el bienestar de la sociedad y de otras personas concretas, mediante la participación colectiva en las tareas de la organización o la comunidad. Se han incluido en el sistema de cualidades de la personalidad, algunas de carácter cognoscitivo y otras de la esfera afectivo-volitiva, porque la inteligencia se concibe como una manifestación de la personalidad en la que desempeñan una función importante la estructura de los motivos y la esfera emocional. Por otra parte, la definición pretende reflejar la esencia social de la actividad y del aprendizaje humano; las diferencias entre conocimientos, habilidades y capacidades; la diferencia entre necesidades sociales e intereses personales; entre la motivación extrínseca y la intrínseca; y en general, algunas cualidades que se han considerado indicadoras de la creatividad en la personalidad. Algunas de estas características se han explicado antes y otras, deberán serlo, para esclarecer qué es la inteligencia, qué necesidades de formación e información se derivan de este concepto y cómo se podrían determinar.
Relación inteligencia-conocimiento
Obsérvese que, mientras el conocimiento es un acumulado dinámico de saberes acerca de los conceptos, las operaciones y los instrumentos, la inteligencia es una capacidad, es decir, un sistema integrado de cualidades de la personalidad que se manifiesta en las acciones para solucionar problemas o generar nuevos conocimientos que aportan valor a los productos, mediante el uso eficientemente de los conocimientos disponibles. Por ejemplo, algunas personas pueden tener muchos conocimientos pero carecen de la capacidad de solucionar problemas mediante su utilización. Se considera que las explicaciones ofrecidas, hasta este momento, son suficientes para captar esta diferencia.
Es importante destacar que, en la literatura no psicológica, sobre el concepto de conocimiento o de la cognición (esfera cognoscitiva de la personalidad) predomina una visión diferente del alcance de este concepto. Tal como sucede, con el concepto de cultura, que puede tener una acepción general que abarca todo el producto de la experiencia histórico-social del hombre y otra, más estrecha referida a la cultura artística o literaria como esfera específica de la actividad del hombre, o incluso significados más específicos como el de cultura informacional, física, informática, organizacional, etc., el tratamiento del concepto conocimiento presenta para muchos, un significado equivalente a la cultura en sentido amplio y abarca, tanto la esfera cognoscitiva como la afectivo-volitiva de la personalidad y comprende tanto las formas conceptuales, operacionales e instrumentales del conocimiento como las habilidades, hábitos, capacidades y la propia inteligencia.
Esto determina que para unos, se diferencien claramente estos conceptos y esferas de la personalidad y todos sean objeto de aprendizaje o educación, mientras otros trabajan con un concepto más amplio e indiferenciado de conocimiento, que abarca todo lo anterior y, por tanto, el propio proceso del conocimiento contenga al aprendizaje. No es propósito de este trabajo, abordar una larga disquisición sobre las razones que pudieran conducir a la posición más correcta del conocimiento, la inteligencia y el aprendizaje como continentes o contenidos. Pueden encontrarse inteligentes razones contradictorias. Sin embargo, es importante que el lector quede claro en cuanto a la acepción por la que se opta en este trabajo. El origen psicológico de la formación del autor y las ventajas de orden práctico para diferenciar diversos objetos de formación y de métodos para alcanzarla, determina que se considere aquí al conocimiento (y sus diferentes clasificaciones) como uno de los objetos de aprendizaje o educación, perteneciente a la esfera cognoscitiva de la personalidad o de la actividad social, distinto de la inteligencia y de las habilidades en los sentidos explicados.
La discusión sobre la relación pragmática entre información, conocimiento, inteligencia -y más tarde aprendizaje y educación- sólo se ha esbozado, pero deberá abordarse con más solidez cuando se llegue a la aplicación del concepto de gestión a estos objetos y se deban precisar las acciones que conducen en forma consciente y planificada a la creación o formación de cada uno de ellos. Por el momento, es necesario continuar con otro aspecto del estudio de la inteligencia como fenómeno integral, que es objeto de polémica y sobre el que debe quedar clara la posición del autor.
La inteligencia como manifestación de la personalidad integrada
Varios autores, tanto desde la perspectiva de las capacidades, como de las competencias o el talento (se definen más adelante), como de la creatividad -que aparece como requisito de calidad del aprendizaje, en la definición-, como de la propia inteligencia, ponen énfasis en la necesaria vinculación entre componentes cognoscitivos y afectivos de la personalidad en estas formaciones, para que puedan constituir, realmente un factor de éxito en la actividad (una capacidad). "Se ha advertido que el surgimiento del interés hacia una u otra actividad... está íntimamente relacionado con el despertar de las capacidades y sirve de punto de partida para su desarrollo... el desarrollo de la inteligencia o de cualesquiera capacidades profesionales, no puede ser un objetivo en sí mismo... debe plantearse en primer plano, no tanto la cuestión sobre el desarrollo posterior de la inteligencia, sino la tarea de la formación de la personalidad en su conjunto, en la que, las capacidades, son sólo uno de los componentes de su estructura", señaló
Petrovsky.2
El enfoque de la inteligencia emocional
En las fuentes de información procedentes de Internet, donde predominan las de origen nortemaricano y europeo, el término Inteligencia Emocional fue acuñado por
Peter Salovey y
John Mayer (1990) y se refiere a una capacidad compleja integrada por un sistema de actitudes y habilidades -p. e. percepción de control, contacto con otras personas, enfrentamiento al estrés, etc.-, que determinan la conducta individual, reacciones, estados mentales y estilo de comunicación, niveles de autoestima, etcétera. Estos factores afectan de manera directa los niveles de éxito y satisfacción personal y social. El más destacado promotor de este concepto es
Daniel Goleman quien publicó un best seller, en octubre de 1995, titulado "La inteligencia emocional"13 y más tarde, en 1998, otro, llamado "Trabajando con la inteligencia emocional". Su principal aporte consiste en reunir los resultados de una década de estudios sobre la conducta y el procesamiento de las emociones, y expresarlo en forma sencilla y accesible.
Mientras el análisis cuantitativo, a partir de las fuentes presentes en Internet, pudiera reafirmar el origen del tratamiento de la inteligencia emocional como capacidad para el éxito grupal y organizacional, los trabajos realizados por un numeroso grupo de investigadores de la Academia de Ciencias Pedagógicas de la ex URSS, en la década de los años 70, sobre el problema de la diferenciación estructural y funcional de los grupos y colectivos (equipos), muestran como parámetros psicológicos fundamentales en la formación de los colectivos, en su definición y en el desarrollo de su capacidad de éxito, a tres componentes, que cubren el espectro de la inteligencia emocional. Estos son: la autodeterminación colectivista (en otras palabras, la formación de la conciencia y del sentido del grupo), la valoración y orientación consciente hacia la cohesión del grupo y la identificación eficaz y emocional del grupo. El colectivo es un concepto equivalente al de equipo; se forma sobre objetivos y actividades comunes que determinan los papeles, la estructura, la interacción y las interrelaciones de los miembros.
En este último sentido, los investigadores definen como interrelaciones del grupo a: "… el sistema de disposiciones interpersonales, de orientaciones, de expectativas, determinadas por las valoraciones y emociones que surgen del proceso de la comunicación interna del grupo, y… ante todo, por el contenido socialmente valioso y significativo para la personalidad, de la actividad conjunta."14
Según
Goleman, la inteligencia emocional es más importante que el coeficiente intelectual y las habilidades técnicas, para desenvolverse con éxito y eficiencia en cualquier clase de trabajo y la divide en 4 grandes capacidades:
- Conciencia y conocimiento sobre uno mismo. Cuánto y con qué profundidad conocemos nuestras fortalezas y debilidades. Capacidad para sintonizar nuestros pensamientos y sentimientos. Confianza en sí mismos.
- Capacidad para manejar nuestras emociones. Control de las emociones, de los impulsos, en forma responsable y flexible, que beneficie los resultados esperados de nuestra actividad. Perseverancia ante contratiempos, motivación positiva hacia el logro de mejores resultados.
- Conciencia social. Estar en sintonía con los sentimientos, necesidades y con los temas que le interesan a los otros. Habilidad para lograr empatía con otros (p. e. colegas, jefes, subordinados, clientes, etc.).
- Habilidad social. Habilidad para interactuar con otros - comunicarse, influir, colaborar, etc.- en forma individual o en equipo. Habilidad para manejar los conflictos.
La inteligencia emocional en el trabajo se manifiesta en disposiciones que deben educar los gerentes y el personal especializado:
- Compromiso organizacional.
- Iniciativas que estimulan la mejoría y la calidad en la ejecución de las distintas tareas.
- Incentivos para la comunicación y la confianza entre los empleados y los distintos jefes y directivos de la empresa.
- Construcción de relaciones que ofrecen una ventaja competitiva dentro y fuera de la compañía.
- Incentivo de una constante colaboración, apoyo e intercambio de las fuentes y recursos.
- Innovación, riesgo, y enfrentamiento de cualquier situación como un equipo.
- Pasión por el aprendizaje y el mejoramiento sistemático.
Como puede observarse, el concepto de Inteligencia Emocional, se integra en el concepto de inteligencia, tanto el reflejo cognoscitivo como el afectivo, pero no se hace una distinción entre ellos, simplemente se considera a la persona como una unidad.
Relación inteligencia-creatividad
La creatividad es una cualidad de la personalidad que se ha incluido en la definición de inteligencia, que se integra a la misma, pero no se identifica con ella. Los autores sobre el tema de la creatividad como cualidad de la personalidad, atribuyen a ésta también, una integración de lo cognitivo y lo afectivo. "La creatividad es la expresión de la implicación de la personalidad en una esfera concreta de la actividad, el producto de la optimización de sus capacidades en relación con fuertes tendencias motivacionales, donde el sujeto de la actividad está implicado como un todo.", según
A. Mitjans.15
La posición de esta autora coincide con el resultado y los criterios obtenidos en los trabajos experimentales de
Enrique González Suárez, dirigidos a demostrar los efectos del servicio de información en condiciones de actividad grupal; el autor cita y toma como punto de partida una definición de creatividad ofrecida por
Chivas, que destaca el hecho de que ésta, no sólo se manifiesta en la solución de problemas sino, en el descubrimiento, formulación y argumentación de ellos, cualidades estas que desempeñan una función importante en la inteligencia como capacidad, sobre la que se sustenta la perspectiva de aprovechamiento continuo de nuevas oportunidades y de la innovación, tanto en el plano individual como organizacional.
La definición que presenta
E. González Suárez es la siguiente: "... la creatividad puede ser descrita como aquel `proceso o facultad que permite hallar relaciones y soluciones novedosas partiendo de informaciones conocidas y que abren no sólo la posibilidad de solucionar un problema conocido, sino que también, implica la posibilidad de descubrir un problema allí donde el resto de las personas no lo ven.´"16
A pesar de que en la literatura existe una diversidad considerable de rasgos y condiciones asociadas con la creatividad,
Mitjans precisa algunas características que pueden considerarse comunes: "Hay elementos como la flexibilidad, la ausencia de inhibiciones y de convencionalismos, la apertura a la experiencia y un alto nivel de motivación intrínseca que, de una forma u otra, se reflejan en diferentes trabajos con bastante fuerza."15
En la definición integral de inteligencia aparecen varios conceptos que clasifican dentro de la esfera afectiva o emocional de la personalidad. Estos son los de necesidad, interés, motivación extrínseca e intrínseca. Los dos tipos de motivación mencionada, no sólo aparecen dentro de la capacidad compleja a la que se le ha llamado inteligencia, sino que, según se observa en el párrafo anterior, muchos autores coinciden en considerarlas en su función relativa dentro de la cualidad identificada como creatividad. Al respecto se puede decir, brevemente, lo siguiente:
Se entiende por motivación intrínseca al sistema de motivos vinculados con la realización misma de la actividad y con el valor que otorga la persona al resultado, como un producto propio, como una manifestación de éxito o realización de su personalidad. Casi todos los estudios realizados, en diferentes contextos, sobre la creatividad científica, tecnológica, artística, u otras, han constatado un predominio de este tipo de motivación en la personalidad creadora, pero el no debe entenderse como que excluye la presencia de motivos externos a la actividad.
Los actos de creación no sólo requieren una motivación intrínseca sino determinado nivel de intensidad o tensión de dicha motivación, que estimula la movilización de sus capacidades en la dirección del éxito. Durante la vida de la persona, la formación de este tipo de motivación se sitúa en estrecha relación con las capacidades y con su historia de éxitos y fracasos. Las capacidades, que conducen a los éxitos, en la medida que se desarrollan, favorecen la formación de motivos intrínsecos a la actividad, pero, al mismo tiempo, el nivel alcanzado por la motivación intrínseca, favorece el desarrollo ulterior de las capacidades.
La motivación intrínseca, como manifestación de las necesidades de autorrealización, fue tratada por
Maslow en su Teoría de las Necesidades. En ella, se le otorga una importancia máxima en la consolidación de la personalidad y específicamente en el desarrollo de la creatividad, como se ha mencionado.
Raymond S. Ross,17 explica que según Maslow, cuando se han satisfecho todas las necesidades de los tipos inferiores en el hombre, predomina la necesidad de hacer aquello para lo que él sirve propiamente; se está, entonces, en presencia de una necesidad de satisfacción de sí mismo o autorrealización.
E. González Suárez, en su experimentación mediante la actividad grupal, incursiona en las posibilidades de desarrollo de la creatividad a partir del servicio de información, también reconoce la importancia de que la motivación intrínseca ocupe un lugar prioritario en la estructura de los motivos de la personalidad para que se desarrolle la creatividad: "... se comenzó por pensar en la personalidad que es sujeto de su actividad creadora y que en el curso de esa actividad, se fortalece la tendencia a ser creadora. Esta tendencia adquiere su mayor plenitud cuando la personalidad jerarquiza en un primer plano la búsqueda de soluciones creadoras como motivo y la solución de problemas como objetivo"16
La motivación extrínseca es el sistema de motivos de la personalidad que impulsan y orientan la actividad hacia objetos o situaciones reales o sus representaciones ideales, que pueden proporcionar vivencias de satisfacción de las necesidades a partir de valoraciones o compensaciones que provienen de otras personas, del grupo, la organización o la sociedad. Tal es el caso del salario, reconocimiento social, alimentos, medios de transporte, condiciones de vida y trabajo, y aquellas que proporcionan satisfacción a las necesidades ampliamente citadas en la pirámide de
Maslow como fisiológicas, de seguridad, pertenencia y estima, contempladas en la Teoría de las necesidades.
Otros elementos o condiciones que propician el desarrollo de la creatividad y de la inteligencia, en el sentido en que esta se ha definida son los siguientes:
- Clima psicológico. Debe basarse en la confianza, la colaboración, las relaciones interpersonales, la comunicación sin restricciones -todos pueden y deben expresar sus juicios, aunque otros puedan considerarlos inadecuados, mediante el ejercicio de un principio de aceptación mutua.
- Actividad grupal. A partir de una composición adecuada del grupo, se proporcionan diferentes perspectivas, respeto mutuo de los representantes de diferentes posiciones, el clima antes mencionado y una conducción efectiva que integre todos los aspectos mencionados en una dinámica fértil. Las ventajas de la actividad grupal, así como su importancia metodológica para la gestión del aprendizaje organizacional se abordarán, en forma específica, más adelante.
- Conciencia de que las soluciones creadoras y el aprendizaje se producen como efecto de compartir el conocimiento mutuamente enriquecedor de los diferentes miembros de un equipo. Esta conciencia debe existir previamente o desarrollarse durante la actividad del grupo pero, en todo caso, debe reconocerse explícitamente.
- Aceptación del riesgo. No como característica excepcional sino habitual de la búsqueda de mejoras en la actividad personal, grupal y de la organización. Esta cualidad está muy relacionada con el estilo de pensamiento. Mientras más rígido y esquemático es el pensamiento en busca de soluciones "lógicas" para sentir la seguridad del amparo de la lógica, menos probabilidad existe de que se produzca una idea revolucionaria, verdaderamente creadora y que se forme esta cualidad en las personas.
Maslow, también concede una mayor importancia a la integración de la personalidad que a las cualidades propiamente cognoscitivas; al respecto señaló: "…la creatividad autorrealizada acentúa, en primer lugar, la personalidad por delante de sus consecuciones, y considera a éstas como epifenómenos emitidos por la personalidad y, por tanto, secundarias a su respecto... He subrayado la cualidad expresiva del Ser que posee la creatividad autorrealizada, por delante de su cualidad de solución de problemas o de elaboración de productos. La creatividad autorrealizada `se emite´ o se irradia, y alcanza a todos los aspectos de la vida…"18
Mitjans apunta que se han hecho numerosos estudios para tratar de profundizar en las relaciones entre creatividad e inteligencia y que la mayoría concluye que no son lo mismo y no están integrados por los mismos factores. "No son necesariamente los individuos `más inteligentes´ los `más creativos´, aunque todo parece indicar que es necesario un `nivel mínimo de inteligencia´ para la creatividad."18
El enfoque del estudio de las competencias
Según
Cuesta,19 la gestión de competencias fue introducida desde 1973 por
David. C. McClelland, y fue replanteada y popularizada en el best seller de Goleman, precisamente por el hecho de que el concepto de competencia imbrica a la personalidad como una integración, tanto en sus aspectos cognoscitivos como afectivos. A juicio de este autor, el término sólo amplía las posibilidades de expresión, al tratar el tema de la inteligencia como capacidad integral de la personalidad. No obstante, se expondrán a continuación algunos elementos que sustentan este criterio.
Wikström y sus colegas, consideran que "La competencia abarca el conocimiento en todas sus formas [generativa, productiva y representativa], pero también se relaciona con las capacidades personales... como... perseverancia, tolerancia al estrés, etc." Trasladando el concepto a las organizaciones, significa, según estos autores: "... competencia combinada de los individuos de la organización y el conocimiento almacenado en la organización en forma de prescripciones, sistemas, cultura, etcétera."11
En la definición, se observa la conjunción de los conocimientos y de las capacidades, lo que, por una parte, evidencia que se les reconoce como dos conceptos diferentes y por otra, que se integran en un todo que resulta una competencia. Esta misma observación fue hecha anteriormente con respecto al concepto de inteligencia. En su acepción cognoscitiva, inteligencia no podría entenderse como sinónimo de competencia pero al verla como una integración cognitivo-emocional, no se destacan diferencias sustanciales en su manifestación.
Si alguna duda quedara de la similitud del significado de estos conceptos a partir del enfoque de Wikström, el siguiente párrafo pudiera servir para dilucidarla: "... es un concepto más abarcador que conocimiento porque incluye componentes cognitivos, emocionales y sociales... A nivel individual, la competencia es, principalmente, una cuestión de capacidad para utilizar el conocimiento para determinados propósitos."11
Por otra parte, es significativo que en el libro
A. Cuesta, el autor reconozca que "... no hay consenso acerca de la concepción de gestión de competencias ni sobre la propia acepción de competencias. En eso influyen su condición de intangible, la interdisciplinariedad demandada por su enfoque y lo reciente de su incorporación al campo de la gestión empresarial".19
Cuesta cita a
Richard. E. Boyatzis: "Unas características subyacentes a la persona, que están causalmente relacionadas con una actuación exitosa en un puesto de trabajo".19 No obstante su amplitud, puede observarse que el significado que proyecta se encuentra incluido en el concepto de inteligencia que se ha propuesto en este trabajo. Por último, el reconocimiento de la unidad de la personalidad en la competencia según la posición de
Cuesta, se hace explícita cuando plantea: "Las personas no son sólo competentes desde el punto de vista cognitivo, sino también emocional, y como un todo: biológico, psicológico y social es competente o no la persona en determinadas actividades o dimensiones del desempeño laboral."19 Resulta evidente la similitud del tratamiento que se le da a la competencia con los análisis que se han hecho sobre las capacidades, la inteligencia y la creatividad.
En su último libro, "Trabajando con inteligencia emocional",
Goleman identifica las competencias que dependen de los estados de ánimo y que determinan un desempeño exitoso en el trabajo. Se trata de 25 capacidades específicas que se derivan de cinco áreas - autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales - procedentes de la teoría formulada por
Salovey y
Mayer. En el estudio de las necesidades de formación e información, pueden considerarse estas competencias en el sentido de considerarlas convenientes y determinar si existen o no en las personas y grupos o en la cultura de la organización; así, pueden determinarse las necesidades que existen de formación o educación emocional en los colectivos de trabajo. Existe una amplia bibliografía sobre la inteligencia y la educación emocional, de gran utilidad para la gestión de la educación correspondiente en caso de que se determine su necesidad.
El desarrollo del talento
Algunos autores prefieren utilizar el término talento para abarcar todo el espectro de cualidades integradas de la personalidad que se han explicado para la inteligencia. Su presencia, tiene la finalidad de no omitir un enfoque sostenido por respetados exponentes de la gestión del conocimiento y del aprendizaje organizacional. Puede decirse, sin temor alguno, que todas las consideraciones hechas hasta aquí para el concepto de Inteligencia son totalmente válidas para el talento, sobre todo si se observan las diferenciaciones que se hacen entre talento y conocimiento. Por ejemplo,
Eduardo Bueno apunta: "El talento a diferencia del conocimiento... trata sobre las competencias y la motivación, sobre el saber hacer, sobre los resultados (altos rendimientos), sobre la acción, la creación de riqueza y el éxito".20 El autor caracteriza al talento como un proceso dinámico hacia el éxito, proceso dinámico, basado en el aprendizaje, que se crea a partir de los conocimientos y competencias emocionales, sobre la base de aptitudes y rasgos estables de la inteligencia; relacionados con la acción y el compromiso de éxito; arraigados en el sistema de valores y en las capacidades intelectuales del individuo.20
Por las razones expuestas, el término talento se considerará en lo adelante cuando sea utilizado o atribuido a otros autores, como equivalente a inteligencia -como capacidad, no como gestión- y todo lo que sobre ésta se exprese será válido para aquel. Por último, debe aclararse que algunos autores, en el área de la Psicología han estudiado al talento en el sentido de la genialidad, de lo extraordinario, independientemente del tipo de actividad humana en que se constate. Esta acepción no se empleará en este trabajo.