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Aquiles:
Es hijo de Peleo y de Tetis, la diosa del mar. Es el mejor guerrero griego.Agamenón:
Es el jefe de los aqueos. Es hermano de Menelao, esposo de Helena.Menelao:
Hermano de Agamenón y rey de Esparta. Esposo de Helena. La guerra es en defensa del honor de Menelao.Helena: Causal de la guerra de Troya. La diosa Afrodita la entregó a Paris.
Paris:
Hijo de Príamo y hermano de Héctor. A raíz del regalo de Afrodita a Paris: Helena, comenzó la guerra.Priamo:
Rey de Troya.Hécuba:
Madre de HéctorHéctor:
Hijo de Príamo y Hécuba, esposo de Andrómaca, hermano de Paris, y muy buen guerrero troyano.Andrómaca:
Esposa de Héctor.Ayax:
Dos guerreros griegos, los Ayaces: Telemonio Ayax, hijo de Telemón y Ayax el Grande, o Gran Ayax.Patroclo:
El mejor amigo de Aquiles.Se supone que Homero vivió en el Siglo VIII antes de Cristo y relató en sus libros los sucesos de épocas anteriores, que le llegaban por transmisión oral, los poemas épicos recitados.
El poema está formado por 24 cantos.
Trata sobre la Guerra de Troya en sus últimas instancias, y el enojo de Aquiles, jefe griego, contra Agamenón, Rey Micénico, por un conflicto por el arrebato de la esclava Briseide.
Aquiles decide no seguir luchando y se retira del combate, lo que causa consternación entre los griegos.
Patroclo, el mejor amigo de Aquiles, asume el puesto de éste en combate, pero -por decisión de los dioses- es muerto por Héctor, un troyano hijo de Príamo, Rey de Troya.
"Pero, si en este momento hablas franca y sinceramente, ve a la mansión de los dioses y manda venir a Iris y a Apolo, famoso por su arco; para que aquélla, encaminándose al ejército de los aqueos, de corazas de bronce, diga al soberano Poseidón que cese de combatir y vuelva a su palacio; y Febo Apolo incite a Héctor a la pelea, le infunda valor y le haga olvidar los dolores que le oprimen el corazón, a fin de que rechace nuevamente a los aqueos, los cuales llegarán en cobarde fuga a las naves, de muchos bancos, del Pelida Aquiles. Éste enviará a la lid a su compañero Patroclo, que morirá, herido por la lanza del preclaro Héctor, cerca de Ilio, después de quitar la vida a muchos jóvenes, y entre ellos al divino Sarpedón, mi hijo. Irritado por la muerte de Patroclo, el divino Aquiles matará a Héctor. Desde aquel instante haré que los troyanos sean perseguidos continuamente desde las naves, hasta que los aqueos tomen la excelsa Ilio. Y no cesará mi enojo, ni dejaré que ningún inmortal socorra a los dánaos, mientras no se cumpla el voto del Pelida, como lo prometí, asintiendo con la cabeza, el día en que la diosa Tetis abrazó mis rodillas y me suplicó que honrase a Aquiles, asolador de ciudades."
Ilíada - Canto XV
Héctor, apoyado por los dioses, da muerte a Patroclo:
"Cuando Héctor advirtió que el magnánimo Patroclo se alejaba y que lo habían herido con el agudo bronce, fue en su seguimiento, por entre las filas, y le envainó la lanza en la parte inferior del vientre, que el hierro pasó de parte a parte; y el héroe cayó con estrépito, causando gran aflicción al ejército aqueo. Como el león acosa en la lucha al indómito jabalí cuando ambos pelean arrogantes en la cima de un monte por un escaso manantial donde quieren beber, y el león vence con su fuerza al jabalí, que respira anhelante, así Héctor Priámida privó de la vida, hiriéndolo de cerca con la lanza, al esforzado hijo de Menecio, que a tantos había dado muerte. Y blasonando del triunfo, profirió estas aladas palabras:
‑¡Patroclo! Sin duda esperabas destruir nuestra ciudad, hacer cautivas a las mujeres troyanas y llevártelas en los bajeles a tu patria o tierra. ¡Insensato! Los veloces caballos de Héctor vuelan al combate para defenderlas; y yo, que en manejar la pica sobresalgo entre los belicosos troyanos, aparto de los míos el día de la servidumbre, mientras que a ti te comerán los buitres. ¡Ah, infeliz! Ni Aquiles, con ser valiente, te ha socorrido. Cuando saliste de las naves, donde él se ha quedado, debió de hacerte muchas recomendaciones, y hablarte de este modo: «No vuelvas a las cóncavas naves, caballero Patroclo, antes de haber roto la coraza que envuelve el pecho de Héctor, matador de hombres, teñida de sangre». Así te dijo, sin duda; y tú, oh necio, te dejaste persuadir.
Con lánguida voz le respondiste, caballero Patroclo:
¡Héctor! Jáctate ahora con altaneras palabras, ya que te han dado la victoria Zeus Cronida y Apolo; los cuales me vencieron fácilmente, quitándome la armadura de los hombros. Si. veinte guerreros como tú me hubiesen hecho frente, todos habrían muerto vencidos por mi lanza. Matáronme la parca funesta y el hijo de Leto, y, entre los hombres, Euforbo, y tú llegas el tercero, para despojarme de las armas. Otra cosa voy a decirte, que fijarás en la memoria. Tampoco tú has de vivir largo tiempo, pues la muerte y la parca cruel se te acercan, y sucumbirás a manos del eximio Aquiles Eácida.
Apenas acabó de hablar, la muerte le cubrió con su manto: el alma voló de los miembros y descendió al Hades, llorando su suerte porque dejaba un cuerpo vigoroso y joven. Y el esclarecido Héctor le dijo, aunque muerto le veía:
‑¡Patroclo! ¿Por qué me profetizas una muerte terrible? ¿Quién sabe si Aquiles, hijo de Tetis, la de hermosa cabellera, no perderá antes la vida, herido por mi lanza?
Dichas estas palabras, puso un pie sobre el cadáver, arrancó la broncínea lanza y lo tumbó de espaldas. Inmediatamente se encaminó, lanza en mano, hacia Automedonte, el deiforme servidor del Eácida, de pies ligeros, pues deseaba herirlo, pero los veloces caballos inmortales, que a Peleo le dieron los dioses como espléndido presente, ya lo sacaban de la batalla."
Ilíada - Canto XVI 
Al morir Patroclo a manos de Héctor, Aquiles regresa al combate, con el propósito de vengar la muerte de su amigo y matar a Héctor, hecho que logra en extraña lucha.
"Aquiles, después de decirle que se vengaría de él si pudiera, torna al campo de batalla y delante de las puertas de la ciudad encuentra a Héctor, que le esperaba; huye éste, aquél le persigue y dan tres vueltas a la ciudad de Troya; Zeus coge la balanza de oro y ve que el destino condena a Héctor, el cual, engañado por Atenea se detiene y es vencido y muerto por Aquiles, no obstante saber éste que ha de sucumbir poco después que muera el caudillo troyano."
Ilíada, Canto XXII
El cadáver de Patroclo fue quemado en la pira cuando se realizaban las celebraciones fúnebres en su honor.
Aquiles, que no logra dormir por el dolor de la muerte de su amigo Patroclo, arrastra el cuerpo de Héctor, amarrado a su carro, alrededor de la pira funeraria.
Al finalizar el extenso poema homérico, Príamo, Rey de Troya, pide a Aquiles que le entregue el cadáver de su hijo.
"Respondióle en seguida el anciano Príamo, semejante a un dios:
‑Si quieres que yo pueda celebrar los funerales del divino Héctor, haciendo lo que voy a decirte, oh Aquiles, me dejarías complacido. Ya sabes que vivimos encerrados en la ciudad; y la leña hay que traerla de lejos, del monte, y los troyanos tienen mucho miedo. Durante nueve días lo lloraremos en el palacio, el décimo lo sepultaremos y el pueblo celebrará el banquete fúnebre, el undécimo le erigiremos un túmulo y el duodécimo volveremos a pelear, si necesario fuere.
Contestóle el divino Aquiles, el de los pies ligeros:
‑Se hará como dispones, anciano Príamo, y suspenderé la guerra tanto tiempo como me pides."
Ilíada, Canto XXIV
La Ilíada narra el período del décimo año de la guerra. Es la historia del gran guerrero Aquiles.
El poema termina antes de que los griegos ganen la guerra contra Troya, con la construcción del gran caballo de madera.
Aquiles fue muerto posteriormente por Paris, quien lo hirió con un dardo envenenado en el talón, único lugar vulnerable, pues de allí lo habían sostenido al sumergirlo en las aguas de la inmortalidad, por ser hijo de una diosa y un mortal.
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