Para referirse a esta capacidad, pero no en el plano individual, sino de las organizaciones, de las comunidades o de la sociedad en su conjunto, se han utilizado los conceptos de inteligencia organizacional -también, corporativa o empresarial, cuando las organizaciones son empresas- e inteligencia social. Se ha definido como inteligencia, por diversos autores, la capacidad de una sociedad, comunidad u organización, para resolver los problemas que se generan en su desarrollo, a partir del uso del conocimiento al que puede acceder.
En 1994, Cruz-Paz y García-Suárez3 definieron la inteligencia como la aptitud y capacidad de dominar y resolver nuevas situaciones a partir del conocimiento acumulado. Según palabras del editor de Graham Taylor en la presentación del primer número de la revista titulada "Social Intelligence", este concepto significa: "...la capacidad organizada de individuos, grupos de trabajo, agencias gubernamentales, empresas, y naciones completas, para identificar y resolver sus problemas en el enfrentamiento de los rápidos cambios. Esto se refiere a aquellos procesos en los que la información se adquiere, se procesa, se almacena y se utiliza para la acción."21
En el nivel de las organizaciones, el concepto de inteligencia social se trasforma en inteligencia organizacional y, por deducción del significado de aquel, implicaría la utilización efectiva de la información del entorno de la organización y de todas las operaciones internas, del conocimiento -en su sentido más abarcador- existente fuera y dentro de la organización, en función de la innovación o el mejoramiento continuo, el aprovechamiento de oportunidades, la creación de nuevo conocimiento y valor, la formación y el bienestar de las personas dentro de la organización, así como de los clientes y otras partes interesadas y de la sociedad en su conjunto.
La sinonimia y la polisemia contemporáneas relativas a la inteligencia organizacional
Al trasladarse al plano de las organizaciones, el concepto de inteligencia y ser las organizaciones, estructuras sociales planificadas y dirigidas, se manifiesta la tendencia a no diferenciar la cualidad o capacidad de su correspondiente gestión. No debería confundirse el concepto amplio de inteligencia organizacional, o, incluso, los genéricos, inteligencia corporativa o empresarial -que se corresponden con la inteligencia como capacidad general, integral en esas organizaciones- con subsistemas de procesos de gestión, más específicos, que contribuyen a mantener la vigilancia sobre diversos aspectos del entorno de la organización.
Estos subsistemas de procesos, se han llamado, por diversos autores, según su propósito y contexto: vigilancia (de diferente tipo según sus objetos), monitoreo, inteligencia competitiva, comercial, de negocios, tecnológica, etc. No obstante, es frecuente, en las fuentes consultadas, observar el uso de los términos corporativa o empresarial, definidos en términos de algunas de las funciones de estos subsistemas más estrechos y, a la inversa, encontrar una ampliación del significado de los términos competitiva, de negocios o de la vigilancia tecnológica hasta abarcar la totalidad del alcance de la gestión corporativa o empresarial -apartando el tratamiento de la inteligencia como capacidad que se aprende.
Tampoco debería identificarse el concepto de inteligencia organizacional, corporativa o empresarial, con otros, genéricos, que se refieren a determinados ángulos de análisis de la actividad de las organizaciones y son esencialmente conceptos de gestión, como es el caso de la inteligencia estratégica y la inteligencia económica. Esta significativa complejidad terminológica y semántica se ha tratado ampliamente Eduardo Orozco en varios trabajos. Es por ello, que difícilmente se pueda o sea necesario agregar algo en este sentido a lo dicho por ese autor.